domingo, 18 de julio de 2010

Extraordinary measures


Extraordinary measures

Dos sólidos actores de la industria. Una historia que bien puede plantarse como lacrimógena. Reglas de mercado, esperanzas, traiciones. Hasta dónde podemos llegar cuando un hijo sufre?

Es cierto, cualquier película, cuento, programa de televisión, que recurre a mostrarnos chicos en sillas de ruedas y con ayudadores para respirar, nos hace presuponer golpes bajos, chicanas a la hora de contar la historia.

Pero en esta no es así, esa historia se muestra, está presente todo el tiempo, es la historia de la familia de Brendan Frazer, su bella esposa y sus tres hijos, dos de los cuales sufren de un mal genético que va debilitándoles los músculos, el mal de Pope.

Brendan es un ejecutivo de un laboratorio, tiene una buena vida, pero sus hijos, el deterioro progresivo de su calidad de vida, están presentes todos y cada uno de los días de su vida.

Cuida el trabajo porque paga su seguro médico, pero solo le quedan dos cosas por hacer, pasar todo el tiempo que pueda con ellos (son siempre sus últimos días) y esperar el milagro.

Un crisis de la hija mayor, Megan, después de cumplir sus 8 años, le hace un click en la cabeza, lo pone de frente a escribir su historia de no resignación y va en busca de ese milagro privado, que va a tener mucho de apuesta y de riesgo.

Viaja horas para encontrar al único científico que está trabajando en una cura para sus hijos. Lo va a buscar a su terreno y lo embarca en el desafío de pasar de las carpetas, de los pizarrones, a algo que pueda probarse.

Ahí es cuando entra Harrinson Ford con toda su trayectoria para sobreactuar al científico. Cosa que se le perdona porque además es el productor de la película.

Empiezan entonces una relación que los va a atener cambiando de veredas todo el tiempo. Empiezan con la idea de juntar unos 500 mil para investigación y terminan buscando 10 millones de un inversor para poner su propio laboratorio y no depender de nadie.

No les va a alcanzar y van a poner en venta su empresa para desarrollarlo con las espaldas de uno más grande.

En definitiva, una de esas películas aleccionadoras, tan típicas de la moral americana, pero que tienen esos resortes que las hacen interesantes. No se puede dejar de pensar en el dolor del otro, en ponerse en esos zapatos y mirarse unos minutos, metidos en la ficción, en esos espejos que no queremos cruzarnos nunca.

Hay una esperanza, al final, hay una esperanza y siempre hay una esperanza en estas historias, porque están contadas para eso, para esperanzar a los que tienen problemas y para decirnos a los que creemos que tenemos problemas que somos unos imbéciles si pensamos que las cosas pasan por la discusión de si Maradonna sigue o no al frente de la selección.

Son buenos para estos relatos, los hacen efectivos, nos abren los ojos al final de la hora cuarenta y nos hacen invariablemente tener ganas de ir a abrazarlos si los tenemos, a quién sea, hijos, madres, padres, hermanos, amigos. Cuando los gringos cuentan estas historias, hay que prepararse para moquear un poco, disimuladamente.

domingo, 11 de julio de 2010

Home


Home

Home

Extraña, divertida, tensionante, siempre al borde de perder el frágil equilibrio que reina. Eso es Home, una atrapante película que compitió por Suiza en el Oscar 2010 que se llevó El secreto de sus ojos.

Es la historia de una familia que vive alejada del mundo, en medio de la nada, en una vida bucólica, casi perfecta, en la que los lazos entre los cinco integrantes (papá, mamá, una impactante y madura Isabel Huppert, Julien el más chico y dos hermanas saliendo de la adolescencia) son fuertes, hechos a base a pasar mucho tiempo juntos y repletos de costumbres y situaciones que se repiten todos los días con una sincronicidad asombrosa.

Así viven, con salidas del padre a trabajar y los más chicos al colegio.

El detalles es que esa paz está soportada en la vida al costado de una autopista que, la desidia y la burocracia del estado, hicieron un monumento a la nada. Está construida, hace 10 años que se hizo, pero nunca circuló un solo auto.

Entonces los límites de la casa de la familia se extendieron, la pileta, el sillón de papá, los juguetes, todo está sobre esa infinita cinta asfáltica que es un gran patio de juegos.

Y nadie, absolutamente nadie alrededor.

Una forma de vida particular, feliz a su manera, que un día será amenazada por la noticia que no querían escuchar, se anuncia la reapertura de esa vital arteria que unirá dos importantes ciudades y ellos, en medio de esa maquinaria infernal que la pondrá a funcionar, al principio no quieren creerlo, pero poco a poco se irán acostumbrando a la idea de que esta vez es en serio.

Y tan en serio es que una tarde, al regresar el padre del trabajo, ya no podrá llegar con su auto a la puerta de casa, un guarda rail dividirá esa llegada para siempre.

Así la vida se partirá en un lado y el otro de la ruta.

De un lado, pegada a la cinta asfáltica, la casa. Del otro, el mundo.

No le darán importancia, tratarán de vivir su vida con el mismo espíritu y la misma alegría de siempre, pero los cientos de autos que empiezan a pasar, modificarán sus costumbres y sus vidas cotidianas de una manera irreversible.

Entonces vamos a asistir a una carrera por tratar de que no se note, de que no los afecte, lo que será casi imposible cada vez que necesiten cruzar, que quieran tomar sol o comer afuera.

El ruido, el paisaje que ven desde sus ventanas, la imposibilidad de cruzar cuando quieren, llevar cosas, volver del colegio, todo se modifica.

Atan al gato, cruzan una heladera a la madrugada y ya no saben cómo seguir.

Se modifica la paz de esa vida y ellos empiezan a reflejarlo en su ánimo.

Hasta que un día, ya sobre el comienzo de las vacaciones, la hija mayor desaparece, se va de esa casa siguiendo a un automovilista y será para no volver.

Ese tedio de estar todos juntos adentro de la casa en vacaciones será determinante para lo que sigue.

Una crisis una noche los hará tomar una determinación insólita, tapiarán la casa, ya no soportan el ruido y las luces, lo harán desde adentro casi sin dejar espacios entre los ladrillos.

Se debilitarán, vivirán entre basura, se pondrán pálidos y tomarán pastillas para lograr dormirse.

Un cóctel siniestro y fantástico, muy bien sostenido por actuaciones, por climas, por encuadres, por música.

Una muy buena película, una buena muestra que se pueden contar historias mínimas, sorprendentes.

Una buena lección europea para tanto cine americano sin ideas.

domingo, 4 de julio de 2010

She is out of my league


She is out of my league

Cuántas veces vimos esta película? Comedia americana sobre el amor verdadero? Reflexiones sobre lo que realmente importa en una relación?

Muchas, y cada vez que la vemos, siempre, invariablemente pensamos que solo sucede allí, en la pantalla.

El flaco, muy flaco Jay Baruchel, de una raza de actores jóvenes que pueden encarnar muy bien a Neris y perdedores, es un correcto componedor del bueno de Kirk, un guardia de la nueva raza de los vigilantes del Homeland security de los Estados Unidos, que nos hacen la vida imposible en los aeropuertos, y que por casualidad, en uno de esos días de cinturones afuera, zapatos y rayos x conoce a la bellísima Alice Eve, y nada volverá a ser igual para los dos.

Después, todo previsible, la impresentable familia de él, las frustraciones y eyaculaciones precoces, los amigos que no pueden creer que su desgarbado amigo haya enamorado a la más linda del barrio y todo lo que ya sabemos.

Solo algunos gags, poca imaginación, y ninguna cuestión verdaderamente graciosa para este nuevo intento de comedia romántica.

Eso si, la belleza de Alice Eve, en la película Molly es algo memorable que vale el rato que estamos frente a la pantalla.

Todo lo demás ya lo vimos.