Reykjavík Fusion

Este crítico tuvo su berretín, su metejón con el llamado nordic noir hace unos años, cuando casi no veía otra cosa. Envalentonado, casi que creía que podía diferenciar cuando alguien hablaba en noruego o en danés o islandés... volver a ver y disfrutar una serie de esas tierras y con esos cielos plomizos y esos idiomas categóricos, es una alegría.


7 Butacas



Conocimos hace unos años al protagonista de Reykjavík Fusion, se llama Ólafur Darri Ólafsson, es islandés, y lo vimos en una serie llamada Trapped que nos sorprendió. No hay manera de esquivarlo, es enorme, rubio, de casi dos metros y más de 150 kilos, tiene una voz poderosa y además es un buen actor, para la comedia (Your friends and neighbours) o el drama más oscuro como este caso.

Aquí compone a un chef, es otro contenido que bucea en ese mundo exigente y complejo, que cuando arranca la serie está en prisión y concina para otros presos con privilegios. El está purgando una condena corta, pero que lo marcará para siempre, por un fraude al seguro al encontrarlo culpable del incendio intencional de su propio restaurante.

Al salir, sin trabajo, con los antecedentes y con una esposa abogada y dos hijos ya adolescentes que lo esperan pero no lo quieren tan cerca, no tiene cómo encarar un nuevo proyecto, no consigue quién le preste el dinero para abrir un restaurante (el tipo es bueno) porque es difícil la vida para un recién reinsertado.

Entonces recurre a uno de sus ex compañeros de prisión, que está sucio como una papa metido en cuanto negocio turbio ande dando vueltas, para que lo ayude a abrir una nueva empresa.

Ahí arranca la desventura de este cocinero, no por el hecho de la apertura de un restaurante que a poco de abrir es un verdadero suceso, sino porque ese préstamo será oneroso, caro para devolver en todo sentido, la plata y las condiciones.

Allí conoce a Mary, que es una lugarteniente del prestamista que cuida sus intereses cuando este va preso, y es una mujer implacable e impasible, de modos cortantes y capaz de cualquier cosa para ganar plata.

Obvio que será la droga, y el restaurante como pantalla, lo que pone todo el tiempo al límite toda la narrativa.

Todo irá peor en cada capítulo, son 6, y las cosas se complican de manera increíble, con muertes, emboscadas y violencia que Jonas (nuestro protagonista) hace frente con una paciencia y temple infinitos.

Quiere recuperar la estima de su familia, de la sociedad, porque además habrá revelaciones sobre ese episodio que lo llevó a la cárcel, pero todo se le hace muy difícil.

Se metió con la gente equivocada y no pudo salir a tiempo, nunca se sale, hasta que las cosas se ponen tan difíciles, que son necesarias varias artimañas para zafar.

El final es ingenioso y está bien resuelto.

Si les gustan las nórdicas no dejen de buscarla, es el clásico formato duro y destemplado, con personajes terribles y algunos queribles, y además bien actuada.

No sería que extraño que, como pasó con otros casos, se haga una versión en otro País.

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