I will find you
Hay autores que escriben novelas. Harlan Coben, desde hace algunos años, parece haber empezado a fabricar series antes incluso de sentarse frente al teclado.
4 Butacas
Sus historias ya nacen con el ritmo, la estructura y los giros que demanda el streaming. Cada libro es, en potencia, una miniserie de ocho capítulos. Y I Will Find You, de reciente estreno en Netflix con mucho suceso, confirma que ese mecanismo sigue funcionando con una precisión casi industrial.
Pero, ya conocemos ese mecanismo.
La premisa es irresistible. Un hombre condenado por el asesinato de su propio hijo recibe una prueba de que el niño podría seguir vivo. Desde ese instante, todo lo que parecía una historia cerrada vuelve a abrirse y comienza una carrera contra el tiempo en la que nadie es quien dice ser, cada respuesta genera dos preguntas nuevas y la verdad cambia de forma en el momento exacto en que creemos haberla alcanzado.
Ese es, precisamente, el sello Coben. Sus relatos no descansan en una investigación policial sino en una sucesión permanente de revelaciones. El espectador avanza menos por deducción que por sorpresa. Siempre hay una fotografía olvidada, un secreto familiar, una identidad falsa, una llamada inesperada o un personaje que llevaba demasiado tiempo diciendo la verdad para no esconder algo. El resultado es profundamente adictivo.
Lo de la fotografía en la que aparece el disparador de la trama es realmente un buen recurso, imaginen que alguien sube a sus redes sociales una foto cualquiera, y que en un segundo plano de esa foto aparece alguien que está dado por muerto, que no tiene relación con los protagonistas de esa foto, y que por casualidad llega a los que les interesa esa pérdida.
El problema es que la fórmula también empieza a mostrar sus costuras. Quien haya visto Fool Me Once, Stay Close, The Stranger, Safe o cualquiera de las numerosas adaptaciones de Netflix, como la que se hizo acá en la Patagonia "Atrapados" reconocerá inmediatamente el manual de instrucciones. Cambian los nombres, las ciudades y los traumas, pero el motor dramático es esencialmente el mismo. La serie vuelve a demostrar que Coben domina como pocos el arte del page turner, aunque cada vez le cueste más disimular que está utilizando los mismos engranajes.
Eso no significa que I Will Find You carezca de virtudes. Todo lo contrario. La narración mantiene una tensión constante, administra la información con inteligencia y evita los tiempos muertos. Cada episodio termina con un gancho que obliga a reproducir el siguiente, confirmando que pocos escritores entienden mejor la lógica del consumo contemporáneo.
Visualmente, la serie apuesta por la sobriedad. No busca deslumbrar con la puesta en escena sino ponerla al servicio del misterio. Lo que no acompaña son las actuaciones, es un material que exige a sus intérpretes convivir con personajes que permanentemente ocultan algo, incluso de sí mismos, y no lo logran. Nadie intenta robarse la película; el verdadero protagonista vuelve a ser el mecanismo narrativo. Pero son tan obvios, tan exagerados a veces en los movimientos, tan explícito todo, que distrae por lo malo.
Las adaptaciones de Harlan Coben funcionan como un reloj suizo: nunca dejan de avanzar, rara vez aburren y casi siempre llegan puntuales al desenlace. Pero los relojes también son máquinas. Cuando termina I Will Find You, uno recuerda más los giros que a las personas, más el artificio que la emoción.
Bandini suele desconfiar de las historias construidas únicamente para sorprender. El asombro dura unos minutos; los personajes permanecen. I Will Find You pertenece a esa categoría de ficciones eficaces que convierten el suspenso en una disciplina de ingeniería. Se devora con entusiasmo, aunque difícilmente permanezca demasiado tiempo en la memoria.
Coben es el equivalente literario de un ilusionista: uno sabe que hay trampa, pero vuelve a comprar la entrada porque todavía disfruta preguntándose dónde está escondido el conejo.
Un thriller impecablemente ensamblado que confirma que Harlan Coben ha perfeccionado una fórmula capaz de atrapar a millones de espectadores. La pregunta ya no es si funciona. La pregunta es cuánto tiempo más podrá seguir sorprendiendo con el mismo truco.
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