The capture T3
Hay series que envejecen con la velocidad de un celular: en dos años ya parecen reliquias. The Capture, en cambio, tiene la extraña virtud de correr siempre unos metros delante de la realidad. Lo que en su primera temporada parecía paranoia tecnológica, hoy es apenas el resumen ejecutivo del noticiero.
8 Butacas
Y nos trae en cada nueva entrega un tema distinto, vinculado siempre a la tecnologia y el terrorismo, de asombrosa actualidad.
Si en la primera temporada me pareció increíble ver en acción un programa (Recuerdan? Correction) que modificaba imágenes de las cámaras del CCTV ingles en tiempo real, y en la segunda vimos el impacto de las deep fakes en la vida cotidiana, esta temporada es una IA la que nos va a sorprender.
La tercera entrega vuelve a preguntarse una vieja cuestión con herramientas nuevas: ¿qué valor tiene la verdad cuando cualquiera puede fabricar una mentira perfecta?
Volvemos a meternos en un mundo de persecuciones, conspiraciones, espías y funcionarios con más capas que una cebolla diplomática. La filosofía viene escondida en un thriller que jamás se olvida de entretener.
Los ingleses tienen una elegancia particular para contar historias de inteligencia. Mientras Hollywood rompe una pared con una explosión, la BBC prefiere destruir una democracia con una conversación en un despacho gris. Y resulta mucho más inquietante.
La serie entiende que el verdadero villano ya no es un hombre ni una organización, sino la erosión de la confianza. Si una imagen puede ser falsa, si una grabación puede ser fabricada y si un algoritmo puede reconstruir una vida que nunca existió, entonces el ciudadano queda condenado a creer por simpatía y no por evidencia.
Visualmente mantiene esa fotografía fría, casi burocrática, donde Londres parece una ciudad vigilada incluso cuando nadie mira. No hay glamour en el espionaje: hay oficinas iluminadas con tubos fluorescentes, servidores, cámaras y funcionarios agotados intentando impedir que el mundo se convierta en un archivo manipulado.
La temporada, sin embargo, también paga el precio de su propia ambición. En algunos pasajes el entramado tecnológico exige un acto de fe del espectador y ciertos giros parecen diseñados más para sorprender que para convencer. Pero incluso cuando exagera, nunca pierde inteligencia.
Lo más interesante es que The Capture no habla del futuro. Habla del presente. De un tiempo en el que la discusión pública ya no consiste en descubrir qué ocurrió, sino en imponer qué versión será aceptada como verdadera.
Bandini suele desconfiar de las series que se creen más inteligentes que su público. The Capture evita esa trampa: desafía al espectador, pero también lo respeta. Y cuando aparecen los créditos finales queda una sensación incómoda, la mejor que puede dejar un thriller contemporáneo.
Un thriller sofisticado que entiende que, en el siglo XXI, el arma más poderosa ya no dispara balas: fabrica recuerdos.
Hollyday Granger es una buena protagonista, de apariencia tierna y hasta inocente, es una topadora, ahora a cargo de la famosa oficina de contraterrorismo.
La participación de Ron Perlman como el viejo agente de la CIA en terreno británico, que tiene un llavero que abre las puertas de todos los secretos, también es un gran hallazgo.

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