Fear
Miedo, es el gran motivador, el que todo lo puede, ese sentimiento que obnubila, anula y produce reacciones inesperadas. Sobre todo cuando hay una amenaza y más cuando esa amenaza afecta a tu familia.
Al principio esta serie británica de solo 3 capítulos se presenta como un clásico, familia joven, con dos hijos chiquitos, se muda de ciudad (Glasgow) a un caserón enorme, de varios pisos, y según adivinamos, varios secretos.
Ya vimos este argumento, algo va a trastocar tanta felicidad, lo que no sabemos es qué será?
Fantasmas? Casa rota? Vecinos?
La historia comienza con alguien siendo sacado de una casa preciosa en una bolsa para cadáveres bastante poco atractiva. Como es tradición en todos los dramas televisivos, luego vemos un flashback para descubrir cómo todo salió tan mal.
Una familia se muda a la casa nueva y todo es felicidad, una casa grande e histórica en el elegante West End de Glasgow, como corresponde al exitoso arquitecto Martyn (Martin Compston de Line of Duty), su esposa, la investigadora Rebecca (Anjli Mohindra), y sus dos hijos.
Son dueños de todo, salvo del sótano, donde vive un hombre llamado Jan (Solly McLeod). Les ha dejado una nota de bienvenida en el felpudo: «Por los buenos vecinos».
Ya sabemos que irá por ahí.
Comienza una historia inquietantemente claustrofóbica sobre un acosador en la planta baja, con el miedo aumentando con cada escena. Las llamadas, las notas, luego las flores, luego las cartas a la policía alegando que la pareja está perpetrando crímenes terribles contra sus hijos, provienen del interior de la casa. Un mínimo de amabilidad inicial de Rebecca en respuesta a la primera nota de Jan y unas galletas para los niños lleva a Jan a obsesionarse cada vez más con ella. Pero el cliché habitual del acosador recibe un giro al sugerir que Jan no es simplemente un bicho raro malévolo, sino una criatura sufriente que puede, quizás debido a alguna horrible experiencia en su pasado, estar cada vez más consumido por la creencia de que los niños de arriba están siendo torturados por sus padres.
Lo cree de verdad.
Pero la historia nos lleva a temerle más que a tenerle compasión.
Jan hackea el wifi de la familia y consigue espiar las conversaciones a través de su hogar inteligente y observar a la familia a través de las cámaras de sus portátiles
Todo se irá complicando. El matrimonio no sabe cómo enfrentar lo que les está pasando. Martyn tendrá arrebatos de violencia, querrá tirarle la puerta abajo, en esa locura destruye las pruebas que le hubieran servido para incriminarlo.
Y claro, cada vez que llaman a la policía, no hay manera de demostrar nada.
La confusión y la frustración nos llega a nosotros como espectadores. Y activa nuestros propios miedos, los miedos domésticos, esos que nos hacen sentir inseguros.
La serie es efectiva, está bien contada, los personajes son buenos, y hacia el final, habrá un giro que no por inesperado deja de darle un cierre acorde a lo que la serie viene prometiendo.



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