El agente secreto

Entiendo la tentación de filmar la historia reciente (o no tanto) y volver a visitar los hechos desde otros ángulos, pero si es la idea, debería tener algo nuevo para que la historia nos interese.


4 Butacas





Y en este caso, no creo que lo haya. Por eso esta película, muy nominada, con mucha manija, no ofrece nada para que la podamos apreciar más allá de lo local.

A 50 años (los hechos son de 1977) volver a insinuar los vínculos de la dictadura que gobernaba Brasil con el mundo empresarial y las persecuciones a intelectuales, investigadores, y gente de todo tipo, no aporta novedades más allá de que podrían haber sido retratadas con mejores recursos.

Hay un punto a favor de esta película, el protagonista Wagner Moura, es un actorazo y acá compone a un tipo domado por el entorno, un idealista académico que, después de un encontronazo con un mecenas de las investigaciones que coordinaba en la universidad, entiende que tiene que guardarse para no perder la vida.

Su esposa muere, deja a su hijo con sus abuelos maternos, y lo perderemos de vista hasta esa vuelta para buscarlo, que es el momento histórico en el que se para la película.

La película tampoco sigue una estructura narrativa precisa y adivinable, parece que va saliendo de la imaginación de su director sin importarle mucho los procesos que van guiando los pasos que da.

Es también un drama, una sátira, una película de espionaje intrigantemente relajada y una recreación de una época y un lugar, con toques expresionistas y surrealistas (varios, que hasta que no entramos en el juego nos parecerán inexplicables).

Hay algo de Doña Flor, en un romance, algo de tantas películas que vimos, acalorados, transpirados, personajes oscos, poco instruídos, arroz y olores a fritangas.

Pero todo ese color, sobre todo la maravillosa primera escena, la de la estación de servicio cuando conocemos al personaje central de la historia, no alcanza para terminar un relato que es divagante.


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