La grazia
A mí me gusta mucho el cine de Paolo Sorrentino. Mucho. Me gusta su cinematografía, su fotografía, la relación de sus historias con la música, con la noche, con los looks de sus personajes, y me gusta que Toni Servillo vuelva a ser su protagonista.
9 Butacas
En el Palacio Quirinale (es para verlo si tienen la dicha de ir a Roma) vive el Presidente de la República. No es un Presidente como en nuestros países, en Italia las atribuciones del presidente son muy precisas, es una especie de gran balance de poder en una democracia parlamentaria. El que ejecuta es el Primer Ministro, y es generalmente a quién más conocemos.
Mariano de Santis es el personaje de Servillo, un hombre gris, siempre de trajes, un jurista de renombre y católico a ultranza, que está en los últimos meses de su presidencia.
Sorrentino lo muestra solitario, en esas habitaciones enormes, en las que solo se cruza a su personal para que le digan lo que tiene que hacer, los horarios y sus actividades (que no son tantas y son protocolares).
En esas horas de la biblioteca, la sala enorme del comedor en la que recibe a sus amigos ministros, o en la terraza del palacio adonde se escapa con su custodio a fumar a escondidas, solo con él mismo, reflexiona sobre lo que le queda por hacer antes de dejar el puesto y el recuerdo muy fuerte de su esposa de toda la vida a la que adoraba.
Los temas que tiene que resolver son tres, dos perdones presidenciales a dos condenados a perpetua por asesinar a sus parejas (un hombre y una mujer con historias parecidas pero muy diferentes) y la firma de un proyecto de Ley de Eutanasia para Italia.
En todos los casos lo ayuda su hija, que también es una buena jurista, que no solo le hace de una especie de jefa de gabinete, también es su soporte emocional y la que cuida de su salud.
En esos días finales, ante esa soledad de las salas vacías, lo veremos dudar sobre estos tres temas, cavilar, evaluarlos, comentarlos con su gente de confianza, pero sabiendo que será el solo el que los tenga que resolver, sabiendo que lo que decida será del gusto de algunos y del disgusto de muchos.
Una duda del pasado de su esposa, la chance de salir de esa melancolía con una mujer que lo provoca, la relación con sus hijos, el peso que tiene en todo lo que piensa cuando se entera que su sobrenombre es "cemento armado", por lo gris, lo duro, lo imperturbable.
Una obra maestra de Sorrentino, llena de imágenes bellísimas y silencios y gestos de Servillo.
Puede ser lenta para muchos, pero si conocen al director saben entender todo.
Su ojo es crítico, pero a la vez es algo condescendiente con el político en esas circunstancias en las que tiene sobre sus hombros decisiones que cambian la vida de la gente. Lo comprende, lo analiza, lo pone ante el espectador con todo, con luces y sombras para que lo entendamos.
Es una película hermosa que nos invita a una reflexión sobre qué les pedimos a los políticos.



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