Nuremberg

65 años después de lo que se llamó la "versión definitiva", la película más ambiciosa sobre el juicio de Nuremberg que dirigió Stanley Kramer con Spencer Tracy como el juez principal del caso, llega una nueva mirada sobre ese juicio tan medular y tan contado desde todos los ángulos posibles, en el que los aliados, vencedores en la Segunda Guerra Mundial, llevaron al banquillo de los acusados a los jerarcas Nazis por sus crímenes de guerra.


7 Butacas



Es tan bueno ver cada tanto una de guerra, una de juicios, y no les cuento cuando hay una película que mezcla con habilidad los dos menús.

Hay una mirada esperanzadora, de que quizá, aunque hoy no lo tengamos tan a mano, en algún momento alguien pague por los crímenes que hoy se están cometiendo desde los estados, pero ese es otro tema.

Para situarnos y situar la acción, esta película a diferencia de la de 1961 no hace foco en el juez, sino en uno de los jerarcas enjuiciados, quizá el más importante, y en un consejero militar psiquiatra que debía cuidar que no se suicidaran y que no utilizaran argumentos de locura para zafar del juicio.

Pero también están presentes temas muy centrales, desarrollados de manera sutil pero didáctica: el concepto de "crímenes contra la humanidad" aún no estaba codificado y tampoco lo estaba la idea de que una nación no necesitaba firmar un tratado para estar sujeta a las prácticas internacionales. 

Existía una importante facción aliada que opinaba que los líderes nazis (y quizás también otros miembros de menor rango) debían ser fusilados. Eso era lo que solía ocurrir con los líderes de los países derrotados en una guerra. Habría sido más rápido y económico que un juicio televisado a nivel mundial, y los artífices del primer genocidio mecanizado no habrían podido manipular la cobertura mediática del evento (incluidas las emisiones de radio) para difundir sus ideas.

“Nuremberg” se basa en "El nazi y el psiquiatra", un libro de no ficción de Jack El-Hai sobre la relación entre Hermann Göring (Russell Crowe), el nazi de mayor rango que sobrevivió a Núremberg, y el psiquiatra estadounidense Jack Kelley      (Rami Malek), quien fue llevado a Núremberg para evaluar a los líderes nazis encarcelados y determinar si estaban en condiciones de ser juzgados.

Crowe, inmenso, crea a un Göring manipulador y brutal, Malek es una incógnita para este crítico, y un problema no verlo como Freddy Mercuri.

Es inmenso en todo el sentido de la palabra, y quizá no les guste la película, aunque nos pone un costado no tan visitado en el proceso, pero es un placer verlo, es un actor que está entregando su mejor versión en estos años.

Las interacciones entre Göring y Kelley representan diferentes maneras de concebir la guerra, el genocidio, el derecho internacional y la ética de la psiquiatría, así como la responsabilidad, más generalizada, de tomar decisiones morales correctas incluso bajo amenaza de muerte. Sus escenas también muestran el atractivo de hombres elocuentes pero salvajes, que ascienden a posiciones de influencia gracias a su habilidad para manipular a la gente y que pueden aplicarla a cualquier situación, incluso a una sesión con un psiquiatra de prisión.

También es un placer verlo a Michael Shannon como el juez.

En definitiva, es una película sólida, del tipo que antes era más común: una película de Óscar sincera y sin pretensiones, pensada para que la vea todo el mundo y, por lo tanto, no intenta ser demasiado compleja ni artística.

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