DTF St. Louis

Sinuosa y perturbadora serie de 7 capítulos que no nos da tregua, que se plantea (quizá por el peso de su trío protagónico) como una comedia negra, pero que deja enseguida ese registro para transformarse en una serie brutal y perturbadora.


8 Butacas



Tengo que decir que se trata de una serie que aborda los temas que abordan todos los que están transitando digamos la "mediana edad", a saber, falta de deseo sexual adentro del matrimonio, apatías, desganos, problemas de vocación, de dinero, de roles en la familia.

No es una lista exhaustiva, pero por ahí pueden andar.

La serie está protagonizada por un power trío, Jason Bateman , David Harbour y Linda Cardellini.

Bateman es Clark Forrest, meteorólogo local, una especie de Fernando Confessore una microcelebridad en una ciudad pueblo muy gris y destemplada, Saint Louis, Misuri. 

Se hace amigo rápidamente de Floyd (Harbour), un intérprete de lengua de signos, cuando los envían a cubrir una violenta tormenta y Floyd lo salva de ser decapitado por una señal de stop que sale volando. 

Floyd es un personaje hermoso, a la medida de Harbour, panzón y tierno, desalineado y de sonrisa fácil, alma bondadosa con un hijastro rebelde, una esposa atractiva (Cardellini) y la enfermedad de Peyronie (enfermedad que provoca que el pene adquiera una curvatura anormal que puede dificultar la penetración, debido a un problema del tejido conectivo que suele asociarse con la mediana edad).

Entre los dos varones, además de una amistad fuerte y generosa y creíble, crece una intimidad de contarse cosas, lo que en poco tiempo deriva en un conocimiento muy acabado de sus historias.

Ahí aparece DTF (Down To Fuck) que es una app de citas para tener relaciones, entre gente discreta, casada y sin pretender otra cosa.

Se la bajan pero las cosas no resultan como pensaban, y habrá sorpresas.

Hasta que, no al final sino en medio de la serie, uno de los personajes aparece muerto, solo, con una lata de bloody mary preparado y una revista de desnudos masculinos, en un vestuario de una piletas suburbanas.

Allí aparecen los detectives (vuelta a estas series de un actor que vimos mucho, Richard Jenkins) jugando roles muy interesantes, un jefe lanzado que no mira más allá de lo superficial, y una ayudante que por el contrario mira tres veces todo, no tengo que decirles por dónde irá la investigación.

La sospecha de quién es el asesino se irá pasando de un personaje a otro, y es muy hábil la serie para mostrarnos ese vaivén.

DTF St Louis se pregunta si el sexo puede resolverlo todo. ¿La insatisfacción sexual es solo eso, o siempre es un indicador de una necesidad emocional mayor o un presagio de una crisis existencial? ¿Y puede explorar todas tus fantasías (y hay una mezcla de escenas íntimas sexys y divertidas a lo largo de los siete episodios) con alguien nuevo al menos distraerte lo suficiente como para que puedas sobrellevar otro día? ¿Y no vale la pena intentarlo? 

Los protagonistas ofrecen interpretaciones maravillosas, al igual que Jenkins y Joy Sunday como su compañera, la agente de la brigada de delitos especiales. La habilidad de Bateman —que ya se hizo patente en Juno— para dotar a su personaje de hombre común de una dosis precisa de inquietud nunca se había desplegado con tanta perfección. 

Pero todos los personajes tienen papeles peculiares y complejos —sobre todo una vez que la fantasía se desvanece—, y lograr que resulten coherentes y creíbles individualmente es todo un logro. 

La vas a ver entera de una sola vez

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