El último gigante

Como es costumbre en la producción española, tan profusa y tan pareja en general, esta película argentina para Netflix se va al norte, nos saca del porteñismo y nos lleva por otras geografías del País, Cataratas del Iguazú esta vez, para que la historia que nos van a contar tenga además, el plus de una localía distinta, en la que pasan otras cosas a las que nos tienen acostumbrados.


4 Butacas



Boris es el personaje que interpreta ese buen actor que es Matías Mayer, es un guía de excursiones de lancha, de esas extraordinarias que te llevan hasta el pie mismo de la gran catarata, en la Garganta del Diablo, como para darle a los turistas, la mejor ducha de su vida.

Parece un buen pibe, algo cabrón, en pareja y conviviendo con una piba algo menor (el personaje lo hace Johanna Francella) y cuidando a su madre hippie (quizá lo mejor de la película) una Inés Estévez frágil, inestable y dueña de un pasado que no conocemos pero que sospechamos.

Hasta que un día aparece una especie de fantasma, un tipo que lo busca y Boris no quiere ver por nada del mundo, su padre.

Oscar Martínez es Julián Araya, y no necesitamos mucho tiempo para saber que desapareció de su vida, que era piloto de avión comercial y que, durante muchos años fue amante de su madre y que de ese amor temporario nació Boris.

Pero las cosas se pusieron complejas, la madre salió de Salta para irse a vivir a Iguazú y dejar todo atrás, y la familia de Buenos Aires de Julián le perdonó la aventura y lo acogió de nuevo.

Todo tiene que ser explicado en pocos minutos, y quizá ahí hay un tema que no termino de creerme, todo se precipita y los mismos protagonistas tienen que, en diálogos entre ellos o hablando en voz alta, repasar lo pasado para que lo entendamos. Demasiado televisivo.

La historia entonces da un giro, Boris va a aceptar (no nos queda claro por qué cambia de no querer verlo a invitarlo a cenar) y es ahí en donde su papá, que le dice que lo extrañó todos estos años que estuvo ausente (30) vino a verlo y a pedirle un favor.

Está enfermo terminal y no quiere despedirse de esta vida sufriendo y no siendo él.

Ahí aparecen dos personajes secundarios interesantes, Silvia Kutica como su esposa de BA y Luis Luque, como una especie de sabio gordo de la selva, que entre otras cosas experimenta con hongos brebajes que servirían para también quitarse la vida sin dolor.

Todo a esta altura es poco creíble, y es una lástima, porque la película tiene un buen registro y la historia no está mal, pero va siempre a lo obvio y eso de alguna manera nos pone en un estado de no tener que pensar demasiado porque todo va a estar ahí, bien explicado para que, no vaya a ser cosa que lo interpretemos de otra manera.

Martínez está bien, sobre todo en la etapa final en la que tiene que sacar sus recursos dramáticos más viscerales (que los tiene) pero quizá la mejor de todas, la más creíble en la inocencia de su personaje sea la Estévez como la mamá amante.

Difícil de creer lo que precipita hacia el final de la película.

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