The Madison
Taylor Sheridan prueba en Paramount una historia blanda, se aparta un poco de su mundo de hombres duros, de cowboys ásperos, de códigos masculinos, para contar una historia de duelo y de amor.
5 Butacas
La protagonista absoluta es Michelle Pfeiffer y está muy bien, es un rol que le llega justo y al que puede dedicarle su potencial interpretativo (la hemos visto sentirse cómoda tanto en la comedia como en el drama) en su madurez, interpretando a una mujer fuerte que se desmorona cuando se entera que su marido acaba de morir en un accidente aéreo.
Repensando la frase que abre este comentario, la serie de 6 capítulos no deja de ser machista, en definitiva vamos a ver cómo una mujer 100% neoyorquina tiene que vérselas sola con todo lo que deja su marido al morirse de manera inesperada, los huecos, las cosas financieras, las tranquilidades que se alteran, las preguntas y los temas de los que se encargaba y ahora alguien tiene que cerrar ese vacío.
Sus dos hijas están criadas en cuna de oro, no tienen idea de la vida fuera de Madison Avenue, y todos se tendrán que adaptar.
Y Sheridan elige un simbolismo muy propio de su historia y sus herramientas creativas, todo tendrá que resolverse en un ambiente hostil para esas tres mujeres, una cabaña muy básica en Montana, en medio de la nada y al lado de un curso de agua, pegada a otra parecida en la que vivía su hermano, con el que pasa cada vez que puede, largas horas, varios días, pescando con mosca.
Ese mundo les es totalmente ajeno, y ahora, que Preston (Kurt Russell) murió ahí con su hermano escapando de una tormenta, pasa a ser el centro de sus vidas.
Ahí será enterrado, ahí ella va a fantasear con irse a vivir y ahí dirimirán el duelo de la manera más cruda.
La serie está bien en el planteo, la historia es creíble, lo que está es llena de lugares comunes, algunos muy básicos.
Y los diálogos tampoco ayudan, muchas veces del tipo sobre de azúcar.
Imagino que funciona bien en Estados Unidos, adonde estos estereotipos están muy consolidados, pero por acá estamos creo que en otra página, aunque la historia puede caerles bien a alguna audiencia, sobre todo porque es muy explícita, "dice lo que hay que decir" sería.
Es un ejercicio suave de Sheridan, que viene de Yellowstone y Landman, en donde las cosas no son nada sutiles y la testosterona fluye.



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