Fuze

 Hay una vieja regla de los magos: Si quieren hacer desaparecer algo con la mano derecha, primero tienen que conseguir que usted mire la izquierda.


6 Butacas



No necesitan esconder el truco.

Necesitan controlar su atención.

Y Fuze, la película de David Mackenzie que puede verse en Amazon Prime, es básicamente un truco de magia de una hora y media.

Uno bastante entretenido.

Estamos en Londres y en una obra en construcción aparece una bomba alemana de la Segunda Guerra Mundial que lleva ochenta años enterrada debajo de la ciudad.

Y esto, aunque parezca una extraordinaria ocurrencia de un guionista, sucede, aparecieron los restos de un rey debajo de un estacionamiento...

Así que llega el Ejército, acordonan la zona, evacúan edificios, cierran calles y aparece la policía.

Y miles de personas tienen que abandonar rápidamente uno de los lugares más transitados del mundo.

El encargado de desactivar la bomba es Will Tranter.

Un militar especializado en explosivos que se encuentra frente a esa clase de trabajo que tiene una particularidad bastante desagradable:

el primer error suele ser también el último.

Pero mientras todos miran hacia abajo...

alguien está mirando hacia otro lado.

Otro personaje es Karalis, un delincuente que comprende inmediatamente las posibilidades que ofrece una ciudad evacuada.

Porque si uno quisiera cometer un robo extraordinariamente complejo en el centro de Londres necesitaría resolver varios problemas: policías, cámaras, tránsito, testigos, seguridad.

O podría conseguir que apareciera una bomba y que el Estado resolviera todos esos problemas por uno.

Ahí está la buena premisa de Fuze.

Convertir una emergencia en una oportunidad.

Y a partir de ahí David Mackenzie arma un thriller que mezcla dos géneros que funcionan particularmente bien juntos.

La película de bombas.

Y la película de robos.

Dos relojes.

Dos operaciones.

Dos películas avanzando simultáneamente.

Fuze es poco ambiciosa.

La película avanza rápido.

Explica poco.

Y cada vez que creemos haber entendido exactamente qué está ocurriendo aparece algún pequeño dato que modifica el tablero.

Buena parte del placer de Fuze consiste precisamente en descubrir cuál es el juego.

Y entonces comienza el juego de las apariencias.

Quién sabe qué.

Quién trabaja para quién.

Qué parte del plan conocemos.

Y, sobre todo, qué parte estamos viendo porque alguien quiere que la veamos.

Ahí Fuze se acerca a otra gran tradición del cine.

El heist movie.

Desde Rififi hasta The Italian Job, desde The Sting hasta Ocean's Eleven, las grandes películas de robos tienen una característica común:

el espectador quiere que el delincuente tenga éxito.

Extraña paradoja moral.

Vivimos convencidos de que prestamos atención a aquello que importa.

No es cierto.

Prestamos atención a aquello que consigue imponerse.

Una bomba en el centro de Londres tiene una extraordinaria capacidad para organizar las prioridades de una ciudad.

Todos miran la bomba.

Y mientras todos miramos el gran peligro...

pueden estar ocurriendo otras cosas alrededor. Funciona, entretiene, y todos nos ponemos algo bien de que los malos esta vez ganen.


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