Mayday
En 1987 Ronald Reagan era presidente de los Estados Unidos, Mijaíl Gorbachov gobernaba la Unión Soviética, faltaban todavía dos años para que cayera el Muro de Berlín y el mundo llevaba cuatro décadas convencido de que en cualquier momento alguien podía apretar el botón equivocado y terminar con todo.
6 Butacas
Un año antes se había estrenado Top Gun.
Y Mayday empieza precisamente ahí.
Porque esta nueva película de Apple TV exhibe y disfruta sus influencias.
Troy Kelly, interpretado por Ryan Reynolds, es un piloto de la Marina norteamericana. Talentoso, arrogante, irresponsable y convencido de que los reglamentos fueron escritos fundamentalmente para los demás.
Es decir: Maverick.
Durante una misión secreta sobre territorio soviético, las cosas salen mal y Troy termina eyectándose solo sobre la inmensidad nevada de Rusia, territorio enemigo.
Y entonces aparece Nikolai Ustinov, Kenneth Branagh, que es un exagente de la KGB, barbudo, extraño, formidablemente entrenado y fascinado por la cultura norteamericana.
Especialmente por Top Gun.
Mayday entonces ajusta el registro, no es una película de espionaje, tampoco es una película bélica. Es una buddy movie.
Una de esas películas que Hollywood fabricaba maravillosamente en los años ochenta: dos tipos completamente diferentes que no tienen ninguna intención de estar juntos y que, naturalmente, terminarán necesitándose.
La fórmula es vieja, pero las buenas fórmulas son como el dry martini.
Los directores entienden perfectamente el género y hacen algo inteligente, no intentan modernizar demasiado la película.
Hay aviones, trenes, persecuciones, golpes, soldados soviéticos, canciones de los ochenta, chistes, situaciones inverosímiles.
Y dos estrellas de cine divirtiéndose.
Ryan Reynolds hace, por supuesto, de Ryan Reynolds.
Habla rápido. Ironiza. Mira con incredulidad.
Es el personaje que perfeccionó con Deadpool y que desde entonces transporta de película en película como equipaje de mano.
Pero la verdadera sorpresa de Mayday es Kenneth Branagh.
Sir Kenneth Branagh.
Actor shakesperiano.
Director de Hamlet.
Hércules Poirot.
Wallander.
Cinco veces candidato al Oscar.
Y ahora un enorme ruso barbudo repartiendo golpes mientras sueña con conocer Estados Unidos.
Maravilloso.
Hay además una pequeña ironía muy bien encontrada.
El estadounidense cae detrás de la Cortina de Hierro convencido de que está rodeado de enemigos.
Y el soviético que debería entregarlo está enamorado de Bruce Springsteen, de Top Gun y de todo aquello que llega clandestinamente desde Occidente.
Los gobiernos están enfrentados.
Los tipos pueden entenderse.
Y ahí Mayday, sin ponerse solemne, encuentra algo parecido a una idea.
Porque la Guerra Fría fue también una gigantesca construcción de imágenes.
Durante décadas, cada lado aprendió cómo imaginar al otro.
Mayday está tan consciente de estar homenajeando al cine de los ochenta que algunas veces parece estar mirándonos para comprobar si entendimos la referencia.
Sí.
Entendimos.
Top Gun.
Dura alrededor de una hora cincuenta y tiene algo que muchas películas actuales de plataformas parecen haber olvidado:
ritmo.
No estamos ante una gran película.
Tampoco creo que nadie involucrado haya pensado que estaba haciendo una.
Mayday pertenece a una especie cinematográfica que parecía camino a la extinción.
La película de sábado a la noche.
La que no pretende explicarnos el mundo.
Está en Apple TV.
Quiere entretenernos durante dos horas.
Y lo consigue.



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