Ciudad de sombras

Hay dos buenas razones para verla, al menos, la actuación póstuma de una actriz españolas de esas que conocemos de tanto verla y no recordamos su nombre, me refiero a Verónica Echegui, y la otra es la presencia permanente y potente de la obra de Gaudí, el enorme arquitecto modernista que le dio a Barcelona un carácter eterno de modernidad y arte.


6 Butacas



La serie nos plantea varios planos, el más potente es el de las huellas que dejó la transformación de la ciudad en tiempos de las Olimpiadas de 1992, esos juegos que marcaron la era moderna y que todos recordamos entre otras cosas, por la canción de Montserrat Caballé y Freddy Mercuri.

Esa expansión de progreso hizo que buena parte de los barrios marginales y no tanto de la ciudad, literalmente desaparezcan, para que florezcan estadios, hoteles, autopistas, con un ímpetu y un paso arrasador, que fue dejando heridos en el camino.

Los hijos de esos heridos, los marginados, los que perdieron todo, son ahora los que, de alguna manera van por venganza.

Pero este es un plano que está puesto para desconcertarnos un poco.

Habrá otras historias, que se irán desentrañando de manera escalonada a medida que se desarrollan los 6 capítulos que dura la serie, producida por Netflix, que nos irán contando otra trama, más dolorosa, más compleja, que tiene que ver también con los desprotegidos, pero en ámbitos piadosos y de supuesta ayuda.

Una muerte espectacular, de un empresario constructor de esos que tuvieron gran protagonismo en los años de la transformación de la ciudad, sacude a la opinión pública, porque el asesino elige una puesta en escena espectacular, lo quemará vivo (y lo va a registrar en video) colgando como un Cristo en la Pedrera, una de las casas de Gaudí en el centro de la Ciudad.

Luego será otro poderoso el que aparezca en otro de los sitios emblemáticos, en el Monjui, de madrugada, también quemado.

Los investigadores, la perito psicológica Verónica Echegui y el policía que interpreta Isak Férriz, Milo Malart un investigador suspendido, desplazado del sistema que intenta volver a ser lo que era, atormentado por un tema familiar que lo descolocó, y también está otra vieja conocida, Ana Wagener que aporta rigor y equilibrio como jueza instructora.

Al comienzo los dos policías sospecharán que esa primera muerte no va a ser la única, y los hechos le irán dando la razón.

Es una buena propuesta, que mezcla lo urbano, lo social, y una crítica a cierto sistema de bondad organizada, las víctimas pertenecen a la alta burguesía y comparten vínculos con centros tutelares de menores.

Las cosas se irán revelando despacio, y si bien hay algunas cuestiones de conspiraciones, como cuando se vinculan sin sustento los hechos a la masonería, y alguna historia lateral que no aporta mucho, en el promedio la serie es buena y llevadera, además de mostrarnos a Gaudí en su esplendor, con obras que tienen algo más de 100 años de vida y siguen siendo extraordinarias.

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