Stranger things
El 31 de diciembre pasado, apenas se brindó con la familia, los más jóvenes corrieron a los sillones, se pusieron cómodos y se abstrajeron del ruido de la cañitas voladoras y de las nueces al partirlas, corrieron al encuentro del último capítulo de Stranger things, capítulo 8 de dos horas de la quinta y última temporada de esta serie que le voló la cabeza a muchos, sobre todo a los más jóvenes.
6 Butacas
Esta aventura extraordinaria, en todo el sentido del concepto, que comenzó en 2015 llegó a su fin y se convirtió en una acontecimiento global multiplataforma.
Si tuviera que contar en pocas palabras de qué se trata (aclaro que me puse al día a fin de año porque no había visto todas las temporadas en su momento) lo que se ve en pantalla es una mezcla muy bien lograda de estéticas de los años 80, y homenajes sutiles a clásicos de esos años, ET, algo más atrás La naranja mecánica, Súper 8, Alien... hay un espíritu Spielberg flotando y sobre todo, hay una dupla creadora, los Hermanos Duffer, que crearon un universo entero y lo desarrollaron a lo largo de una historia extraordinaria.
Lo que nos atrapa es que los protagonistas son niños cuando comienza la saga, son tiernos, nerds, frágiles, y los vamos a ir viendo crecer, enamorarse, cambiar de piel, cambiar la voz, descubrir el mundo, jugar, agigantarse y hacer crecer la amistad entre ellos de una manera muy vista en este tipo de historias (los chicos marginados de la escuela que terminan salvando al mundo) como si fuera una especie de Harry Potter americano, con estereotipos muy marcados y una extrema patriotería.
También están los adultos, pocos, complejos, buenos y malos muy marcados, muy pueblerinos y también estereotipados, pero entrañables y valerosos a la hora de jugarse la piel para salvar al mundo.
Hay un pueblo, típico pueblo gringo pequeño y tranquilo, en el que suele no pasar nada, hay unos amigos que juegan juegos de rol en el sótano de la casa de uno de ellos, y ese tranquilidad se altera con la aparición de una niña, medio salvaje, muy rara, de la que poco sabemos pero que se irá convirtiendo en el centro de una trama que involucra a alguna agencia especial del gobierno norteamericano, y una base secreta en la que se hacen experimentos (más evocaciones, al Túnel del tiempo por ejemplo).
Ese proyecto ultra secreto trabaja con niños superdotados, pero a la vez esconde una grieta (una de verdad) que es una puerta a un mundo siniestro y demasiado bien hecho y construido, que es una especie de lado B, lado oscuro de esa tranquilidad de la superficie. Algo así como que debajo de la calle, hay otra calle igual pero siniestra.
La historia tiene todo lo que necesita, historias paralelas, nuevos malos horribles, mientras se va desgranando una más grande, la que es el origen de todo y el fin de todo que desemboca en una batalla final de dimensiones colosales.
Monstruos que corporizan los peores temores de los niños, sobre todo de estos nerds familiarizados con historias espeluznantes, juegos de rol y fantasía al límite.
Las actuaciones de los chicos son extraordinarias, es un casting especial con intérpretes que están para otro tipo de desafíos. Se destacan del lado de los niños Millie Bobby Brown como Eleven, Gaten Matarazzo como Dustin y Maya Hawke (la hija de Uma Thurman y Ethan Hawke) y entre los adultos, la protagonista es Winona Ryder como la gran mamá de todos, David Harbour como un entrañable jefe de policía y el malo más malo que se puedan imaginar (a la altura de Voldemort) interpretado por Jamie Campbell Bower.
Es más que una serie, es la creación de un universo con todo lo que eso trae, fanáticos, curiosos, pero nadie queda indiferente.
En el repaso de las 5 temporadas diría que no son parejas, y la verdad es que una vez que se entiende la mecánica, no innova, la serie va a lo seguro, a lo que funcionó, y apela a que vamos a querer seguir estando ahí.
Es cierto, se hace algo larga por momentos, los capítulos son inusualmente largos, y a veces el desarrollo de ciertas relaciones entre los personajes no es tan atractivo para que sigamos pegados a la trama, pero funciona en un conjunto.
Hay momentos para otros actores íconos de los 80, como Matthew Modine, Paul Reisser o Linda Hamilton (nada menos que Sarah Connor).
Una creación fantástica, en todo el sentido del concepto, que desafía todo el tiempo y que construye una historia a lo largo de los años, que se hace muy atractiva hacia el final.



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