Lo dejamos acá
Hay profesiones que requieren una vocación extraordinaria. La medicina, la docencia, el sacerdocio y, por supuesto, la psicoterapia. Todas comparten una característica: alguien deposita su confianza en otro esperando encontrar una respuesta, un alivio o, al menos, una explicación razonable para sus desgracias.
5 Butacas
Pero ¿qué ocurre cuando quien debería escuchar se cansa de hacerlo?
Esa es la pregunta que propone Lo dejamos acá, la película argentina protagonizada por Ricardo Darín y Diego Peretti, que encuentra en el universo de la terapia un escenario ideal para explorar las contradicciones humanas y un thriller como fondo.
Porque una cosa es conocer los mecanismos de la mente y otra muy distinta es saber qué hacer con la propia.
Cuando el paciente se convierte en un problema
Dirigida por Hernán Goldfrid, responsable de Tesis sobre un homicidio, la película presenta a Ulises Verón, un psicoanalista interpretado por Darín que ha perdido la confianza en los métodos tradicionales de su profesión.
Después de años de escuchar los mismos conflictos, las mismas frustraciones y las mismas explicaciones, decide abandonar algunas reglas fundamentales de la práctica terapéutica.
Sus métodos se vuelven cada vez más heterodoxos. Y, sorprendentemente, parecen funcionar. Ya no solo escucha y aconseja, se mete y actúa sobre los temas.
Hasta que aparece Martín Bouchard, un escritor interpretado por Peretti, atrapado en un bloqueo creativo y en sus propios conflictos personales. Su llegada altera el delicado equilibrio que Ulises creía haber construido.
La propuesta tiene algo de comedia negra, algo de thriller psicológico y bastante de ese humor argentino que encuentra en la neurosis una fuente inagotable de inspiración.
El principal atractivo de Lo dejamos acá es, naturalmente, el encuentro entre Ricardo Darín y Diego Peretti.
Darín posee esa extraordinaria capacidad para transmitir desconfianza, ironía y vulnerabilidad con apenas un movimiento de los ojos. Su Ulises es un hombre que comienza creyéndose dueño de las circunstancias y descubre progresivamente que su supuesta superioridad intelectual también puede ser una trampa.
Peretti, por su parte, tiene una ventaja particular para interpretar personajes atravesados por contradicciones psicológicas. Su experiencia como psiquiatra, anterior a su carrera artística, agrega una curiosidad adicional a este encuentro cinematográfico.
Pero lo verdaderamente interesante es la dinámica entre ambos.
La película encuentra su mejor terreno cuando los personajes conversan, se observan y comienzan a disputar el control de una relación que debería tener reglas perfectamente definidas.
Goldfrid apuesta por una tensión construida a partir de los diálogos, los silencios y la incomodidad. El consultorio deja de ser un espacio de protección para convertirse en un territorio de confrontación.
Ulises comienza a cruzar límites porque considera que sus resultados justifican sus procedimientos. Y ese razonamiento, aplicado a la medicina, la política o las relaciones personales, ha servido históricamente para justificar algunas de las peores decisiones humanas.
La película encuentra allí su dimensión más provocadora.
Sin embargo, también deja la impresión de que su premisa podría haberse desarrollado con mayor profundidad. Algunos mecanismos narrativos parecen demasiado dependientes de la capacidad de sus protagonistas para sostenerlos.
No todas las situaciones alcanzan la misma intensidad, y el relato oscila entre la comedia y el suspenso sin encontrar siempre el equilibrio adecuado.
Pero Darín y Peretti tienen suficiente oficio como para convertir incluso una conversación aparentemente trivial en un pequeño duelo de voluntades.
Lo dejamos acá es una película que funciona mejor como enfrentamiento entre dos personalidades que como reflexión definitiva sobre la psicoterapia.
Su mayor virtud está en las actuaciones, en el manejo de los diálogos y en la posibilidad de observar cómo dos hombres inteligentes utilizan sus propias debilidades como armas.
No reinventa la comedia negra ni alcanza la complejidad de los grandes dramas psicológicos. Pero propone una situación atractiva y encuentra en sus protagonistas dos intérpretes capaces de sostenerla.
Al final, queda una pregunta que trasciende la historia.
¿Buscamos ayuda para cambiar nuestra vida o simplemente para encontrar a alguien que nos explique por qué seguimos haciendo lo mismo?
Tal vez por eso el título resulte tan apropiado.
Porque todos, alguna vez, necesitamos que alguien nos diga que ha llegado el momento de terminar una conversación.
Hacia el final, uno sospecha que se terminará resolviendo de una manera poco creíble, porque faltando escasos minutos, todavía hay mucho por cerrar. Y las sospechas se hacen realidad, no tiene un final acorde al buen nudo y excusa central de la historia, se precipita de manera poco creíble.



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