Pressure

Difícil que una película de guerra nos sorprenda, hemos visto todo lo imaginable. Sobre todo si el foco es la Segunda Guerra Mundial. Si seguimos en esa tónica, el Día D, tan filmado desde la espectacular "The longest day" de 1962 con un elenco inimaginable hoy en día, o "Saving private Ryan" con la famosa escena plano secuencia del desembarco, parecería que no hay muchos ángulos más que explorar, sin embargo Pressure desafía este principio. 


7 Butacas



Y logra convertir el estruendo de la guerra en un silencio atronador que se transforma en el arma más poderosa.

La historia se instala en las horas previas al desembarco en Normandía, cuando el destino de miles de hombres depende menos de los generales que de un grupo de meteorólogos capaces de interpretar el humor del cielo. Es un punto de partida fascinante porque desplaza el heroísmo desde el campo de batalla hacia una habitación cerrada donde cada dato puede convertirse en una sentencia de muerte.

La dirección entiende que la tensión no necesita explosiones. Le alcanza con una discusión técnica, una mirada de duda o un mapa cubierto de isobaras. El espectador sabe lo que está en juego y esa certeza convierte cada conversación en un duelo.

Las actuaciones sostienen ese clima con sobriedad. Nadie busca el discurso grandilocuente ni el patriotismo de manual. Los personajes cargan con el peso de saber que una predicción equivocada puede modificar la historia. Esa responsabilidad se refleja en gestos mínimos, más que en grandes estallidos emocionales.

Pero en este punto me detengo para resaltar el trabajo de Brendan Fraser como Dwight 'Ike' Eisenhower, en una caracterización sobria y casi perfecta no solo desde lo físico, sino desde la presión que cae sobre las espaldas de un general que tiene que tomar una decisión casi en soledad cuando sus dos meteorólogos estrella, uno que lo acompañó en sus últimos años y un sabelotodo escocés, difieren en su mirada sobre el cielo y el clima. Fraser está en una muy buena etapa de su carrera.

Visualmente, Pressure apuesta por una elegancia austera. Los interiores transmiten encierro y urgencia, mientras que el océano, casi siempre presente aunque pocas veces protagonista, funciona como una amenaza invisible. La fotografía de tonos fríos acompaña esa sensación de que la naturaleza es un adversario imposible de negociar.

Su mayor virtud también puede convertirse en una barrera para algunos espectadores. Quien espere una película bélica tradicional encontrará largas discusiones científicas y estratégicas donde las palabras reemplazan a las balas. Pero precisamente ahí reside su originalidad: recordar que el Día D no comenzó en las playas de Normandía, sino alrededor de una mesa donde alguien tuvo que decidir si el clima concedería una ventana de apenas unas horas.

Bandini suele desconfiar de las películas que pretenden explicar la Historia con mayúsculas. Pressure es más inteligente: entiende que, a veces, el mundo cambia porque un hombre mira por la ventana, interpreta unas nubes y se atreve a decir "hoy". En esa aparente modestia encuentra una épica distinta, menos ruidosa, pero infinitamente más inquietante.

Está siempre bien Andrew Scott, acá como el meteorólogo escocés, estudioso y odioso que sabe que la fecha elegida no es la adecuada (y de hecho se cambiará un día) y Damian Lewis como Bernard 'Monty' Montgomery, otro personaje que conocemos de memoria. 

Un párrafo aparte para Kerry Condon, una actriz que nos gusta mucho y que en en este relato hace de una asistente todo terreno de Ike, capaz de mediar entre esas tensiones tan complejas.

Una película de guerra sin guerra, donde el verdadero enemigo no es el ejército alemán, sino la incertidumbre. Y pocas cosas generan más suspenso que intentar adivinar qué hará el cielo mañana.

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