Susurran tu nombre
Esta es una (y hacía rato que no veíamos) de asesinos seriales.
Hubo una época en que los asesinos seriales no tenían un podcast, nadie hacía una docuserie de ocho capítulos sobre ellos y, sobre todo, no necesitaban explicar durante cuarenta minutos por qué habían tenido una infancia difícil.
5 Butacas
Mataban.
Y enfrente había algún policía cansado, generalmente divorciado, con un impermeable, una botella de whisky y problemas para dormir.
Eran los años noventa.
El silencio de los inocentes, Seven, Copycat, Kiss the Girls, The Bone Collector.
Y de algún lugar de aquella década parece haber escapado Susurran tu nombre, la nueva película de Netflix protagonizada por Robert De Niro, Adam Scott, Michelle Monaghan y Michael Keaton.
Está basada en una novela muy vendida.
La historia comienza con Tom Kennedy, Adam Scott, un escritor de novelas policiales que acaba de perder a su mujer y trata de reconstruir su vida junto a su pequeño hijo Jake.
Como suele ocurrir en estas películas, para empezar de nuevo decide mudarse.
Y como también suele ocurrir en estas películas, elige exactamente el peor pueblo posible, y la casa más grande y aterradora que se pueda conseguir.
Porque allí, veinte años atrás, un asesino serial secuestró y asesinó a cinco chicos.
Lo llamaban el Hombre de los Susurros.
El asesino fue finalmente detenido por el detective Pete Willis.
Robert De Niro y su antológica cara de culo.
Que además resulta ser el padre de Tom.
Y con quien, naturalmente, Tom mantiene una relación desastrosa.
Hasta aquí tenemos prácticamente todos los ingredientes necesarios.
Trauma familiar, niños desaparecidos, un asesino encerrado, un policía retirado, una casa inquietante, un amigo imaginario, y una canción infantil que, por supuesto, nadie debería cantar antes de irse a dormir.
Cuando comienzan nuevas desapariciones y finalmente Jake es secuestrado, el pasado vuelve.
Y padre e hijo tendrán que encontrarse otra vez.
No solamente para encontrar al chico.
También, porque estamos en Hollywood, para resolver unos treinta años de terapia familiar pendiente.
La película tiene un mérito que no es menor: se deja ver.
Netflix produce una enorme cantidad de películas que uno empieza el viernes por la noche y el domingo ya no recuerda si las vio o solamente leyó la descripción.
Tiene en sus actores un activo importante. Y especialmente De Niro y Keaton.
Porque hay algo inevitablemente emocionante en volver a verlos juntos casi treinta años después de Jackie Brown.
Ahora están otra vez frente a frente, pero el tiempo pasó y se nota.
Michael Keaton tiene menos espacio, pero entiende perfectamente qué película está haciendo.
Su asesino Frank Carter pertenece a aquella tradición inaugurada por Hannibal Lecter: el monstruo encerrado al que necesariamente hay que visitar porque, naturalmente, sabe algo que nosotros no sabemos.
Todo está correctamente hecho.
Demasiado correctamente.
Y entonces ocurre algo curioso.
Una película sobre un hombre que susurra termina sin tener una voz propia.
Ese es quizás su principal problema.
Quiere ser El silencio de los inocentes.
Por momentos recuerda a Seven.
Coquetea con Sexto sentido.
Mira de reojo a Zodiac.
Pero nunca termina de convertirse en The Whisper Man.
la estética Netflix.
Todo ligeramente gris.
Todo ligeramente oscuro.
Todo ligeramente desaturado.
Como si alguien hubiera decidido que para demostrar que una película es seria hay que quitarle el veinte por ciento del color.
Los thrillers de los noventa podían ser absurdos.
Pero tenían personalidad.
Susurran tu nombre tiene algo agradablemente antiguo.
Dura menos de dos horas.
Cuenta una historia.
Tiene principio, desarrollo y final.
Hay un asesino.
Hay una investigación.
Hay actores.
Y —detalle revolucionario— no termina anunciando necesariamente siete temporadas y un universo cinematográfico del Hombre de los Susurros.
No estamos frente a una gran película.
Ni siquiera frente a un gran thriller.
Pero sí frente a una de esas películas que alguna vez hubiéramos alquilado un sábado por la noche en un videoclub.



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