Red eye (T1 y T2)
El viajar es un placer… (decía Pipo Pescador) salvo que ITV compre el pasaje
Hay series que pretenden mucho, otras tienen una misión mucho más modesta y, posiblemente, más honesta: sentarnos en el sillón, cerrar la puerta y conseguir que veamos seis capítulos seguidos.
7 Butacas
Red Eye pertenece a esa tercera categoría.
La serie apareció en 2024 como un thriller británico de seis episodios producido por ITV.
La primera temporada parte de una premisa extraordinariamente eficaz. El médico Matthew Nolan, interpretado por Richard Armitage, regresa a Londres después de participar de una conferencia en Beijing. Apenas aterriza es detenido: una mujer apareció muerta dentro del automóvil que él conducía en China.
Nolan asegura que viajaba solo. Las autoridades chinas reclaman su extradición y la policía británica decide enviarlo nuevamente a Beijing acompañado por Hana Li, interpretada por Jing Lusi.
Y ahí empieza realmente Red Eye.
Porque ese vuelo nocturno Londres-Beijing se convierte rápidamente en una suerte de Agatha Christie a diez mil metros de altura.
Empiezan a suceder cosas, a morir personas.
Y lo que parecía un procedimiento policial termina revelando una conspiración que involucra servicios secretos, intereses políticos y relaciones entre Gran Bretaña y China. Mientras tanto, desde Londres, la responsable del MI5 Madeline Delaney, muy bien interpretada por Lesley Sharp, intenta descubrir qué demonios está pasando.
La gran virtud de aquella primera temporada es su escenario: un avión es prácticamente el lugar perfecto para un thriller.
No hay escapatoria.
No hay demasiados lugares donde esconderse.
Todos los personajes resultan sospechosos.
La serie aprovecha muy bien esa claustrofobia.
Cada pocos minutos aparece una nueva información, una sospecha cambia de dirección o alguien demuestra que no era exactamente quien decía ser.
Nada demasiado sofisticado, pero enormemente efectivo.
Jing Lusi es la revelación de la serie.
Su Hana Li comienza como una policía dura, distante, casi incómoda dentro de su propia identidad británico-china. Y lentamente se transforma en el centro absoluto de la historia.
Es uno de esos personajes que parecen crecer mientras la serie avanza.
Por eso resulta perfectamente lógico que ITV haya construido la segunda temporada alrededor suyo.
La segunda temporada cambia completamente el tablero.
Richard Armitage ya no está. Entra Martin Compston, conocido especialmente por Line of Duty, como Clay Brody, responsable de seguridad de la embajada estadounidense y antiguo colega de Hana.
Esta vez la acción comienza durante una recepción en la Embajada de Estados Unidos en Londres. Una amenaza anuncia que un avión británico será destruido si alguien abandona el edificio.
La embajada queda cerrada. Y entonces empiezan los asesinatos.
Es decir: el avión de la primera temporada se convierte ahora en una embajada.
Otra vez tenemos un espacio cerrado y otra vez tenemos personajes atrapados.
Es una serie sobre lugares donde nadie puede salir mientras alguien mueve los hilos desde afuera.
Y nuevamente aparece Lesley Sharp, que empieza a convertirse en una especie de patrimonio estratégico de la serie. Cada vez que aparece Madeline Delaney uno tiene la sensación de que probablemente sabe cinco cosas más que todos los demás.
La segunda temporada es quizás menos novedosa.
La primera tenía esa idea magnífica del vuelo nocturno y podía explotar el miedo elemental de estar atrapado en un avión.
La segunda debe trabajar mucho más para sostener el suspenso.
Esto está bastante más cerca de 24, de Bodyguard, de los thrillers de aeropuerto que comprábamos antes de subir a un avión.
Conspiraciones, traiciones, servicios secretos, amenazas internacionales, funcionarios que saben demasiado.
Todo servido con esa magnífica eficiencia narrativa británica que permite que incluso el disparate conserve cierta dignidad institucional.



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