Alice & Steve
Cuando el amor se sienta en la mesa familiar
Hay series que parten de una gran pregunta moral. Alice y Steve comienza con una capaz de arruinar cualquier cena de domingo: ¿qué pasa cuando tu mejor amigo empieza una relación con tu hija? Ese punto de partida, deliberadamente incómodo, sostiene una comedia dramática británica que nunca busca que el espectador se sienta completamente a gusto.
5 Butacas
Lo primero que sorprende, y a lo mejor es lo que mas sorprende, es la inteligencia del guion de Sophie Goodhart. Podría haber elegido el camino fácil del escándalo o del melodrama. En cambio, construye una historia donde nadie tiene completamente razón y nadie está del todo equivocado. Alice no sólo pierde una hija; siente que también pierde al hombre que fue su confidente durante un cuarto de siglo. Steve, por su parte, no es un villano sino un hombre maduro que descubre el amor cuando ya creía que ciertas estaciones de la vida habían pasado para siempre.
Nicola Walker vuelve a demostrar por qué es una de las mejores actrices británicas de su generación. Tiene una rara habilidad para convertir la irritación en ternura sin pedir la complicidad del espectador. Su Alice es brillante, egoísta, divertida y profundamente humana.
Jemaine Clement, con ese aire de eterno adolescente atrapado en un cuerpo de cincuenta años, aporta un Steve tan entrañable como exasperante. Nunca intenta justificar lo injustificable. Sólo interpreta a un hombre convencido de que los sentimientos llegan sin consultar el calendario.
Lo interesante es que la serie jamás pretende resolver el dilema ético. Apenas lo expone. Y obliga al espectador a tomar partido. En una época en que muchas ficciones parecen redactadas para evitar cualquier incomodidad, Alice y Steve hace exactamente lo contrario: instala una conversación incómoda y la sostiene durante seis episodios.
No todo funciona. Hay momentos en los que el tono oscila demasiado entre la comedia absurda y el drama íntimo. Algunos personajes secundarios parecen existir únicamente para empujar la trama, y la química entre Steve e Izzy nunca termina de convencer del todo, un punto que también dividió a buena parte de la crítica y del público.
Pero quizá esa incomodidad sea precisamente el objetivo. No estamos viendo una historia de amor convencional. Estamos viendo el derrumbe de una amistad extraordinaria.
La serie tiene algo del mejor cine de Mike Leigh y un leve perfume a Woody Allen, del que se habla, mal, en la serie, aunque sin su neurosis intelectual y con bastante más conciencia de los límites morales que está explorando. Se anima a preguntar si el amor basta para justificar cualquier decisión. La respuesta, afortunadamente, queda en manos del espectador.
Porque Alice y Steve habla menos del amor que de la propiedad afectiva. ¿Hasta qué punto creemos que las personas que queremos nos pertenecen? ¿Y cuánto de nuestro enojo nace del daño... y cuánto del orgullo?
"Las mejores series no ofrecen respuestas: organizan buenos debates. Y ésta consigue que, cuando aparecen los créditos finales, uno siga discutiendo con los personajes... y un poco consigo mismo."



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