sábado, 9 de octubre de 2010

El Artesano del Miedo


Butaca al centro es un blog de miradas sobre el cine y ocasionalmente el teatro. Digo miradas, porque no me animo a decir que son críticas. Mis viejas lecturas, entre otras de Oscar Wilde y Pablo Neruda, me hacen correrme de ese lugar tan altivo.

No me meto con los libros porque son sin lugar a dudas un territorio distinto, aunque con este, por tratarse de la biografía de un hombre del espectáculo, voy a hacer una excepción.

El Artesano del Miedo, la vida de Narciso Ibáñez Menta, de Leandro D’ambrosio y Gillespi

Narciso es para mi una voz lejana. No descubro nada con esto. Era una voz especial, pero me refiero a que el recuerdo de una voz de la infancia es un recuerdo fuerte.

Y son tonalidades en blanco y negro, y decorados cargados, y Alberto Argibay y máscaras y música incidental.

Pero además es líving de casa de mis viejos, son amigos en casa mirando con ellos el Jueves a la noche, y es mirar entre sillones, cerca de Alicia o de Baby para que eso que estaba ahí en la pantalla no me atrape.

Y es oscuridad en ese living y es ritual casero frente a la tele.

El libro que recorre la larga vida de este actor, es un libro hecho por fanáticos de su estirpe, pero con una mirada actual. Es un libro que pueden leer todos, me refiero a las edades del lector, pero que vamos a disfrutar mucho los que hoy estamos por los 40 y pico. Precisamente porque nos va a ayudar a evocar esos recuerdos que tenemos guardados (y bien guardados).

Por la temática, creo que me animo a decir que vamos a poder exhumar esas viejas sensaciones.

Es un relato minucioso, lleno de devoción de fanático, pero equilibrado en su estructura y en sus datos.

Construido alrededor de testimonios de gente que trabajó con Narciso, mucha documentación de la época y un puñado de fotografías, recrea toda su vida (haciendo centro en su vida en Argentina por supuesto) a partir de su obra. Como debe plantearse un homenaje a un artista.

Muy adjetivado, poco objetivo, desarrolla la carrera de un Narciso eterno, niño precoz de las tablas y trotamundos en su infancia de hijo de artistas, y un periodo en Argentina de muchos años, en el que alcanza su madurez interpretativa y encuentra un camino al abrir y género en el que hizo sin dudas una historia.

SI bien alternó sus puestas macabras y su facilidad para lo truculento con teatro clásico (compró los derechos de Muerte de un viajante de Miller y la hizo en Buenos Aires a solo un año de su estreno en USA) al que siempre quiso volver, fue un dúctil intérprete y un paciente componedor d caricaturas.

A partir de su laboriosa dedicación a las máscaras y al maquillaje, técnicas que perfeccionó hasta el extremo, buscador de nuevas tendencias y muy osado en sus puestas, encontró en su hijo Chicho su mejor compañero de ruta y juntos, acá y en España, dieron vuelta los conceptos de una televisión que miraba poco a las pantallas de los países centrales y se animaba a marcar tendencias propias.

De hecho, los ciclos que lo consagraron en España primero se dieron en Argentina.

Se desliza en el libro que Roger Corman le debe unas cuantas ideas para sus puestas, y que en su juventud vivió en Estados Unidos, con la compañía teatral de sus padres, y allí tuvo la chance de conocer y sentirse cerca del otro maestro del disfraz, Lon Channey el hombre de las mil caras.

Sin dudas un grande, un ciudadano del mundo, al que el País le pagó más de una vez como suele pagar a los que hacen cosas, con desprecio y algua que otra bancarrota.

Un dato impresionante de este trabajo es que tiene mucha información y muy valiosa, de cada una de sus producciones, destacando sus elencos, sus técnicos, los autores de los libros y los decorados, las obras sobre las cuales se inspiraron los relatos y anécdotas contadas por compañeros de ruta de esos días, como son los relatos del viejo actor Juan Carlos Galván.

Una delicia de libro, para fanáticos. No esperen una biografía a lo gringo, con detalles de la vida del mundo en el momento en el que el protagonista hace sus cosas, ni interpretaciones acerca de su trabajo.

Es para regocijarse con un artista que marcó una época, que logró imponer un género, que se animó a producir poniendo su propio capital y que, y acá viene una gran sorpresa, produjo una enorme cantidad de títulos en teatro, TV y cine.

Enorme cantidad de puestas.

Para los que espiamos sus programas en la infancia de los 60 y 70, es el descubrimiento de un artista muy personal y apasionado.

Y si pueden, cuando lean el libro, busquen “Obras maestras del terror” dirigida por Enrique Carreras!!! Una verdadera obra maestra en la que se cuentan tres espeluznantes cuentos de Edgar Allan Poe: El extraño caso del señor Valdemar (con Osvaldo Pachecho!), El tonel del amonitllado y el Corazón delator. UNA OBRA MAESTRA con Narciso componiendo al doctor en el primero, al Señor Savivé en el segundo y al anciano avaro en el tercero.

Un deleite.