lunes, 10 de octubre de 2011

Paul


Paul

Gregg Mottola es el director de esta película. Con su nombre no decimos nada. No es uno de esos directores ni de moda, ni que nos haya entregado películas taquilleras. Por el contrario, es uno de esos directores de culto. De un segmento muy pequeño de idiotas (me anoto ahí) a los que nos gustan las películas que van por el absurdo.

Adventureland (crítica de Butaca al Centro hace unos cuantos meses) varios episodios de la serie de TV Arrested Development, sirven para graficar de qué tipo de cine hablamos.

Paul es una historia simple, de alliens, todos serán alliens en este mundo que recrea Mottola. Dos ingleses (alliens, legal alliens como dice Sting) se cruzan el Atlántico para asistir a una de las tantas ferias del Cómic que abundan en la cartelera americana. Se fascinan allí, tienen preparado todo el viaje desde que son amigos de niños. Alquilarán un motorhome al viejo estilo, y harán lo que marcaron en su mapa, todo el viejo recorrido de los platos voladores del midwest americano, el área 51, el buzón negro y los desiertos.

Todo está saliendo bien, hasta que, en medio de la noche, se cruzan (el auto que maneja se estrella delante de ellos) con Paul. Paul es un extraterrestre que cayó por accidente en el desierto en 1949. Y se quedó allí a vivir.

Fuma, toma, le gusta Marvin Gaye y la marihuana, hace revivir a un pájaro muerto (para después comérselo de un bocado). Entrañable, pícaro, inteligente, usará a los amigos británicos para lograr su objetivo; cansado de servir al departamento de estado y al gobierno (sabe que ya no les es útil y lo van a matar) tiene todo arreglado para escaparse y que lo vengan a buscar de una vez.

La película es hilarante desde que empieza hasta que termina. En la lista de alliens se toparán con dos investigadores muy pelotudos, una cristiana practicante que odia a Darwin, y la mandamás, la más mala que trabaja para el gobierno y lo quiere muerto, Sigourney Weaver. El elenco es increíble, reconocibles en este nuevo género de comedias en las que, las situaciones son siempre absurdas, pero en las cuales nos vemos envueltos a menudo.

Simon Pegg (increíble comediante inglés) y Nick Frost son los Brits. Jeffrery Tambor, Jane Lynch (si, la de Glee) Jason Bateman, la Weaver, y la voz de Paul, el inclasificable Seth Rogen. Los Saturday Night Live Bill Hader y Kristen Wiig (su paso del cristianismo practicante al uso de malas palabras en su lenguaje es increíble)

Hay para reírse, para pensar, es el lado B de las películas de ciencia ficción con las que crecimos.

Paul les cuenta que en todos estos años trabajando para el gobierno lo han hecho ser asesor de creativos a cambio de silencio, la escena en la que le da los lineamientos de ET hablando por teléfono con Steven Spielberg es de antología.

Si quieren pasarla bien, este es el cine. Es cierto, no es un registro de comedia que le guste a todo el mundo, pero vale la pena el intento.

Page Eight


Page Eight

David Hare es uno de esos escritores y directores de poca pantalla personal pero de cuyos productos, estoy seguro, hemos gozado alguna vez. Como escritor le debemos la adaptación al cine de El Lector y Las Horas, por ejemplo. Es el director de Page Eight, película para la BBC de reciente estreno.

No voy a andar con vueltas, es lenta, su trámite es lento y tiene mucho texto, pero es vibrante y no hay manera de perder el interés en cada coma.

Una clásica película de espías, y ya sabemos, para películas de espías no hay como los ingleses.

Es una historia muy actual, un Director General de MI5 antes de morir, quiere que se sepa un secreto muy importante, los ingleses, algunos ingleses, sabían de torturas en prisiones de los Estados Unidos, a pesar de ser socios en algunas de ellas.

Con estética de serie de televisión de los años de Dos tipos Audaces, una muy buena banda de sonido (jazz) nos metemos en la vida taciturna pero a la vez riquísima de un capo en inteligencia, Bill NIghy, que nos irá desgranando sus misterios, siempre de manera callada y poco ruidosa, de una forma que no nos dejará mover de la butaca.

El elenco es sobresaliente, la hermosa Rachel Weisz, que está filmando cosas muy interesantes, Michael Gambon, como el jefe que muere y Judy Davis en un papel turrísimo.

Cuando digo que hay mucho texto no lo digo como un dato negativo, todo el texto tiene que ver, los parlamentos son largos pero ricos, y la acción, que es mínima, lo acompaña de manera soberbia.

Una noche, mirando con su recién conocida vecina Weisz un video de Ella Fitzgerald cantando con Lester Young (ama el jazz) le dice en medio de su parlamento, “su pasión por Lester Young no la deja estar en pié cuando él toca…” ó cuando, contemplando los cuadros desgarradores que pinta y expone su hija le dice “…no mees la vida antes de vivirla…”

Hay joyitas, que seguro conocemos, como cuando en una reunión de gente de inteligencia preguntan quiénes leyeron un informe y todos aseguran haberlo leído entero, pero nadie había reparado en el último renglón de la página 8.

En el papel del primer ministro británico aparece Ralph Fiennes, este es un actor dúctil, para mi gusto comparable en su estilo interpretativo a Daniel Day Lewis, aunque más tranquilo en la elección de su repertorio. Aquí está irreconocible como el primer ministro. Está estupendo. Más gordo, relleno, altivo, vulgar, muy político en definitiva. Y despiadado, muy alejado de los suaves papeles en los que solemos verlo. Tiene un registro enorme.

Se irá desentrañando una historia actual, perversa, llena de intereses cruzados que iremos descubriendo de manera sutil y reveladora.

“Me fueron forzando a meterme en temas más cercanos a la política que a la inteligencia” le dice en una discusión sin gritos a su jefe el primer ministro del País.

Dejará todo detrás de sí. Confiará en una desconocida vecina, Rachel Weisz y le terminará dejando todo lo que deja detrás de sí cuando, hacia el final del relato, comprenderá que es hora de soltar amarras y cambiar de rumbo.

La creación de un servicio de inteligencia paralelo, mentiras y secretos cruzados, son los ejes de la película. Pero también lo son la amistad, el honor, el amor y el servicio a la patria, con lo que esto signifique.

Una buena película.

Muy recomendable.

Solo tengan en cuenta, siempre hay que advertirlo, que no es una de Matt Damon haciendo de Bourne. Es otro timming, son otras veredas mojadas y otros sobreentendidos.

sábado, 8 de octubre de 2011

Horrible Bosses




Horrible Bosses





En la línea de las nuevas comedias americanas, en la que se mezclan situaciones, gags, buenos guiones y buenos actores en roles poco usuales, Horrible Bosses o Cómo matar a tu jefe según el título local, es puro entretenimiento.
Si pegamos una mirada a los clásicos momentos del humor americano, dominado en los años 60 por los tres de origen judío Mel Brooks, Jerry Lewis y Woody Allen, estas nuevas comedias son un nuevo género que toma lo mejor de cada uno de estos monstruos.
Hay parodia como en el cine de Brooks, buenos libros como en los de Allen, y situaciones físicas y absurdas, como en los viejos films del bueno de Jerry.
Pero la enorme diferencia es que no hay reglas, no hay cánones, hay mucha más libertad para decir y hacer, y la actualidad se mete en los relatos de manera contundente.
En Horrible Bosses, la trama es simple, es el momento actual de recesión en los Estados Unidos, en el cual no es tan fácil dejar un trabajo para buscar otro, los tres protagonistas sufren, de distintas formas, la crueldad de sus jefes respectivos.
Será Kevin Spacey un despiadado ejecutivo, Jennifer Aniston una odontóloga enferma sexual y Collin Farrel (muy parecido al papel que hiciera Tom Cruise en la película de guerra de Stiller) un heredero que asume la jefatura de una empresa química al morir su padre, al que solo le importa la cocaína, el tercero de los jefes.
Les hace literalmente la vida imposible a los tres, jóvenes destacados de la nueva generación de comediantes, no salidos de la pantalla de Saturday Night Life, más conocidos por nosotros a partir del cine, que aquí componen personajes de gran comicidad.
EL cuarteto protagónico se completa con el director, el novato Seth Gordon, del cual solo se conocen un par de cortos y la dirección de algunas series de TV.
A partir del conflicto que cada uno tiene con sus jefes, y que comparten todos los días en el bar, surgirá la idea de deshacerse de ellos, de una manera limpia, crimen perfecto inspirado en Law and Order y otras series de TV.
Lo planearán, se prepararán y todo, absolutamente todo, será una sucesión de buenos gags y guión refinado.
Hay momentos hilarantes, momentos de gran comedia que no pierden el sentido por lo tironeado de los gags. Todo en la película está al servicio del guión y eso es un diferencial muy importante en las películas cómicas.
Está presente la actualidad despiadada del mercado laboral americano (el personaje compañero de colegio de los protagonistas que, despedido de Lehmann Bros. Va por los baños masturbando gente por 50 dólares es divertido, pero de enorme crueldad) y está presente también la tecnología y las nuevas herramientas de comunicación.
Esta etapa se recuesta mucho en el absurdo de las situaciones, de las relaciones y en la crisis de los valores. Pero no hay moralina, hay solo un espejo en el cual mirar lo desubicados que podemos ser a veces.
Es una buena película, es muy divertida, y tiene condimentos que la hacen buena, como las actuaciones y el guión.
Nada cambia después de verla. Quizá nos ayude a soportar un mal día. De eso no tengo dudas.