miércoles, 21 de junio de 2017

Cuatro estaciones en La Habana

Cuatro estaciones en La Habana

El universo del detective Mario Conde, de Leonardo Padura, y su mezcla milagrosa de literatura, desencanto y revolución


8 Butacas



Si tuvieron la enorme felicidad de leer "El hombre que amaba a los perros" de Leonardo Padura, y con ese envión se atrevieron a cualquiera de la serie de historias que escribió con el protagonismo de su detective Mario Conde, esta serie que Netflix presenta en 4 episodios es más que obligatoria.

Y además, porque si no tuvieron esa suerte, de toparse alguna vez con un libro de Padura, la serie es disfrutable por igual. No hace falta conocimiento previo.

Son cuatro historias que Netflix no edulcora, no hace para la gran venta, no paquetiza. Por el contrario, con Padura en un rol de asesoramiento y control de calidad, no hace ningún esfuerzo por industrializar las imágenes, las proyecta así en crudo casi, tal cual es esa Habana de desencanto, de sueños frustrados, de mentiras y de ideología que todo lo perfuma.

Mario Conde es un policía desencantado de todo. Quiso ser escritor, pero el partido le tenía reservadas otras actividades, terminó policía, investigador, y quizá por ese costado de luminosidad literaria, de haber leído tanto, de estar por arriba de la media, le llegan los casos más complejos.

La serie toma 4 historias, 4 libros, de Conde, y los transforma en pequeñas miniaturas cinematográficas de impecable factura, con un apego a ultranza a los detalles de Padura para contar la Cuba de estos días, y unos personajes medido, increiblemente compuestos y a los que no les hace falta sobractuar nada.

No hay bajada de línea, no hay golpes bajos, es a partir de la investigación de cada caso que iremos descubriendo las razones de una sociedad que se muestra de una manera, pero que se nota carcomida por dentro, con rabias, y con falta de energía para cambiar cosas.

Como que la revolución se consumió toda esa energía transformadora.

Los privilegios, los excesos, la censura, los destierros, la corrupción, los desamores, serán temas que entran y salen de cada una de las tramas, pero de manera tan sutil y tan perfecta, que será una especie de base de armonía para la partitura principal, que es desentrañar un crimen.

Conde está interpretado por Juan Perugorría, ese actor fetiche del cine cubano, y está muy bien en el desaliño, en la mirada triste, en la falta de amor, en la necesidad de consuelo, tan características de la literatura que lo creó.

Por lo demás, unas imágenes crudas, desconocidas, de una ciudad descolorida, descascarada, llena de privaciones y privilegios, y el trasfondo de la revolución que a pesar de tantos años no ha perdido el poder de sacudir las vidas cotidianas.

La estructura narrativa sigue la estructura de las novelas, y lo bueno es que puede poner en un pantallazo, en una secuencia de unos segundos, lo que Padura describe bellamente en 5 páginas, y ese es el hallazgo, la mano del escritor en los detalles.

Buena banda de sonido, en la que no falta Sueño con serpientes de Silvio Rodríguez, y unas actuaciones medidas y a la vez brillantes.

Por lo demás el calor, el malecón, los ecos de los discursos del comandante, la tarjeta de racionamiento y los acomodados, la música que no pudieron oír y los cepos al pensamiento.

No hay quejas, no hay admoniciones, hay literatura y narrativa.

Y es bienvenida.

martes, 6 de junio de 2017

Silence

Silence

Scorsese, el catolicismo, las causas perdidas y la maestría de contar


8 Butacas



Si uno lee antes que va a ver una película que trata sobre la vida de unos sacerdotes jesuitas portugueses que en el siglo 17 van a buscar a Japón a su mentor, perdido hace años en medio de su campaña evangelizadora, probablemente busque cambiar el programa.

Pero está Scorsese, está un libro poderosísimo, y está su maestría en contar historias, entonces la película se hace además, necesaria.

Es reveladora, al menos para este blog, la historia de los jesuitas en Japón, que llegan con la misión del evangelio. Un país que los rechaza desde el inicio, y que exige que ese rechazo se transforme en agresión a la cruz y a los símbolos más sagrados de la religión.

Dos sacerdotes emprenderán la búsqueda de su mentor, perdido por años en medio de las montañas japonesas y del que nada se sabe (Andrew Garfield y Adam Driver, que buscarán a Liam Neeson). En medio de esa búsqueda, que lleva años, pasarán por todas la pruebas, por todos los tormentos, hasta por negar la propia fe para mantenerse con vida.

Ese periplo, contado con la maestría de Scorsese, y no mucho más, son los elementos centrales de esta historia.

Es morosa, es bella, es silenciosa, tiene un libro acotado, está llena de símbolos, y es en definitiva un producto cinematográfico puro, una historia, un puñado de actores buenos y una cámara inquieta y hábil.


Belleza inesperada

Belleza inesperada

Un título que promete, un libro interesante, un actor que todo lo puede a fuerza de empuje y trabajo y un buen elenco


7 Butacas



Uno entra a estas películas que el bueno de Will Smith encara con su implacable sonrisa y su presencia en pantalla y se desorienta, porque el tipo va de un extremo al otro, vuela de palo a palo, y es muy capaz de entregar momentos de sutileza y extrema emoción en medio de sus saltos a la taquilla.

Belleza inesperada es Belleza Colateral en su título original, de eso va la película, de encontrar belleza en el dolor extremo, en el borde de la vida, en los umbrales de la desesperación.

Un creativo publicitario muy exitoso, devastado por el dolor de un ser querido que le es arrebatado demasiado joven es el disparador de una historia de desasosiego y perturbación con pocos golpes bajos, íntima, y sutil.

Sus compañeros y socios en la agencia ya no pueden con sus ausencias, con su falta de interés por el trabajo, e inventan una argucia para declararlo insano, y de esa manera hacerse de sus acciones.

Una cuestión demasiado mezquina.

En ese proceso buscarán la ayuda de unos actores del off, todoterreno, a los que les pedirán que encarnen sus miedos más profundos. En ese intercambio con la presencia física de sus temores, está lo mejor de esta película pequeña pero multiestelar.

El amor, el tiempo y la muerte son los disparadores, son los grandes temas a los que el protagonista interpela, las respuestas, en la forma de actores, serán el punto de partida para el crecimiento de la historia.

El elenco no puede ser mejor, Edward Norton, Kate Winslet, Michael Peña, Helen Mirren, Keira Knightley y el bueno de Smith cosiéndolo todo.

Es interesante, es pequeña, es efectiva, está muy bien.

Es un buen libro, algo edulcorado, pero que funciona como película.

lunes, 5 de junio de 2017

The Founder

The Founder

Una biopic de emprendedores, de sueños y de artimañas empresariales. Big Mac Ray Kroc



8 Butacas



Nos pone incómodos ver The Founder, no porque la historia sea mala, lenta, demasiado compleja, o esté contada de manera ineficiente, nos pone incómodos lo despiadado de un sistema que, sin embargo, a veces nos encandila.

Esta historia basada en la biografía del mítico Ray Kroc, es una historia de emprendedores (vamos bien) los hermanos Mac Donald, que con imaginación y mucha paciencia, van tejiendo el negocio de venta de comida rápida en Estados Unidos.

Hermanos de la vida y de los negocios, aprenden en algunos años el método que los hará tener éxito local con un formato distinto a la hora de preparar y vender la comida elegida por los norteamericanos a la hora del almuerzo o la cena.

Crean un concepto, lo mejoran, lo hacen funcionar a fuerza de pruebas, corazonadas, errores y mucha dedicación.

Un vendedor de licuadoras, uno de esos viajantes como en la pieza de Miller, hombres de libreta en mano, de mapas que se despliegan y de mucho kilómetro por año, que está muy bien compuesto (como siempre) por Michael Keaton, descubre un día este restaurante conceptual, lo atrae, lo seduce, y pronto se las ingenia para formar parte del proyecto.

Lo hace de tal manera, que convence poco a poco a los hermanos, que esos arcos dorados de la fachada del edificio del restaurante, tiene una fuerza comunicativa similar a la cruz de las iglesias o la bandera en el edificio del ayuntamiento de cada pueblo en el País.

Y los convence para armar las franquicias y expandir el negocio.

Lo va haciendo primero con estricta observancia de los modelos diseñados por los hermanos fundadores, aunque poco a poco tomando más y más protagonismo, hasta dejar a los hermanos afuera de su propio negocio.

Entonces, es una historia despiadada de ganadores y perdedores, de tipos con visión y tipos con astucia, de sueño americano y de inversores al sueño americano.

Desde ese punto de vista nos hace ruido a los que vivimos de este lado del mundo y tenemos todavía alguna célula romántica.

De aquél lado, todo vale, y es la historia de un ganador.

Nadie recuerda a los hermanos fundadores, todos veneran a Ray Kroc.

Masterminds

Masterminds

Con una historia real, una pintura de la comedia norteamericana actual, efectiva



7 Butacas




En este blog analizamos y gozamos con la "nueva comedia americana" y sus emergentes. Nos gusta, nos divierte, nos desafía y nos pone levemente incómodos, pero en el fondo, nos hace reír.

Este género que produce varias buenas cosas todos los años, tiene en Masterminds un buen ejemplo de efectividad.

Siempre con la participación casi obligatoria de al menos 4 o 5 de sus mejores interpretes, tiene la particularidad a la hora del cast, que uno sabe que los roles tanto masculinos como femeninos hasta pueden ser intercambiables, que todo resultará, porque son unos 10 o 15 actores y actrices que pueden hacer a la perfección lo que la comedia así contada requiere.

En Masterminds toman una historia real, el robo a una empresa de transporte de caudales, y un escape y persecución con ribetes increíbles y de impacto para la risa.

El guión es básico, la recreación de época es buena, pero los pilares de estas historias son los intérpretes, y en Masterminds están 4 de los mejores: Zach Galifianakis, Kristen Wiig, Owen Wilson, Jason Sudeikis. 

Una vida monótona de pueblo, gente de poco vuelo, un pícaro, un plan, un hombre enamorado, la aventura y los sueños de James Bond, y el robo de 17 millones de dólares cash de un depósito de blindados, son el marco para esta historia que está llena de momentos, de gags, de temas escatológicos (algunos muy jugados) y mucha buena actuación.

Muy divertida y buen exponente de la nueva risa.

Jackie

Jackie

Retrato despiadado e innecesario de la mujer que fue ícono.


4 Butacas



No se si el buen director que es el chileno Pablo Larrain tiene que ver con el corte final de Jackie, si fue un deliberado intento por vaciar de cualquier atisbo de grandeza o de inteligencia a la que fuera testigo privilegiada del magnicidio que cambió la historia del mundo en la década del 60, pero este retrato de Jackie Bouvier, Kennedy, es despiadado.

Nos pinta a una frívola y hasta border Jackie, casi vacía de contenido y de sentimientos, al límite de la tontera absoluta.

Una buena mezcla de imágenes reales y recreación, un buen vestuario (acá muy importante) un guión ajustado y una interpretación buena, aunque fallida en el retrato, es lo único a destacar.

Natalie Portman compone a una creíble Jackie, pero casi un zombie. Es claro que no es posible contar a esa mujer de otra manera que en shock, sobre todo porque la película hace centro en las horas posteriores al asesinato, pero el tema es que cuando se cuelan los flashbacks y cuando hay un avance en el tiempo, Jackie sigue igual en estado de trance casi permanente, entonces el retrato se hace confuso, o demasiado ajustado.

Sin dudas para ver ese mismo episodio pero contado desde otra óptica, es muy recomendable Parkland, que hace foco en el hospital de Dallas al que llevan el auto del presidente y en el que finalmente muere pese a los intentos de reanimación.

Esta historia es superficial, banal, deja demasiados cabos sueltos, insinúa y se queda a medio camino (el vínculo de Jackie con Bobby Kennedy por ejemplo).

En definitiva, no vale la pena.

Es aburrida

Jack Reacher

Jack Reacher

La máquina perfecta de hacer éxitos busca su nueva franquicia


6 Butacas




Tom Cruise es hombre de franquicias, de series que si son prolongadas, mejor.
Es hombre de taquilla, de apuestas y de cientología.
Es un hombre de la industria, que conoce como pocos, al que miman y buscan y cuya presencia en pantalla es imán para un público sobre todo numeroso.
No busquemos otros valores, al menos no por ahora, en sus protagónicos. 
Salvo alguna aparición distinta, como en Magnolia de Paul Thomas Anderson o en Colateral de Michael Mann, sus personajes son todos muy parecidos y poco inspirados.
Aunque en el fondo, su magnetismo y sus despliegues hacen que un poco le creamos al marginal que fue separado de alguna fuerza del bien por error de otro.
O que deba volver encubierto para desentrañar un poderoso juego de intereses que ponen en riesgo al mundo y que lo tienen a él como salvador.
De eso va Jack Reacher en esta segunda entrega (habrá más?)
De un mayor del ejército que está en una especie de clandestinidad, al que el destino pone de nuevo en la línea de fuego, y de cuya inesperada trama nos iremos enterando por dosis paulatinas pero efectivas.
Bien filmada, con acción justa, con romance insinuado y con historia tierna en el medio, habrá de todo en la trama, y de todo el bueno de Tom saldrá airoso.
Muy interesante la presencia escénica de Cobie Smulders, también mayor del ejército y también luchadora por el bien, a quién vemos en la televisión como Robin Scherbatsky de How I met your mother. Es hermosa, tiene presencia en la pantalla, y es interesante como intérprete.
El director es de oficio, es el mismo de Diamante de sangre con Di Caprio y la ya clásica Leyendas de Pasión con Pitt y Hopkins, es decir, un artesano a la hora de dirigir a íconos.
Se nota, se disfruta la acción.
Preparen los pochoclos, dejen el cerebro por unos minutos en stan by y agachense con los tiros.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Feud

Feud

Hollywood como feudo, el glamour y la necesidad de ser jóvenes por siempre, de congelar el tiempo en el que fuimos bellos. Bette Davis y Joan Crawford en un duelo de colosas.


8 Butacas



La serie de 8 capítulos se construye alrededor de una rivalidad titánica, épica, glamorosa. Dos de las más grandes divas del cine mundial, protagonistas a su modo de buena parte de los momentos más hermosos de la pantalla clásica, se detestan con solo nombrarse, desarrollan sus carreras (una a fuerza de talento y otra a fuerza de físico y astucia) de manera paralela pero sin quitarse los ojos de encima.

Hasta que un director del sistema, con deseos de brillar por su propia cuenta (Robert Aldrich en la interpretación del enorme Alfred Molina) convence a Jack Warner (Stanley Tucci) de convocarlas a ambas para su primer trabajo juntas.

De esta osadía y de todo lo que se dijo afuera y adentro del set, de la composición de esos personajes memorables, y de Hollywood en carne viva va esta serie obligatoria para los amantes del cine.

Porque no solamente nos meterán con fineza en las estocadas de estas dos espadachinas, sino que además contarán todo lo que producían, lo que generaban a su paso, sus intimidades y la feroz maquinaria de una industria que no tolera el paso del tiempo.

Dos actrices maduras, ya casi en retirada, con la oportunidad de volver a brillar en la inauguración de un género cinematográfico, las películas de terror en las que las protagonistas son actrices maduras.

La película en cuestión será What Ever Happened to Baby Jane? y alrededor de ese evento, su proceso creativo, su proceso de filmación y edición, sus candidaturas y suceso, girará esta maravillosa, íntima y reveladora historia.

La recreación de época, con sus vicios y virtudes, con sus apuros y tecnologías, es exquisita, y las actuaciones, de un elenco reducido pero de alto profesionalismo, son el punto más alto de la serie.

Ellas dos, Susan Sarandon como la inestable, extralimitada, vanguardista y virtusoa Bette Davis y Jessica Lange como la sufrida, aguerrida y compleja Joan Crawford son una maravilla interpretativa.

En el último capítulo de la temporada, que es imperdible desde el punto de vista de la actuación (de todos) se lucen ambas interpretando sus respectivos ocasos de manera brillante.

La música, el cuidado de los detalles, la elección del elenco (es increíble la correctísima caracterización de personajes secundarios, que son por ejemplo Sinatra, Dean Martin, o Víctor Buono) y los decorados, completan el cuadro.

Un párrafo aparte para los títulos, que rememoran los trabajos de Alfred Hitchcock.


lunes, 17 de abril de 2017

Sons of Anarchy

Sons of Anarchy

A partir de la estructura más antigua, una historia vibrante, violenta y conmovedora.
Hamlet hecho serie, para disfrute de masas.




9 Butacas



Sons of Anarchy es una serie (7 temporadas, desde el 2008 al 2014) que, con la excusa de contar la vida desde adentro de un club de motociclistas que vive y reina en un pequeño pueblo de California, desarrolla con detalles de nuestra época y una intensidad visual y musical exquisitas, el clásico drama del desafío al poder y las relaciones tóxicas.

Es un Hamlet moderno, con todos sus ingredientes y condimentos, y casi todos sus personajes.

El personaje central es Jax Teller, cuyo padre junto con otros 9 jinetes, fundaron el Club de Motociclistas SOA o Sons of Anarchy.

Nunca veremos al padre, de Jax, si a su sucesor (no solo en la conducción del club, sino en la vida de su propia madre, en este caso reemplazamos cuñado por mejor amigo en el drama Shakespereano) y su despiadado método de conducción del Club.

Manteniendo una tensión entre la moralidad adaptada a sus propias necesidades, y la protección a su pueblo (Charming, existe en el mapa!) el Club desarrolla actividades lícitas (un taller grande de autos y motos) pero obtiene ingresos importantes por otras actividades, fundamentalmente son la puerta de entrada de la importación ilegal de armas a los Estados Unidos, armas que provienen y a la vez financian los poderosos reyes del Ejército Revolucionario Irlandés.

Organizados como una verdadera empresa, veremos una y otra vez las sesiones de un directorio muy particular, en la que los directores llevan chalecos de cuero con insignias y las decisiones se toman por voto mayoritario.

Lo que atrapa de la historia, que la hace vibrante, son los permanentes conflictos, las dificultades de lidiar con otra bandas, con asesinatos, con un código de honor muy varonil y muy particular y con la defensa de la familia (la propia) como valor supremo.

Mientras se suceden los tiroteos, los conflictos, hay una historia que se va desarrollando que es poderosa y atrapa, es la disputa del poder.

El mejor amigo del padre de Jax toma el poder tras la muerte de este, y ocupa ese lugar en la cama de su madre. Jax crece con esta realidad y la desafía desde los primeros capítulos, mientras con apariciones más o menos fantasmales y unas cartas escritas y recuperadas, va escuchando la voz de su padre y sus sueños para con el Club, que están bien lejos de los de su perverso padrastro.

Ese juego, que se irá desarrollando lenta y pacientemente, es la tensión más interesante que tiene la historia.

La tercera en ese vínculo es la madre de Jax, verdadera reina del Club y complicadísima mujer que todo lo sabe y todo lo controla.

Son 7 temporadas, es imposible mirarlas indiferente, por varias razones, por el vértigo, por el cuidado de los bloques musicales, por las motos, por la violencia al límite (que por el tratamiento conmueve pero no perturba) y por el desarrollo en un aparente segundo plano, del drama palaciego.

Un placer.

lunes, 10 de abril de 2017

Five came back

Five came back

De la frase sobre el león de la Warner "Ars gratia artis" ó "El arte por el arte mismo" a este maravilloso documental en el que el arte está al servicio de una idea.


10 Butacas



Cinco grandes de hoy, Spielberg, del Toro, Greengrass, Coppola y Kasdan, nos cuentan con fondo negro, la aventura artística de 5 directores enormes (a los que admiran) que, que en la cima de sus carreras, emprendieron la misión más arriesgada, ir al frente de batalla, documentar la guerra y ayudar al gobierno a que la ciudadanía arriesgue su dinero y su pellejo en una contienda que, a diferencia de la Primera Gran Guerra, planteada como una guerra europea para los Estados Unidos, estalla en el patio hawaiano de todos después de Pearl Harbor.

Cada uno con lo suyo, sus temperamentos, sus egos y sus grandezas, emprenden este viaje con la misión de hacer la guerra comprensible para las mayorías (que por esa época tenían al cine como el entretenimiento de cabecera, se calcula que la mitad de la población asistía al menos una vez a la semana a ver una película) y a su vez, alimentar la caracterización demoníaca del enemigo en la piel del Fhurer.

Tenían a los buenos, a los villano muy villanos, y una herramienta fantástica, que usaban con maestría los alemanes con Leni Riefenstahl y su Triunfo de la Voluntad, y los británicos, con sus documentales crudos e impactantes, pero que a la vez eran buenas películas.

El documental que se puede ver en Netflix cuenta esta historia, y nos muestra con imágenes y un guión impecable, cómo el cine se puso al servicio de una idea, cómo ayudó a generar clima favorable a los gastos bélicos, y cómo fue contando a los norteamericanos, cómo era esa guerra lejana.

Ese aspecto, y el hecho nada menor de que también es una industria, de las más poderosas, en la que además se conjugaban las tensiones típicas de los intereses de los accionistas de los estudios (que tenían contratados a los cinco grandes para que produzcan películas para sus sellos) y la burocracia de Washington y sus puntos de vista militar y civil, que había encargado el trabajo pero que, cuando le mostraban resultados, no sabían qué hacer con ellos, hasta dónde ir en mostrar la crudeza de la guerra a las grandes audiencias, y hasta dónde alimentar el odio contra algunas razas, pensando en la convivencia del día después.

Esos factores, la cuestión racial en el capítulo de la participación de los negros en el ejército, las cuestiones vinculadas a la economía, y a su vez, los contenidos artísiticos, todo está en estos tres capítulos que parecen tener un imán para captar la atención.

Ya lo sabemos, el cine nunca es inocente, nunca es neutro en su postura ideológica, y nunca es un entretenimiento vacío, aún en lo más inocente, hay una mirada ideológica, una intención de conmover o de hacer enojar, un mensaje directo o indirecto, aunque más no sea, de parte del director o del guionista.

En este documental, vemos con crudeza cómo Washington, en una movida arriesgada y que no entiende del todo, pone a trabajar para su maquinaria, a cinco directores consagrados, cada uno en lo suyo, para cumplir esta misión sin precedentes.

Les otorga grado militar, les da equipo, les da fondos (que no siempre estuvieron a la altura) y los manda en misiones al frente de batalla para que documenten, para que cuenten con su particular mirada, para que la gente comprenda porqué están allí, peleando con qué amigos y contra qué enemigos, para explicar lo que muchas veces no puede explicarse.

Eran John Ford, Frank Capra, Billy Wilder, John Houston y George Stevens.

De cada uno de ellos se han escrito biografías profusas, se han visto en retrospectiva sus películas, se han analizado hasta el detalle, pero en este trabajo los vemos en aguas extrañas, aportando desde lo que cada uno sabe hacer, con sus miserias y sus grandezas, produciendo imágenes increíbles y sentido artístico allí adonde hay muerte y desolación.

Los directores actuales, admiradores y en algunos casos continuadores de aquellos, son los que con sus intervenciones, dan marco y credibilidad a todo el relato.

Y las imágenes, algunas increíbles, editadas todas juntas, son estremecedoras y didácticas como pocas veces ví, para ejemplificar esa decisiva participación del cine en los asuntos de la ideología y los conceptos.

Hay que verlo.