sábado, 30 de abril de 2011

Fair Game


Fair Game

Se le puede quizá criticar a esta película, que es demasiado parecida a la vida real, lo que quizá la hubiera convertido en un documental para televisión. Su ritmo, libro y actuaciones la ponen en ese lugar. Pero merece una chance.

Más que por las características cinematográficas, por el costado que ofrece, la mirada sobre aquella mentira enorme sobre la cual el gobierno de Bush hijo montó su operativo sobre Irak. La justificación de todo el despliegue en la supuesta existencia de armas de destrucción masiva.

Digo que es otra mirada, otro ángulo, ya que esta historia es perfectamente complementaria con Green Zone, la película que protagonizó Matt Damon y que vimos el año pasado en Buenos Aires. Lo que allí vimos en el campo de acción, protagonizada por soldados, acá lo vemos en las tramas y trampas de los burócratas de Washington, el mismo escenario de guerra, otras armas.

No esperen demasiadas sorpresas, van a meterse en las vidas de un matrimonio entre un ex embajador norteamericano, que hoy vive de sus viejas conexiones transformándolas en oportunidades de negocio, como lobista internacional, y una agente de la CIA para operaciones de desarme.

La película tiene dos ejes, la historia, minuciosa, poderosa, creíble y las os actuaciones de Sean Penn y Naomi Watts, que son por demás creíbles.

Tiene mucha química esta pareja, ya los vimos en 21 gramos en una circunstancia por demás dramática. Acá también los vamos a ver tambalear, y funcionan muy bien juntos. Naomi es, además de bella, muy buena para estos papeles de despliegue emocional, sus cachetes inflados, su mirada, son una herramienta de interpretación, y a Penn ya lo vimos en el papel de estrella defensora de las causas justas, lo vemos todo el tiempo en ese papel, ya sea visitando campos minados o visitando a Hugo Chávez, es el mismo Penn. Está maduro, con su pelo desmarañado y su cansancio a cuestas, pero será el que sostiene el relato a partir de la mitad de la película.

No me quiero meter con los pormenores de la historia, solo voy a decir que son ellos dos, los dos juntos, quienes tendrán que ver con la mentira desde el punto de vista de los escritorios. Se verá involucrada la Casa Blanca, la oficina del vicepresidente y la opinión pública norteamericana, feroz, republicana, que caerá como una bomba en sus casas.

Se cruza en todo el relato, la ferocidad y el armado de la realidad, que hacen los medios de comunicación, y cómo, cuando uno cree que los maneja, termina siendo víctima de ellos. No faltan las menciones acerca del republicanismo de la cadena FOX, una especie de 6,7,8 de la democracia norteamericana.

Al final, en un golpe de efecto interesante, la voz de Naomi se convertirá en la de la verdadera protagonista de esta historia, y se fundirá a negro la pantalla para que ella aparezca, casi desde el mismo plano, con lo que resignificaremos toda la historia a partir de nuestros propios recuerdos del hecho que narran.

Está buena para ver, no hay demasiadas razones cinematográficas, hay más de los recuerdos de la pantalla chica y de los diarios que leímos hace meses nada más.

Es algo envidiable la capacidad y los reflejos de esa industria para meterse en esos temas que todavía están calientes, están siendo masticados y apenas digeridos por todos. Se llama tomar partido. También se llama bajar línea.

viernes, 22 de abril de 2011

Los próximos tres días


Los próximos tres días

La clásica fórmula del gran Hitch, unn hombre común en una situación limite, de la cual será muy difícil verlo emerger. En esa línea Paul Haggis, que tiene mucha experiencia televisiva y se le nota, pero que también es el responsable de un par de 007 de la nueva era y como escritor del guión de las muy premiadas Million Dólar Baby y Crash, hace un relato que trata todo el tiempo de no apartarse de una cotidianeidad que nos ponga en la idea de que nos puede pasar a nosotros.

Es una película de acción, si, pero que también muestra el deterioro enorme que implica que una pareja normal, con un hijo normal, con profesiones normales, se vea abruptamente rota una noche, cuando llega la policía a la casa y se lleva detenida a la madre por un asesinato.

Hay un esfuerzo por hacernos ver esa vida de todos los días, ahora enfocada en una ilusión real, la de un posible escape de una prisión.

Habrá ritmos muy cambiantes, veremos a un Rusell Crowe gordo, doméstico, pero con su habitual carga contenida de furia que hace que pensemo que en cualquier momento va a explotar y a mancharnos a todos los que estamos viendo la película, de sangre.

Es un hombre manso Russell, ama a su esposa, ama a su hijo, es incapaz de ver otra cosa, y solo quiere volver a la vida como era antes de esa noche.

Incluso renuncia mansamente a la posibilidad cierta que el destino le cruza en su camino, cuando conoce en el parque a la mamá de una nena con la que su hijo jugaba todos los días.

Ese es el foco.

Es inverosímil la manera en la que se encuentra con la posibilidad de un escape, mucho más inverosímil el pequeño papel que tiene Liam Neeson, como un experto en escapes, pero no importa, es cine.

Habrá una ruptura muy pronunciada cuando se inician “las operaciones” es decir, cuando el plan empieza a funcionar. Y habrá nervios y sorpresas.

Aparece en escena un policía negro, muy inteligente, muy cana, muy perseguidor, que va a complicar las cosas.

No adelante el final, pero está bueno.

Cuidado, están todos los viejos trucos, pero funcionan. Como cuando recién fugados se mezclan con una multitud a la entrada de un estadio visitendo los colores del club que juega, como en el caso Thomas Crowne.

Pero todo funciona.

Quizá unos 20 minutos menos. La peli dura dos horitas. Que se hacen entretenidas al final, cuando todo se acelera.