domingo, 2 de diciembre de 2012

Skyfall 007


Skyfall 007






La nueva de Bond es como la vieja de Bond. Es decir, hay más tecnología, hay directores que le ponen su sello y con esfuerzo logran una nota en medio de una partitura que no manejan en su totalidad, pero la estructura, la médula de la franquicia Bond permanece inalterable.
Y está bien que así sea. En definitiva, duró 50 años como rezan los títulos del final.
Entonces, cuando vamos a ver una de Bond, vamos a ver una de Bond, no está bueno ir con otra expectativa.
Y esta no defrauda, está a la altura y además le pone un condimento especial.
Por primera vez en años vemos el paso del tiempo.
Bond acusa que ya no es un joven todoterreno y sus reflexiones, que apenas adivinamos ya que Daniel Craig no es un actor de gran expresividad, giran alrededor de esto. Un mundo de guerra fría, de intrigas, de sutilezas, en medio de una guerra despiadada y tecnológica.
Vale todavía eso de “estar en el campo” tirando tiros, o es más útil a la seguridad de UK el nerd que con sus computadoras puede entrar en la red que quiera?
De eso va el debate de segundo plano, de fondo, de esta nueva entrega.
Tiene un buen reparto.
Bardem compone muy bien al villano, pero para mi gusto de más cercano a un villano de Batman que de Bond.
De todas maneras cumple, está bien.
Y en la batalla final saca toda su furia y la mezcla con sus sentimientos encontrados con relación a un pasado como agente.
No voy a dar detalles, pero se despiden personajes y llegan nuevos. Ralph Phiennes por caso.
Algunas cuestiones me desorientaron un poco. Se da finalmente el postergado romance con Monypenny (los que siguen la zaga saben de lo que hablo) pero pasa desapercibido! Hubiera esperado algo más teatral para este esperadísimo polvo que llevó años y años de insinuaciones.
Por lo demás, tiros, líos, cosa golda y paisajes y motos y helicópteros y escapes increíbles.
Lo de siempre, más tecnológico, más real.
Pero sin perder esa cuota de glamour y fantasía.
La franquicia sigue en manos de la familia Broccoli para la producción y es un ejemplo de continuidad.
Larga vida a double o seven, que nos mantiene jóvenes también a nosotros.
Un dato doloroso, en un tramo de la película, en una escena en la que adivinaremos que Bardem es un gran hijo de puta capaz de cualquier cosa, se toman un shot de Macallan 50 años, que es un elixir carísimo y fabuloso. En esa escena un vaso se derrama, y es el inicio de los tiros. Como debe ser.