domingo, 9 de marzo de 2014

The wolf of Wall Street


The Wolf of Wall Street

100% Scorsese, en imágenes, en banda de sonido, en excesos cuidados, en poner a los personajes contra los límites y en hacernos dudar si la escena, que pintaba tranquila, se pondrá pesada en cualquier momento.
Pero 3 horas son innecesarias.
Es decir, es otra de sus películas de mafiosos, qué son si no estos delincuentes de traje, que con acciones de compañías insignificantes y no tanto, lograron hacerle creer a tantos y tantos norteamericanos que ya no tenían nada de qué preocuparse y la plata de la universidad de sus hijos estaba bien asegurada.
Esa es la mirada, y el enemigo es el mismo, acá será la SEC (el organismo que vigila la bolsa de valores de NY) y será como con los gángsters de verdad el FBI.
Y será otra vez Di Caprio, algo así como el niño mimado de tantos directores, pero que está empeñado en entregarnos el mismo papel de desorbitado que se pone rojo cuando se encoleriza película tras película.
Ya no es un niño, y ahora, en The Wolf, los excesos son de sexo, drogas, y todo lo que la plata puede comprar.
Pero no hay nada más en la película, es decir, si la idea era mostrarnos los trucos, ya los vimos en el diario cuando leímos aquél temita que llevó a Maddoff a 30 condenas perpetuas, y si la idea era ver los excesos, nadie lo dijo mejor que Bret Easton Ellis en American Psycho.
Nuevamente, un Scorsese puro, pero sin un libro de esos que hacen que valga la pena su maestría, como fue “Los infiltrados”.
Eso si, hay una actuación que vale la pena, la de Jonah Hill (qué futuro tiene ese muchacho) y la estética del bueno de MS, nada más.
Para algunos es razón suficiente.

The secret life of Walter Mitty


The secret lif of Walter Mitty



¿Cuántas veces cerramos los ojos para volar, para cantar con los Rolling Stones en el escenario de Ríver, para animarnos a cruzar de calle y darle un beso, para hacer una entrevista con David Letterman en la que nos pregunte sobre la infancia en Buenos Aires?
Walter MItty (Ben Stiller) hace eso todo el tiempo.
Trabaja en la sección revelado de la mítica revista Life. Revelado ya suena viejo, nadie usa rollos para fotografiar. Pero hay un fotógrafo, el mejor de todos, que todavía los usa, y eso es suficiente para mantener la sección.
Se resiste en la redacción, pero quedan los días contados, se ha vendido, y ya no saldrá en papel.
Todo se mudará a edición online, signo de los tiempos, y con esta decisión, se eliminarán cientos de puestos.
El tema es que, para la última edición papel, el famoso fotógrafo, dueños de un ojo implacable, y mil aventuras, que conoce como nadie el corazón mismo de la revista, mandará su última maravilla para la portada.
Walter tiene entonces la responsabilidad sobre sus hombros, de hacer un revelado histórico, aún cuando sabe que su puesto va a ser eliminado.
Como el negativo no aparece, a pesar de que nunca en su vida hizo nada heroico, cruzará el mundo, irá a Groenlandia, a Islandia, viajará en helicóptero, en barco, subirá al Himalaya, solo para encontrarse con la foto perdida.
Entonces sus sueños recurrentes se harán realidad.
De eso va la película dirigida por Ben Stiller, que ya no sorprende como director hábil (recordemos que Zoolander es de su factoría) y mucho menos como realizar integral de historias.
Es un buscador interesante Stiller, dueño de un estilo narrativo dulce, suave, romántico e inteligente.
El amor estará presente, muy presente ya que será por la idea de conquistar el corazón de una compañera de trabajo lo que lo hace decidirse por buscar la foto en cualquier lugar del mundo.
Por supuesto que lo logrará y por supuesto que habrá un gran final.
Es una película que podría prescindir de algunas exageraciones fílmicas a la hora de mostrarnos los escapes de imaginación del personaje central, que podría hacerlos no tan exagerados y podrían funcionar igual de bien.
En medio de la trama hay un recurso muy interesante, Stiller crea un avatar para interactuar en una página para encontrar pareja, como no tiene una vida que merezca ser contada, ese perfil irá variando en la medida que se anime a vivir la vida que siempre quiso, y eso dará resultados increíbles, entre otros, la decisión de vivir una vida real más allá de la página de internet.
Su vida, se convirtió por lejos, en más valiosa.

sábado, 8 de marzo de 2014

Captain Phillips


Captain Phillips



Es magnética.
No se puede dejar de ver con tensión y nerviosismo.
Quizá porque estamos acostumbrándonos a la violencia, quizá porque la tenemos cerca, o la hemos sufrido incluso, verla tan real en la pantalla, no la violencia física, sino la violencia que implica estar en medio de una situación que no manejamos, que desconocemos, y que en cualquier momento puede derivar en muerte, esa tensión es el eje central de esta película.
No hay mucho para contar del hilo conductor, si cuento que se trata de un barco de contenedores que tiene que atravesar una zona compleja de la costa de África y es abordado por piratas somalíes, ya conté todo.
Lo que no conté, y es lo bueno de esta película, es el infierno que tienen que vivir los tripulantes del barco, con su capitán, capitán de capitanes diría, encarnado por Tom Hanks, que como Darín, todo lo hace bien.
No hay segundos de paz, sin embargo no hay casi tiros, no hay demasiada sangre, sin embargo hay violencia extrema, no hay momentos en los cuales nos relajemos y pensemos que no va a pasar nada, que nos da un respiro la historia, porque la tensión narrativa nos hace no poder dejar de prestar atención ni un segundo.
La película no es solo Hanks entonces, es también el cuarteto de piratas (liderados por el flaco dientudo que se sentó en primera fila en los Oscars) es también la tripulación de los miembros de la Armada que van al rescate y es la música y las imágenes que se mueven con sutileza, y las oscuridades del fondo de la sala de máquinas y los zumbidos de las balas.
Es una película chiquita, con casi una sola escenografía, con una trama que casi podemos adivinar cómo va a terminar y sin embargo funciona de maravillas.
Ahí está la magia, ya conocemos todo, lo que puede dar Hanks, lo que podría suceder en un barco comercial tomado por piratas modernos, pero sin embargo está filmada de tal manera que no podemos dejar de verla con nervios.
El director es la clave, ya que Paul Greengrass ya filmó un par de la serie de Bourne y la casi igualmente tensionante Vuelo 93 (la del vuelo de United que se estrelló en cercanías del Pentágono el 11 de Septiembre) es decir, este hombre sabe cómo se filma la tensión, cómo se filma la acción, y además, lo que no es nada fácil ni frecuente, cómo se filman esas dos cosas en un ambiente confinado, como un avión o un barco en este caso.
Esa es la clave butaqueños, y cuando encontramos estas bellezas en el cine, solo hay que dejarse llevar.

The Fifth Estate

The fifth estate



Es curiosa esta película basada en la creación de Wikileaks, y su creador Julian Assannge. Curiosa porque no llega a ninguno de los puertos que pretende, es decir, es una película pretenciosa, pero en el intento deja algunas pistas.
Quizá cuando nos enteramos que buena parte de su relato está basado en lo que deja escrito uno de sus seguidores cuando ya no puede seguirlo, por los desbordes del ego enorme de Assange, lo deja como un ser despreciable y vanidoso, pero es qué nos importa!
Quiero decir con esto que la película se queda entonces a mitad de varios caminos, a medio camino de esa historia fabulosa que es la aparición de wikileaks e la escena política, diplomática y mediática mundial, que hubiera sido fascinante, y a medio camino de asomarnos a la compleja psicología de un líder carismático y complejo, a la medida de nuestra época.
Benedict Cumberbatch (ya me ocupé de él varias veces, entre otras con su genial interpretación de Sherlock Holmes para BBC) compone a un cuidado Assange, bien medido, bien misógino, bien indescifrable, apasionado y celoso y es quizá el mejor rasgo de esta película.
Los que lo acompañan también están bien (destaco a Peter Capaldi como capo de The Guardian) y entre todos se las ingeniarán para intentar explicarnos cómo es esto de wikileaks, tan moderno, con parámetros de lo tradicional.
Acá está la decepción más fuerte, al menos para mí, no me sirivió para nada para comprender un poco más el fenómeno de la creación colectiva de sentido en red, de las nuevas tecnologías al servicio de parámetros nuevos de la comunicación, de la nueva configuración del poder y la diplomacia y los negocios, no me sirvió para nada de esto, porque las explicaciones que nos brinda la película (y tiene un pretendido sesgo aleccionador toda la película) lo hace desde los modelos tradicionales, como un traductor masivo de lo nuevo, entonces pierde valor, porque debe arraigarse a todo lo que conocemos, para explicarnos lo que todavía no llegamos a entender.
La ficción, creo, permite otros caminos.
Es un pantallazo entonces, unas fotografías dispersas que están unidas por una buena actuación y caracterización y algo de contenido real, basado en lo que deja escrito uno de los decepcionados.
Tuve la mala suerte me parece, de haberla visto meses después de leer el libro Comunicación y Poder, de Manuel Castells. Desde ese conocimiento nuevo, esta película me pareció demasiado básica, pero entiendo que como muestra para asomarnos a lo nuevo, puede funcionar.


martes, 4 de marzo de 2014

Gravity


Gravity


Gravity es un poema largo, uno de esos en los que vamos leyendo pero a la vez vamos oyendo la respiración entrecortada al leer, vamos repasando zumbidos que llegan molestos, vamos intercambiando palabras con los recuerdos que evocan esas palabras.
Es una película íntima, de paisajes, de paisajes tan increíbles que se hacen hermosos a la mirada de esa cámara que se entromete poco, que no deja adivinar los efectos especiales. Está tan bien filmada, que podemos prescindir de ellos, podemos simplemente contar una historia.
Y es lo que hace Alfonso Cuarón, y de manera ejemplar.
Cuenta con dos voces, casi son dos voces que narran los maravillosos espacios, como si estuviéramos en el viejo Planetario de Palermo.
Sandro Bullock entrega una heroína que no quiere serlo, y George Clooney un héroe que tiene conciencia de su lugar en la historia.
Ambos protagonizarán una historia de una intimidad increíble, con todo el cielo a merced de su aventura.
Es eso, una ventura, una de aventuras, pero a la vez una de poesía.
Un relato lento, como lentos se desplazan los cuerpos allí donde no hay gravedad, y es un relato íntimo, con mucho de escucharse a si mismos, con mucho retumbe de recuerdos agolpados y de luchar por sobrevivir.
Todo el tiempo sabremos que la Bullock lo logrará, la película no nos sorprende en ese plano, pero nos meteremos en esa odisea, esa otra odisea en el espacio, hasta que sus pies logren ponerla nuevamente vertical en la tierra.
Es un gran ensayo esta película, porque la producción fue difícil, porque llevó tiempo, porque fue difícil de rodar, porque hubo que tener paciencia, pero qué bueno que un gran estudio la haya tenido, el resultado final es increíblemente bello.
Dura lo justo, quizá hasta resulte corta, y hay que verla con protección de grandes producciones espaciales. A pesar de la inmensidad de los paisajes, de lo grandioso que todo se ve, es una película íntima. Una historia que de tan simple, es absolutamente compleja e impredecible.
Quizá estemos en presencia de una película que inaugura un género, quizá solo sea un experimento (que recauda bien, por cierto) sea lo que sea, es bienvenida, es majestuosa y romántica, es arriesgada y bella, es una buena película.
Un largo poema, extraño, moderno, cadencioso, desesperado, filmado con maestría.

Dallas Buyers Club


Dallas Buyers Club



Nos ahorramos el esfuerzo de tener que hacer el esfuerzo de acordarnos de cómo vivimos los comienzos de “la peste rosa” entre nosotros, todo llega suave pero de manera despiadada en DBC.
Una portada de un diario en la que se anuncia la muerte sorpresiva de Rock Hudson, el galán de Doris Day que muere víctima de esta extrañamente masiva enfermedad, que nos hará cambiar de hábitos para siempre.
Y el personaje de Matthew Mc Conaughey, un electricista que vive al límite de su cuerpo, tomando todo lo que se le cruza y gastando sus ingresos (buenos) en esos excesos, que es un viril, un hombre rudo de los rodeos, capaz de proezas sexuales varias, y con una vida vacía de todo contenido, es el eje de esta historia de soledades.
Son soledades de gente muy básica, en lugares extraños, con seres más extraños todavía.
Acentos raros, costumbres pueblerinas, en donde todo parece más cruel.
Y será cruel enfrentarse a la realidad de esta enfermedad de la que se sabe poco, con la que todos especulan, y que empieza a matar demasiados, a los que están cerca ahora.
En ese mundo de cowboys y alcohol y prostitutas, el SIDA llega como un mazazo a esas vidas.
Nos olvidamos, por suerte, de esos primeros tiempos. Tiempos de sexo sin protección, pero también años de ignorancia con relación a la enfermedad, que parecía imparable.
Y será que el personaje de Matthew será diagnosticado, y no será paciente a la hora de ver si en el hospital de su pueblo es elegido por uno de los grandes laboratorios, para sus experimentos con el AZT, el primer cóktail conocido para derrotar la inmunodeficiencia.
No aguantará, hará su propio camino con lo que le queda de fuerzas, y fundará, en esa zona de Dallas, el primer club de adquisición de medicamentos para desesperados, por una membresía de 400 dólares, el que se hace miembro, se asegura las medicinas.
Si, es cierto, por afuera de los protocoles médicos, si es cierto, sin la supervisión necesaria, pero q a quién le importa cuando de lo que se trata es de salvarse.
Funciona como los manosantas, como algunas religiones, como esos débiles lazos que nos atan a la vida cuando estamos desesperados.
Eso es esta historia, una historia de deseperación.
Lo hará bien.
Lo hará muy bien y vencerá a los poderosos.
Y en el medio de ese viaje complicado, se encontrará con gente buena.
Como el personaje de Rayon, un travesti al que conoce internado y que se hará su mano derecha en el negocio.
Estas dos interpretaciones, asombrosas desde lo físico, son los dos Oscarse a la producción 2013.. Matthew Mc Conaughey y Jared Letto, actor protagónico y de reparto, son la dupla que le puso el físico a estos seres desesperados, que en medio de la desesperación, se ganan la vida.
La película es eso, un retrato de mediados de los ochenta, un volver a vivir esos días en los que entender nos costaba mucho, y esta era una enfermedad de maricones y desviados. Esos días en los que preferíamos que no anduvieran por la calle, y en los que no queríamos saber nada con aprender de qué se trataba.
Esa atmósfera está muy bien cubierta en la película.
Como también la ironía de los grandes movimientos de dinero alrededor d ela enfermedad y su cura, los laboratorios, la poderosa FDA de los EEUU, los intereses, que se vuelven propios cuando el DBC progresa.
El trabajo que hacen ambos actores es muy impresionante, aunque en este blog expresé más de una vez, que las actuaciones que realmente me conmueven son aquellas en las que os procesos no son tan abiertamente visibles a primero ojo.
Pero los dos están bien.
Esas dos actuaciones, el volver a recrear esos días complejos, los albores de una enfermedad muy puta para el mundo, valen la pena los minutos que dura Dallas Buyers Club.