domingo, 26 de mayo de 2013

Días de pesca


Días de pesca




Sorín filma inmensidades, vientos, soledades. Y filma con gente que ni sospecha que son actores, intérpretes de vidas solitarias o animadas en medio de la soledad de los paisajes que solo la Patagonia argentina puede ofrecer.
Y nada de costa oeste, comarca andina, no, soledades orilleras, de ruta 3, de piedra en lugar de arena en la playa en la que nadie se bañará nunca.
Y noches con estrellas que desbordan el cielo, y estaciones de servicio que son como hogares en medio de la nada, y caminos que pierden la mirada.
En esos paisajes Sorín es el mejor. Aunque la historia, como en este caso, sea demasiado pequeña, mucho más que cualquier otra que haya filmado hasta ahora.
Porque no habrá historias que se cruzan, no habrá héroes ni amores, no habrá nada que adorne en exceso la excusa central de Días de Pesca, que es el encuentro de un padre con su hija.
Seguro no se ha portado bien, seguro hay mucho que explicarse entre ellos de ausencias, de falta de tiempo juntos, de contarse qué pasó todos estos años que no nos vimos.
No los une casi nada.
Más que un cariño que se intuye, pero que no queda claro si aún existe.
Una casa en Jaramillo, una visita inesperada, y un viaje largo con la excusa de encontrarse un hobby, la pesca, y volverla a ver.
Pero también hay dolores, físicos y de los otros, y hay un hombre que nunca termina de mostrarnos cómo es realmente.
Es Alejandro Awada y Victoria Almeida (es muy buena, la vieron actuar en algún aviso seguro) es el sur, es Sorín y es el sur de Sorín.
Repito, no es lo mejor de su saga. Compuesta de paisajes, gente que habla bajito, perseguidores de sueños, pero es un buen motivo par pasarse una hora veinte.
Fotografía como nadie esos desiertos, pero también refleja como nadie los desiertos internos.




domingo, 19 de mayo de 2013

Tesis sobre un homicidio


Tesis sobre un homicidio

Hernán Goldfrid, el director, tenía un muy buen antecedente antes de esta película, su anterior producción, Música en espera, fue una comedia excelentemente contada.
Es una de esas películas que antes de empezar a verlas sabemos que van a requerir de nuestro mejor sabueso interior, porque apenas arranca ya hay planos cercanos, respiraciones que se escuchan en primer plano y un desorden en la escena que nos anuncian un devenir complejo.
Es un muy buen ejercicio esta película, pero me resultó desde el comienzo como vibrando en una clave de pretensión de inteligencia, como apelando al espectador que tiene ganas que lo desafíen, pero descuidando, en mi opinión, algunos valores centrales de un relato complejo, la historia tiene que contarse sin la necesidad de tener que hacer que alguno de los personajes la ponga en palabras, haga visible o obvio, lo narre, y en Tesis hay por lo menos dos o tres instancias en donde esta narración cómplice se lleva a cabo.
Por lo demás es prolija, tiene buenos climas, la historia es simple pero efectiva y tiene una actuación sólida y excluyente, la de Darín, mientras que el resto solo acompaña tímido.
Un abogado no tan viejo pero muy experimentado, un conocedor de los meandros judiciales, un teórico de la justicia dicta un seminario de 8 semanas, al parecer muy exigente, de posgrado para poca gente, uno de esos placeres que la academia ofrece. Uno de sus alumnos, hijo de un viejo colega, volverá de España en donde vive solo para cursar con él, para volverlo a ver, para volverlo loco.
Un desafío intelectual, un juego de pistas, del gato y el ratón que se va contando a partir de un crimen que se produce en el estacionamiento de la facultad en donde se produce la clase de Darín.
A partir de ese asesinato, la sospecha, la duda, los recuerdos y una mente brillante que se enfrenta a otra igual de poderosa pero más joven, y un juego en donde los detalles serán importantes y determinantes.
Ahora, contado así me froto las manos para disfrutar de un duelo actoral, primero, y mucha acción sutil en la puesta, en la manera de contar, en los climas.
Esto no pasa en Tesis, el duelo es de uno, el actor que encarna al joven admirador no está a la altura.
La chica, hermana de la que asesinaron y pieza clave entre los dos varones que esgrimen, es una débil y artificiosa Calu Rivero, a quién no había visto actuar nunca ni en la televisión, ni en el cine, pero para la que creo, el papel le cae varios números más grandes que su talle. Es artificial hasta para saludar. Lo único que le sale sin esfuerzo son una espesas lágrimas de sus ojos.
No hay mucho más para contar.
De todas maneras es efectiva, tiene un final abierto (tampoco se imaginen el final de Atracción Fatal, o alguno de esos que nos quedamos discutiendo largamente después de la cena, como Carrie) pero débil para mi gusto, y mucho queda a mitad de camino.
No tenemos una pantalla que frecuente mucho este género, no es fácil de hacer, pero creo que hay que seguir intentándolo.

sábado, 18 de mayo de 2013

The Words


The Words

Esas palabras que nos salvan, que nos hacen pasar el dolor, nos sientan al lado de la chica más linda, nos hacen ganar la guerra y la paz, tomar el último tren o saborear el mejor vino, esas palabras que nos redimen no pueden ser de otros, no hay profundidad ni pasión ni sentido si solo son parte de una buena historia.
The Words habla de eso, de historias dentro de historias, de una espiral literaria que nos cuenta en al menos tres capas una historia de redención, de suceso inesperado pero necesario y de duda moral.
Un escritor presenta un libro (a la manera gringa, que es la lectura en un auditorio de dos o tres de sus capítulos por parte de su autor!) que trata sobre otro escritor joven que, después de intentar e intentar e intentar descubre, por obra de la casualidad más inesperada, un manuscrito antiguo, en otro país, y de otro tiempo, y otro escritor, el autor de la historia original, que es el único de los tres que solo quería curarse las heridas con su texto, se enfrentará a su obra 40 años después de haberla escrito.
Es una bella película, con cadencia literaria, bien actuada y con una enorme banda de sonido. Morosa, como la lectura que se saborea, intrigante, pero levemente intrigante, sorpresiva pero sin estridencias, es una buena puesta que desemboca en un dilema. No es difícil tomar decisiones, lo difícil es vivir con ellas, como el “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio” de JM Serrat.
Otra vez una buena actuación de Bradley Cooper, una aceptable rol para Zoe Saldana (la de Colombiana) y una correcta interpretación del afectado Jeremy Irons, quizá un actor de otros tiempos. Un intrascendente Dennis Quaid, que por el peso de su historia figura como protagónico, hinchado de bótox, casi como el abogado Burlando.
Pero la película, por la fuerza del relato, hasta prescinde de esos pifies en el elenco, y nos hace concentrar en el poder narrativo.
No es la primera película que va a fondo con este recurso de la historia literaria que alimenta a la historia de la película, pero si se le atreve al tema moral, el que hace algo que sospecha nunca se conocerá como falso, pero tiene que vivir con eso toda su vida, cómo vive? Parecería ser el nudo central de esta película, y, como debe ser, no hay una sola respuesta para darnos.
Es una ópera prima, de dos jóvenes exponentes de la industria, que actúan, escriben, producen, y dirigen. Y está bien dirigida.

Broken City

Broken City
 


Una de esas de acción psicológica, en la que, como en cajitas chinas, nunca estaremos en control de lo que pasa. Nunca tendremos toda la película en los controles remotos de nuestra percepción. Pero así y todo, así presentada, no llega a cubrir todos los espacios, no hay nada en el relato, que se empeña en mostrarnos giros y cambios de carril constantes, con algo de acción, que nos sorprenda realmente y nos deje con esa cara que ponemos cuando algo que pensamos era de una manera, resulta ser de otra muy distinta.

Hay un esfuerzo de parte de este director, joven prolífico del cual ya hemos visto algunas cosas (El libro de Eli y la versión del Jack el detripador que protagonizó Johnny Depp que está bien) para presentarnos una estética y una tensión, pero que, para mi, no resultan suficientes.

El elenco es bueno, un flaco, muy flaco y trabajado Mark Wahlberg, que es una garantía en ciertas películas, y el duelo se plantea con Rusell Crowe (se está quedando sin vos o solo se trata de lo que decidió para su papel del alcalde?) terciando la hermosa (se nota su madurez) Catherine Zeta-Jones y algo más en el reparto.

Pero el trío central son el alcalde de Nueva York (Crowe) su esposa y un policía que, cuando la película empieza, está siendo juzgado por un caso de gatillo fácil. Lo absuelven, se nota la mano del avezado alcalde para que esto suceda y esa deuda, esa deuda de vida, será cobrada por el mismo alcalde 7 años después en plena campaña por su nueva reelección.

Hay una buena composición de Barry Pepper, como el contrincante del alcalde para las elecciones. Un personaje rico, ambicioso y a la vez oscuro, que compone muy bien.

Ahí estará la tensión y las traiciones cruzadas, un alcalde que se cobra un favor viejo, dinero, poder y contratos de por medio, todo por el bien de la ciudad de Nueva York, pero no todo será como se plantea, los malos no serán tan malos al final y los buenos, ya sabemos.

De alguna manera ya la vimos, eso quiero decir, ya vimos esta película más de una vez.

 

lunes, 13 de mayo de 2013

The guilt trip


The guilt trip                  


Un buen hijo, una madre judía, un viaje atravesando todo Estados Unidos en un auto pequeño, dos buenos actores, comediantes, pero a la vez tiernos, dóciles, americanísimos, eso es The Guilt Trip, producida y protagonizada por Barbra Streisand y Seth Rogen.
Rogen es el hijo científico, que apostó todo a un invento suyo (un limpiador natural para elhogar), que ahora necesita vender para que retorne la inversión, pero que no le está siendo fácil. Es soltero, y dejó hace rato su Nueva York natal para irse a estudiar a la UCLA.
Streisand es la madre judía, no puede ser otra cosa, que desde que perdió a su marido (cuando su hijo tenía 8 años!) no tuvo otro amor que el incondicional por él.
La distancia, los mundos diferentes en los que viven, hicieron su trabajo, y al no haber frecuencia, al no haber más que llamados y mensajes en el contestador, poco a poco se fueron convirtiendo en extraños entrañables.
Pero Rogen visitará a su mamá para iniciar de este a oeste su viaje de ventas, y en esas horas en la casa materna, en una de sus complejas charlas nocturnas con su madre, ella le cuenta de un viejo amor, antes de conocer a su padre, y ahí comienza a planear un reencuentro, algo para alegrarle la vida a su madre, al descubrir con el relato de ella, que realmente había sido un amor importante.
Ahí arranca la verdadera película, el oficio de los actores, y las situaciones, simples, profundas, divertidas, que irán viviendo en ese viaje de costa a costa.
No es una road movie clásica, no es una comedia de esas que nos dejan todo el tiempo con la risa lista, es una comedia de intimidad y de vínculos, de nada menos que el amor de una madre con su hijo, no respondido, incomprendido, gastado por los años, pero increíble y cercanamente vigente y familiar para todos los que, como yo, tenemos la suerte de tener a nuestra madre cerca.
Es buena. No esperen risotadas.

domingo, 12 de mayo de 2013

The company you keep


The company you keep


Robert Redford ataca de nuevo, dirige, produce, hace lo que no debe dejar de hacer para que todos seamos felices.
Esta es una historia poderosa, vigente, pero lo más asombroso es que es además cercana para nosotros.
En pleno post Vietnam, Estados Unidos estaban peleando en demasiados frentes demasiadas peleas. Como en París, Uganda, y Latinoamérica (aunque no hay una sola mención a la región en el texto) grupos de izquierda (radicales en USA) educados, de familias acomodadas, se organizaron para unir sus ideales a la lucha para cambiar las cosas, lo que en muchos lugares del mundo significó lucha armada.
Weather Underground es el nombre de uno de esos grupos, que actuó en Estados Unidos mezclando movilización, acción psicológica y en algunos casos, bombas y asaltos a bancos.
Hubo muerte, y esas muertes están demasiado presentes a pesar de los años que pasaron.
El elenco es increíble por lo poblado y por lo efectivo, actúa Redford, pero está Julie Christie (me creerían si les cuento que una noche de verano en Pinamar cené a escasos metros de ella? Había llegado a una vieja casona de Madariaga para filmar con María Luisa Bemberg?) y Shia LeBauof y Sam elliott y Richard Jenkins y Sanely Tucci y Chris Cooper y Susan Sarandon (siempre bella) y un irreconocible Nick Nolte. Todos bien, todos muy bien.
Uno de los hechos fue un asalto a un banco en Michigan, que terminó mal. Nadie iba a morir ese día pero un guardia hizo lo que no tenía que hacer y murió.
El grupo se empezó a diseminar, poco a poco fueron tomando nuevas identidades, empezando nuevas vidas, escapando de una cárcel seguro y compleja.
Ideales, nuevas historias, nombres, parejas, casas, estados.
Hasta que, cansada, con sus hijos grandes y motivada por no sabemos qué razón, una de las mujeres del grupo se entrega y a partir de esa captura, todo el grupo tiene que ponerse en guardia.
Un periodista de un diario chico de Albany, en Nueva York, será el que con astucia de sabueso seguirá la pista de todos, pero a la vez sospechará siempre de los movimientos de Redford, que había encausado su vida anónima casándose y teniendo una hija que no llega a los 12.
Ese será el punto que los desconcertará, en lugar de volver a huir a un destino nuevo, con ella, la deja explícitamente en la casa de su hermano, como insinuando que volverá, que tiene algo que resolver.
Y de eso va la película. Que se va construyendo sin flashbacks (hubiera sido un recurso más que válido) sino por los relatos, por la nostalgia de aquellos días, de personajes que, encontrando su lugar en el mundo, con sus cosas vueltas a hacer y vueltas a encausar, no quieren saber nada con esos días de nuevo, aunque en algún lugar sienten que dejaron algo sin terminar.
Es bueno es clima, esas miradas, esos recuerdos que se van hilvanando a medida que los personajes aparecen.
La que tiene la llave, la clave de su libertad, es una de las líderes del grupo, que sabía el rol que él había tenido el día del banco, y que, como supone el periodista (LeBeouf) puede contarlo y hacer que lo exoneren, y por supuesto así volver a su vida.
Pero en el transcurso del relato aparecerá una historia de amor, una hija, un policía y el pasado.
Cuando digo que hay olor a historia cercana, es por la vida de este grupo activista, su génesis, su actividad, su clandestinidad, sus ideales, su manera de procesarlos.
Y la vida de una hija nacida en esos días, de la Christie y Redford, criada por el policía que actuó en la investigación del hecho del banco.
Demasiado cercano a nuestra historia.
Aunque visto a la distancia, sin el dramatismo de la nuestra.
Es una buena película.
Que lamentablemente se escapa de los cánones de la ficción, por la proximidad con nuestra propia historia.
Claro, es la industria, aunque está Redford, es la industria y no hay más profundidad que la que relato, es eso, se cuenta y se terminó.
Lo bueno es que no se pontifica, no se inunda de moralina la pantalla y tampoco se redime a nadie. Es lo que es.
Una buena película, bien actuada, ágil, con buenos intérpretes y la mano de Redford, que ya nos tiene acostumbrados a las cosas buenas.