viernes, 29 de marzo de 2013

To Rome with love


To Rome with love

Está bien, si me dicen que es un folleto de Roma hecho con vuelo, o una pieza de la propaganda italiana para fomentar el turismo, te lo tomo. Pero es Allen, y Allen merece siempre verse.
Con lo cual parto de uno de esos prejuicios tan transitados en este blog, no puedo, no quiero, no lo voy a hacer nunca, eso de criticar sin piedad algunas piezas de algunos directores. Sus trabajos siempre son en mi mirada un eslabón de una cadena productiva.
Y Woody es quizá uno de los más protegidos en esa lista.
Es que desde dónde, con qué argumentos, baso un no me gustó esto o aquello en el caso del tipo que nos regaló Manhattan, o Crímenes y Pecados, o Hannah y sus hermanas, o y o, yo , yo, yo…
No hay manera de entrarle.
Su paso por Europa fue desparejo, hizo Match Point y el Sueño de Cassandra, pero aún en esas dos tan distintas, siempre vimos una idea básica, elemental, explícita, de alguna de sus obsesiones cinematográficas.
No en To Rome…, no pude percibir, descubrir, adivinar, nada de eso. De su miedo a la muerte, de su relación con la religión, con lo trascendental de nuestras vidas o la existencia de Dios. Nada. Ni atisbos de sofisticación en el texto.
Además se apoya en algunas actuaciones que, por lo espontáneas, no terminan de ser de calidad y deslucen.
Historias paralelas, que solo tienen en común un escenario, la hermosa, eterna, enigmática Roma. Pero nada más.
El elenco es siempre un placer, solo voy a dedicarme a dos de sus miembros. Un Roberto Benigni que encarna a un tipo común que, de la noche a la mañana se convierte en una celebridad, tan efímera como son las celebridades en estos tiempos, y una Penélope Cruz que está como todos queremos verla siempre, pulposa, Sofía Lorenesca, hermosa, sensual, desbordante.
No mucho más. Desperdicia a Baldwin (un buen comediante) en un papel que no llega a alcanzar el vuelo que puede tener, o que hubiera tenido en una película suya de hace 15 años.
Lo más logrado, desde el universo Allen que tanto disfrutamos, es el episodio del cantante de ópera que canta en la ducha. Homenaje a sí mismo, a su historia.
No pude abstraerme en todo el relato, de la posibilidad remota de que venga a filmar a Buenos Aires, e imaginarme qué podría hacer acá. Los clichés americanos, los nazis, el bife y el tango (ahora el Papa Francisco) serían seguro de la partida. Así como Francella y Susana Giménez y Leticia Brédice.
Woody, no vengas.
Lo lamento en el alma.
Pero quiero al viejo Woody de vuelta. Haciendo películas casi de cámara, dirigiendo a los que serán grossos, a los que dicen algo de manera distinta, y a tus viejas fantasías y fantasmas.
Está grande, es indudable, se nota en su dicción, en sus movimientos, en sus miradas a cámara. Es un maestro, es el maestro que hace que siempre tengamos un segundo para la producción americana. Pero esta aventura de filmar por ahí debería ya terminar.
Vuelva a Nueva York maestro, por favor, dedíquese a dejarnos lo mejor de su cosecha, en esa admirable rutina de hacer una película por año que tanto agradecemos.
No hay trabajos chicos de este monstruo, no hay.
Todo sirve y todo vale.
Creo que vi todo, y se me nota. Tengo mis preferidas, pero a la larga él es un preferido.

The amazing Spiderman


El sorprendente Hombre Araña

Sorprende de veras. Después de los años de la dupla insuperable, Sam Mendes y Tobey McGuire, parecía que nadie se le iba a animar a un nuevo comienzo.  Y se animaron, y el resultado, al igual que con Batman después de Tim Burton, es asombroso, como el título de la nueva saga que empieza.
Más tecnología, pero esta vez al servicio de un personaje que se debate entre sus propios fantasmas, con un actor Andrew Garfield, que ya me había deslumbrado en su papel en la versión para el cine de Nunca me abandones, el buen libro del japonés Ishiguro.
Todo encaja en esta versión, que tiene a Sally Field y a Martin Sheen en los papeles de los tíos y al multifacético Rhys Ifans (el de Anonymous) como el Dr Connors, que se convertirá en el villano invitado.
La técnica es asombrosa, los desplazamientos por el aire, las piruetas, una increíble cámara subjetiva, Nueva York como gran escenario y plataforma.
Lo demás lo conocemos, pero no por conocido deja de ser efectivo y esencial en el relato. Historia de amor, una muerte desgarradora o dos, un malo que se convertirá en malísimo, y la historia del héroe eterno y bueno.
Marvel da para rato.

Es un gran entretenimiento, con una vuelta de rosca muy interesante con relación a la profundidad del personaje, para salir de la medianía que ya le había impuesto el carilindo de tobey (insulso como pocos).

domingo, 10 de marzo de 2013

Hitchcock


Hitchcock

Varios temas antes de comenzar, para que no corran al cine a buscar algo que no van a encontrar. Esta película NO es una biopic, no se van a encontrar con un relato pintoresco de la vida del gran Hitch, ni su proceso creativo ni nada de eso.
Vamos a ver un pasaje de su vida, el pozo en el que cae después de cada producción, ya en Hollywood, ya en Paramaunt, ya con su fama ganada, y sin embargo, con el mismo vacío antes de encontrar algo nuevo.
Y será Psicosis, y será ese proceso creativo el que veremos en pantalla.
Ahora bien, después de leer Hitchcock y sus mujeres, o el de Truffaut, reconozco que tengo ya una mirada sobre cómo era el personaje sin conocerlo. Sus obsesiones, sus miedos, su maltrato a sus actrices, la leyenda y los datos y las anécdotas contadas en esos y otros libros, con lo cual, ese conocimiento hace que la vara con la que mido mi disfrute de la película sea muy alta.
Dicho esto, tengo dos cosas para decir, la primera es paremos con esto de que Hopkins en un genio. La verdad es que acá hace una máscara más o menos afectada del personaje, seguro dirá que lo estudió por meses y esas boludeces que dicen, pero lo que logra es eso, una máscara sin emociones. Un imitador.
La segunda es, cómo es que Alma, la eterna devota esposa del genio, que fue su jefa en los tiempos de la industria incipiente en Inglaterra, compañera de ruta, y socia, se convierte en poco menos que la verdadera hacedora de Psicosis? No será mucho?
Está bien que hay que aprovechar a Helen Mirren, y está bien que se las arregla para hacer parecer a Hopkins poco menos que Mario Sapag en sus imitaciones, pero de ahí a ponerla en el verdadero centro creativo, me parece que es una exageración.
A mi me gustó mucho la elección de Scarlett Johanson y el actor que hace de Anthony Perkins, no solo por el parecido físico o lo sutil que es la composición, sino por que interpretan!! Nada menos.
La Scarlett, que está cada día más linda, está muy bien tomándose su primera experiencia con el genio como algo natural, cimentada en su sólida relación familiar con Tony Curtis y en su control sobre su carrera, lo que hace que minimice o no crea todo lo que se dice de las “rubias” de las películas de Hitch.
Tony Colette como su secretaria es otro hallazgo, está flaquísima, casi irreconocible, pero sólida como siempre.
Y un párrafo especial para Jessica Biel, hermosa como siempre, pero componiendo a Vera Miles, quizá el proyecto personal más controvertido del director, y con la actriz que, al estar ligada al mismo estudio, tuvo que trabajar a pesar de ya no quererla cerca (solo porque decidió ser madre, justo cuando la iba a convertir en una estrella).
No hay emociones en la película, la estructura narrativa no ayuda, no transmite nada especial.
Quiero ver la versión para tele que acaba de hacer Toby Jones (el petiso de Capote y de Frost Nixon) para terminar de convencerme de que Hopkins hizo cualquier cosa.
Pero también para ver, espero, algo más.
El director, que tiene una larga carrera como guionista, no lo logra, no puede llegar a comunicarnos el talento del hombre. Se deja llevar por sus relatos acerca de sus manías, sus obsesiones, que seguro forman parte del todo, que desemboca en el proceso creativo, pero que seguro no conforman el rasgo más sobresaliente.
Leí tanto acerca de cómo encaró y terminó editando la famosa escena de la ducha, que quería ver algo de eso en la película. En su lugar, llego a una escena en la que parece que las cosas salieron de casualidad, casi como que Alma Reville hace el corte final de la escena a la que le agregan, casi también por azar, la famosa música que la inmortalizó.
Demasiado maltrato a uno de los mejores.

sábado, 2 de marzo de 2013

Get the gringo


Get the gringo

Con la asistencia de un director novel, que salta de haber trabajado tras las cámaras como asistente en grandes producciones, esta vuelta de Gibson a la pantalla tiene mucho de “volvamos a ese camino del cual no nos debimos apartar”
Después de unos cuantos años sin filmar como actor, está en la etapa de hacer una película por año, y cuando uno hace eso, debe escoger muy bien sus apariciones.
Hay que decir algo, está todavía muy bien para esas películas de acción extrema, en las cuales hay algo de ridiculez por la acción en sí, y algo de humor en la manera de resolver los problemas.
Esta vez elige encargarse de todo, es productor, es guionista, y la historia es entretenida.
Encarna a un ladrón, que se lleva una buena cantidad de un asalto y es perseguido por la policía americana en la frontera. Con un truco con el auto, decide que va a traspasar el límite, pensando que todo va a ser más fácil del lado mexicano, pero los cálculos no salen como imaginó.
Será llevado a una prisión que se llama “el pueblito” y que es una cárcel abierta, con sus códigos (o absoluta falta de ellos) y sus capos que dominan todo, incluso las leyes y la policía.
Habrá “mejicaneadas” al por mayor, todos se traicionarán, y una cuenta pendiente muy grande que alguien deberá saldar.
Los días en esa cárcel del infierno son quizá el mejor atractivo de la película. Porque además de la sordidez, el bueno de Mel se las arregla para mistrarnos su mejor costado, que increíblemente no se ha corroído con los años.
Por lo demás la película no aporta mucho. Es un buen divertimento, entretenida y bien filmada.
Casi bilingüe, porque no están esforzados los mexicanos a hablar en inglés, lo cual es bueno, y hasta Gibson nos regala un par de escenas de puro castellano para los fans de estas tierras.
Hay curiosidades como la aparición de un irreconocible Peter Stormare. Para aquellos que disfrutamos con Fargo, o The Big Lebowski, veremos a un actor que se tragó a otro actor, ya que el bueno de Peter (es un actor raro, pero interesante) pesa más o menos el doble que en esas películas.
Habrá un chico de 10 años, que será una pieza fundamental en la trama, y su madre, obviamente, que jugarán un rol central en la película.
Gibson ya no es galán, es un marginal, ladrón, que igual se las arregla para revelarse contra la corrupción y las injusticias. Bien de Gibson.