domingo, 27 de junio de 2010

Green Zone


Green Zone

Esta película no da respiro. El volumen de fuego, su vértigo, los efectos especiales (entre los que se destacan unos muy buenos sonidos) y la velocidad del relato la hacen entretenida, verosímil y muy interesante.

Desde “La caída del halcón negro” las películas bélicas cambiaron de manera definitiva. Desde aquellas cuestiones de la segunda guerra mundial hasta estos días de Hummers llenas de tierra y mucho sol y desierto, el género se reveló, incorporó tecnología, traidores, nuevos malos y mejores técnicas narrativas.

En Green Zone el director nos lleva al corazón de la mentira estadounidense que desemboca en la invasión a Irak, y todo, absolutamente todo, tiene un extraño olor a cosa cierta, a mensajes cifrados y un escalofriante aroma a desclasificación de documentos.

Los nombres, los escenarios reales, el clima, son tan reales, que parece más un documental que un ejercicio de ficción.

El nuevo relato casi puede prescindir de nombres, de actores famosos o de grandes despliegues. En esta versión, Matt Damon hace su personaje clásico, buen americano y mejor patriota, de una manera previsible y muy verosímil.

El ritmo es infernal, en los primeros 40 minutos no hay respiros, y la trama es bien simple pero de gran poderío y contundencia.

Los buenos, los malos entre los buenos, los bigotudos de traje, los nombres que vimos en la CNN y todos mezclados en medio de un armamento asombroso.

Eso es Green Zone, además de un gran entretenimiento.

Ahora, a diferencia de los clásicos, además de esos buenos y malos medio difusos, están los medios, los periodistas que pueden terminar con todo a tiro de una nota en el Wall Street Journal, toda una exageración de nuestros días.

Está bien.

domingo, 20 de junio de 2010

Date Night


Date Night

Steve Carrell y Tina Fey son dos buenos exponentes de ese estilo de humor que nos cuesta por traducción pero al que le tenemos fe por las cosas que es capaz de desatar.

Situaciones, tras situaciones tras situaciones.

Esa es la regla que maneja este director del que conocemos la zaga de Una noche en el Museo y que tiene el privilegio de dirigir a los mejores exponentes de la nueva comicidad americana.

No es igual que aquella que conocimos hace años, dominada por el humor judío de la mano de sus tres máximos exponentes, Mel Brooks, Jerry Lewis y Woody Allen, esta etapa es menos retrospectiva, menos sarcástica con los propios errores, más de situaciones y gags que se suceden uno tras otro.

Nombré algunas de las películas que hizo antes el amigo Shawn Levy, no hay que perder de vista que su otro actor fetiche es nada menos que Steve Martin a quien dirigió en las Más barato por docena y la Pantera Rosa, pero esta, a pesar de tener a dos verdaderos tanques del humor americano actual, aquel que brilla en Saturday Night Live, no puedne siquiera pasar de la sonrisa.

Carrell es un tanque, ideal para volver a hacer a Maxwell Smart, capaz de inspirar ternura, gran capacidad histriónica, gestos y trabajar con el cuerpo como hacía Jerry Lewis en los 60, pero no logra nada, se quedan a mitad de camino en todo.

La trama arranca prometedora, como en Hicthcock, dos que no tienen nada que ver, con una vida normal y corriente, se van a ver metidos en un lío con policías, gángsters y corruptos, de la nada.

Y en la huída se las verán con todos, y claro, van a poder con todos.

Algunas apariciones estelares apoyando los momentos más interesantes, como la parición de Mark Ruffalo como amigo de la pareja, Marc Ghalberg o de Ray Liotta en su clásico papel de mafioso (será?) y muy poco más

Una lástima, ambos son buenos, de lo mejor que podemos ver hoy, el director también es bueno, pero falló algo,, no puedo decir qué es, quizá el guión, demasiado enredado en las falencias sexuales de un matrimonio de 20 años, o en lo no dicho de la pareja.

En definitiva, a mitad de camino en todo. No es lo graciosa que hubiera esperado con solo ver los créditos. A veces falla.

Chloé


Chloe

Atom Egoyan es un director fuerte. Es egipcio, cada una de sus películas deja una marca, es incómoda, tiene atmósfera y burla lo que uno supone que va a venir.

Chloe no es la excepción.

Un bella, bellísima Amanda Seyfried, por estos días de moda en USA, dueña de unos ojos saltones, como se le van a salir de las órbitas, y unos estupendos labios, compone a una prostituta que al principio parece tierna, capaz de enamorar de una vez a alguno de sus ocasionales clientes, y empezar de una vez una nueva vida.

La pareja que componen Julianne Moore y Liam Neeson es una de esas parejas que tanto intenta mostrarnos Hollywood, ricos, profesionales, llenos de amigos y de historias.

Ella, ginecóloga prestigios, envejece más rápido que su marido (les suena?) profesor de música, y en ese crecer desparejo empieza a hacerle ruido la galantería constante de su marido para con mujeres más jóvenes, más lindas, más sexies que ella (cualquier mujer es más sexie que Julianne Moore, acá Atom no la pegó).

Tanto le preocupa, que cree que el bueno de Neeson se la pasa seduciendo mujeres, que es todo lo que hace. Y empieza a obsesionarse.

Hasta que mirando por la ventana de su consultorio, la ve a ella, a Chloe, que va y viene del hotel que queda enfrente suyo, saliendo con tipos bien vestidos, ejecutivos, hombres de negocio, como su marido.

La aborda, la contrata, quiere que lo seduzca a él, nada menos.

A partir de ese momento la historia gana en intensidad.

Vendrán momentos muy intensos en los cuales la bella Chloe le cuenta con detalles todo lo que su marido es capaz de hacerle a otras mujeres. Detalles que empiezan a trastornarla, a enloquecerla.

Esa curiosidad que dicen mata al gato termina envolviéndola en una trama extraña, que le es ajena, que la distrae de su vida, pero que a la vez la atrae con la fuerza de la que ya no se creía capaz.

Escuchar el engaño con detalles, desde adentro y en primera persona, no puede hacerle bien a nadie. Y menos a la Moore, que terminará enredándose con Chloe y confundiéndolo todo.

Nada es lo que parece en esta historia, y confiar todo a una prostituta no va a terminar siendo un buen negocio para la pecosa esposa confundida.

Neeson es sólido, dueño de un porte y una prestancia en cámara que son de las pocas que hay en la pantalla. Además es un galán de los maduros, todavía con capacidad para componer estos personajes que enamoran, son bien simples y dejan lugar a dudas.

La película tiene un exceso de ojos rojos. Una retórica muy de mujeres que por momentos distrae.

Hay buena banda de sonido, muy suave, casi como el amor entre estas dos mujeres, que vana componer una coreografía sexual en una escena muy jugada para una actriz de la carrera de la Moore, pero bien por atreverse.

Como pasa a menudo, la tortura psicológica termina mal, con un final demasiado obvio.

domingo, 13 de junio de 2010

Brooklyn finest


Brooklyn’s finest

Seguro es una película que, apenas empieza, adivinas que ya viste. Es que vimos muchas películas de policías complicados, con vidas más jodidas y destino de balas seguras. Pero esta tiene algo que la pone un escalón por arriba de esas tantas.

No hay redención en esta película, no hay un solo momento de alegría, no hay una sola línea de felicidad o de promesa de felicidad en esas vidas que solo se cruzarán una sola noche, una noche última, y cuando lo hagan, ninguno va a notar la presencia del otro.

Richard Gere compone a un policía en su última semana antes de la jubilación, Don Cheadle a un policía infiltrado en una red narco, Ethan Hawke a otro, metido también en temas de drogas, que necesita mudarse de casa con urgencia, tiene 4 hijos y su esposa está embarazada de mellizas.

Todos desesperados, Gere por no joder su última semana, no quiere meterse en nada, no quiere que nada pase, Cheadle necesita su vida de vuelta, hace dos años que está encubierto y su único contacto con el mundo de antes no termina de redondearle qué va a ser de él en el futuro cercano y Hawke, un católico ferviente que piensa cada vez más en serio en quedarse con algo de la plata que recuperan en cada redada por drogas.

Y un Brooklyn demasiado oscuro, demasiado limítrofe, muy alejado de la postal que solemos ver en las películas. Y la droga que está omnipresente y las vidas que duran poco, como acá nomás, a unas cuadras del obelisco.

Gere compone a un creíble casi ex policía, que tanto no quiere meterse en líos, que hasta anda con su reglamentaria sin balas, como para no tentarse a usarla. Anda solo, su habitación no tiene nada, ni fotos, ni ropas, ni nada. Se levanta y cada vez que lo hace está a punto de volarse la cabeza con un tiro.

Tan miserable y tan urgido de que todo termine para empezar algo que no sabe bien qué es. Esa paz se ve cambiada cuando su jefe le dice que la última semana tiene que andar con novatos en el auto, así le muestra la calle. No quiere, pero no puede resistirse. Y los dos novatos con los que sale, por supuesto, harán cagadas irremediables que provocarán que se termine retirando unos días antes.

Cuando sale va a buscar lo único que tiene, una prostituta con la que se acuesta todas las semanas y en la cual gasta casi todo lo que gana, pero que, a la hora de ser invitada a pasar el resto de su vida con él, se lo sacará de encima con una frialdad demoledora.

Cheadle se va a debatir toda la película entre la vida que perdió, lo nefasto de sus jefes y la lealtad con un hombre (gran interpretación de Wesley Snipes) que, del otro lado de la ley, le salvó la vida un par de veces.

Y Hawke, demasiado creíble en esos personajes perturbados, fumadores, flacos, nerviosos, transpirados, que siempre están al borde de estallar (ya lo vimos así en “Antes que el diablo sepa que estás muerto”) que busca en cada redada algo de dinero para llevarse a casa. Su mujer está embarazada de mellizas, tiene ya cuatro chicos, su casa es chica, húmeda, y todos tienen la esperanza de que esta vez es en serio, que los va a poder sacar de ahí.

Son historias poderosas, todas fuertes, con destinos fatales y nada de esperanza.

La fotografía es lúgubre, es una ciudad despiadada, y la música es solo incidental, acompaña la dureza del relato en el que todos están metidos hasta el cuello en situaciones de las que es difícil salir.

Es fuerte la presencia de los medios de comunicación, que parece ser el único motor para que los jefes policiales reaccionen ante las injusticias de los casos, hay una bien sembrada duda acerca del destino final de los dólares que se incautan en cada procedimiento.

Todas las vidas se van desmoronando hasta que una noche, en uno de los tantos complejos de departamentos que pueblan la ciudad, Cheadle irá a vengar que mataron a Snipes, ya con su placa puesta, Hawke se llevará un dato para ir a ese mismo edificio y cargarse a tres narcos y llevarse toda su plata y Gere, ya jubilado, descubrirá un rostro familiar, que había visto en la cartelera del departamento de policía, una chica desaparecida que en el instante justo en el que estaba por cargar su arma con balas para borrarse, ve pasar en una camioneta con destino de ser entregada para fines sexuales.

Todos casi llegan a tener lo que tanto buscaron, pero solo uno logrará salir ileso esa noche. Todas sus vidas se cruzarán en casi el mismo instante y con escasos metros de diferencia entre ellos.

Dos se irán con las manos vacías.

Decía que es una película que probablemente ya vimos, con una trama clásica, policías buenos, policías malos, tentación por la plata, drogas, problemas personales.

Pero pocas veces la vimos así, tan real, tan sórdida, tan despojada de moralina.

Es una buena película.

Lo que cuenta no está tan lejos de nosotros.

domingo, 6 de junio de 2010

A single man


A single man

Difícil desafío lleva a la pantalla la muy buena novela de Christopher Isherwood, llena de climas, de cuestiones muy internas que van creando una atmósfera opresiva y romántica a la vez.

Una interpretación sobresaliente de Colin Firth, n actor que está para grandes relatos, después de haberse probado también con solvencia en la comedia (en la que invariablemente interpreta a ingleses sobreactuados y afectados) y en la línea de los infantiles.

Un comienzo impactante, unas imágenes fuertes de un accidente de auto en una carretera nevada y unos pasos que se acercan. Es el protagonista, George, que se acuesta al lado de su amado, lo besa y lo despide.

Con algunas claras reminiscencias a la película Las Horas, aquella con Julianne Moore, Meryl Streep y Nicole Kidman, con una banda de sonido muy similar y una impecable ambientación, nos lleva al año 1962 en California, a la vida de la clase media acomodada y adentro de la pulcra casa del profesor George, que vive que su pareja, el bello Jim.

Mucho para una sociedad que empieza a latir al ritmo de los miedos, los miedos que paralizan y que van a atravesar toda esa época hasta explotar en Woodstock y a finales de esa misma década.

Los miedos a las minorías, a todo lo que fuera distinto, y sobre todo a la amenaza comunista, que los hizo cambiar de romas y de rutinas.

En ese clima, la película es un recorrido por los días que pasan desde la muerte de Jim, el sufrimiento interno de un hombre que ha vivido 16 años con otro hombre y no puede acostumbrarse a lo que viene en esa sociedad, no puede hacerle frente si su amor.

Y en ese recorrido, nos metemos casi sin darnos cuenta en la cabeza, a punto de explotar, del protagonista. Viviendo sus temores, sus angustias, traducidas en agitación al respirar y sus fastidios cotidianos.

Hay un enorme tratamiento de los colores en la pantalla, pasando de los sepias y marrones en los momentos de angustia y soledad, a los momentos brillantes de los rojos de los labios en los pocos pasajes de pasión contenida que tiene George al cruzarse con potenciales amantes.

La época está muy bien narrada.

Y es superior la interpretación de todo el día en el cual George prepara meticulosamente su muerte, hasta ensaya la manera en la que se va a quitar la vida con un cuidado y pulcro disparo.

Hasta que parece un bello ángel de ojos azules, un alumno que lo incomoda con su belleza y sus preguntas y con el que se va a animar a vivir una noche de placer después de tanto sufrir.

Lo hace, se va a nadar al mar de noche y desnudos ante la sola insinuación del joven y cuando vuelve (después de una fina ironía, cuando mojados y fríos como están el joven le dice que se cambie la ropa y George le dice, soy inglés, nos gusta tener frío y estar siempre húmedos) deja de lado todo lo que había planeado y se reconcilia con la idea de seguir viviendo.

Se le ilumina la mirada y la sonrisa al ver a su púber recién conquistado en el sofá dormido y cuando vuelve a su cama para descansar lo sorprende algo inesperado.

Julianne Moore e un papel que la vimos interpretar mil veces, el de la esposa patética del pelo batido y que fuma todo el tiempo. A mi me cansó.

Firth es para seguir mirando, un actor con cada vez más recursos. Ganó con esta película el premio al mejor actor en Venecia.

Dura poco, apenas una hora y media, lo que la convierte en una buena opción.

viernes, 4 de junio de 2010

Recital de Divididos Luna Park 3 de Junio de 2010


Iba desprotegido. Sabía que la polenta que son capaces de generar desde esos tres instrumentos, que toda la adrenalina que pueden juntar es mucha, pero no esperaba tanto.

Escucheló, escúchelo, escúchelo, la aplanadora del rocanrol es Divididos la puta que los parió!

Así recibe el Luna a pleno. Más que Charly? Casi, otra fauna.

Ruidosa. Poguera. Devota. Capaz de bancar el Jueves a la noche con la certeza de que no importa lo que pase, el Viernes no va a ser normal.

Mollo, eterno pibe. Arrugas y papada pero no importa, la remera negra lo contiene todo, termina de poner las cosas en su lugar.

Arnedo, es el mismo Arnedo y se parece a Arnedo.

Dedos que vuelan sobre cuerdas gordas.

Cuando estaba promediando la Universidad, y tenía ganas y tiempo y cabeza para salir todos los días que se me cruzara un buen programa, ya trabajaba, y lo que ganaba (privilegio) me alcanzaba para ver recitales.

Ya habían pasado los primeros años de la democracia, y todavía resonaba la trova rosarina y los clásicos de siempre.

Yo tomé partido, Soda no, Sumo.

Mi amigo Horacio, el uruguayo, Horacio Artigas Zuluaga Farrugia, tal su nombre completo, me llevó a Sumo.

Iba todas las noches del fin de semana Horacio. Hurlingam, Morón, Lomas, Palermo. Iba a las cuatro.

Lo vi una docena de veces. Escuché con devoción cada compas. Me reí con cada ocurrencia de Luca, estuve tan cerca de su lugar en el escenario, que un día transpiré a su lado.

Nunca más, salvo contadísimas raras ocasiones, volví a sentir que mis pantalones vibraban solos, sin tocarlos, nada más que por efecto y a causa de las vibraciones de la música.

Hasta anoche.

No puedo repetir la discografía, no puedo siquiera tararear un solo tema de su disco nuevo, pero cómo suena. Qué guitarra!

Y además de lo que esperaba escuchar, que lo tocó todo, esas yapas de canciones norteñas con todos los músicos a los que invitaron, después de presentarse en Tilcara.

Erques, charangos, bombos, criollas, un encanto y la maravillosa voz de Mollo.

Hay que verlos. Es cierto que hace 8 años que no componían, pero qué importa. Cuando vuelven lo hacen de una manera soprendente.

Valió la pena no descansar. Valió la pena el sueño acumulado. Valió la pena tragarme todo el humo de marihuana que me rodeó toda la noche sin descanso (hace falta para ver un recital?)

Tenía una deuda pendiente, la saldé, estoy a mano con mi recuerdo de Luca y mi sensación de aquella época en la que la pasé tan bien.