martes, 31 de marzo de 2015

La isla mínima

La isla mínima



La lluvia, el calor, el barro, la miseria de un pueblo pequeño en el que desaparecieron dos hermanas de manera misteriosa son el marco de esta película multi galardonada.
Apenas salidos del franquismo (cómo se parecen nuestro cine nacional y el español en esa vuelta retrospectiva a ese pasado pesado) en un pueblo de esos, en los que todos se conocen, la llegada de dos investigadores para ocuparse del caso (la guardia civil ya no puede) presagia un tema pesado y complejo.
Todos están alborotados, pero a la manera de Twin Peaks, todos quizá tengan algo que ocultar.
Pequeños negocios, cuestiones mínimas de miserias, algunas más grandes y complejas, pero en definitiva todos tendrán algo que no quieren que salga a la luz.
En la misma vereda que los buenos relatos norteamericanos en la materia, hay una sutil mención permanente a los buenos oficios de ese cine que tanto nos gusta.
Es cierto, la película deja cabos sueltos, no es tan sólida desde el punto de vista del guión a la manera clásica del cine policial, es decir, parecería ser algo floja y obvia en ese paño, pero está bien narrada, y está llena de guiños al espectador, lo que la mejora y pone a una altura interesante.
Hay una atmósfera de True Detective muy presente, quizá por la cuestión pueblerina (en definitiva son pueblitos en España y en Estados Unidos) y hay un relato bien cuidado y efectivo.
Las historias personales de la pareja de detectives, la tensión entre ellos y sus mundos privados juegan también un rol interesante.
Si bien hay flojedades y algunas pistas que no se siguen, el relato se va encaminando a la manera clásica y entonces, también a la manera clásica, se definirá por donde menos lo vemos venir.
Hay un muy cuidado criterio estético, que agrega valor en este caso y hace que esas aristas no pulidas, cobre un brillo especial.
Las escenas bajo la tormenta, y la muy lograda fotografía cenital en algunas escenas bisagra, le dan un brillo inusual y resignifican todo.

Está muy bien, por momentos, parecerá fundirse en una de las muy buenas series americanas de estos tiempos, ese es el espíritu, pero saldrá la españolidad y el tinte local, lo que le agrega un condimento más que saludable.

Vicio inherente

Vicio inherente



Tantos blasones para Paul Thomas Anderson! Tanto dicho antes de ver su última película, tanto escrito, que uno se pone de la mejor manera para ver una obra maestra.
Vienen a la cabeza momentos de Boogie Nights, de The Master, de Magnolia, y todo se pone mejor.
Pero a poco que uno se mete en esta película, se da cuenta que no se va a poder meter nunca. Y que lo que me gustaba de este director con cosas sueltas, un tono, una escena, pero salvo en el caso de Petróleo Sangriento, a nivel relato en general, Anderson parecería ser uno de esos artistas que con trazos extraños va intentando contar una historia, que le sale y se deja adivinar a partir de esos brochazos.
Creo que esta vez no le salió.
Al menos no funcionó para mí.
Vuelve a Joaquín Phoenix como actor fetiche. Vuelve a sus trucos (todos) nos sitúa en una Los Angeles lisérgica de los ’70 y hace que los actores hagan sus muecas y divaguen sobre una partitura que apenas tiene unas notas sueltas.
Basta para mí.
No es mi cine 

martes, 24 de marzo de 2015

Whiplash

Whiplash



Talento o trabajo? Se puede lograr lo inesperado solo con confiar en el don, o es necesario sangrar, dejar la vida y llevarnos al límite de lo físico y lo emocional para lograr que el artista saque aquel plus que lo hace distinto?
De eso va Wiplash. Y está bien como reflexión.
En la música, el talento está o no está, pero la magia, el plus que hace que alguien se convierta en Davis, en Coltrane, en Mingus, parece venir de otro lado.
Un joven aspirante a baterista enrolado en una prestigiosa escuela de música emprende ese difícil camino de convertirse en algo más que un músico de sesión, quiere convertirse en póster, en tapa de disco, en un distinto. Y está dispuesto a todo para lograrlo.
A sangrar, a enfrentar a su familia que no termina de entenderlo, a renunciar al amor de la chica que le gusta, solo para estar más horas intentando lograr el doble swing soñado, el tempo perfecto, la virtuosidad.
La vara es alta, pero no es altísima, es un profesor de esa casa de estudios, famoso por su mal humor y su impaciencia, pero que en el fondo es solo eso, un profesor exigente. Un malnacido que se empecina en el método del escarnio diario, del sacrificio extremos, del ahogo, de la violencia emocional y física.
Los genios son genios cuando un hecho inesperado, una pirueta del destino, un límite cruzado con maestría, los hace recibir de genios.
Y parece ser, al menos esa es la teoría que abona la película, que ese momento de iluminación, de epifanía, llega siempre de manera tumultuosa, tortuosa, compleja.
Ese es el clima que se respira en toda la película.
Opresión sin límite.
Cansancio que se sobrepone y más violencia.
Buen trabajo de JK Simmons, a quién hemos visto haciendo tantos buenos roles secundarios, entrañables, complejos, y que encarnando al señor Fletcher sobresale por su equilibrio emocional delicado y su particular manera de ver al talento y hacerlo salir de los talentosos.
Está bien la película, pero no es un relato ni abundante en sorpresas cinematográficas ni en grandes desplazamientos.
Es más bien una película de “cámara”. Un duelo permanente de actores, de actuaciones, de situaciones que tironean todo el tiempo alrededor de la pregunta básica.
El trabajo como pilar del arte.
La dedicación, el sacrificio extremo.
No hay espacio para gozar.
Hay espacio para la violencia psicológica, la traición y la desdicha.
Hasta ese final inesperado, nada sorpresivo, pero inesperado, en el que el profesor parecerá tener razón. El mejor solo saldrá de un hecho desgraciado y una traición exrtrema.

Hay que seguir al joven Miles Teller.

Taken 3

Taken 3



Ya está bien. Mensaje para Luc Besson y su compinche en la saga de Taken. Esta última no solo ya no sorprendes, sino que es anticipable y poco atractiva desde la historia y desde la realización.
Todo muy tirado de los pelos, ya conocemos a los personajes, sabemos de lo que han zafado y sabemos lo que son capaces de hacer, porqué no jugarse un poco más entonces? Apostar a lo seguro, eso es lo que hace Tanken 3, el tema es que lo seguro en este caso, dejó de funcionar.
No es digno el final de la trilogía, que había empezado prometedora con Neeson encarnando a ese agente secreto de pasado sin duda heroico medio retirado que por su familia es capaz de cargarse él solito a la mafia rusa y alrededores.
Neeson está bien componiendo a esta suerte de héroe maduro (hay una búsqueda de la industria hacia el reflote de estas personalidades, Neeson, el mismo Brosnan con November Man) pero la historia se aogtó.
Hay solo un par de persecusiones en auto, de esas que son tan lindas de ver en las películas de acción garantizada, y no mucho más. En realidad nada más. Si vieron la uno y la dos, pueden saltear esta sin remordimientos.


viernes, 20 de marzo de 2015

Birdman

Birdman



La frase que acompaña al título (también en español) es “la inesperada virtud de la ignorancia” y ayuda mucho a entender esta película de González Iñárritu.
Al menos esta vez nos propone un relato lineal, pensé, y no se regocija con esas idas y vueltas temporales que tanto le gustan, los planos, contraplanos y trucos que conlleva contar como nos sale el relato, apelando siempre a lo que se nos viene a la memoria como agolpado.
Tampoco hay excesiva crueldad, ni violencia, ni sangre, ni desgarros del alma.
Se podría decir entonces que estamos ante un relato “normal” del mexicano? Claro que no, que sea más lineal que lo habitual y que no apele a situaciones de violencia física no quiere decir que no nos tenga en una tensión constante durante toda la película.
El problema (buen problema, que se entienda) es que este director sabe filmar, usa los recursos (a veces demasiado) y entonces cada viaje que nos propone no puede pasarnos desapercibido, será una marca, un dato distinto.
Birdman es una rareza en un concierto de películas parecidas unas con otras, es una canción escuchada en YouTube. Quiero decir, produce el mismo efecto, uno se emociona con las canciones, y a la vez ve cómo se produce, cómo es el que la canta, quién toca el bajo y cómo se mueve.
Es la historia de un actor que conoció la fama al más alto nivel, al nivel de una celebridad, al encarnar una saga de súper héroe (Keaton el protagonista fue Batman) y en esa cima de locura se fue desprendiendo de su esencia, sus amigos, su familia, por pura presión del entorno.
Tanto que hasta parece haber perdido la esencia creativa del actor.
Del paciente trabajo, del camino, de la lucha con las fuerzas interiores congeladas en un pasado glamoroso, de la búsqueda de su esencia actoral será de lo que trata la película.
El reencuentro con el que era antes de ser Birdman, el padre, el esposo, en el marco de la puesta de una obra de teatro de Carver en Broadway, adaptada y dirigida por el protagonista.
No hay más secretos que este para entender la cuerda en la que vibra Birdman.
Cuidada, estética, con una batería inicidental que funciona a veces como latido de corazón y a veces como orquesta, a veces desnudando lo que ocurre atrás, en un delgado equilibrio, y a veces apelando a lo onírico, a lo sorprendente, a lo sobrenatural sin esfuerzo.
Es una buena película, con todas las letras, filmada por uno de los directores más versátiles y arriesgados de la actualidad.
Un director, hay que decirlo, que puede aburrir cuando filma arriba de su altísimo ego, pero que sin dudas tiene una cuerda estética y narrativa que hay que disfrutar.

Un viaje al corazón del que perdió todo con el mareo de la altura, eso es esta película que está bueno disfrutar desde la ignorancia.

domingo, 15 de marzo de 2015

Still Alice

Still Alice



Es siempre tentador (y augura premios) retratar con alguna fineza el progreso de una enfermedad, un mal que nos asusta, cualquiera de esas cosas que nos pueden pasar un día al despertarnos pero que de tanto que les tememos, solo quisiéramos asomarnos levemente, como espiando por un diminuto agujero, no vaya a ser cosa que nos ocurran.
Eso es esta película.
Un retrato del deterioro progresivo del mal de Alzheimer en una mujer joven. El deterioro no solo de sus capacidades, sino de todo lo que se derrumba alrededor de ella, en su entorno, en su trabajo.
La pena que genera su nuevo y progresivo estado, la alteración de las mínimas cuestiones domésticas, la conciencia propia que empieza poco a poco a abandonar a la protagonista.
Still Alice es un buen ensayo, pero no es tierna, es casi una narración de prospecto farmacológico, y es quizá en este deliberado juego en donde radica su potencial y su atractivo para verla.
Porque funciona como un texto despojado de emociones, una especie de catálogo punto por  punto de lo que sucederá.
La pareja de directores (un inglés y un norteamericano con pocas producciones en su cosecha) tiene la sensibilidad y el conocimiento de lo humano, por su condición de homosexuales (ya habían hecho una película sobre la vida gay en Estados Unidos) y de artistas, pero deliberadamente no recurren a golpes bajos (salvo algunas escenas innecesariamente edulcoradas con música ad hoc) y si se encargas de indagar en el tema de las relaciones, qué sucede alrededor de una paciente con este mal progresivo y sus vidas.
No alcanza una película para retratar esto, claro que no, pero lo que se muestra (con constantes advertencias explícitas dichas por los protagonistas acerca del paso del tiempo) está bien, equilibrado y comprensible.
Es un buen trabajo de Julianne Moore (le valió el Oscar 2014) y un correcto reparto, entre los que sobresalen como Alec Baldwin (es raro que desentone, tanto en drama como en comedia) y Kristeen Stewart.
Se deja ver, no van a deprimirse (demasiado) y es educativa, permite una mirada a un mundo que no queremos cerca, pero que tiene más habitantes de los que pensamos.



The Judge

The Judge



Se supone que vamos a ver un relato en el cual un abogado exitoso de Chicago (Hank Palmer) debe volver su pueblo natal (al que no va hace muchos años) por el fallecimiento de su madre.
Su vida en la ciudad parece ser compleja, exitosa pero compleja en términos laborales (siempre juega al límite por lo que es requerido por clientes que también lo hacen) y personales (su matrimonio colapsa).
Emprende esa viaje a su pasado y cuando está por volverse a su lugar (hace rato que no tiene comunicación con su padre y sus hermanos) su padre, juez en el pueblo por 42 años, es acusado de asesinato.
Esa es la excusa para que, al principio con resistencia, decida quedarse en el pasado.
Su reconexión con lo que fue, sus lugares, su antigua novia, sus olores, su casa de joven y todos los fantasmas de ese que dejó atrás, serán lo más interesante de esta película.
Lo complejo es que tiene varios subrelatos que se irán superponiendo y que para mí son innecesarios. El director recurre a demasiadas pistas para pintarnos a los personajes, hay varias capas que se irán manifestando y eso les da complejidad, pero a la vez distrae un tanto de la historia central.
Hay dos historias que si son importantes, la del juicio que enfrenta el Juez Palmer y su defensa, y la más interesante es la relación padre hijo, que se resuelve de manera explícita y efectiva.
El resto, la historia con los hermanos, con su antigua novia, con la hija de su antigua novia, los recurrentes relatos explícitos de los recuerdos de la infancia y juventud, quizá sean un tanto forzados e innecesarios.
De todas maneras, como sea que la película se mire y se comprenda, se disfruta, hace pensar y emociona.
Además porque a pesar de las más de dos horas que dura, y todos los intentos por mostrarnos personajes enriquecidos por cuestiones paralelas al camino central, hay una buena cadencia de narración y una buena atmósfera pueblerina, que da paz y ayuda a comprender mejor las cosas.
La banda de sonido juega en toda la película un rol interesante.
Y la parición de Vera Farmiga, Billy Bon Thorton y Vincent D’onofrio, completan un buen equipo.
Emociona y bien la historia entre los dos, el padre encarnado por Robert Duvall y el hijo, Robert Downey Jr.