domingo, 19 de agosto de 2012

Being Flynn


Being Flynn

Todo es bello en esta película. La banda de sonido, las narraciones en primera persona, los fríos de Boston, los poemas, los márgenes de la ciudad.

Paul Dano es Flynn hijo, Paul Dano es un enorme actor joven (Little miss Sunshine, Oro negro) que logra en esta película un registro de intimidad, de desesperación y de destrucción propia tan creíble y desapacible que emociona.

Su rol es de un hijo casi en los 30. Solo, su madre ha muerto (el la descubrirá muerta en su cama un día al volver a casa) y de su padre solo sabe de esperas y desapariciones.

Lo único bueno en su vida, que está siempre al borde de algún exceso, es su escritura. Tira bollos de papel, vuelve a intentarlo, la poesía de un niño solo.

Su padre es Flynn, es De Niro, y volverá a su vida con la naturalidad de los que no tienen conciencia de por qué se fueron. Es taxista, pero en realidad cree que es un enorme escritor. Arranca en off la película con Flynn diciendo, hay tres grandes escritores en la literatura norteamericana, Mark Twain, Sallinger y yo.

Ese padre, un día, como de la nada, llamará a su hijo para que le de una mano. Lo acaban de echar a la calle del departamento que alquila por pegarles con un palo con clavos a sus vecinos de abajo porque no bajaban la música.

Y así, como si nada, volverá a su vida.

Pero esta vez será fuerte.

No tiene adónde ir, pero esconde esa situación a su hijo. Sus amigos no lo reciben. Con poca ropa, una valijita llena de manuscritos, el enorme escritor americano comienza un declive rápido. Los que tienen poco pierden todo demasiado rápido.

Próxima parada la calle.

Sin plata, sin jabón, con frío, caerá en un refugio para desalmados, para pasar la noche.

Y allí se reencontrará con su hijo, que tras una mujer joven que empieza a darle un sentido a su vida, irá a trabajar ayudando a los que no tienen nada.

Ese encuentro, una noche cualquiera, es de una intensidad increíble.

Su padre, figura ausente de su vida, culpable de los males de su madre, pero más culpable de su falta de guía y ejemplo, autoconvencido de su magistral pluma, monotemático y desconocido, llegará una noche a pedir un lugar para dormir en ese enorme galpón de desclasados en el que trabaja.

Y De Niro, que trabaja cuando quiere, entrega en esta película una decadencia tan cruel, que es para mirar y mirar.

Su descenso es abrupto, la suciedad, la desesperación para no ser robado en la noche, los bares que ya no lo dejan entrar, la búsqueda de calor en las rejillas del subte o cerca de las luces fuertes en los parques, un combo de sensaciones, que no se despegan de los manuscritos.

Y la violencia, y algo de locura que configura a un tipo más extraño de lo que parecía, con una soberbia de escritor que lo hace rechazar la ayuda y la cercanía de su único lazo con el amor.

Fuerte película. Romántica en algún punto, poética todo el tiempo, sobre padres e hijos, sobre mundos que no se conocen y se tocan, sobre los lazos familiares y sobre los que buscan en la vida.

El final es bueno, podría no haberlo sido y todo hubiera estado bien, porque lo que importa en Being Flynn es el viaje, no el destino.

The Woman in the fifth


The woman in the fifth

Precedida por premios, nominaciones y campañas, uno se preparaba para ver una de esas que se van a comentar por días y días. Lo que puede un buen tráiler, lo que puede una buena inversión en la previa, pero lo que no puede sostener la historia, es en vano, no se puede crear algo bello allí donde falló la magia.

Es lo que le pasa a esta película. Dos buenos intérpretes, Hawke que ya nos tiene acostumbrados a esas escapadas a París (habla bien el idioma) y que ya a esta altura podemos identificar como un actor encasillado. Ya no es un muchacho, y sus papeles están siempre al borde del abismo. Torcidos, complicados y poco risueños. Ahora viran un poco a sucios, además, con lo que el combo no puede ser mejor.

Y la siempre bella Kristin Scott Thomas, que pone lo suyo.

Hawke será un académico, que tiene que viajar a París porque no ve a su hija, y cuando llega todo sale mal. Tiene restricciones para acercarse, producto seguro de conductas violentas, casado por accidente con esa mujer francesa que se defiende.

Cuando llega con su valija, todo será para mal. Se quedará sin trabajo, le robarán todo lo que lleva encima cuando se duerme en un colectivo y el mundo se le caerá encima.

Pero se refugiará en un hotel marginal (qué raros son siempre los márgenes de las grandes ciudades) lleno de inmigrantes africanos, turcos, polacos. Y allí sus desventuras irán creciendo a los límites inimaginables.

Pero es allí adonde la película se pierde, se entra a mezclar con bordes que no están nada claros y aparece la figura de la Scott Thomas, que nunca terminaremos, al menos yo, de saber si es de carne y hueso, si es la parca, o se es solo un invento de su imaginación afiebrada.

Demasiado extraña, demasiado vacía en algún punto, demasiado marketing para poca historia.

sábado, 4 de agosto de 2012

My week with Marilyn


My week with Marilyn

Es 1956 y Marilyn Monroe (la mujer más bella del mundo, y la más famosa) viaja a Inglaterra para filmar junto al enorme, gigante, Sir Lawrence Olivier. Esas semanas de su estadía en Europa, filmando con el monstruo y rodeada de su séquito (que incluye a su tercer y reciente marido Arthur Miller) son los elementos que tenemos que tener a mano para empezar a ver esta película.

Con lo dicho, si le agregamos algunos ingredientes de los sabidos, show, Hollywood, quizá un director con ganas de escándalo, podríamos estar sentados frente a un bodrio, pero esta película es tan bella, le hace tanto honor a la historia y a la magnitud del mito, que deja sin aliento.

Una gran, enorme, interpretación de Michelle Williams, que hace algo increíble y diferente, encarna a una MM desde su interior y no desde su parecido físico, que por otra parte, lo que hace con su interpretación nos hace obviar que en realidad no se parece.

Pero es frágil, etérea, luminosa, humana, débil, tal cual los que hemos leído la vida, sus escritos y visto todo lo que filmó y dijo, sabemos que era MM.

Y esos días en una Inglaterra que la espera para vera como a un espectáculo, que no la dejará caminar por la calle, que la obligará a recluirse en una casa de campo, serán el eje central de la película, basado en los apuntes y diario íntimo de Colin, un asistente tercero de dirección que, a fuerza de estar allí y por su pasión por querer trabajar en el cine, será protagonista y soporte de las rutinas frágiles de la estrella.

Todo está bien en la película, la música, con constantes apariciones de Dean Martin y Nat Cole, la fotografía de la Inglaterra de mediados delos años 50, el vestuario que es increíble y la estructura narrativa y fotografía.

Si a esto le agregamos tres grandes interpretaciones como son la de la Williams, la de Eddie Redmayne que hace del joven Colin y la maravillosa interpretación de Sir Lawrence Olivier que hace Kenneth Brannagh, no podemos estar frente a un homenaje mejor, a 60 años de la muerte de la rubia.

Todas, absolutamente todas las escenas reflejan esa dualidad de luz y sombra, de desborde y tristeza, de fragilidad y entereza que tenía Marilyn, de una manera sutil y poética.

Cuando llega con su productor, su socio y con la infaltable Paula Strasberg, su maestra de actuación y consejera sin la que era incapaz de dar un paso.

Todo era brillo a su paso, todos se rendían ante su sonrisa y su belleza y todos quedaban fríos al verla. Hay una escena al final de la película, en la que un cantinero, que a la vez es el que regentea un hostal en donde para el joven asistente, que sintetiza esto que digo. Marilyn, que ya había terminado de rodar, llega por sorpresa a despedirse de Colin, entra en el bar adonde estaba y todo se paraliza. La cara de sorpresa y shock de ese actor vale la película, de ternura, de deseo y de alegría.

Brannagh, a quién estoy disfrutando como nunca en su interpretación para la BBC de Wallander, el detective sueco, hace un Olivier increíble. Afectado, jodido, déspota, millonario, creído, dueño de un imperio (hasta se fabrican cigarrillos Olivier) le compone una máscara que se basa en un rictus en sus labios y en su acento que son para el recuerdo.

La tensión que genera que el Shakespereano y la bomba filmen juntos, y bajo la dirección de Olivier, es increíblemente bien resuelta en la película.

No nos damos cuenta, pero ella llegará tarde siempre, o no llegará, y todo eso lo vamos descubriendo como subtexto mientras vamos descubriendo su soledad y sus verdaderos problemas.

La tensión será también por el método, el famoso método de Stanislavsky que Olivier resiste y le invade el set de manera molesta.

Hay interpretaciones secundarias, muy británicas, que redondean una tarea de cásting también al servicio de la historia, veremos a M, Judy Dench y a Hermione Emma Watson haciendo papeles secundarios pero fundamentales en el planteo.

Toma pastillas para dormir, para despertar, para tranquilizarse y para darse energía, “por eso está todo el día como sumergida a tres metros de profundidad en el agua” dirá Olivier acerca de sus adicciones.

En esas jornadas en las que nada sale, ella llega tarde y todos, absolutamente todos están nerviosos porque el rodaje se atrasa y se atrasa, el único refugio de Marilyn será Colin. Tierno, educado, hijo de una familia adinerada que quiere trabajar en el mundo del cine y tiene su primer empleo nada menos que junto a Olivier, será su soporte emocional cuando todos se alejen o ella se aleje de todos.

Arthur Miller decide volver a New York para ver a sus hijos, después de que Marilyn descubra un cuaderno con escritos suyos en los cuales se maldice por haberse casado y haberla conocido, y en esa profunda soledad, el único que podrá sacarla es Colin.

Y Marilyn lo buscará, saldrán juntos todo un día a recorrer el campo, los castillos, caminarán descalzos, se bañarán desnudos en un río y ella será adorada como si fuera una diosa griega y él se irá convirtiendo en un soporte para su tristeza.

Pero todo será eso, no habrá más que unos besos tiernos, y miradas, y apoyos y dormir juntos, pegados, vestidos y exhaustos.

Y Colin, que intentaba un amor con Watson, que hace una ayudante de vestuario de los estudios, no puede ceder a tanto imán, y se dejará devorar por los días que sea, sin pensar en lo que viene.

Y será lo que tiene que ser, “el primer amor trae amarguras de lo más dulces” le dirá sabia Judy Dench a verlo triste pero entero.

Y gracias a ese apoyo, a ese encanto, a esos días en el campo escapando de todo y de todos, Marilyn entregará una gran interpretación para el cine, de lo mejor y distinto de toda su carrera.

Así es la película, hermosa todo el tiempo.

Y para los que conocemos la carrera, hemos leído sobre su vida, es un hermoso homenaje, en mi caso, muy parecido a lo que yo mismo hubiera hecho con esa historia.

Y si encima tenemos a mano la película, The Prince and the Showgirl, que es la película que se está filmando, todo nos cierra, podemos jugar a adivinar lo que viene y a adivinar cómo estaba ese día específico de filmación.

Tenía 30 años, estaba en lo mejor de su carrera, todavía sin la madurez de sus últimos papeles, pero con una polenta interpretativa increíble.

Y estaba hermosa, tal cual como la recordamos de tantas y tantas fotos e imágenes, ahora pudiendo ver un poco más allá-

Es buena, muy buena, es para atesorarla, y verla todos los meses de Agosto.

Jeff who lives at home


Jeff, Who lives at home

Fallida comedia que no termina de cuajar en ninguno de las promesas que, de antemano, uno puede creer que van a estar.

La pareja central actoral, Jason Segel y Ed Helms (son dos de los nuevos exponentes de la nueva comedia norteamericana que yo elogio siempre en este espacio), la pareja de directores, que viene con títulos como Cyrus y Baghead, eran antecedentes suficientes como para esperar algo inteligente, agudo, estúpido en algún punto. Pero nada de esto sucede y la parsimonia de las primeras imágenes, no se despegarán en toda la película.

Una trama simple, no se necesitan grandes cosas para hacer una buena comedia, un dos hermanos más que treintañeros, una madre (impecable Susan Sarandon, cuántos años tiene?) que trabaja, es viuda y ya no conecta con ellos y una familia, para decirlo de alguna manera, algo disfuncional.

Nada funciona entre ellos.

El hijo menor, Jason Segel (The Muppets Show) vive en el sótano de la casa. Tocado por la película Señales, la del indio en la que trabaja Mel Gibson, ve esos símbolos que lo llevan y lo guían en la vida por todos lados.

No sabe adónde lo llevan, pero los sigue. Cuando arranca la película, seguirá todo lo que tiene que ver con el nombre Kevin, un llamado, una publicidad, un camión en la calle que reparte productos de Kevin…algo, todo será igual.

No sabemos qué es lo que viene, pero si hay algo que dice Kevin, allí se subirá sin rumbo.

La madre, Susan, preocupada por ese estancamiento de su hijo que no hace otra cosa que seguir señales, le pide al otro hijo, el hermano mayor (Ed Helms, de Hangover) que lo guíe.

Pero resulta que su hermano tampoco puede guiar nada en la vida.

Se irán sucediendo entonces los pocos caminos que la película ofrece.

Con un desenlace demasiado forzado, en donde veremos cuál es el Kevin que de verdad valía la pena, no ofrece otra cosa que una estructura simple, y tres buenos actores, pero que parecen no disfrutar de sus composiciones.

Nada por aquí, nada por allá, es decididamente aburrida.

Catch.44


Cath.44

Planteada como un western moderno, esta nueva intervención de Bruce Willis en cine, el año pasado y con un papel a su medida, quizá sea lo único bueno que tiene esta película, su presencia de tipo jodido y capaz de cualquier cosa, aunque aparezca poco en pantalla.

Malin Akerman, esa rubia enorme que vimos en más de una comedia, acá hace de una jefa de equipo delictivo, algo así como una célula de malandras mujeres, a las órdenes del muy malo Mel (personaje que como nueces todo el día e interpreta Willis). Reclutada de un local de strip dance, mientras era mesera (y punga) su estrella será efímera en el mundo del hampa.

Y una noche, cuando su equipo (tres mujeres, personajes bien definidos) tenga que salir de la zona de protección a un bar de carretera para ir a buscar una entrega, la balacera nos dejará siempre finales posibles.

La estructura de western moderno está dad no solo por las carreteras, las escenas de ruta, sino y fundamentalmente por el bar de ruta, que será las veces el viejo Saloon en el que siempre, invariablemente, había candombe.

Y una sola escena, mostrada una y otra vez desde la óptica de cada uno de los protagonistas, permitirá al guión llevarnos en flashbacks permanentes a descubrir porqué, cada uno de los que estaban en ese bar, es anoche se juntaron allí. Claro, sin saber que todos, o casi todos, morirían.

Pretenciosa por momentos, bien ambientada y bien dirigida, tiene no solo problemas de guión sino que, y fundamentalmente, el problema son los actores.

Todos rostros conocidos pero siempre al borde de la sobreactuación y la berretada.

Hay momentos que son buenos, cercanos a la comedia, pero que siempre quedan a mitad de camino.

Willis y Forrest Whitaker tienen tanto, pero tanto oficio, que salvan sus respectivas ropas con sus construcciones, pero no alcanza.

Si para una noche con amigos, en casa y porque no hay otras películas a mano, ok, pero si no, ni lo intenten.