sábado, 4 de agosto de 2012

My week with Marilyn


My week with Marilyn

Es 1956 y Marilyn Monroe (la mujer más bella del mundo, y la más famosa) viaja a Inglaterra para filmar junto al enorme, gigante, Sir Lawrence Olivier. Esas semanas de su estadía en Europa, filmando con el monstruo y rodeada de su séquito (que incluye a su tercer y reciente marido Arthur Miller) son los elementos que tenemos que tener a mano para empezar a ver esta película.

Con lo dicho, si le agregamos algunos ingredientes de los sabidos, show, Hollywood, quizá un director con ganas de escándalo, podríamos estar sentados frente a un bodrio, pero esta película es tan bella, le hace tanto honor a la historia y a la magnitud del mito, que deja sin aliento.

Una gran, enorme, interpretación de Michelle Williams, que hace algo increíble y diferente, encarna a una MM desde su interior y no desde su parecido físico, que por otra parte, lo que hace con su interpretación nos hace obviar que en realidad no se parece.

Pero es frágil, etérea, luminosa, humana, débil, tal cual los que hemos leído la vida, sus escritos y visto todo lo que filmó y dijo, sabemos que era MM.

Y esos días en una Inglaterra que la espera para vera como a un espectáculo, que no la dejará caminar por la calle, que la obligará a recluirse en una casa de campo, serán el eje central de la película, basado en los apuntes y diario íntimo de Colin, un asistente tercero de dirección que, a fuerza de estar allí y por su pasión por querer trabajar en el cine, será protagonista y soporte de las rutinas frágiles de la estrella.

Todo está bien en la película, la música, con constantes apariciones de Dean Martin y Nat Cole, la fotografía de la Inglaterra de mediados delos años 50, el vestuario que es increíble y la estructura narrativa y fotografía.

Si a esto le agregamos tres grandes interpretaciones como son la de la Williams, la de Eddie Redmayne que hace del joven Colin y la maravillosa interpretación de Sir Lawrence Olivier que hace Kenneth Brannagh, no podemos estar frente a un homenaje mejor, a 60 años de la muerte de la rubia.

Todas, absolutamente todas las escenas reflejan esa dualidad de luz y sombra, de desborde y tristeza, de fragilidad y entereza que tenía Marilyn, de una manera sutil y poética.

Cuando llega con su productor, su socio y con la infaltable Paula Strasberg, su maestra de actuación y consejera sin la que era incapaz de dar un paso.

Todo era brillo a su paso, todos se rendían ante su sonrisa y su belleza y todos quedaban fríos al verla. Hay una escena al final de la película, en la que un cantinero, que a la vez es el que regentea un hostal en donde para el joven asistente, que sintetiza esto que digo. Marilyn, que ya había terminado de rodar, llega por sorpresa a despedirse de Colin, entra en el bar adonde estaba y todo se paraliza. La cara de sorpresa y shock de ese actor vale la película, de ternura, de deseo y de alegría.

Brannagh, a quién estoy disfrutando como nunca en su interpretación para la BBC de Wallander, el detective sueco, hace un Olivier increíble. Afectado, jodido, déspota, millonario, creído, dueño de un imperio (hasta se fabrican cigarrillos Olivier) le compone una máscara que se basa en un rictus en sus labios y en su acento que son para el recuerdo.

La tensión que genera que el Shakespereano y la bomba filmen juntos, y bajo la dirección de Olivier, es increíblemente bien resuelta en la película.

No nos damos cuenta, pero ella llegará tarde siempre, o no llegará, y todo eso lo vamos descubriendo como subtexto mientras vamos descubriendo su soledad y sus verdaderos problemas.

La tensión será también por el método, el famoso método de Stanislavsky que Olivier resiste y le invade el set de manera molesta.

Hay interpretaciones secundarias, muy británicas, que redondean una tarea de cásting también al servicio de la historia, veremos a M, Judy Dench y a Hermione Emma Watson haciendo papeles secundarios pero fundamentales en el planteo.

Toma pastillas para dormir, para despertar, para tranquilizarse y para darse energía, “por eso está todo el día como sumergida a tres metros de profundidad en el agua” dirá Olivier acerca de sus adicciones.

En esas jornadas en las que nada sale, ella llega tarde y todos, absolutamente todos están nerviosos porque el rodaje se atrasa y se atrasa, el único refugio de Marilyn será Colin. Tierno, educado, hijo de una familia adinerada que quiere trabajar en el mundo del cine y tiene su primer empleo nada menos que junto a Olivier, será su soporte emocional cuando todos se alejen o ella se aleje de todos.

Arthur Miller decide volver a New York para ver a sus hijos, después de que Marilyn descubra un cuaderno con escritos suyos en los cuales se maldice por haberse casado y haberla conocido, y en esa profunda soledad, el único que podrá sacarla es Colin.

Y Marilyn lo buscará, saldrán juntos todo un día a recorrer el campo, los castillos, caminarán descalzos, se bañarán desnudos en un río y ella será adorada como si fuera una diosa griega y él se irá convirtiendo en un soporte para su tristeza.

Pero todo será eso, no habrá más que unos besos tiernos, y miradas, y apoyos y dormir juntos, pegados, vestidos y exhaustos.

Y Colin, que intentaba un amor con Watson, que hace una ayudante de vestuario de los estudios, no puede ceder a tanto imán, y se dejará devorar por los días que sea, sin pensar en lo que viene.

Y será lo que tiene que ser, “el primer amor trae amarguras de lo más dulces” le dirá sabia Judy Dench a verlo triste pero entero.

Y gracias a ese apoyo, a ese encanto, a esos días en el campo escapando de todo y de todos, Marilyn entregará una gran interpretación para el cine, de lo mejor y distinto de toda su carrera.

Así es la película, hermosa todo el tiempo.

Y para los que conocemos la carrera, hemos leído sobre su vida, es un hermoso homenaje, en mi caso, muy parecido a lo que yo mismo hubiera hecho con esa historia.

Y si encima tenemos a mano la película, The Prince and the Showgirl, que es la película que se está filmando, todo nos cierra, podemos jugar a adivinar lo que viene y a adivinar cómo estaba ese día específico de filmación.

Tenía 30 años, estaba en lo mejor de su carrera, todavía sin la madurez de sus últimos papeles, pero con una polenta interpretativa increíble.

Y estaba hermosa, tal cual como la recordamos de tantas y tantas fotos e imágenes, ahora pudiendo ver un poco más allá-

Es buena, muy buena, es para atesorarla, y verla todos los meses de Agosto.

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