martes, 24 de septiembre de 2013

Charly García en el Teatro Colón Septiembre 2013


Charly García en el Teatro Colón

23 de Septiembre de 2013

 


¿Empezará a horario? ¿Podrá terminar el show? ¿Tiene voz? ¿Está flaco? ¿Está gordo? ¿Está? García es todas las preguntas y todas las contradicciones imaginables.

García es flaco y alto, es lento ahora, hasta torpe, es artritis (o artrosis, nunca sé) es límite y es ternura. Es un exceso a punto de producirse y es memoria de excesos producidos.

Y por suerte, por bendita suerte, es músico y poeta.

Por esa alquimia se metió en nuestras vidas desde la adolescencia, y como a esos amigos del alma, le fuimos perdonando todo. Al menos yo lo hice.

Entonces desaparecen las crónicas de malos tiempos, los arrebatos, los problemas con las sustancias, los grafitis, y quedan las canciones.

Una lista de esas canciones, eclécticas, hilvanadas a manera de patchwork de recuerdos, es el repertorio de este artificio imposible, como llamó a la travesura de Líneas Paralelas que tocó anoche y repetirá el lunes 30 en el Teatro Colón de la Ciudad de Buenos Aires.

Y hay brazaletes de Say No More, y hay elegancias dispersas, y silencios reverenciales y grititos de desperezo, de Gran Rex, de combinado Winco y gran estéreo.

Y hay Charly puntual, estilizado, sonriente, disfrutador, que sabe que se va a entregar a su noche, esa noche mágica y misteriosa en la que se convierte en el gran músico argentino y arremete con sus partituras en el primer coliseo, mezclando sus ecos con los de Toscanini, Carusso y Pugliese.

El Colón se abre a sus melodías, que son la banda de sonido de nuestras vidas, sin duda.

Y la entrega es total, y el público solo mueve las piernas, cierra los ojos, comenta con la mirada al que tiene al lado “escuchá”! y todo es fiesta

Fiesta del alma.

Fiesta de recuerdos.

Fiesta de música.

Misa pagana.

Reencuentro con el mejor García.

Será la corrección musical de Fabián Von Quintiero, especie de gran ordenador de la travesura, columna vertebral del show, será la frescura y la voz correcta de Rosario Ortega, los arreglos de Villarejo, las cuerdas de los dos cuartetos Kashmir, será Bernardo Baraj y su saxo, será el negro García López, será Jean Francois Casanovas y sus máscaras, las líneas paralelas de láser que atraviesan el escenario, la gran pantalla telón, The Prostitution, su banda de los últimos años. Serán todos, pero será Charly. Charly íntimo, músico, electrónico, mordaz, medido, agudo, hijoputamente brillante.

Yo miro desde un palco y estoy quieto, como concentrado en cada detalle.

Casi no aplaudo, no quiero quebrar el hechizo.

Y veo a través de las camaritas de los celulares.

Vía Muerta, Desarma y Sangra, dos de Pubis Angelical, Tango en Segunda, El amor espera, No te dejes desanimar (bandoneón de Fernando Samalea), Promesas sobre el bidet (eso que no hay en Europa dijo), Anhedonia, Yendo de la cama al living, 20 trajes verdes, Dinosaurios, Cuchillos (con la voz de la negra Sosa) Parte de la religión, y esa canción que escribió a las 17 años, flojita, Eti Leda.

Yo conozco tu piel, yo conozco tu voz, como las estaciones…

Eran las 2255 y todos esperamos un bis que llegó puntual, Inconsciente Colectivo. Todos alzamos los brazos para aplaudir el ritmo, las luces se encendieron, nos quedamos un rato así, en comunión.

Charly ya se fue.

El pesado cortinado no se vuelve a abrir.

Pero la noche, fría, exige seguir escuchando en el auto.

Por suerte, está García un rato más, como desde que tenemos conciencia de sonidos y canciones.

sábado, 21 de septiembre de 2013

The Girl (para HBO)


The Girl



Otra vez con semanas de diferencia, dos proyectos sobre el mismo personaje, y otra vez Toby Jones metiéndose en la piel del retador, y otra vez, la sorpresa y el buenhumor.
Es que como pasó hace unos años con Capote y Infame, las dos basadas en el mismo tramo histórico de la vida de Truman Capote, su trabajo para llegar a escribir “a sangre fría”, le tocó el turno ahora a Alfred Hitchcock.
En Capote el duelo fue entre Philip Seymour Hoffman, que ganó un Oscar por esa memorable actuación (Toby no le fue en saga) y ahora es el mismo Jones interpretando al genio inglés, en contraposición con la pobre pero muy promocionada e inflada versión de Anthony Hopkins.
A conté la versión de cine, y esta que completo ahora es la que se hizo para HBO, y se puede ver por estos días en Buenos Aires.
Como mencioné, el mismo personaje, el mismo período histórico en su vida, y una mirada muy parecida. El proceso de filmación de “The Birds”, los aspectos creativos, colaborativos, tortuosos de la personalidad de Hitch y su vínculo con sus rubias protagonistas.
La gran diferencia, además de la actuación de Toby Jones, muchísimo mejor, aunque menos creíble desde la máscara y lo físico, muy bien desde lo complejo del personaje, es que en esta versión para televisión se luce la historia, los condimentos de la historia, y no el duelo actoral (que no está al servicio de la película, para mi gusto).
En la versión de Hopkins, como conté, es casi más importante el papel de Alma, la mujer de Hitch, sospechamos que porque es Helen Mirren quién la interpreta.
En la de HBO Alma es solo esa mujer (y no es poco) que después de 39 años de soportarlo, sabe que sin su ayuda en el proceso creativo todo es más complicado y difícil para los estudios, y que deja mansamente que una vez más vuelva a enamorarse de la rubia de turno (habían sido Grace Kelly, Kim Novak antes) a quién torturará psicológicamente durante las dos películas que rueda con el genio.
El hace lo que quiere, todos se rinden ante su genio, aunque tengan que soportar su humor inglés, pero chabacano y obsceno, y tengan que soportar el maltrato y sordidez.
En ese aspecto en esta versión, todo la tensión y el conflicto está planteado en ese vínculo que crea con la modelo sueca, desconocida como actriz en la industria, que era Tipi Hedren (la mamá de Melanie Griffith) bellamente interpretada por Sienna Miller.
Desde el proceso de selección, el trabajo para componer sus personajes junto a Hith, y el acoso paulatino y creciente al que se ve sometida, hace que en ese duelo, en ese vals desenfrenado, gocemos de un buen momento cinematográfico.
Si se quiere, es una película para entendidos. Necesitamos información previa, necesitamos saber la historia del director con sus actrices, su historia de matrimonio eterno con Alma, sus comienzos en Inglaterra y su mudanza a Estados Unidos, para entender del todo una trama lineal y carente de efectos y ribetes comerciales.
Con estas aclaraciones, la película hace justicia con lo que sabemos, avanza de manera nada sugerida con algunas escenas de acoso explícito, confesiones relacionadas con su vida sexual y sus complejos, que quizá le den un toque excesivo al relato, innecesario, y hasta puedan atentar contra la verosimilitud del conjunto, pero no desentona.
La pareja central compone un dúo extraordinario, de belleza, sugerencia, control psicológico y desesperación.
Todas aquellas anécdotas que alguna vez nos contaron sobre la obsesión al filmar (repetir una escena 49 veces) ó el uso de pájaros mecánicos mezclados con pájaros verdaderos que inflingían heridas verdaderas a la actriz, están contadas con el dramatismo necesario pero sin excesos, lo que saludable para el equilibrio.
Es una película recomendable para cinéfilos que expresa muy bien todo lo que sospechamos y lo que sabemos.
Por lo demás, es un gran desafío para la película del mainstream gringo, que a mí me defraudó bastante, ni hablar desde las actuaciones de Tobi Jones y Hopkins.

lunes, 16 de septiembre de 2013

La Reconstrucción


La Reconstrucción

 


No sos vos, soy yo y quién dice que es fácil, dos con Peretti, su preferido, y dos buenas comedias no tan comedias de Juan Taratuto.

Y es bueno Taratuto, también autor de los guiones, contando historias.

Las historias que cuenta son historias íntimas, conmovedoras de tan simples, pero movilizadoras por los límites que explora.

En La Reconstrucción Peretti es un salvaje. Silencioso, sucio, viviendo incómodo en una realidad hosca, en un entorno ideal para esta práctica de ermitaños, es ingeniero en pozos petroleros del extremo del País. Vive solo, en condiciones espartanas, habla poco, gesticula menos.

Nos exaspera de entrada, su manera de tomar la sopa, su cama, su falta de luz en la casa, su indiferencia al dolor ajeno, su teléfono que suena y suena sin ser atendido. Su indiferencia del mundo.

Nos irá explicando el relato que ese deprecio debe venir de algún lado. Nos irá mostrando que no siempre fue así, pero tardaremos toda la película para descubrirlo.

Un amigo, quizá el único que le queda, lo llama para que vaya a su casa en Ushuaia, vive con su mujer (Claudia Fontán, muy bien) y sus hijas adolescentes. Necesita que le cuide el negocio mientras se hace unos estudios.

Tiene un negocio en el centro de venta de remeras, pingüinitos de peluche, un mundo de chucherías en el que el personaje de Peretti no encaja.

Y su amigo, (Alfredo Casero) les juega a todos una mala pasada, y todos quedan descolocados.

Esa es la historia.

Ambientada en la Patagonia más árida, más fría, más rigurosa.

Con pocos actores, apenas 6 en los roles principales.

Tendremos que esperar las escenas finales para saber de dónde viene tanto dolor, tanto meterse adentro, tanto rencor. Y lo sabremos en una escena desgarradora, que se cuenta de manera magistral.

Con una excelente banda de sonido, que nos lleva a las mejores expresiones del género intimista, una película que bien podría haber tenido un gran recorrido en el Sundance Festival. Tanto así, que por los paisajes, por los atuendos, por las historias de pueblo, por la música, en algunos pasajes no es extraño que nos vayamos a algún pueblo del noreste de Estados Unidos, a los paisajes de Frozen River y sus historias.

Un perfecto exponente del Indy argentino.

Es buena, es un tanto morosa, está muy bien actuada, conmueve.

¿Qué más les pedimos a las películas?

 

sábado, 7 de septiembre de 2013

Dead man down


Dead man down





Quizá se llame “la venganza del hombre muerto” esta interesante película de acción cuando se produzca el estreno en la cartelera porteña.
Buen ritmo, buenas actuaciones, cosa que son de otra manera que la que aparentan, todos los ingredientes de una buena hora y algo de puro entretenimiento.
Con director y actriz principal suecos, parecen confirmar la buena relación que hoy existe en materia de cooperación para producir buenos momentos cinematográficos y en materia de series.
El elenco es muy bueno, Colin Farrell interpreta a un miembro de una banda criminal que opera en Nueva York, y está bien!! Es raro verlo actuar más o menos dignamente, y en esta hace una interpretación un poco (solo un poco) por encima de su marca.
También está Terence Howard, un actor de increíble ductilidad que pone al servicio de un jefe de banda interesante y acosado.
Lo bueno es la historia, lo central está en la historia. Que no es sofisticada, pero es efectiva. Son buscadores de venganza. El personaje de Farrell infiltrado para vengar nada menos que el asesinato de su esposa e hija y la protagonista femenina, para vengar su propia desfiguración a mano de un borrachín que manejaba cuando no debía hacerlo.
Ve por su ventana algo que compromete a Farrell y eses será su pasaporte a su propia venganza.
Está bien construida, está bien actuada (para el estándar de este tipo de películas de acción) y es lo que se les pide a estos 118 minutos de puro entretenimiento.
No hay moralinas, pero hay esa sensación de saciedad que da el hecho de la venganza producida y efectiva, que se va construyendo con imágenes bien logradas de cómo era la vida de la pareja central protagónica antes de sus respectivas desgracias.
Los malos son malos, sin matices, muy malos, y para mejorar el entorno hay cuestiones étnicas de bandas enfrentadas y poderosas.
Hay dos perlitas, en pequeños pero potentes papeles secundarios están F Murray Abraham y Isabelle Huppert, dos grossos que se destacan siempre, aún cuando les toquen segundos en la pantalla.

martes, 3 de septiembre de 2013

Séptimo

Séptimo



Es una historia chica, bien contada, muy bien actuada y con una calidad visual muy al servicio de esa escasez de espectacularidad que imponen las historias íntimas.
Tiene ritmo, tiene una banda de sonido que hace que el corazón se agite en el momento justo y que la sorpresa sea sorpresa y un cuidadísimo dispositivo de juego actoral en el que los cambios de ánimo están muy bien logrados.
Hay una complicidad con el espectador, y eso juega como trampa.
La complicidad es homenaje a Hitchcock. Gentes comunes metidas en un parpadeo en una pesadilla absurda, pero bien posible.
Darín es un abogado (penalista…) que anda a mil, como los abogados. Recién separado, está camino a una cita en tribunales para encargarse de un asunto político y pasa a buscar a sus hijos para llevarlos al colegio.
Típicas escenas de reclamos con la que será su ex mujer en días, papeles que hay que firmar, el apuro por lo que se viene en tribunales y los excesos de besos a los chicos que ya no ve como quisiera.
Cuando se ponen en marcha, repiten una vez más ese juego que tanto les gusta. Es un edificio añoso, y bajarán los 7 pisos, los chicos por la escalera y el padre por el ascensor.
Pero esa mañana los chicos no llegan a la planta baja.
Algo pasó en el camino. Se desvanecieron.
Esa desaparición, esa tensión inicial es de lo mejor de la película.
Y Darín le pone el cuerpo de manera vibrante. Su sonrisa, que adora la cámara, se va transfigurando hasta convertirse en una mueca de desesperación.
Este es el mejor momento del relato.
Después será difícil sostenerlo.
Porque la resolución es una resolución sorpresiva pero simple.
Porque habrá un giro en el final, pero es un giro previsible y porque hay algo que no termina de sorprender.
Eso en cuanto a la historia. Que repito, está bien, es sólida y está bien contada, pero que a mi gusto funciona con algún desequilibrio. La promesa inicial, la adrenalina de los primeros 20  minutos, se desvanece.
Los rubros técnicos, los silenciosos, juegan muy a favor de la debilidad de la resolución de la trama.
Con gran protagonismo de la música y hermosas imágenes de Buenos Aires desde el cielo, con esas tomas aéreas tan comunes en el cine norteamericano, en el que la imagen y el sonido de la ciudad nos va metiendo de lleno en el vértigo cotidiano, para decirnos que a cualquiera de esos que caminan como hormiguitas llenando todo, les puede pasar algo sorpresivo.
Las pistas del protagonista son pistas creíbles, y la resolución también lo es. Y es quizá ese aspecto el que de alguna manera está en falta, un giro más una mueca más en la resolución de la trama, hubiese hecho una película perfecta.
Pero está muy bien de todos modos.
Y uno se queda con esa sensación horrible. Esa sensación de desesperación cuando algo involucra a los hijos.