domingo, 27 de marzo de 2011

Black Swan


Black Swan

Natalie Portman está fantástica. Y poco más tiene esta película sobre la vida de mierda de las bailarinas de elite.

Gino, mi peluquero desde la infancia, contaba mientras cortaba, que su hija, la única hija que tuvo ya de grande con Martita, su asistente de toda la vida, quería ser bailarina y llegar al Colón.

Gino sufría con el sufrimiento de su hija, con las privaciones, con la crueldad de las medidas y de los pesos, las pruebas sucesivas y la preparación para la pruebas sucesivas.

Me acordé de todo eso ayer cuando miraba Cisne Negro. Porque todo el relato son los días previos a una gran puesta en el Met de Nueva York (en el que brillaron Bocca y Herrera), una nueva versión del Lago de los Cisnes con una nueva protagonista, que tiene que sustituir a una ya madura primera bailarina.

Y habrá presión, mucha, y habrá tortura, del director y de su madre.

No la vemos reír a Natalie (y tiene una sonrisa encantadora) no la vemos disfrutar ni un solo segundo de esos días hasta que es elegida y tiene que dar con el personaje.

Ahí su desafío, es tan sólida, tan perfecta, tan armónica, que puede componer a la perfección al cisne blanco, inmaculado, frígido, pero será incapaz de darle vida al otro, al negro, al visceral, al impúdico.

Y esa será su búsqueda. Entre su madre frustrada (por concebirla cortó su carrera) y su director, su vida es un infierno del que nada bueno puede salir.

Trabaja el francés Cassiel, el marido de la Belucci, entonces uno puede preanunciar partusa. Cada vez que le toca actuar hay algún desvío, alguna porquería.

Oscura, opresiva, violenta. Sin un guión sólido ni vueltas en la trama.

Se rescata la brillante performance de la Portman, que hace un papel extraordinario y no mucho más que eso.

El hombre de al lado


El hombre de al lado

Los vecinos no se eligen, dice la bajada del título. Pero sí se elige la casa, la esposa, la profesión, los temas de los que uno habla y de los que no habla.

Sólida película, tiene una tensión constante, nos hace siempre estar atentos a lo inesperado, es divertida, es cruel, es profunda. Todo, menos conmovedora. Uno no puede conmoverse con sus personajes, ni con la historia. Ahí está su acierto.

Son Víctor y Leonardo. Víctor es un tipo siniestro, básico, elemental, que parece violento, no sabemos qué hace, a qué se dedica, solo sabemos que un día, a mazazos, abrirá un agujero en su pared para obtener “unos rayitos de sol”.

Leonardo es todo lo contrario, engreído, snob, de habla difícil y entonaciones muy cuidadas, es el propietario de la casa en cuya medianera Víctor la emprenderá con su búsqueda de sol.

Sería una disputa más entre vecinos, pero es en La Plata, y la casa en la que vive Leonardo, diseñador de sillas de fama mundial, es nada menos que la única casa que Le Corbusier construyó en todo américa y es en la medianera que da a su cocina el lugar que Víctor agujerea sin piedad.

A partir de los primeros mazazos la vida de Leonardo se convertirá en una pesadilla. No puede manejar a ese primitivo, que lo invade, lo confunde y lo conforma. No lo puede enfrentar, está acostumbrado a controlar, a ningunear a sus alumnos, a sus pares, pero no puede con este hombre.

Lo invade. No lo deja dormir. Lo incomoda.

Habrá un enorme árbol en el centro de la casa, clases de yoga que da su mujer en una sala, todo interrumpido por los mazazos de al lado.

Vamos a ser testigos de un deterioro lento, progresivo, impiadoso. Y también de lo peor de su clase, las agachadas, las traiciones.

Uno no puede dejar de encantarse con el desarrollo de la trama. Que es cierto, es demasiado elemental, pero tiene dos grandes actuaciones que la sostienen.

Aráoz es un actor muy interesante, de no haber sido por el juego televisivo (bueno, desde dónde me animo a decir esto?) teníamos un tipo versátil. El problema es que siempre tenemos la caricatura a la mano, y eso nos oscurece la vista.

Lo de Spregelburd es sensacional. Compone a este tipo de mierda, exitoso, que vive de apariencias, que sostiene su personaje entre los de su tipo, pero que es incapaz de jugarlo en casa, o en las cuestiones domésticas, con una versatilidad increíble.

Están muy bien los dos. Hay química, y eso se nota en la película.

Un día lo llama por teléfono para invitarlo a un bar canchero, para hablar como amigos de la ventana nueva, Leonardo le dice que no puede, que está muy ocupado, y Víctor le dice, pero si estás cabeceando frente a tu tecleado, te estoy mirando por la ventana, estás al pedo.

Un día Leonardo le va a ofrecer lo que cree que puede ser la solución, 15 lucas? por los gastos, está bien? le pregunta, pero no va a aceptar. Víctor, a cambio, le pasa por la ventana un escabeche de jabalí, un jabalí que él mismo cazó.

Le va a mandar flores a la señora, una escultura hecha de pedazos de escopetas y balas y cartuchos, que se llama "origen", le explica, representa una vagina y un útero, el de mamá, una concha, bah!

Le dirá, master, campeón, bebé, tío, y Leonardo no sabrá nunca como responderle.

Buscará excusas toda la película, será absurdo, indolente, superficial.

Buena experiencia de la pareja Mariano Cohn y Gastón Duprat.

El final es interesante. Leonardo será lo que insinúa durante toda la historia, una mierda de tipo, cobarde, egocéntrico, y actuará en consecuencia.

No dejen de verla, en serio.

sábado, 26 de marzo de 2011

Marte necesita mamás


Mars needs moms (Marte necesita mamás)

Suelo recomendar por esta página que, en el caso de no tener descendencia directa, hay que procurarse un ahijado, sobrino, hijo de amigo, para disfrutar de estas películas que, ahora de a varias, llegan a nuestra cartelera.

Casi sin darnos cuenta, los que tenemos más de cuarenta, pasamos de la parsimonia de los dibujos del viejo Walt, con su andar sutil y su asexualidad manifiesta, a estas maravillas de la animación, que pueden llevarnos a cualquier parte, mezclando la fantasía más absoluta con personajes casi humanos.

Esta película es la cantera de Robert Zemeckis, y no tengo que agregar mucho, todo lo que viene de ahí merece que paremos un poco, solo tengamos en mente a Volver al Futuro, Forrest Gump o Nàufrago, para saber a qué mundos nos puede llevar.

Resulta que Marte no es ese planeta sin agua, sin vida, sin relieves, que vemos en las fotos de la NASA, Marte tiene toda la vida debajo de su corteza, debidamente escondida a los ojos de los humanos.

Dominados por una “supervisora” seca, vieja, mala, que decidió hace muchos años que los hombres solo sirven para abrazar y hacer monigotadas, y desecharlos ni bien nacen, quedándose solo con las mujeres de la especie.

Para lograr una sociedad organizada, creó unas Nanny Bots, que son robots de cría, que hacen lo que pueden con los bebés.

Pero les falta el sentido de la justicia, de la disciplina, que solo las mamás pueden administrar.

Buscan en la tierra, y la encuentran, cada tanto cazan en la noche a una de esas mamás que todo lo pueden, para secarles el cerebro cuando sale el sol y distribuir toda esa sabiduría en las Nanny Bots.

Simple.

No cuentan con que el hijo, que se había ido a acostar harto de que lo manden a sacar la basura, dijera antes de dormir que estaría mejor sin su mamá.

Suficiente para despertarse en medio de la noche con la culpa que lo hará levantarse de la cama para correr a la habitación de mamá justo cuando los marcianos la empiezan a llevar.

Corre por su jardín y logra colarse en el nave espacial que los llevará a Marte.

Y ahí empezará todo.

Su pelea por salvarla. Su reflexión.

Y el amor, aparecerá el amor por encima de todo, lo que prolijamente la supervisora ha quitado de las vidas de los marcianos.

No estará solo en la pelea.

Griggle, que después sabremos que se trata de George Ribble, que se presentará como un astronauta perdido de las viejas misiones de Ronald Reagan (ven por qué no son para chicos?) pero que en verdad será otro niño perdido en la misma historia. Una marciana joven, pintadora de graffitis y enamorada y una mascota electrónica, que se lleva los momentos más interesantes de la película.

Habrá de todo, emoción, peligro, buenos, buenísimos diálogos.

Qué placer escaparse a ver estas joyas.

Siempre pienso qué hubiera sido de nuestras cabezas si hubiésemos consumidos estas historias.

Unstoppable


Unstoppable (imparable)

Ya la vimos, ya vimos una de Tony Scott que te deja sin respiro. Ya vimos esa con Denzel Washington en la que (sus nuevos papeles) es un cabrón que se está por retirar de su laburo y lo mandan a trabajar con un nuevo que se la cree.

Ya la vimos, lo vimos hacer ese último acto heroico en el que nadie tiene fe, y él tampoco.

Vimos su dentadura tan blanca, lo vimos hacer proezas poco físicas, pero intensas, lo vimos.

Y ya nos sorprendimos en un respiro mirando de reojo el reloj y comprobando que se nos había pasado casi una hora sin darnos cuenta.

En Unstoppable esa es la fórmula, será un tren que por descuido de dos empleados de pocas luces, jóvenes y cancheros, se echará a andar a toda máquina, sin maquinista, sin control, por la vía principal de un camino muy poblado.

Cruzará ciudades, levantará cada más velocidad y no habrá nadie capaz de pararlo.

Está bien logrado el ambiente ferroviario, tan idéntico en todos los rincones del mundo en el que corren trenes. Con sus veteranos de mil batallas, sus sindicatos y sus mañas y enamoramientos.

Y están muy bien filmadas (cómo no) las escenas en las que el tren se lleva todo por delante, hasta los planes.

Acero chirriando, el ta tan ta tan de la máquina pasando por los durmientes, los nervios, los medios de comunicación contando con lujo de detalles lo que ni en el control central pueden percibir. Un Vicepresidente de operaciones que toma decisiones desde su escritorio a kilómetros de distancia y el CEO de la empresa tomando las últimas decisiones, las que afectan al patrimonio y a la acción de la empresa de trenes desde el campo de golf, un poco exagerado, pero vale.

Y sobre todo esto, que no es más que la excusa, las escenas montadas con la maestría de Scott y la música al palo.

Un buen cócktail.

Ojo, no hay más mensaje que ese, un rato para pasar de un tirón, casi sin respiro, en el que, como debe ser, se morirá alguno inesperado, pero salvaremos a la mayoría.

Para jodida, está la vida.

viernes, 25 de marzo de 2011

The company men


The compay men

Es una de esas películas que se podemos llamar testimoniales, muy efectivas, obvias, que se hacen cuando todavía los temas que la nutren están sucediendo.

Pero no por toda esta lista de lugares comunes deja de ser efectiva, al menos para ayudarnos a entender algo de todo lo que pasa.

Son cinco los personajes centrales, un Tommy Lee Jones demasiado bueno en el rol del viejo capo, acostumbrado a vivir muy bien, pero que está más arriba que todos, aburrido de las mismas situaciones repetidas, que sabe lo que viene y hace un gran esfuerzo por mantener algunos valores en pié en medio del sálvese quien pueda. La situación le duele, y lo notamos.

Luego están tres ejecutivos, uno joven, Ben Affleck, que se come el mundo, que tiene 12 años de carrera en la empresa y a partir de cuya historia se va a contar los últimos estruendosos colapsos corporativos del 2010 en los Estados Unidos. Es la historia de la familia que banca, que ya no podrá pagar lo que pagaba y que debe volver a vivir con sus padres.

Chris Cooper, una apuesta siempre segura, encarnará a ese viejo ejecutivo que empezó bien de abajo, en la fábrica, y que ahora, a los cincuenta y pico, tiene tanto para pagar por delante, como lo que deja ya pago detrás.

Y María Bello, una despiadada directora de recursos humanos, que se encarga de dar las malas noticias y de hacer las listas de los dos mil, a veces tres mil despidos.

Ese es el centro de la historia, qué pasa con todo eso, prendido con alfileres, todo lo que se debe, que sostiene la vida cotidiana de tantos empleados en Estados Unidos.

Es un buen espejo para mostrar un temor que no nos es ajeno, y el correlato de esa vida corporativa que algunos admiran por lo cómoda, por lo bien que paga mientras se va edificando, pero que acá descubrimos frágil, demasiado frágil para que constituya en plan de vida.

Mientras esas historias se van contando, el CEO de la empresa sigue al tope de los mejores salarios del mercado, sigue con su sueño de un nuevo edificio corporativo y con sus traslados en jet corporativo, como si nunca se viese alcanzado por los malos resultados que socavan los cimientos del negocio. Todo se arreglará con más recortes de personal.

Ese comportamiento corporativo estuvo en el centro del debate el año pasado, y casi mientras sucedía, lo relata esta película.

Todos empiezan a acomodarse a lo nuevo, ya son muchos meses de intentar reinsertarse y hay que cambiarlo todo, se acaba lo que pagaron por el despido (que en USA es una semana por año de trabajo) y hay que reinventarse. El freno a la vida que venía siendo la normal, se produce de golpe, de manera fuerte.

No hay ahorros en ese esquema, se ahorra mientras se va disfrutando de lo que se compra con ese ahorro hacia delante. Por eso, cuando se corta el chorro, todo se desmorona.

Chris Cooper no lo va a sobrellevar, se mata.

Affleck tragará orgullo y se irá a trabajar con el cuñado, un madurísimo Kevin Costner que es constructor.

Y el viejo Tommy Lee, al que un día también despiden, con reflejos intactos, con carisma y con otra billetera llena de acciones que le permiten otras comodidades, va a ser el intente recrear otra compañía con los viejos valores.

Comprará un galpón, se concentrará en aquello que hizo grande a las empresas de antes, el placer por el trabajo, por cuidar a sus empleados, por protegerse unos a otros, y reclutará a un grupo de sus viejos amigos para empezar de nuevo.

Para los que estamos acostumbrados a ese mundo corporativo que retratan, es una película familiar, todo lo que sucede es verosímil, y todo puede pasar.

Quizá si le hubieran dado un poco más de tiempo a la filmación, hubiéramos podido incorporar el fin del proceso y la reconversión que se está intentando, recuperando empleos, volviendo a crear una mística que, es de esperar, haya aprendido de los errores. Burbujas que le dicen.

Las actuaciones son la base de esta película, no será atractiva para los que no conocen ese mundo de los trajes y los trimestres y los resultados. Le serán ajenos los personajes. Lo que no puede pasar inadvertido es lo que sucede cuando todo cambia, un día llegamos al empleo de los últimos 10, 15 años, y ya no lo tenemos más.

domingo, 13 de marzo de 2011

The King's Speech


The King’s Speech

La pregunta que los que amamos el cine podríamos hacernos es, cómo esta película se lleva el Oscar a la mejor película de la producción 2010? Pero resulta que los que amamos el cine tenemos una cierta distancia con los premios “de la academia” y sus vericuetos.

No nos alejamos del culto, solemos renegar (sobre todo cuando era los Lunes) y así y todo recitamos de memoria los candidatos y ganadores de todos los años (yo guardo algunas ceremonias grabadas en VHS).

El discurso del rey, como la conocimos en Buenos Aires, es ante todo una película tierna.

Lineal, sin sorpresas (no son fáciles las sorpresas en estas biopics) y tremendamente tierna, nos retrata la vida de un atormentado duque de York, luego, por esas cosas del destino, devenido en el rey Jorge VI, nada menos que el monarca que condujo los destinos de UK durante l segunda guerra mundial, que estalla apenas coronado.

La narrativa, de tan lineal, solo nos deja espacio para angustiarnos cada vez que el futuro rey tiene que enfrentarse a un grupo de súbditos para leer un discurso. Nos apenamos con la pena indisimulable de los súbditos que miran para abajo cuando lo escuchan y con los chasquidos de su lengua y su respiración en el micrófono.

La película descansa en un buen trabajo de ambientación y dirección de arte impecables y una trilogía actoral que es una garantía, tanto Colin Firth como el duque de York futuro King George tartamudo, irascible, pintón, maltratado, solitario, desconfiado como Helena Bonham Carter (qué extraño es verla…de mujer!) haciendo el papel de la futura “reina madre” esa viejita eterna que todos recordamos al lado de la actual reina Elizabeth y una sólida interpretación de Geoffrey Rush como el terapeuta insolente que lo ayuda a salir de su infierno de dicción y nunca se alejará del monarca. Un australiano complicado, pero hábil en las artes de la persuasión y de la compasión.

Ellos tres sostienen un texto con mucha carga y constituyen la clave de esta película.

Rush va camino a convertirse en uno de esos actores que desbordan la pantalla, capaces de animarse a todo. Recomiendo acá su interpretación de Peter Sellers en la biografía hecha para televisión hace un par de años atrás, deja sin aliento. Para que me entiendan, este es un papel que pocos pueden hacer con esa soltura, acores del estilo de Michael Caine. Soy claro?

Las dos cuestiones que llevan al bueno de Bertie (como se lo conocía al futuro rey en familia) al tope de sus inseguridades al hablar no son nada sencillas, tiene que hacerse cargo del trono inmediatamente después de que su hermano dimita (recordemos que su hermano mayor y heredero al trono tuvo que abdicar ya que estaba en pareja con una norteamericana llamada Wallis Simpson, casada, lo que hizo explotar el rechazo de la iglesia británica al ser el rey el jefe máximo de la iglesia) y la inminencia de la explosión de la segunda guerra.

Sobre todo esto, el desamor del hogar, con un Rey Jorge V que acababa de morir y que lo despreciaba por su tartamudez y una reina madre rigurosa como una estatua.

La película hace aparecer a tres primeros ministros, en realidad dos ya que Winston Churchill será elegido con el nuevo rey en funciones y luego de que Neville Chamberlain renuncie. Se habla mucho de Hitler y de Stalin como las dos figuras fuertes del mapa mundial que se convertirán en una verdadera pesadilla para el reino.

Churchill es, en la película, recién vuelto a ingresar en el equipo ministerial del nuevo primer ministro como primer Lord del Almirantazgo.

Estas cuestiones de la política están muy bien contadas.

La base de la participación de este Reino Unido que todavía no se había levantado de los estragos de la primera guerra mundial, fue el extraordinario despliegue de empatía de sus gobernantes. La persuasión y la motivación que transmitían los discursos públicos de Churchill, contagiando patriotismo y resistencia. Imaginen qué rol para un monarca tartamudo.

Le dice todavía Duque a su padre el Rey cuando este se refiere a la familia real “no somos una familia, somos una empresa”.

Y la reflexión del anciano rey Jorge V antes de su clásico mensaje radial de navidad a todos sus súbditos, mirando el micrófono y el equipo transmisor de radio reflexiona, nos metemos en sus casas, somos como actores.

Los actores son los que sostienen esta película, que hubiera sido menor, muy menor, de no ser porque los caprichos de la industria y los buenos gerentes la pusieran en la cima de la consideración de cuanto festival anda por el mundo.

Pero ese no es el punto.

La película conmueve en algún punto, tiene una interesante y ajustada a la verdad pátina histórica y nos permite disfrutar de un trío actoral sólido, muy a la altura de la tradición inglesa.

Después de todo, qué más le pedimos al cine?