domingo, 18 de abril de 2010

Crazy Heart


Cuando Baby tenía su bar en la cuadra del Luna Park u día me dijo asombrado después de un festival de folcklore que se hizo “…lo que toman estos tipos, no lo podés creer lo que se llevaron. Y después, cuando suben al escenario, la gastan…”

Eran Zamba Quipildor, Jaime Torres, Jaime Dávalos, los próceres de esa música que por esos días de mi niñez era tan cotidiana para nosotros.

El esplendor de las peñas, los 25 de Mayo con el grupo de la escuela cantando “Los 60 granaderos” y toda esa sensación de estar interpretando algo lejano, pero propio. Eran otras épocas, las de “mujer, niña y amiga” de los hermanos Figueroa Reyes.

Me acordé de todos ellos, del Tigre Rimoldi Fraga, de Daniel Toro, viendo Crazy Heart.

Es que creo que a nuestra mirada de la película le falta esa sensación que no puede transplantarse, ese vibrato especial que solo tiene el que conoce ese sonido, esa voz quebrada, ese decir entre cuerdas que evoca tantas cosas que no sabemos.

Sin eso, es una historia de amor. Y es floja, es un veterano de mil batallas, acostumbrado a andar entre vómitos, sobras de comida y bombachas y mucha sombra (la película está fotografiada en un tono especial) que descubre una sonrisa y un proyecto de familia que puede ser redentora y se le esfuma por sus adicciones.

Es eso, el amor todo lo puede, aunque su corazón vuelva a destrozarse (nunca nos enteraremos si definitivamente) ante una nueva recaída.

Digo que sin ese otro condimento, ese otro nivel de lectura, la película es bastante floja. O mejor dicho, la historia es una historia débil.

Pero está bellamente fotografiada, y está mejor actuada.

Bridges en un papel a la altura de su edad y su temperamento. Si bien ya es un clásico el verlo en esos papeles desdibujados, de tipos que van por los bordes con problemas de dicción (el papel del escritor en “el agujero en el piso” es una muestra de esto, ese tipo tiene mucho para dar todavía, y bien ganado tiene lo que cosechó con esta película (que también produjo, con lo que tenemos que sospechar que sabía que este era un papel que le caía perfecto).

Cuando lo ví me vinieron dos cosas a la mente, la primera es que Nito Mestre (que de paso veo que acaba de grabar su disco nuevo en USA, cerquita de donde suceden los acontecimientos de la peli) está asombrosamente parecido al bueno de Jeff, y la segunda es, qué es de la vida de Beau? El hermano, el otro Baker Boy del que poco se sabe.

Este está muy parecido a su padre, del que no recordamos buenas actuaciones, sólidas como las de Jeff, pero tenemos en el cariño siempre, como si fuera un tío al que vemos poco.

El otro lobo que asoma es Duvall, arremetiendo con unas pocas frases en español y cos esa complicidad de haberse sumado a un éxito seguro y también como otro productor.

Está bien la película, pero no ofrece nada más allá de una buena historia de género. Deja un sabor amargo al final, a tono con la letanía y pereza que proponen las canciones que se interpretan durante todo el filme.

Hay si para destacar unas excelentes composiciones, incluso la de Colin Farrel, que viene haciendo algunas cosas interesantes (Cassandra`s dream es muy pero muy buena) aunque no puede dejar sus tics de excesivo consumidor de algo malo que se le instala en la mirada y la buena de Maggie Gyllenhaal, de la que, no tengo temor en decirlo, todavía no vimos todo lo que es capaz de darnos, aunque ya sea para mi gusto, una de las mejores actrices de su generación.

Hay que verla, de todos modos, con espíritu benévolo, para ver a un gran intérprete, una historia menuda, llena de excesos y un final nada complaciente.

La película tiene, en todo momento, conciencia de su morosidad y de su aspereza, quizá muy a tono con todo lo que esa música inspira en esos bares en los que canta Bad al principio de la película. Ese registro yo me lo pierdo, me lo pude imaginar en un bar de mala muerte de Lobos, a alguno de los míticos héroes de nuestro folcklore, en situaciones similares, plagadas de vinos baratos ginebras y choripanes, pero me cuesta acá.

La banda de sonido es muy buena, muy recomendable.

Y no puedo dejar de escribir lo que siento, no hay nada que haga este buen hombre que me haga ser duro con él. No después de haber interpretado al DUDE.

sábado, 17 de abril de 2010

It's complicated


Si vieron y disfrutaron hace unos años de "Alguien tiene que ceder" con el bueno de Jack Nicholson y la hermosísima Dianne Keaton, en seguida se van a dar cuenta de lo que les voy a contar.

Esta directora retrata con singularidad y con muy buen ojo, los desamparos, los desamores y los desencuentros, de la gente madura y exitosa de cierta clase alta norteamericana. Bien educada, ocurrente, moderna pero no tanto y que sabe disfrutar de las cosas que la vida les pone cerca.

Sea en los Hamptons de Nueva York, o en las afueras de una gran ciudad, los personajes de sus películas respiran buen gusto, se saben ricos y poderosos, pero sufren de amor. Y son personas grandes, personajes que ya han pasado por la experiencia del matrimonio, tiene hijos grandes y si fumaron marihuana fue hace no menos de 25 años.

En esta película, filmada a la manera clásica de Hollywood, con buen ritmo y con sólidas actuaciones y giros de complicidad con el espectador, se apoya en un trío actoral que es un lujo.

Steve Martin y Alec Baldwin, el nuevo Alec Baldwin, el panzón y muy divertido ex marido de Kim Bassinger, son desde hace unos años, un dúo imperdible como presentadores de las Saturday Night Life que acá llegan con un par de meses de delay. Y en esos juegos se destacan por saber burlarse de sí mismos y de lo que encarnan en la industria.

Ellos dos, que quizá, para mi gusto, tienen los personajes cambiados, ya que la directora le da todo el peso de la comedia a Baldwin, dejándole a Martin un personaje más melancólico, mucho más querible pero que no tiene oportunidad de explotar su histrionismo, se apoyan en Maryl Streep, que no deja un solo centímetro de la pantalla sin cubrir, componiendo a una señora de edad, con su vida hecha, hijos grandes, dueña de su destino y de su dinero, exitosa como pocas, que un desliz vuelve a enamorarse de su ex marido, de quien lleva 10 años de terapia y vivir separados.

Hasta ahí la anécdota. Ella lo vuelve a ver, él que está vuelto a casar con una mucho más joven (también exitosa y sin problemas para llegar a fin de mes) pero que le impone un rito juvenil que lo tiene extenuado (entro otras cosas vive con Pedro, un chico de 5 años y está en tratamiento diario de fertilidad para ir por otro) se vuelve a enganchar con las cosas que perdió, a tal punto que la seduce, vuelven a vivir momentos de piel y de risas y casi están a punto de enamorarse de nuevo, cuando las cosas se encausan definitivamente para un lugar que uno de antemano no adivina.

No hay finales felices, hay buena narrativa, hay buena música, hay definitivamente momentos de comedia sutiles, caras, gestos y hay unas actuaciones sensacionales, para hacer esta comedia de gente madura con dinero, que sabe que por más que tenga todo a su mano, no pueden con el viejo tema del amor y de la felicidad.

Descarnados retratos de una clase alta muy segura en todos los terrenos, menos en este, el de los afectos.

Es una muy buena comedia, de las clásicas, que tienen que ver, no se van a arrepentir.

Edge of darkness


Más viejo, más gordo, más pelado que en Arma mortal 4, pero si necesito a un actor que se enloquezca y esté dispuesto a parar a un auto a tiros que viene hacia él a toda velocidad porque unos desconocidos mataron a su hija en frente suyo, ese es Mel Gibson.
Hacia rato que no filmaba para otros, pero está claro que estos papeles en los que tiene que jugarse a todo o nada le van bien.
Un pilotín color caqui como Columbo, un estado de Massachussets demasiado prolijo para su locura, un caso que se va complicando y su pistola que termina haciendo justicia adónde nadie más se anima.
La peli tiene ritmo, pero se estanca en el relato, y es otra vez que este tema vuelve como si fuera la única manera de sostener un final, vuelve con el cliché de las corporaciones, el gobierno y los temas que son clasificados.
Es que no hay guionistas que puedan imaginar otros finales? Todo tiene que fluir hacia las conspiraciones y las cosas secretas?
Hay un personaje, el inglés, el factor en las sombras, el que todo lo arregla o lo desarregla y nadie sabe bien de qué lado está, que viene a cumplir con un poco más de vuelo en el relato, pero se queda a mitad de camino.
Demasiados cabos sueltos para cerrar la historia, y su personaje es, de tan excéntrico y tan secreto, poco creíble. Lástima, ya que el actor vale otro tipo de papeles.
Por lo demás, lo que nos interesa, se mueren todos los que se tienen que morir y Gibson los mata como se merecen, tengamos en cuenta que vio como despachaban a su hija.
Tampoco está del todo bien esa transición, que debe ser tan jodida, de descubrir que la nena de papá no era tan inocente como siempre pensó que era, y que estaba metida en flor de despelote, incluso en algo mucho más grande de lo que él jamás se metió. Ese shock, lo tomó con una naturalidad que no es creíble.
Su novio, su amiga del alma, un poco sobreactuados. Otra pena.
Solo tiros bien puestos, mueren los malos y él, Gibson, camina hacia el cielo como el bueno de Sueiro. Hacia la luz.

Como entrenar a tu dragón


Lara que me dice, estoy aburridísima, todos están haciendo algo y yo no. Y que es Viernes Santo y es cierto, hay una placidez pero con tareas en la casa, de esas que esperan días y días para hacerse, colgar un espejo, poner otra pastina a la base del bidet, arreglar algo que pierde, y eso.
Todo aburrido para una chica de 7 con muchas inquietudes.
Y me mira y me dice, y si vamos al cine?
Me fijo en el diario, tengo el cine a la vuelta de casa, y llegamos a Cómo entrenar a tu dragón en 3D, y allá fuimos.
Ya lo dije en alguna otra ocasión, este cine para los chicos, con tantos estrenos, con voces de famosos, con merchandising por anticipado y grandes bandas de sonido, este cine para los chicos es una maravilla.
Todo es una fiesta, comparado con la época nuestra, la del cine Los Ángeles, la de los dibujos de un solo plano, colores pastel y movimientos amorfos y poca onda, poca risa, mucha lágrima.
Está bien, si que me acuerdo de los clásicos y todas las que disfruté, pero esto es otra cosa, esto es otro flash como dice García.
Cómo entrenar a tu dragón es otra historia, como lluvia de hamburguesas, de hijos incomprendidos por sus padres, pero que están a punto de seguir sus convicciones y demostrarles a todos que hay otra manera de hacer las cosas, que se pueden romper las reglas y dejar de hacer lo que se hizo por siglos para cambiar el curso de las cosas y por ende, la vida de todos.
Es una maravilla de relato, tiene ternura, tiene acción de la buena, tiene ritmo, tiene buena música, personajes entrañables, divertidos, y una historia simple pero efectiva.
Y el 3D! esa maravilla (de la que creo que se está abusando un poco) que nos hace sentir otra dimensión de la gran alegría que es el cine.
Otra vez lo digo, si no son padres, sean buenos tíos, buenos padrinos, pero consíganse un niño para ir al cine.

Harry Brown


Te desafío, cuántas películas viste con Michael Caine? Dos, cien, mil? No tenés esa sensación extraña que te hace pensar que todos los años vite por los menos 4 películas con él?
Es uno de los tipos más prolíficos del cine y lo viene haciendo desde los 60 hasta acá.
Esta película está hecha en Inglaterra, y le sienta bien. Es cierto que es uno de esos actores que pueden mimetizarse con sus entornos de manera magnífica, que pueden hacer trabajos monumentales a cualquier edad y trabajos pequeños pero con sutilezas como el magnífico Alfred de algunos Batman, pero Londres le sienta bien.
Harry Brown es una película sobre la violencia.
Todo es violento, y triste.
Y toda la película está al servicio de esa violencia y del extraño silencio que sobreviene al ataque de esa violencia, a esos minutos eternos que suceden después de los disparos, de la sangre, de la muerte.
Harry es un anciano. Está perdiendo a su esposa, la razón de su vida, y en esa misma semana pierde también a su único amigo, con el que juega al ajedrez y con el que mata el largo tiempo de los viejos.
Pero toda esa tragedia tiene como telón de fondo un barrio de clase trabajadora inglesa, muy parecido a nuestros barrios, nuestros monoblocks setentistas, con callecitas, muchas puertas y ventanas y pasadizos.
Y tiene también, como protagonistas centrales, a una banda de pibes desclazados, que adolescentes o pasados, no tienen otro objetivo en la vida que drogarse, armarse en bandas y hacer todo el daño que se pueda.
Esa violencia sin ideología, sin porqués, que tanto daño le hace a Harry, esa violencia que solo busca el entretenimiento, es el desencadenante de que el bueno de Harry, el abuelito tranquilo que no quiere meterse con nadie, se acuerde que alguna vez fue un marine bien entrenado y decida encontrar respuestas por su propia mano.
Ya vimos este relato. Desde Charles Bronson como el vengador. Acá lo llaman el vigilante, y será anónimo hasta el final de la película.
Solo lo descubrirá una detective (sobria actuación de una polifacética Emily Mortimer, que trabajó mucho, muchísimo en los últimos años, desde la acompañante de Steve Martin en La pantera Rosa, hasta Shutter Island de Scorsesse, pasando por Match Point de Woody alle, esta flaca está para todo) que a pesar de haberlo hecho, terminará siendo cómplice de la resolución fuera de la ley que tiene la película.
Está la violencia son sentido, está un barrio humilde y superpoblado, están los jóvenes que tienen ya años de no hacer nada y vivir en la calle sobreviviendo, está la policía que no actúa, que sobreactúa, que se pierde, que pierde, que no reacciona.
No es todo demasiado parecido a nuestra realidad?
En el fono, la película es tan universal, tan cercana a todas las grandes ciudades, que mete un poco de miedo.
Eso pasa en Londres, pero vimos que pasa también en París, en San Pablo y en Fuerte Apache.
Nada puede detenerlos, ninguna institución del estado parece contenerlos y la droga penetra más y más en sus vidas.
Un futuro, mejor dicho, un presente demasiado parecido a unos minutos del noticiero de Crónica cada mediodía.
Harry Brown es producto de esa decepción, de un hombre viejo, que no tiene nada que perder porque ya lo perdió todo y que descubre un día que puede hacerlo, y que no hay nada que se lo impida.
La película no trabaja ninguna moralina, ninguna bajada de línea y tampoco hace apologías, los que son estúpidos por omisión o por que simplemente lo son, al terminar la película lo siguen siendo, los pendejos nunca se arrepienten y hacen todo lo posible por ser odiosos hasta el segundo antes que los maten, y Harry, el bueno de Harry, también suplica que lo liquiden, pero nadie le da esa alegría.
Es una de esas películas que tienen un arranque en una marcha, un tono de pianos suaves, el dolor de un hombre grande, sus ropas dignas pero gastadas, el eterno otoño de Londres y sus ojos mojados por ese dolor que lo atraviesa.. La soledad que lo rodea todo todo el tiempo.
Y hacia la mitad de la película aparece otro ritmo, suavizado por los ataques de asfixia del protagonista, pero con dientes apretados y justicia en las imágenes.
Todo cambia, y todo se va acomodando para un gran final.
Que llega, y tiene toda la carga de violencia que uno puede suponer que va a tener, y todo el odio, y toda la palpitación, que es la nuestra misma.
Se puede ver esta película, claro que si, quizá se parezca un poco, pero muy poco, a Gran Torino, del maestro Eastwood, pero solo en la anécdota, en los contornos, aunque pensándolo bien, como dije antes, uno se queda con esa sensación que esta historia se puede filmar en cualquier lado, que los escenarios pueden variar un poco, pero que es creíble en el lugar que la filmemos.
Párrafo aparte para este monstruo de la pantalla.
Emociona, aprieta los dientes de calentura, corre, se ríe, y le creemos todo.
Aunque dicen que hizo fortunas con su restaurante en Londres (en donde tuve la suerte de almorzar un día de 1997) espero que no deje de filmar nunca, y cuando lo haga, seguiremos jugando el juego de adivinar cuánto filmó, con la certeza que siempre encontraremos algo nuevo.
Es para verla.

Shutter island ó La isla siniestra


No es una novedad que Scorsesse filma como los maestros. Tampoco que, como ellos, recurren casi siempre a las fórmulas que les aseguran ciertas cuestiones. Como el reconocimiento de algunas caras famosas (Di Caprio, Kingsley) libros sólidos y talento narrativo.
Qué más se necesita?
Shutter Island se parece a muchas otras películas del género ese que mezcla una realidad en un lugar sórdido y al final, descubrimos que estuvimos todo el tiempo comprando el rollo equivocado.
Magistralmente filmada, con referencias a los clásicos permanentes y un giro a los 50 natural, que fluye sin necesidad de estridencias, esta historia tiene todo para ser una película memorable.
Como dije, algunas actuaciones, una impecable cámara, un color decididamente extraño a los ojos actuales, una reconstrucción de diálogos, de ritmo fílmico, de vestuario y de situaciones que nos llevan a otro tempo discursivo. Parecido, en algún lugar, a esas películas que veíamos en Sábados de Súper Acción cuando todos éramos más chicos.
Todo eso está y está bien.
Di Caprio es ya un actor maduro, capaz de ponerse sobre los hombros un papel traumático. Kingsley es un gran componedor de personalidades, Ruffalo es un gran tierno compañero de ruta, que al final termina no siéndolo, y entre toda una estela de grandes nombres de reparto, se destaca la voz y la personalidad de Max Von Sydow, para darle a la película un matiz aún más comprometido.
Lo que no termina de redondearse es la historia. Por alguna razón, las permanentes vueltas al pasado (en el que el protagonista se las ve con el horror de los Nazis) y sus alucinaciones, terminan despistando demasiado. Como si en el formato clásico, en ese formato lineal y previsible de esas películas que pretende evocar esta historia, se hayan mezclado las sinuosidades actuales, los recursos de estas épocas para develar los misterios, demasiado rebuscados a veces para redondear una película.
Dura un poco más de dos horas, y la verdad es que se pueden ahorrar unos 30 minutos, pudiendo llegar al desenlace de la misma efectiva manera.
Tiene todo, y por sobre todas las cosas, más allá de todas las buenas cosas que tiene Scorsesse cuando filma, tiene una música incidental que es fantástica. Verdadera vuelta de rosca para evocar todo lo bueno de ese cine que ya está en franca retirada.
Ya lo había hecho en su versión de Cabo de Miedo, en la que la música jugaba un rol central. Bueno, lo repite ahora, y con creces.
Está buena, creo que van a coincidir con eso de que le sobran unos minutos, que no sostienen ni el bueno de Di Caprio, ni las vueltas que tiene que terminar dando para hacerse explícita, para que todos la entiendan, como parece que es el mandato de la industria, en la cual, como en la escuela, todo tiene que ser explícito y todo tiene que ser explicado con palabras. No vaya a ser que alguien, distraído, termine entendiendo otra cosa.
Tampoco está buena la referencia al clásico complot del gobierno.
Ese recurso, de metido con fuerza, se cae y se pierde por su propio peso.
Pero está buena. Es para ver un clásico sin serlo. Para recordar cuando los buenos eran buenos y los malos, muy malos. Y olorosos.

44 inch chest


Solo con ver el afiche de esta nueva película inglesa uno se entusiasma. Los actores, la atmósfera que se adivina en sus caras y sus ropas, las cosas que uno recuerda de ellos en otros extraordinarios filmes duros, negros, ásperos y a la vez sutiles como la maravillosa Sexy Beast (son casi los mismos).
Me preparé para ver una de esas que no se van a olvidar fácil.
Pero no pasó nada de eso, la película es morosa, confusa a veces, con flashbacks, cambios de humor y delirios que no están definidos claramente, y que, de tanta confusión reinante, uno no termina de ubicarse nunca en la vena central del relato.
La historia es muy poderosa, y la puesta es tan teatral que prescinde hasta de escenarios.
Y arranca bien, con una cámara que se desliza por una casa destruida, por los restos desordenados de lo que parece ser una pelea dura, violenta.
Esos primeros planos nos llevan hasta un obeso protagonista que yace al lado de su cama, como muerto, con una camisa muy transpirada y unos tiradores que hacen demasiado esfuerzo por mantener los pantalones en sus lugar.
Con la música de fondo de Air Supply, es un buen comienzo, o no?
EL tipo sufre de amor, queda claro, balbucea, dice incoherencias, pero todas van hacia el mismo lugar, los que aman demasiado. Tanto, que hasta tienen lugar para el asesinato redentor.
Su mujer, después de 21 años de casados, le dice que ya no quiere vivir con él. Que hay alguien más. Y todo se desmorona en la casa, y es, según el protagonista, una bomba de tiempo en su cabeza.
Después viene la golpiza, ella que se escapa y su banda de amigos que se lleva al camarero amante, joven, francés, buen amador, del lugar adonde trabaja para ajusticiarlo.
Mejor dicho, para que el gordo, el traicionado, lo despedace a su gusto en un garage abandonado.
Y acá, en ese garage, transcurre el núcleo de la historia.
COn largos monólogos que no van a ninguna parte, ensueños y desvíos incomprensibles.
Una lástima.
Los actores, la trama, el clima, están muy bien logrados, pero no se si es demasiado teatral para el cine, o muy poco cine para lo que espero de los ingleses.
Una picardía.

Recital de Charly García, Luna Park, 19 de Marzo de 2010


Gozar, es tan necesario mi amor...

Gocé anoche con el Luna de Charly. Gocé porque la conexión está ahí, intacta. Prque volví a mocionarme con Adela en el Carrousel, y porque la banda sonora de mi adolescencia tiene frituras, pero todavía vibra.
No puedo hacer la cuenta de las veces que lo ví en vivo. Tampoco me acuerdo si la primera vez fue Ferro de No bombardeen Buenos Aires, una carpa de Fiorucci en Pinamar o dónde. Lo que si se acuerda mi piel es lo que sentía. Esa sensación de plenitud y de comunidad con los de al lado de que nos estaban pasando cosas parecidas cuando lo escuchábamos.
Más grandes, más pensantes, más conscientes de lo que cuesta una entrada, las últimas tres veces que arrastré a mis amigos a verlo el comentario era el mismo, reflexión de marketing, "...si este tipo estuviera bien, si llegara a tiempo, si recordara todas las letras, si pudiera terminar un tema al menos, sería un Mc Cartney, alguien al que daría placer verlo en su madurez..."
Puede sonar a una boludez, pero en cada uno de los nuevos conciertos era esa lotería.
Hasta que dejamos de verlo.
Ya no había razones para el destrato del artista. Lo que entregaba tampoco emocionaba, ni siquiera traía recuerdos de los pelos.
Pero este Charly es una sorpresa.
Tiene polenta, CANTA!!!!!
No solo termina los temas, hasta hace esas variaciones tan sutiles y tan fantásticas que nos tenía acostumbrados a la hora de subir o bajar un par de tonos en una estrofa.
Por lo demás, un show como aquellos que nos acordamos, con efectos especiales, imágenes, bailes y cuidada estética. Aunque, la verdad, eso no importa tanto, no me lo voy a acordar mucho tiempo, lo que importa es verlo ahí, tocando y cantando.
Todo lo que uno lee sobre cómo está no tiene que asustar. Es cierto que está limitado en sus movimientos, que habla menos entre canción y canción, que está bien vestido, que no rompe ni tira los pianos ni los micrófonos, es cierto que hay menos vértigo, pero créanme, no importa nada.
La banda suena con una potencia y rocanrol que hace que la ropa vibre, como en aquellos días, y cuando va al piano, los climas son para poner la cabeza de costado y dejarse llevar.
Hermosa versión anoche de Desarma y Sangra con un Fito Páez de traje y tocando el piano con virtuosismo, Aznar en Perro Andaluz (fantástica) y Seminare y Juanse acompañándolo en Mr Jones, y haciendo todas las piruetas que Charly ya no puede hacer.
Un montón de canciones de todas las épocas, bises, bromas, 3 horas de show, el Luna a pleno con personas de todas las edades y yo con Candela, mi hija más grande, tratando de de explicarle lo que no se puede explicar.
Larga vida a García.

The blind side


Se trata de otra de esas increíbles historias gringas. Esas maravillosas películas que huelen a industria y a oficio por todos lados, capaz de contarse con muy pocos recursos, recurrir a los mismos viejos guiños de la vieja pantalla y hacer un enorme esfuerzo por bajar alguna línea moral.
Basada en una historia real, la de Big Mike viene a responder esa pregunta que ronda en la cabeza de más de uno de nosotros cuando vemos una de tantas historias de desigualdad, de falta de oportunidades, de desequilibrios, que son tan comunes en nuestra sociedad.
Como si fuese la historia del Diez o de Carlitos Tévez, pero ayudados de la mano de una familia que, con todas las cuentas pagas, se embarca en la aventura de meter en sus vidas a un marginal con cara de bueno.
Y ese experimento da un resultado. Claro que lo da, termina el colegio, va ala universidad y, como es de esperar, tiene su propia historia de éxito.
Así de simple es la película, y así de simple es la historia que intenta contar.
Se parece mucho, salvando las distancias claro, a esas películas viejas argentinas, en la que una familia adinerada (pongamos formada por Angel Magaña y Olga Zubarry) deciden llevar a un chico de algún orfanato a vivir con ellos en su opulencia, y triunfa en la primera de Rácing.
Estoy exagerando, pero hay algo de morosidad en la narrativa que recuerda a esas películas familiares de los Sábados.
Y esa chica, la Bullock, no estaba para ganarse el Oscar, de ninguna manera, pero no es menos cierto que su madurez interpretativa augura buenas cosas. Está rubia, flaca, un poco menos canchera y con el moco flojo, pero está un poco más en personaje que en casi todas sus películas. Creo que ni ella lo esperaba. Su papel en Crash, sin ir más lejos, es muy pero muy superior a este en calidad de interpretación.
En fin, nada nuevo, nada que sorprenda más que ese viejo oficio de la industria, una historia con polenta en el medio local, no tanto para nosotros, que vivimos demasiado cercados por realidades que no se pueden cambiar solo con voluntad.
Tiene si la historia, también alguna rémora del viejo cine de pantalla plateada, esta película pudo bien haber sido interpretada en los años 50, con la diferencia que el rol líder lo llevaría seguro Jimmy Stewart. La Bullock es eso, fuera de forma Pretty Woman, está para ese tipo de papeles con olor a clásico.
Espérenla en DVD.

Up in teh air


Como siempre pésimo el título en español. Si algo no es esta película es sobre el amor.
De dónde sos? le pregunta el capitán del avión en pleno vuelo al Clooney maduro mientras la extiende una tarjeta de platino que acredita que voló con la empresa nada menos que 10 millones de millas, de acá le contesta con su mirada melancólica.
De eso se trata esta película, de los que viajen y viajan todo el tiempo y son como caracoles, que llevan todo a cuesta consigo.
Pero andan livianos, como si todo lo que fueran las obligaciones que emergen de la vida de familia, fueran pesos demasiado grandes para una sola espalda.
A mi papá, Baby, le gustaba mucho un tango que se llama Equipaje. Y habla un poco de esa sensación de libertad de andar liviano por la vida.
El a su modo anduvo tan liviano como pudo.
Este es un caso extremo.
Un ejecutivo encargado de despedir gente para otros, viaja de un lado al otro del país haciendo ese trabajo. Le encanta, su departamento es tan despersonalizado que cualquier habitación de hotel es mucho más acogedora que su propia casa.
Anda solo, hace las cosas solo, junta millas, fiestas ocasionales, romances tan fugaces como son las luces de los aeropuertos.
Hasta que un día se enamora. No lo sabe, pero se enamora. Encuentra a uno como él, pero en mujer. Le gusta. Lo seduce la idea de que sea tan igual a él, pero a la vez le da un miedo que lo paraliza.
Cuando todo lo supera, cuando se entrega a eso que empieza a crecer y que cree que lo va a hacer para un poco, establecerse (hay una bella escena en la cual Clooney le muestra su escuela a esta persona) da ese paso en falso que lo hace descubrir algo que no hubiera querido que suceda nunca. Y claro que no voy a contar qué es.
Precedida de un éxito en ventas de la novela que le da el título y el argumento, la película no logra cautivar, uno no puede dejar de pensar en cada momento, que las escenas que está viendo serían mucho mejor si las recorremos en el libro original.
Ni el bueno de Clooney, a esta altura un correcto actor de comedias, con todo su glamour que lo emparenta con los grandes de la pantalla, la puede salvar.
De todas maneras es entretenida y me imagino que un buen espejo para los que frecuentan esa vida de andar por los aviones todo el tiempo.



Es cierto, creo que, después de leer algunos de los comentarios a la crítica, fui un poco injusto con el tono general de la crítica.
Quizá se deba a ese mecanismo de autodefensa que aflora cuando uno está ante algo que lo seduce pero que ala vez lo asusta.
No es causal la referencia a ese tango Equipaje que en su estribillo dice "...sería más fácil caminar sin equipaje..." seguro que más de una vez, en mi caso por espejo, lo pensamos muy íntimamente. Eso de dejar todo.
También es cierto que hay melancolía, mucha melancolía en esas sonrisas de costado, sugeridas que se dibujan en el rostro de Clooney. Y hay dolor, ese dolor que experimenta al ceder a lo que todos le dicen que es lo que hay que hacer y cuando lo hace, cuando está dispuesto a dejarlo todo (o nada, según se lo mire) ya no puede, ya no sirve.
Ella no era tan parecida a él como le había dicho ("soy como vos pero con vagina..."), él tenía ahí adentro, más a flor de piel de lo que mostraba, la capacidad para enamorarse.

Bad leutenant port of call New Orleans


Insisto en ver películas protagonizadas por Nicolas Cage y cada vez me vuelvo a jurar no hacerlo más.
Esta me engañó, la verdad pensaba que se trataba de una nueva mirada sobre aquella maravillosa película Maldito Policía, dirigida por Abel Ferrara y protagonizada por un todavía prometedor Harvey Keitel, que recuerdo haber disfrutado en el cine Empire de Congreso. Pero no es así, no tiene nada que ver con esa historia.
Acá el grupo que la lleva adelante es prometedor. Para decirlo claro, si uno lee de antemano que hay una de Herzog, de acción psicológica, con Cage y Val Kilmer y Eva Mendes, e entra a imaginar cosas. Todas esas cosas que ahora mismo se están imaginando. Cuestiones de conciencia sobre el deber ser, tiros, líos, cosa golda y alguna revolcada con la Mendes.
Pero no pasa nada de eso.
La historia derrapa en más de un pasaje, no tiene consistencia narrativa, ni siquiera es buena la música y encima es larga!!
Ni lo piensen, la estrenan en un par de semanas, pero ni lo piensen, háganme caso, les voy a ahorrar un par de horas. Cambien de idea y quédense en la pileta.
Cage es un fantasma. Flaco, sin los apliques que le suelen poner en el pelo. Hace de un policía que le duele la espalda, y anda toda la película contrahecho, con un hombro caído y cara torcida. Y de muy mal humor! tan mal humor, que parece joda, como su dolencia.
La Mendes hace de putita y es una lástima, quizá uno se imagina que podría dar algo más, pero ya le dieron demasiadas chances me parece.
Y el tercero, Val Kilmer, está hinchado, tirando a naranja y con unos dientes que son para baldear en lugar de para cepillarlos.
Ninguno está a la altura de sus carreras, todo es sobreactuado y para colmo de males, como Cage se falopea duro, cada tanto ve unas iguanas que andan por ahí metidas en las escenas, que son para cagarse de risa.
Un engendro!!
Muy mala.
Herzog?? Y... no sé qué decir, yo he visto cosas buenas, Fitzcarraldo, Nosferatu. Pero esta etapa gringa es un desastre absoluto.
Es raro que no encuentre en la película que miro, ya se abrán dado cuenta quién lee estas críticas, algo que la redima, un par de segundos que hagan que valgan la pena. Una mirada, un momento musical, un paisaje, una escena bien encuadrada, que transmita algo, que arranque una lágrima o una sonrisa, pero en esta no encontré nada. Nada de nada.
Y por lo que alguna vez prometió que iba a ser, esa etapa de filmar con los Cohen por ejemplo, o Leaveing Las Vegas, que alguien le seleccione los papeles a Cage!

Papás a la fuerza


Hace tiempo que Disney no sorprende con comedias. No quiero ser injusto, pero este tipo de películas tan rentables ya no son lo que eran.
Papás a la fuerza (old dogs en el original en inglés) es una sucesión de gags más o menos ingeniosos con dos monstruos efectivos, de caras y gestos ágiles y llenos de guiños para los espectadores, pero con un guión muy pobre y sin sorpresas.
Encima hay que verla en español (en la mayoría de las copias que hay disponibles) y el encuadre del cine Atlas Santa Fe, en la premier de la peli, estaba un poco descalibrado, con lo que me pasé viendo al micrófono entrar en escena los primeros 20 minutos.
Robin Williams es una caricatura de la caricatura que conocimos, lleno de mohines, los mismos de antaño pero con muchos años más que cuando encarnó a Mork y Travolta, con el pelo renegrido y demasiado hinchado (como si hubiese un fotoshop de figura móvil, todo el tiempo) que muestra su gran sonrisa, es gracioso verlo tan monumental (tres veces Tony Mannero, y...si, se las arreglan para que haga unos pasitos, como Cameron Díaz. En definitiva es lo mejor que hace desde hace muchos años.
Están bien los dos, sobran cada segundo de lo que actúan, porque los dos están para más, dudo que ya no tengan nada nuevo para darnos o para volver a sorprendernos, como Williams en Muerte a Smootchie o Travolta en Pulp Fiction.
Mientras tanto Disney apuesta a lo que sabe, gags, efectos, y uoa historia liviana que, de paso, recaudará millones y millones y los hará un poco más millonarios.
Para chicos bien chicos, los de más de 10 tienen peligro de embole.

Law abbiding citizen


Sabemos por las películas que el sistema de justicia de los Estados Unidos tiene ese no se qué. Eso que parece que es una perfecta maquinaria que siempre funciona, pero que también posee ese detalle que son las negociaciones. Esa instancia previa a un juicio en la cual, si uno está bien asesorado, puede declararse culpable de algunas cosas con tal de zafar de otras.
Soy muy básico, ya lo se, pero es interesante el concepto.
Sobre todo, porque siempre parece que allí la justicia es rápida, los jurados hacen su papel, y no hay nadie que tenga quejas por ese sistema.
En contraposición, uno ve que lo nuestro es tan patético como debe ser. Es decir, si nos basamos en el cine, de eso se tratan estas notas, las pocas películas que recuerdo que tienen cuestiones judiciales en el medio son terribles. Bueno, con la salvedad de El Secreto de sus Ojos, que viene a redimir al género.
Pero si alguno por casualidad recuerda la del caso Monzón sabe de lo que estamos hablando.
Ahora está planteado el tema, el ascendente Gerard Butler (qué esperan para ofrecerle hacer de Bond?) está trabajando en su casa lo más pancho, con su pequeña hija y su mujer, parece que llega el delivery de pizza y cuando abre la puerta, la pesadilla. Entran a los palos un par de hijos de puta que le arruinan la vida, no voy a entrar en detalles porque son bastante jodidos, pero están bien filmados y hacen que uno mastique bronca toda la película cuando arrancan esas escenas.
A partir de ahí se mete el negro jammie Foxx, muy perdido en papeles cada vez más políticamente correctos pero sin brillo, lejos de su Ray, que es un fiscal de distrito que se las sabe todas, que trabaja mucho, pero que parece no ponerse en los zapatos del otro.
Los dos guachos van a juicio, pero adivinen, uno de los dos, el más terrible de los dos asesinos, hace una gambeta con la ley y ofrece un acuerdo con la cabeza de su compañero, para zafar con solo tres añitos a la sombra, después de haber sido el autor material de los crímenes de la esposa y la hija.
Butler se toma nada menos que 10 años para planear cómo se va a vengar de todos.
Eso es al menos lo que pensamos, pero la cosa se pone más y más compleja a medida que avanza la historia, por qué, porque el tipo no quiere solo vengarse de los turros que le jodieron la vida, quiere dar algunas lecciones de moral y quiere señalar que el sistema tiene fallas, y que los que se la creen, los que están convencidos que hacen las cosas bien y se merecen todo lo bien que les va en sus carreras, son funcionales a toda esa porquería que está subyaciendo en la valoración que la gente tiene del sistema.
Pavada de tema, hay fallas señores, y yo me encargo de señalarlas.
Ese es el tema.
En el medio uno simpatiza con Butler, claro, la emoción violenta que le dicen, uno también como espectador quiere que se haga justicia. Pero hacia el final, como pasa a veces que este tipo de películas, hay que buscar un giro espectacular para el final y eso, a veces, conspira contra la solidez narrativa.
En este caso hay demasiadas cuestiones un tanto tiradas de los pelos desde la mitad de la película hasta el final.
Butler maneja todo desde la celda, todo, u eso debería tener algún límite más creíble.
De todas maneras está bien, es entretenida y se deja ver.
Aunque no creo que la reflexión alcance, al menos es bien lejana para nosotros, cuando nos ponemos a pensar, al menos esos acuerdos que parecen ser tan injustos para algunos, son una forma de justicia que nos queda bien lejos.
Hay también reflexiones acerca del deber, de lo que está bien y lo que está mal, y acerca de cumplir con la ley.
También hay un par de perlas, cuando la Alcaldesa (una negra muy fiera y consternada con lo que está sucediendo en su ciudad, Filadelfia) llama a su concejo de seguridad y les dice, metan un cana en cada esquina, militaricen, busquen, que le gente perciba que estamos todos en la calle, no puedo permitir que un tipo nos paralice.
Pavada de escena! Qué bien suena que una mujer política se ponga al frente de una lucha contra el crimen, y meta todo lo que hay que meter en las calles, sin asustarse porque un par de asociaciones de derechos humanos van a cortarle la avenida.
Suena raro de mi parte, pero es un buen ejemplo de que lo que hace falta para que el tema de la seguridad empiece a cambiar, aunque sea en algo, es decisión política. Es un tema de la política, aunque miren para otro lado. No se puede dejar un tema tan sensible en manos de policías o milicos, que, por lo general, están bien lejos de saber pensar.
Vuelvo al cine, es entretenida, se va al pasto en los últimos 20 minutos, pero se van a entretener.
La estrenan en estos días.

Sherlock Holmes


Cuando tenía 12 o 13 años leí Estudio en Escarlata, la primera de las aventuras SH y no pude dejarlo nunca más. Una tras otra cada capítulo de la saga me metía más y más en el universo creado por Connan Doyle, hasta hacerse imprescindible.
Me acuerdo de más de una edición de la Feria del Libro de Buenos Aires, a la que íbamos invariablemente con mis amigos del colegio, recorriendo los stands para encontrar esas ediciones baratas, que me permitían hacerme de toda la colección. No quería dejar pasar una sola.
Así sufrí con su última aparición, leí las circunstancias en las cuales el autor decidió matarlo y me alegré con su vuelta, resucitado de aquel peñasco del cual había caído.
Cada vez que fue llevado al cine, al menos unas cuantas veces, porque parece que es el personaje de ficción que más han filmado (unas 275 veces, incluida esta última) me sentí extraño ante la mirada del director de las mismas páginas que hacía unos cuantos años había transitado con pasión adolescente.
Hoy a la tarde entonces, con todos estos antecedentes de más arriba, me metí en las maravillosas salas del DOT, las premiun, para ver este nuevo intento.
Primero lo primero, qué placer enorme es ver películas en esas salas!! Los sillones, el espacio, el sonido, la calidad de la imagen, qué bueno que en una época de cerrar cines, haya gente que apueste a que ese placer siga y siga.
La elección de la pareja protagónica es el primer acierto de esta aventura, no por que sean fieles a los libros, creo que todo lo contrario, no hay nada en ellos que se asemeje a lo que Connan Doyle describió con maestría, ni la delgadez ni la altura ni la nariz de Holmes, ni lo regordete, ni los cachetes ni la estatura de Watson, salvo la cojera, producto de heridas de guerra.
Pero no es ese detalle de fisonomía solamente lo que es distinto a la literatura, tampoco la historia que se narra es de los libros, y mucho menos la extraordinaria acción que (no podía ser de otra manera en un relato de Guy Ritchie) recorre toda la película.
Este es un Holmes de estos días, no es por la fecha de la asombrosa recreación del medio ambiente victoriano que hace el director (imaginen que varias escenas recortan y suceden en el London Bridge, pero cuando se estaba construyendo!!!) sino por el ritmo, el vértigo, y l acción que, una película de los grandes estudios para las grandes audiencias deben requerirle al director.
Lo interesante es que no está nada mal. Ni para los que somos amantes del personaje. Es decir, no nos defrauda, sabemos que Holmes era más cerebral que físico, pero le gustaba el box y era un buen espadachín. Sabemos que no sabía de mujeres y este Holmes no sabe nada de ellas. Sabemos que toca el violín, que prueba químicos, que duerme días enteros para que su extraordinaria cabeza descanse y que experimenta con cosas peligrosas. Y está todo acá, aunque otra vez, con algo más de físico de lo que las historias nos han dejado imaginar.
Pero es muy fiel a la esencia del personaje.
Por otra parte, está filmada a lo Ritchie, con esas escenas en cámara lentísima que descubrimos en Snatch, persecuciones en carruajes y una Londres gris, ominosa, con calles de barro y sucia como pocas veces vimos.
La música y el cásting son dos buenas muestras de la buena mano para hacer la película.
Parece como si, deliberadamente, se hayan elegido ciertas cuestiones para hacer una especie de Harry Potter, una saga que va a atener más de un capítulo.
Lo que estaría bueno es que sean otros directores quienes intenten nuevas miradas, aunque tengamos la misma pareja protagónica y quizá el mismo inspector Lestrade, y también estaría buenísimo que se elijan historias de los libros, que son demasiado buenas como para estar inventando cosas nuevas.
Imagino lo que viene.
Nuevamente, aunque sean dos carilindos que se parecen poco a lo que seguro más de uno de nosotros imaginó leyendo a Connan Doyle, hay una buena cantidad de reflejos que han sido cuidados, el gusto por el disfraz de Holmes por ejemplo, su disciplina a la hora de concentrarse y la falta de ubicación y honestidad brutal.
Este Holmes es mucho menos pagado de si mismo que el Holmes literario, quizá por eso de que para ser masivo ese es un rasgo de pedantería que no hubiera quedado bien.
Hay algo también de Dos Tipos Audaces, en la música, en la acción, en los roles de los protagonistas en la acción. Algo de Roger Moore y de Tony Curtis, especialmente en los toques finales, acompañados por una música con un punteo muy característico inglés que recuerda a ese pasado televisivo.
Es probable que Ritchie también lo tenga en el ADN, como Law y Downey Jr. en definitiva son todos de escasos cuarentas, como nosotros.
Bien por el intento. Es muy entretenida (y en ese cine es un placer adicional) y ojalá que sirva para que la gente siga comprando los libros y se los lea uno tras otro, mientras espera la próxima entrega.
Si no lo hacen, se quedarán con la idea de que el personajes es como en la pantalla, y eso no está bien.

La princesa y el sapo


Son horas de Obama, no hay dudas. Una princesa negra y un príncipe mestizo son los protagonistas de esta entrega de Disney, que se reencuentra con lo mejor de su animación y se reconcilia con eso que sabe hacer, películas animadas con movimientos lentos, personajes entrañables e historias de esfuerzo y amor.
Esta tiene todos los condimentos de las viejas películas del estudio del ratón.
Hay romance, hay moraleja, hay canciones, hay buena música y hay dibujos de gran definición, pero que no tienen que recurrir ni a efectos especiales ni al 3D tan de moda en nuestros días.
La princesa y el sapo nos lleva de vuelta a las películas del cine Los Angeles y a una tarde de sábado.
Ambientada en Nueva Orleans de los tiempos del presidente Wilson, todo es esfuerzo en la vida de la bella Tiana, que es amiga de la niña rica de la ciudad ya que su madre es la costurera preferida de la familia.
Así crecen las dos en medio de cuentos y de miradas ilusionadas a la estrella del lucero, pero sus destinos marcadas cuestiones diferentes, y eso se irá configurando a medida que la historia avance.
Cruza toda la historia el jazz y las canciones que, a la manera de un musical de Broadway, van dando tono al relato.
Nada de lo que se dice los va a sorprender, nada en absoluto, si algo hay en las películas clásicas de Disney es que todo va a resultar como debe ser y los malos pagarán con la cárcel, y seguro que el amor triunfa.
Pero está bien que sea así, y está bueno que en la fantasía que nos propone el cine, a veces las cosas sean así, que el que trabaje obtenga lo que quiere, que el que hace algo malo vaya a la cárcel y los buenos se junten y se sobrepongan a todo lo que los malos les hacen.
Hasta en esos pequeños guiños uno tiene la sensación de que la película atrasa. Hoy es tan raro ver estas historia tan lineales de amor y de personajes que dan todo por la amistad, que parece que fueran de otro tiempo y lugar.
Son buenos en lo que hacen, no hay dudas, y tampoco hay dudas que estas apuestas en estos tiempos que corren no deben ser nada sencillas. En momentos de animación computada y mucho 3d que parecen casi humanos (Scrooge es el mejor ejemplo)
Aunque si uno se queda unos minutos para ver los créditos, descubrirá a los conocidos Newman y Lasseter, autor de las más premiadas bandas de sonido para Pixar y uno de sus cerebros.
Claro, para estar acorde a estos tiempos, y lo remarco, la pareja protagónica es negra, pero casi no se nota de lo bellos y trabajadores que son. Y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

V.O.S. Versión Original Subtitulada


Interesante película de este provocador director catalán, que se centra en una historia de amistad y amor entre dos parejas.
Basada en una obra de teatro (se nota demasiado en la película el origen teatral del texto, por u dinámica y su puesta) Gay eligió contarla desde un lugar muy poco convencional, va un poco más allá de la clásica "película adentro de la película" y, si bien utiliza los escenarios de la ficción, construye los relatos de tal forma, que a la mitad de la película ya estamos confundidos del todo.
Tanto, que ya no importa qué es ficción y qué realidad.
Los actores no muestran esos límites y entonces, solo es cuestión de saber situarse en la mirada de alguno de los protagonistas.
Este catalán ya me había sorprendido con una historia un tanto sórdida que se llama Krámpak, quizá recuerden que hizo bastante escándalo al estrenarse en el país, y ahora lo vuelve a intentar pero desde la modernidad de su construcción narrativa.
Es un texto muy sencillo, dos parejas de treinta y pico, una de ellas deciden ser padres, pero no ya solteros, no son ni siquiera una pareja convencional, sino que son amigos, amigos entrañables que "se hacen el favor" de procrear.
Ya esto suena bastante audaz, pero si en medio de esta cuestión se aparece el mejor amigo de el con su mujer y al final se enamorará de la mujer de su amigo embarazada, la trama promete más de un sobresalto.
Está muy bien actuada, hay un reparto enorme de extras que hacen las veces del equipo de filmación, que juegan escenas muy bien armadas y muy elocuentes y funcionales al texto y tiene una banda de sonido (en la que sonará Calamaro con "algo contigo") que está buena para conseguir.
No se puede hablar de fotografía, si de buenas puestas ya que toda la película transcurre entre decorados (por eso del origen teatral del texto).
En definitiva, un ejercicio de dirección y de adaptación interesante, buen desafío para los actores y de una duración ideal, no llega a la hora y cuarto. Perfecta.
"El amor debería ser como los yogures, dice la engañada, deberíamos poder verle la fecha de vencimiento impresa..."

Synecdoche New York


Seguro no significa nada que diga que es la mejor película que vi en el 2010. Estamos a 2 de Enero, y de no ser por esa frase que tanto describe a mi amigo Juan Bautista " el año está jugado", la verdad es que decir eso no es un valor en si mismo. Pero realmente esta es una película superior.
De gran complejidad, créanlo, gran complejidad narrativa, es la mejor interpretación que le vi a ese bestia de la pantalla americana (saben de mi predilección por los interpretes británicos) que es Philip Seymour Hoffman.
La sinécdoque que refiere el título es una licencia retórica, que describe a un todo por una partecita solamene. Como si se pudiera describir una personalidad con solo pintar sus ojos.
La dirección (es la primera película que dirige!!) es de Charlie Kauffman, y este nombre no diría nada si no viene acompañado por la referencia de que se trata del guionista de Quieres ser John Malkovich y Eterna sonrisa de una mente sin recuerdos, quizá dos de las más innovadoras películas gestadas en los Estados Unidos en la última década.
Es que en una industria que tiene que recurrir a viejas series, remakes y americanización de films exitosos en otras lenguas, por la grave crisis de guionistas y de ideas, que tiene la necesidad de recuperar rápido los millones invertidos (como si se tratase de un dentífrico) cuando aparece un zafado que va por algo más y te hace pensar un poco con un guión fuera de las reglas, es una bendición que te hace volver a creer en que se pueden hacer cosas buenas en un mercado de alto perfil industrial
Este es el caso, no hay dudas.
Kaufmann, que no iba a dirigir pero se cayó el director que habían elegido los productores, nos cuenta a través de la vida de un director de teatro de nueva york, una particular mirada acerca de cómo construimos el mundo. Nada menos.
Se van mezclando los planos de esta narración, se van entrecruzando la realidad y las ficciones que van poblando esa realidad y nos encontramos con un director apasionado, visceral, que va viendo cómo su entorno familiar, amoroso, social, se desmorona ante su propia incapacidad para sostenerlo y decide, a partir de ganarse una beca importante que le solventará sus costos, montar una obra que se va creando a sí misma, con personajes basados en su propia vida y recreación de escenarios que tienen que ver con esa vida de manera metódica y detallista.
Así llega a conseguir un enorme galpón en las afueras de la ciudad que se irá poblando de actores representando a sus fantasmas y a las personas que tienen que ver con su mundo, pero también de trabajadores, de edificios, de recreaciones de sus escenografías domésticas y las de sus seres queridos.
Mientras todo esto crece, mientras esta ciudad se va a haciendo más y más grande y empieza ya a tener su propia vida, la vida del director se va desmoronando casi al mismo ritmo, permitiendo que Seymour Hoffman componga un complejo trabajo de envejecimiento no solo físico, sino de gran decadencia moral y confusión, que conmueve.
Es una gran película, pero no es de esas películas para ver sin estar prevenido. Es más, probablemente necesite más de una lectura y más de una vista.
Lo merece.
El relato es tal complejidad, que un buen consejo es dejarse llevar.
No enroscarse en la linealidad del relato puede ser de gran ayuda, de lo contrario, uno puede sentir que algo no encaja, y no creo que esa sea la clave de esta película.
Vale la pena el ejercicio, es desafiante y es asombroso y deja pensando.
No tenemos todos una manera de ver los que nos rodea?
Qué pasaría si nos ofrecieran un dineral para que, a partir de esas experiencias podamos montar una obra con nuestra propia vida? Cómo lo haríamos? Qué sería lo que veríamos de una manera que nadie más ve?
Deja muchísimos más interrogantes.
Es una de esas películas en las que, además de encontrarnos con una trama compleja, unas actuaciones muy interesantes, estaría bueno verlas como antes, entre amigos, para después pasarnos horas comentándola.

The box


Basada en la novela Button, button, esta película es una de esas que tiene una primera media hora en la que todo es promesa, como un nuevo amor, y después es necesario internarse en cuestiones que nada tienen que ver con lo que prometían, solo porque es necesario darle un cierre "entendible" o al menos probable a la historia.
Imaginen que un día están durmiendo en casa, a las 0545 suena el timbre, tardan en levantarse y cuando lo hacen, se asoman a la mirilla y ven a un auto largo y negro que se aleja. Abren la puerta, miran para abajo y ahí está, solita, una caja envuelta en papel madera.
La abren, y hay una caja de madera con un domo de plástico que cubre un botón rojo. Nada más, y una nota que dice que alguien se va a comunicar con vos a las 5 de la tarde.
Bien, tu día transcurre más o menos miserablemente, y cuando se hacen las 5 en punto, llegaa un tipo de aspecto medio siniestro y te dice, vos apretás este botón, alguien muere, alguien que no conocés y nunca t e vas a enterar quién es, y yo te doy un millón de dólares.
Promete, no? así arranca esta historia que tiene como principal virtud, para mi gusto, una recreación de época como pocas veces me impresionó en la pantalla. Han hecho en esta película un cuidadísimo tratamiento del color y del lenguaje, para transportarnos, más allá de la ropa y los peinados, al invierno americano de 1976 de manera impecable.
No voy a ahondar en los hilos de la trama, solo voy a destacar que, una vez que se plantea este tema central, y la verdad es que el disparador es buenísimo y tiene una gran polenta narrativa, la historia se va perdiendo en un complejo cruce entre cuestiones que podrían haber sido interesantes, como ser los famosos complots para ocultar cuestiones secretas de la NASA, la CIA y el FBI, que son tan buenos cuando uno no sabe cómo seguir una historia, pero que sin embargo meten y dejan que se hagan protagonistas del relato temas sobrenaturales, y ahí la historia derrapa.
Es raro verla a Cameron Díaz con el gesto fruncido toda la película, hace un lindo papel de esposa abnegada, trabajadora, tullida y en algún punto naif (el director se las arregla para que la veamos aunque sea unos pocos segundos bailando. Si, bailando!!) su look nos recuerda todo el tiempo a los ángeles de Charlie originales, y es evidente que hicieron un trabajo importante con ella para modificarle su aceleramiento natural, su lenguaje y sus gestos (que tienden siempre a mostrar esa enorme sonrisa que tiene).
Para ir al grano, la peli está bien, arranca con muchas promesas, pero se va desdibujando desde la mitad hasta el final. Están muy bien los personajes, sobre todo el trío Díaz, chico que trabaja en Xmen y no recuerdo el nombre y el sobrio Frank Langella.
En definitiva, se puede ver. Quizá se decepcionen en la reta final. Pero hay un par de cosas para prestar atención, el cuidadísimo trabajo de recreación de época y un disparador de historia que, con un poco más de trabajo, hubiera estado buenísimo.

Is anybody there?


Probablemente la mejor actuación del viejo lobo Michael Caine en años. Este actor todo terreno de la pantalla, a esta altura, junto con algún par de otros, no muchos, actores británicos, es una de las pocas cosas buenas que pasan en la pantalla grande.
Heredero de los grandes actores de los grandes estudios de los 40 y los 50, Caine es capaz de acercarse a papeles que lo ponen a prueba a pesar de sus pergaminos y todo lo que tiene por perder en el intento.
Es cierto que son roles a su exacta medida, pero quién no pensaría un rol para este noble anciano que parece que siempre tiene algo más para dar.
Acá nos regala (y con casi exclusividad, ya que los otros personajes secundarios, todos ancianos venerables ingleses a los que hemos visto en alguna otra de esas comedias negras y sarcásticas que nos regalan todos los años) menos el joven coprotagonista (que hay que seguir) es un solo de su capacidad para hacernos reir y emocionar.
Su personaje es Clarence, un viejo mago que cae al geriátrico que regentea la madre del pequeño personaje central de la trama, un pendejo que, de tanto andar entre viejos a punto de morirse, cree en los fantasmas, los busca, deja grabadores encendidos debajo de las camas de los moribundos para ver qué pasa en esos últimos momentos de los últimos suspiros.
En medio de tanta muerte, el pibe no tiene idea de lo que le pasa a los chicos de su edad en la vida.
Los personajes secundarios, todos viejos a punto de morir, son una paleta de las bondades del sarcasmo inglés y están compuestos con maestría por esos viejos chotos de la pantalla británica.
Pero Caine hace a la vez de un mago vencido, de un marido arrepentido, de un viejo en busca de su última morada y dispuesto a quemarlo y a despojarse de todo.
Todo es desencanto en ese último paso, de no ser porque se conmueve con la extraña personalidad del chico, a quién intentará ayudar como puede y con lo que tiene en su último acto de magia.
Una delicia, una película chiquitita, muy inglesa, pero que vale la pena para ver a este monstruo que, parecería, se está despidiendo con estas delicias.
Aunque creo que tiene cuerda para rato.

Wintuk Cirque du Soleil en el Madison Square Garden


No hay secretos en un espectáculo de estos trotamundos, uno va sabiendo de antemano que se va a meter en una fantasía, que va a entregarse a un juego de sonidos, luces, magia y colores. Lo que no sabe, y es lo que va a descubrir, hasta donde se va a sombrar esta vez.
Altamente eficaz como espectáculo, en este caso quizá defraude un poco por la falta de sorpresa. Es que Wintuk es un espectáculo pensado para los más chicos, y además es un espectáculo pensado para los Estados Unidos, para un público muy especial de ese país, bien masivo, por lo que dudo que alguna vez llegue a Buenos Aires.
Eso significa, entre otras cosas, que todo tiene que ser muy efectista, muy explícito, no hay lugar para sutilezas y mucho menos para el aplauso prolongado.
Hay poco vuelo de sueños y menos lírica y más golpes de efecto en WIntuk.
Dentro de un mecanismo de relojería, que combina de manera magistral la ópera, el circo y sus tradiciones, la música, las máscaras y las acrobacias, Wintuk deja varios epacios vacíos.
Comparado con los espectáculos que estuvieron por Buenos Aires, Saltimbanco y Allegría y el de Orlando, La Nouba, este deja varias cuestiones pendientes. Pero otra vez, es efectivo como espectáculo integral, y termina con la más asombrosa tormenta de papelitos que imitan ala nieve que vi en mi vida.
Bien, correcto, nada que vaya a recordar.

Did you heard about the Morgans?


Si no fuera porque es una de esas películas que uno ve porque no hay otra en ese horario, quizá nunca hubiera entrado, seguro tampoco la hubiera alquilado o comprado.
Es que esta es una de esas películas que uno puede ya prever desde el comienzo y seguro que no se equivoca.
Para ponerlo claro, si uno ve en el afiche que es una comedia (lo dicen) y que trabajan Hugh Grant Sarah Jessica Parker, y que transcurre en Nueva York, ya podemos ir perfilando la película.
De todas maneras creo que es importante aclarar el contexto, era una noche de mucho frío (unos 5 bajo cero) y la idea era ir a ver "Up in the air" una película que venía con muy buenas críticas, o la más reciente Nine, el musical lleno de estrellas en el que trabaja Daniel Day Lewis, Sofía Loren, Fergie, Nicole Kidman, Penélope Cruz y otras bellezas, pero al llegar al cine (un enorme complejo AMC que está en la calle 42 a metros de Broadway) la única que clazaba con el horario era esta, la de los Morgans, así que adentro.
La peli no vale mucho, es ingeniosa hasta ahí y los dos hacen esos personajes que los hicieron celebrities, ella es una exitosa mina de Nueva York, él es un exitoso abogado con acento británico y los dos hacen lo que saben.
Ahora bien, los secundarios de esta película son un hallazgo, están muy bien, son muy sólidos y acompañan de tan buena forma, que a veces uno quisiera quedarse con ellos.
Después, imaginen a estos dos exitosos, que se están separando, que el quiere volver pero fue infiel y ella no lo deja, y que, una noche que salen a cenar para quizá no volver a verse, el tipo que ella tenía que ver en un departamento (vende departamentos la flaca) cae como bolsa de papas desde el balcón, muerto, claro.
Cuando lo ven el suelo, miran para arriba y allí está, el asesino que los mira y baja a los pedos para también encargarse de ellos.
Nos enteraremos después que el tipo es un capo mafia y que lo sigue todo el mundo, y a ellos dos los meten en cuestión de horas en un programa de protección de testigos. Y los mandan al medio del campo, esa zona bien rural de los Estados Unidos adonde viven esos que no les entendemos cuando hablan.
Una vez allá, estarán al cuidado de una deliciosa pareja de policías, y les va a pasar lo que imaginan, temas con los caballos, las vacas, el campo, y todo eso es gracioso.
Diálogos ingeniosos, esas caras de Hugh Grant (las únicas que parece que puede hacer) y algo del hablar rápido de la Parker (a propósito, qué fea es esta mina por Dios!)
Lo interesante del tema es el entorno, no tanto la peli que, si no vale la pena comentar más, sino todo el resto. Ir a ver una película en Nueva York tiene sus cosas, los cines son enormes (estos, los de las cadenas) la pantalla tiene una definición increíble y suena como la hostia. Desde el punto de vista de la tecnología, está todo más que bien.
Morfan como si no hubiera un mañana, y eso se huele en el ambiente, y son terribles con las aprobaciones o las demonizaciones de las películas, gustan, o no gustan, y no hay términos medios.
Esta por ejemplo, es una película que, para mi gusto, no se estrena en un buen momento, hacerlo en navidad, con otros tanques viniendo y con las nominaciones a los globos de oro y esas cosas, la deja fuera de carrera antes de empezar. No había gente en el cine.
Un último tema. Colas enorme, preventa, gente disfrazada, todo eso se veía en las cercanías del cine relativo a una película nueva, que ya venía con récords de venta anticipada: AVATAR parecía romper todo en poco tiempo, vamos a ver. Mientras tanto, yo deseaba volver para ver "Qué bello es vivir" De Capra, y en la taquilla americana, primera corría cómoda una de dibujitos, de Disney.
Las cosas están en su lugar.

Navidad de ritos


Hace muchos años ya, que para los días previos a la navidad me entrego al ritual de ver una película. Es siempre la misma, y me provoca tantas emociones, que entro a la nochebuena con una sensibilidad especial. Se trata del viejo "Qué bello es vivir, o It's a wonderful life", dirigida por Frank Capra y protagonizada de manera magistral por el bueno de Jimmy Stewart y la bellísima Donna Reed. No puedo decir mucho más que le enorme y cursi emoción que me provoca, pero si pueden, véanla. Ningún hombre es un fracaso si tiene amigos, es la frase que el ángel Clarence, le dedica a George Bailey en la tapa de "Las aventuras de Tom Sawyer". No puedo decir más, cuando la vean, si lo hacen, me van a saber entender.

Los fantasmas de Scrooge


Ok, ok, ok, todos saben ya, o lo intuyen que me gustan las películas para chicos. Que mi recomendación será siempre que, de no tener hijos, se consigan un sobrino o alquilen un ahijado para poder ir a verlas.
Bueno, no creo que sea el caso de Los Fantasmas de Scrooge.
Vimos cien? doscientas películas basadas supuestamente en "los cuentos de navidad" de Dickens? Yo recuerdo haber leído este libro a los 8 años. Fue en invierno, un invierno de mierda en el que se murió mi abuelo Juan en 1975. También murió Troilo ese año.
Recuerdo todavía las sensaciones de esa lectura, lo que me iba provocando cada página.
El primero, el segundo y el tercero de los espíritus me fueron visitando invariablemente en mi imaginación hasta que pude darle al libro la segunda buena lectura, ya de más grande, claro.
Años más tarde, el cine me llevó una y otra vez por esa misma historia, adaptada para Hollywood, con mayor o menor apego a las letras del gran Charles.
Los fantasmas de Scrooge no son una excepción. La rareza de esta película es que prescinde de los actores!!! Es tan buena la animación, que el dibujo o lo que sea que hace de Gary Oldman, es una réplica son los problemas de alcohol del buen Gary y seguro sin los problemas con el sindicato!
La historia prometía, nada menos que Zemeckis (si, el de Volver al futuro y Forrest Gump) y la historia de base.
Pero no hay nada más que los efectos, nada más que esos actores dibujados y sus voces, y una historia que se parece demasiado a un video juego o peor aún, a una atracción de un parque de Disney (me animaría a decir que se viene).
En fin, nada para recomendar, aunque seguro que romperá la taquilla, no es nada buena la película.
Me quedo con El Grinch.

Et apré ó El mensajero ó Afterwords


Extraña, dura, conmovedora es esta historia mitad francesa por la narrativa y mitad americana por la presencia de Nueva York, las cuestiones de la multiplicidad de razas y de idiomas y la presencia de un maduro John Malkovich.
Protagonizada por este pelado y Roman Duris (ascendente) cuesta ver qué pasa en la historia hasta bien entrados los personajes y sus circunstancias.
Hay una serie de hecho aparentemente inconexos que van a ir cobrando un invisible e imperceptible hilo conductor y nos van a ir llevando mansos hasta un desenlace de gran poesía y profundida.
Hay unos off que son, además de tiernos, muy reveladores (son dos cartas) y una música que acompaña las escenas de poesía de una manera impecable.
Caen en algunos baches narrativos algunas escenas de flashbacks que cuesta demasiado imaginar por qué están allí, hasta que cobran sentido al final de la película.
Lo raro es que se trata de un film sobre la muerte. La muerte es el eje y el tema central, y el director (francés) no ahorra ninguna imagen para mostrarnos toda la crueldad de la muerte. Hay mucha muerte alrededor, tiene toda la presencia y toda la fuerza narrativa. Hay accidentes, el primero de los accidentes, que le ocurre a un chico de no más de 10 años, es el primer golpe duro, tanto que uno quisiera cerrar los ojos ante cada escena que preanuncia algo parecido, ya que hay varias en la película y todas son igual de crueles.
Es una película rara, que cuenta la historia de los mensajeros de la muerte, aquellas personas elegidas que pueden ver a los que van a morir antes que se vayan definitivamente. a veces lo saben, saben que tienen ese poder. Pero a veces no lo saben, y descubrirlo es un duro golpe.
Esta película trata de ese golpe, del descubrimiento de ese don.
Malkovich es un gran actor. No hay dudas.

Tetro


Qué hermosa película! Coppola es uno de los mejores directores que dio la industria. No tengo dudas. Además de sus éxitos indiscutibles es capaz de encarar, ahora que está más grande y ya no tiene ganas de pelearse con la industria, porque puede prescindir de ella, hace películas de artesano.
Y es el más europeo (quizá con Woody Allen) de los directores norteamericanos.
Tetro es muchas cosas a la vez, pero sobre todas las cosas es una ópera de un dramatismo no habitual para estas épocas.
Seguro será una película de pocas localidades vendidas, van a decir que es demasiado intimista, y los pelotudos de los críticos de los diarios, buscarán (con excepciones, claro) los efímeros minutos de alguna de las celebridades locales para justificar su recomendación. Pero Tetro se las va a arreglar con los amantes del cine, y será una fiesta.
Impecable el elenco (con minutos en escena de algunos de los nuestros) entre los que se detacan Gallo y Maribel Verdú. Hermosa Verdú que, además de poner un hermoso rostro a disposición de la historia, es capaz de conmover con su calidad interpretativa, mucho más madura de lo que esperaba. Gallo es un freak que hace eso, y está bien, pero tiene matices, su personaje es, además del inspirador de la historia central un personaje que pasa por emociones muy fuertes durante el relato, muy fuertes, con arrebatos de violencia y melancolía, pasión y desgano por igual, y eso se banca con oficio.
Está la Maura, el Brandauer (se acuerdan de Mephisto?) y los argentos.
Para mi gusto, excelente de la Serna y su esposa, que componen a una pareja de artistas dueños de un bar teatro, y la Bredice haciendo un papel a su medida, muy jugado y con mucho desborde.
Por lo demás, la música, los ballets (a los que hay que prestarle mucha atención ya que son una historia adentro de la historia) y las calles de Buenos Aires completan una puesta en escena emotiva y tanguera.
Está fotografiada en blanco y negro, salvo (y esto es al revés de toda la convención moderna) los flashbacks y l los ballets, que están en colores.
Buenos Aires en blanco y negro es un tango y el texto, la música y la historia están vibrando es ese tono, aunque virando todo el tiempo a la ópera italiana, lo que hace una mezcla que a mi me movilizó mucho.
La historia de dos hermanos que rivalizan, dos artistas que se ven atravesados por la suerte por la audacia y por el triunfo en su arte, lo que los distancia definitivamente.
Un personaje central que se vuelve a la tierra de sus padres (en este caso una de las tantas familia italianas que se dividieron entre Buenos Aires y Nueva York) para alejarse definitivamente de todo eso, y un personaje adolescente que vendrá a cuestionar y a poner todo patas para arriba y a intentar su propia salida de la historia que los ahoga por igual.
Me gustó, me gustó mucho. Es una de esas películas que estoy seguro que voy a volver a ver una y otra vez y en cada pasada voy a encontrarle cosas nuevas.
No tengo idea de cómo le irá al gordo en el periplo mundial con la historia, si tengo claro que su calidad y su genio para construir películas que conmueven está inalterable.
Me gusta Coppola, no descubro nada con esto, pero es hora que su medida se mucho más allá de El Padrino y Apocalipsis. Su arte va mucho más allá de estas producciones.
Es cierto, Tetro, comparada con aquellas, es una película de cámara, una intimidad. Pero qué bueno que un director de su tamaño (volumen) pueda poner sus mangos en estos lujos.
Y pensar que acá le afanamos la laptop con las cosas que estaba escribiendo para los próximos años!! Si alguno compró esos discos duros, tire un pista, yo quiero más Coppola!!!

Bellamy


Chabrol es un lujo, un narrador francés pero con el típico gusto inglés. Es un terrible escudriñador de la vida moderna y un crítico acérrimo de las altas esferas de la sociedad francesa, que en sus relatos son la sociedad capitalista.
En esta película, un enorme (en todo sentido) Depardieu es un inspector que en sus vacaciones se ve llamado a meterse en un caso de identidades cambiadas y asesinato.
No esperen una película en la que hay que descubrir cosas, lo divertido de Chabrol es que, cuando se mete con un plicial, como en este caso, el tema está resuelto de antemano. No hay nada que descubrir ni siquiera la mecánica de la investigación ofrece alternativas rebuscadas. Ya se sabe todo de antemano, lo interesante será ver por qué el asesino hizo lo que hizo y lo que es peor, lo que está dispuesto a hacer por las mismas razones.
Acá el juego es simple y a la vez encierra una vuelta de tuerca romántica. Todo se hace por amor. O en algún punto por calentura, pero que en este caso funciona como un motor tan fuerte como el amor.
En medio de la historia se cruza el medio hermano de Bellay, un francés de esos sucios y desprolijos que parecen emanar olores por la pantalla. Una lacra que se queda todo el día por la madura bella esposa del inspector haciendo que los ratones del gordo vuelen por los aires, pero a la vez ayudándolo a desentrañar la historia que tiene entre manos con su propia vivencia.
Una película para amantes del cine no gringo, no hay que engañarse, como otras joyas francesas que no tienen que ver con el policial, hay que estar preparados para verla.
Pero si uno entra en ese tono narrativo, vale la pena.

The soloist


Es una de esas películas que si se hubieran filmado en Europa serían fantásticas, si las hubiera hecho un Checo super aburrida, y narrada por la industria, uno se queda siempre con ese sabor amargo que dejan los lugares comunes.
Nunca en el relato, llegamos a saber por qué el chelista callejero es un chelista callejero.
Sabemos que es un virtuoso, sabemos que tiene voces interiores que no lo dejan en paz (quién no?) y sabemos que no mira a los ojos. Pero nunca, ni con esforzados flashbacks ni con intuiciones o marcas del guión, vamos a develar qué le pasó en su atormentada adolescencia negra como para seguir el juego.
Por lo demás, Robert Downey Jr. es sólido como siempre, conmueve, le quedan muy bien los roles en los que está caminado en una cornisa emotiva, que lo hace ver con sus venas del cuello y la frente hinchadas por la pasión. es un buen interprete, no hay dudas de eso.
Jamie Foxx, compone otra vez a un músico (lo había hecho magistralmente en Ray) y también esta vez es un virtuoso con una turbulenta vida interior. La macana de esta vuelta, es que también tienen que recurrir a una máscara demasiado pretenciosa, y en este caso, los exagerados (pero efectivos) mohines de Ray Charles, se transforman en una vestimenta, un corte de pelo, una forma de hablar y una mirada perdida demasiado tiempo.
Uno es exigente con estos papeles, que tienen que ser trabajados muy desde lo interior para no caer en una caricatura.
Completan en cuadro (muy de atrás también esta vez) una hermosísima Catherine Keener. Sólida, melancólica, comprensiva, y hermosa. Una de esas actrices que no defraudan y están a la altura de todos sus desafíos, como Laura Lienney.
Downey es un cronista de un gran diario, que escribe crónicas de la ciudad, que van en tapa. Es una estrella, es solitario y genial, y tiene la suerte de encontrarse, en una de sus rondas en búsqueda de historias, con Foxx, que ataviado como un lunático, toca un violín de una sola cuerda.
Hasta acá nada que no se pueda ver en Florida después de las 7 de la tarde.
Cuando decide que esa será su historia de tapa, que se convertirá en un libro, en un premio profesional, en obras anunciadas por el alcalde y en su historia más humana, es cuando la película se pone interesante. En cada uno de esos que vemos desde la ventanilla del colectivo, en el andén del subte, escuchando música a todo volumen en el auto de al lado, en cada uno de esos seres sin nombre, hay una historia que puede ser contada.
Descubrir esa historia, seguirla, mimarla, es lo que hace que unos cuantos minutos de esta película merezcan la pena.
Hay un escenario que se intuye y no se muestra (la ciudad de Los Ángeles) como escenografía y una banda de sonido de cuerdas permanentes, de furia, de melancolía y de amistad.
Es una película de momentos bien logrados, de baches narrativos y de interpretaciones sólidas, que están muy al límite de los estereotipos, pero que zafan (sobre todo por el lado de Downey y Keener).
Cuántas películas que abordan el tema de la locura, la creación y don artístico!
Y cuán poca luz que se hecha sobre esa magia.
Hay algo de todopoderoso en el periodista (demasiado parecido a la realidad?) y un momento, un seco momento, en el que se da cuenta que la historia de papel le afecta demasiado la vida, y que quizá ya sea demasiado tarde para tomar distancia.
Se puede ver.
Nada más que eso.
Y está Beethoven, claro, y algunos pasajes de su cosecha, que van muy bien como banda de sonido de una Los Ángeles desalmada, la Los Ángeles de los 90.000 sin techo.

Los estafadores o The brothers Bloom


Como el Valfierno de Caparrós, el personaje central de esta historia protagonizó tantas vidas para hacer sus engaños y sus estafas, que ya no sabe quién es ni cómo es la "vida no escrita". Vivir sin el guión que su hermano escribe desde que son dos chicos y los hizo ser lo que siempre quisieron, estafadores profesionales.
Una historia a la que le sobran unos minutos, quizá podría haber tenido un remate unos 15 minutos antes del final que vemos en esta copia, pero que se deja ver.
Es muy entretenida, con ese humor que no es explícito, que se desarrolla en el segundo plano y es tan efectivo en los ingleses. Los actores tienen mucho oficio (los hermanos son Ruffalo y Brodie) y se completa el cuadro con una banda de sonido muy buena y unas imágenes muy pero muy artísticas. Merece una mención especial el vestuario, que acompaña como si fuera una excelente compañía para descubrir a los personajes.
No es que nos vamos a sorprender con la historia, seguro que vimos cosas más interesantes y desafiantes a nuestra inteligencia en algún capítulo de Los Simuladores, pero todo el resto de los condimentos están muy bien para pasar el rato y dejarse llevar por las imágenes.
La vid escrita en una Moleskine, que va entramando paso a paso las minuciosidades de una estafa.
Hasta que uno de los hermanos se enamora, y el amor, que por lo general hace que todo parezca irreal, produce acá el efecto contrario, el Bloom que no tiene conciencia de sí mismo por afuera de los papeles que su hermano le escribe, al enamorarse pierde ese vínculo y se asoma a su verdadero yo.
Uhh!! esta frase me quedó un poco rebuscada!!
Otra vez, hace rato que uno no encuentra una buena peli de estas características, quizá desde Los sospechosos de siempre no saltamos de la butaca al enterarnos de qué iban realmente los sucesos que veíamos, pero acá la cuestión que se plantea es otra, y está bien lograda.
Tiene algo de El gran Pez, en cuanto a los personajes, la música y el vestuario, pero es algo, no crean que se van encontrar con una historia similar, solo el tono.
Si no tienen otra cosa para hacer, es para verla. El cine sigue siendo barato (por ahora)

Asalto al tre Pelham 123


Todo correcto. Tony Scott, correcto con sus cámaras y sus trucos, un guión correcto para leer como novela, sin dudas bien vendido. Y actores correctos. Travolta con mohines de loco, ya lejos de sus papeles más celebrados, Denzel W, grande, grosso, negro. Bien, correcto, como casi siempre. John Turturro, que camina por Nueva York y la ciudad lo entiende. Pero nada más. Una película sin ángel, sin nada para recordar, sin escenas ni miradas ni gestos ni música ni planos ni nada que me acuerde en este instante en el que escribo.
Es uno de esos productos que, como las remeras GAP ó los pretzels, esa industria produce casi sin despeinarse. En serie, como al descuido. Nada más.

Horsemen


Horsemen es una de esas películas que están en el límite entre policiales y de miedo. Ese género en el que Seven puso la vara alta.
Esta está bien, tiene de protagonista a un maduro Dennis Quaid (trabaja poco) y algunos secundarios de esas caras conocidas pero nombres que se pierden.
Es una historia clásica, el asesino está enmarcado en una historia que va develándose a medida que chorrea la sangre 8y chorrea mucha) y en este caso tiene que ver con los 4 jinetes del apocalipsis (de ahí el nombre).
Está muy bien construida, y en el trabajo de Quaid, se van notando las marcas de su foco en el trabajo descuidando a los hijos (la mujer falleció hace un par de años) lo que, hacia el final de la película se convertirá en una trampa para él mismo.
Es un relato sólido, no tiene golpes bajos, y es una de esas vistas que te invitan a competir por adivinar quién es el que está detrás de toda la locura. Cosa que yo, confieso, nunca logré.
Esta buena. Creo que viene al estreno comercial en breve. Es para verla. Ojo, no para esperarla con ansiedad, solo para verla.

Lluvia de hamburguesas


Qué placer! Por qué no había de estas películas en nuestra infancia? El dolor de huevos que significaba para mi viejo el tener que llevarme al Los Angeles a ver Bambi!!! Y ahora es un placer enorme.
Para ser concretos, estas creaciones no son para chicos. Cada vez me convenzo más que están hechas por gente de mi generación y para mi generación. Está bien, hay algo para ellos, es cierto, pero qué argumentos, por favor!!
Lluvia de hamburguesas es un buen exponente del género. Al igual que Monsters Inc. y tantas otras, nos plantea el caso de un dispositivo que, si se usara bien sería fantástico, pero cuando intervienen los "malos" que quieren sacar más de la cuenta, todo se va por el inodoro y es necesaria una acción heroica para que todo vuelva a su cause normal.
El nerd desplazado, que pasó toda su infancia encerrado en su laboratorio, ahora tiene en sus manos una máquina que convierte el agua en hamburguesas, y en toda la comida que se imaginen, y que, por un accidente, esa máquina se fue a instalar a una nube bien alta, por lo que, ahora cada vez que se activa, solo hay que elegir cuál es el plato que queremos que caiga del cielo. Esto, en una comunidad que vivía de la pesca y venta de sardinas, es como maná del cielo.
Hay historias de gula, de idolatría, de manipulación, un político ambicioso, amigos, autoridad, y una buena y tierna historia de amor con Sam Chispas (Sam Sparks) joven bella que cambia su apariencia para dejar de ser una nerd y se convierte en alguien sin identidad.
Ahora, la historia que más conmueve, la que atraviesa toda la película y está llena de momentos, es la historia Padre Hijo, resuelta a lo Hollywood, es cierto, pero conmovedora.
Si tienen hijos, no lo duden, buen programa para mañana (que parece que llueve) y si no, ya se ponen a llamar y se llevan a algún sobrino o hijo de amigos. No lo duden.

Y si pueden, véanla en 3D

Adventureland


No esperen comentarios de películas en pantalla, ocasionalmente vendrán, pero la base son esas vistas que andan sueltas, que por lo general no llegan a la pantalla o si llegan, se desvanecen en cuestión de hora.
Hoy es Adventureland, que, a priori, puede parecer una de esas nuevas películas de género hecha por directores independientes jóvenes con un sentido del humor mezcla de ácido, negro y naiff. Pero nada de eso. Cuando uno ve la portada del DVD imagina que andará por los barrios de Napoleón Dynamita, pero en cambio se mete en una historia de amor de verano previo a la universidad, que se construye y se cuenta de una manera soberbia y atrapante.
Los protagonistas, salvo un par de caras conocidas (que será ocioso nombrar) son casi todos desconocidos, salvo el protagonista, Jesse Eisenberg (que es el mismo de una peli que si tuvo estreno comercial acá The squid and the whale, con la hermosa Laura Lynn y Jeff Daniels, del 2005) que, dicho sea de paso, a la hora de estrenar esta a comienzos de este año, tenía 7 películas más en proceso de rodaje, pre y pos producción. Lo que nos hará verlo más seguido, hasta que haga su debut en algún tanque de Hollywood.
Es una historia de humor del bueno, muy romántica, de nostalgia (está ambientada en los finales de los 80 en un parque de diversiones) que transcurre en un verano y dura hasta que, los que encontraron trabajo allí, deben ir para sus universidades.
En ese escenario, se van a cruzar las historias personajes entrañables, jóvenes con ideales, excesos de final conciente de una etapa de la vida que ya no va a repetirse y entre todo eso, el amor.
Está buena, muy buena. Tiene una muy sólida narrativa, muy buen guión y un humor muy efectivo, del estilo de Napoleón D, o de Best in class, películas que todavía no tenemos la oportunidad de ver en pantalla grande, por esas cosas del comercio y la taquilla. Si la ven por ahí, alquilenla o comprenla, van a pasar un buen rato y les va a hacer acordar aquellas épocas de cosquillas en la panza.

Los abrazos rotos y The informers



Almodóvar construye historias con besos, flashbacks, música y poder. Y lo hace muy bien, lo que ocurre con él es que "tiene que gustarte". Si no vas prevenido, su cine (que se parece siempre a su cine) corre el riesgo de desviar la mirada a los detalles. A los elementos retro que pueblan sus imágenes, la polenta de las mujeres que llenan su pantalla y la sordidez de sus persoajes marginales. Con todos estos elementos en la cabeza, Almodóvar es (después de Woody Allen para mi gusto) quién mejor conoce y retrata a las mujeres en la pantalla y es un artesano a la hora de hilvanar historias (metí tres haches seguidas!!). En Los abrazos rotos, además, se mete con la vida de los artistas, profundiza en la vida de aquel que pierde lo más importante para hacer su arte (la vista del director de cine en este caso) y desarrolla la historia alrededor de una Penélope Cruz que a fuerza de hermosura y sugestividad, nos está regalando minutos felices en la pantalla grande. Paro acá un instante para recomendar no ya Vicky Cristina Barcelona por la que ganó el Oscar sino una película mucha más chiquita pero de enorme compromiso y sensualidad que protagonizó con el gnomo Ben Kingsley, se llama Elegy (acá La Eleginda) y, basada en una novela corta de Philip Roth que se llama Dying Animal (el animal moribundo) es una de las más bellas historias de amor que vi en años. Poco más, no voy a contar la película como siempre me reclaman mis amigos, esto es simple, si ya te gustó algo del manchego, andá, si viste Carne Trémula y te fuiste puteando, ni vayas.
La otra es The Informers. Poca cosa. Mucho elenco y un gran esfuerzo para retratar el comienzo de la era del flagelo del SIDA. Los primeros años 80 son el telón de fondo para una historia de ricos habitantes de Los Angeles que se descubren todas las mañanas en la cama con gente extraña con la que pasaron la noche. Todo cruzado por drogas, hombreras y raros peinados nuevos. Los actores están bien (no puedo ser objetivo con Kim Bassinger) y el reparto es bueno (si, está Billy Bob) pero la historia naufraga en baches insoportables.
Y acá vale una aclaración, cada vez que el cine se anima a algún relato de Bret Easton Ellis, el gran provocador de American Pyscho y Generación X, se mete en un berenjenal que hace polvo la profundidad del texto de Ellis. Un marginal de la industria, pero provocador y muy vendedor en USA y en el resto de la acrópolis, que es, según algunos críticos, el mejor retratista de esa época y esos personajes adinerados que, a fuerza de darse esos lujos inalcanzables, desviaron sus vidas a callejones peligrosos. En definitiva, ni para DVD. Siempre, ante la duda y si esta crítica sirve, tengan a mano algún clásico. Hannah y sus hermanas, por ejemplo