sábado, 17 de abril de 2010

Edge of darkness


Más viejo, más gordo, más pelado que en Arma mortal 4, pero si necesito a un actor que se enloquezca y esté dispuesto a parar a un auto a tiros que viene hacia él a toda velocidad porque unos desconocidos mataron a su hija en frente suyo, ese es Mel Gibson.
Hacia rato que no filmaba para otros, pero está claro que estos papeles en los que tiene que jugarse a todo o nada le van bien.
Un pilotín color caqui como Columbo, un estado de Massachussets demasiado prolijo para su locura, un caso que se va complicando y su pistola que termina haciendo justicia adónde nadie más se anima.
La peli tiene ritmo, pero se estanca en el relato, y es otra vez que este tema vuelve como si fuera la única manera de sostener un final, vuelve con el cliché de las corporaciones, el gobierno y los temas que son clasificados.
Es que no hay guionistas que puedan imaginar otros finales? Todo tiene que fluir hacia las conspiraciones y las cosas secretas?
Hay un personaje, el inglés, el factor en las sombras, el que todo lo arregla o lo desarregla y nadie sabe bien de qué lado está, que viene a cumplir con un poco más de vuelo en el relato, pero se queda a mitad de camino.
Demasiados cabos sueltos para cerrar la historia, y su personaje es, de tan excéntrico y tan secreto, poco creíble. Lástima, ya que el actor vale otro tipo de papeles.
Por lo demás, lo que nos interesa, se mueren todos los que se tienen que morir y Gibson los mata como se merecen, tengamos en cuenta que vio como despachaban a su hija.
Tampoco está del todo bien esa transición, que debe ser tan jodida, de descubrir que la nena de papá no era tan inocente como siempre pensó que era, y que estaba metida en flor de despelote, incluso en algo mucho más grande de lo que él jamás se metió. Ese shock, lo tomó con una naturalidad que no es creíble.
Su novio, su amiga del alma, un poco sobreactuados. Otra pena.
Solo tiros bien puestos, mueren los malos y él, Gibson, camina hacia el cielo como el bueno de Sueiro. Hacia la luz.

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