sábado, 17 de abril de 2010

Harry Brown


Te desafío, cuántas películas viste con Michael Caine? Dos, cien, mil? No tenés esa sensación extraña que te hace pensar que todos los años vite por los menos 4 películas con él?
Es uno de los tipos más prolíficos del cine y lo viene haciendo desde los 60 hasta acá.
Esta película está hecha en Inglaterra, y le sienta bien. Es cierto que es uno de esos actores que pueden mimetizarse con sus entornos de manera magnífica, que pueden hacer trabajos monumentales a cualquier edad y trabajos pequeños pero con sutilezas como el magnífico Alfred de algunos Batman, pero Londres le sienta bien.
Harry Brown es una película sobre la violencia.
Todo es violento, y triste.
Y toda la película está al servicio de esa violencia y del extraño silencio que sobreviene al ataque de esa violencia, a esos minutos eternos que suceden después de los disparos, de la sangre, de la muerte.
Harry es un anciano. Está perdiendo a su esposa, la razón de su vida, y en esa misma semana pierde también a su único amigo, con el que juega al ajedrez y con el que mata el largo tiempo de los viejos.
Pero toda esa tragedia tiene como telón de fondo un barrio de clase trabajadora inglesa, muy parecido a nuestros barrios, nuestros monoblocks setentistas, con callecitas, muchas puertas y ventanas y pasadizos.
Y tiene también, como protagonistas centrales, a una banda de pibes desclazados, que adolescentes o pasados, no tienen otro objetivo en la vida que drogarse, armarse en bandas y hacer todo el daño que se pueda.
Esa violencia sin ideología, sin porqués, que tanto daño le hace a Harry, esa violencia que solo busca el entretenimiento, es el desencadenante de que el bueno de Harry, el abuelito tranquilo que no quiere meterse con nadie, se acuerde que alguna vez fue un marine bien entrenado y decida encontrar respuestas por su propia mano.
Ya vimos este relato. Desde Charles Bronson como el vengador. Acá lo llaman el vigilante, y será anónimo hasta el final de la película.
Solo lo descubrirá una detective (sobria actuación de una polifacética Emily Mortimer, que trabajó mucho, muchísimo en los últimos años, desde la acompañante de Steve Martin en La pantera Rosa, hasta Shutter Island de Scorsesse, pasando por Match Point de Woody alle, esta flaca está para todo) que a pesar de haberlo hecho, terminará siendo cómplice de la resolución fuera de la ley que tiene la película.
Está la violencia son sentido, está un barrio humilde y superpoblado, están los jóvenes que tienen ya años de no hacer nada y vivir en la calle sobreviviendo, está la policía que no actúa, que sobreactúa, que se pierde, que pierde, que no reacciona.
No es todo demasiado parecido a nuestra realidad?
En el fono, la película es tan universal, tan cercana a todas las grandes ciudades, que mete un poco de miedo.
Eso pasa en Londres, pero vimos que pasa también en París, en San Pablo y en Fuerte Apache.
Nada puede detenerlos, ninguna institución del estado parece contenerlos y la droga penetra más y más en sus vidas.
Un futuro, mejor dicho, un presente demasiado parecido a unos minutos del noticiero de Crónica cada mediodía.
Harry Brown es producto de esa decepción, de un hombre viejo, que no tiene nada que perder porque ya lo perdió todo y que descubre un día que puede hacerlo, y que no hay nada que se lo impida.
La película no trabaja ninguna moralina, ninguna bajada de línea y tampoco hace apologías, los que son estúpidos por omisión o por que simplemente lo son, al terminar la película lo siguen siendo, los pendejos nunca se arrepienten y hacen todo lo posible por ser odiosos hasta el segundo antes que los maten, y Harry, el bueno de Harry, también suplica que lo liquiden, pero nadie le da esa alegría.
Es una de esas películas que tienen un arranque en una marcha, un tono de pianos suaves, el dolor de un hombre grande, sus ropas dignas pero gastadas, el eterno otoño de Londres y sus ojos mojados por ese dolor que lo atraviesa.. La soledad que lo rodea todo todo el tiempo.
Y hacia la mitad de la película aparece otro ritmo, suavizado por los ataques de asfixia del protagonista, pero con dientes apretados y justicia en las imágenes.
Todo cambia, y todo se va acomodando para un gran final.
Que llega, y tiene toda la carga de violencia que uno puede suponer que va a tener, y todo el odio, y toda la palpitación, que es la nuestra misma.
Se puede ver esta película, claro que si, quizá se parezca un poco, pero muy poco, a Gran Torino, del maestro Eastwood, pero solo en la anécdota, en los contornos, aunque pensándolo bien, como dije antes, uno se queda con esa sensación que esta historia se puede filmar en cualquier lado, que los escenarios pueden variar un poco, pero que es creíble en el lugar que la filmemos.
Párrafo aparte para este monstruo de la pantalla.
Emociona, aprieta los dientes de calentura, corre, se ríe, y le creemos todo.
Aunque dicen que hizo fortunas con su restaurante en Londres (en donde tuve la suerte de almorzar un día de 1997) espero que no deje de filmar nunca, y cuando lo haga, seguiremos jugando el juego de adivinar cuánto filmó, con la certeza que siempre encontraremos algo nuevo.
Es para verla.

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