viernes, 4 de julio de 2014

Delivery Man


Delivery Man

Reflexionar en tono de comedia sobre lo que nos pasa en la sociedad siempre es interesante, aporta un ángulo distinto, saca drama y deja ver las cosas un poco mejor, porque nos aproximamos a ellas con la máscara de la risa.
Delivery man nos plantea uno de esos casos en los cuales la fantasía puede estar trabajando de manera larvada, quiero decir, alguna vez seguro se nos cruzó por la cabeza eso de pensar cómo es eso de que haya hombres que donan esperma para bancos genéticos y nunca saben el destino de su trabajo manual?
Esta película se lo plantea al extremo. Vince Vaughn (buen comediante siempre relegado en esta nueva etapa de la comedia americana, quizá porque está más relacionado con el humor físico que el intelectual) ha donado de joven mucho, pero mucho esperma para un laboratorio. Tanto, que con el andar de la película no enteraremos que con lo obtenido pagó un pasaje para toda su familia a Venecia desde los Estados Unidos.
Trabaja en la carnicería de su padre con sus dos hermanos, son polacos, y es el que menos luces parece tener. El que maneja el camión de reparto, el que está en la calle, el que está en contacto con las cosas de la calle, las buenas y las malas.
Y todo en esa vida es complejo, deudas, desamores, falta de reconocimiento, hasta que una noticia cambia su vida para siempre.
Se enterará que su esperma fue durante un par de años, el más seleccionado por el laboratorio, y que es entonces el padre biológico de nada menos que de 533 hijos! Que, educados y movilizados, empiezan un trabajo de redes sociales y legal para conocer a su verdadero padre!
No puedo con la noticia y decide sacar al azar los perfiles de los chicos (son todos veinteañeros) y comienza a acercarse sigilosamente a ellos.
Y con los 4 ó 5 que lo hace, descubre que puede estar ahí para ayudarlos en sus complicaciones, sin deschavarse.
Irá creciendo en él un sentimiento que nunca antes había experimentado y que le llega justo además cuando su novia, que está dejándolo, le dice que está embarazada.
Pasan muchas cosas interesantes a partir de este punto y es el nudo central de una comedia inteligente, interesante, bien actuada y muy actual.
Que además trae el combo de la reflexión acerca de lo que corresponde hacer en estos casos de necesidad de conocer la identidad del donante.
Pensar en un tema tan controvertido desde la comedia es una vuelta de rosca atractiva y bien resuelta.

Inside Lewyn Davis


Inside Lewyn Davis

Los hermanos Coen logran cosas extrañas, pero casi nunca que una de sus creaciones me guste de principio a fin.
Quizá se deba a que termino encontrando desparejos sus vaivenes, sus cambios de estilo, de guiones, de género.
Pero lo que no puedo discutir es la personalidad y el clima que tienen cada una de sus producciones. Al estar al comando del 100% de los temas, de cada uno de los detalles y control total sobre sus producciones, no hay fisuras, logran siempre lo que se proponen como obras redondas, aunque a veces, como en este caso, me dejen con un sinsabor al terminar de verla.
Inside Lewyn Davis no recorre la biografía de ningún cantante verdadero, pero puede ser la de los varios que, a principios de la década de los 60, poblaron las calles del Greenwich Village neoyorquino.
Será entonces una historia íntima, cruzada por canciones, de un trovador incomprendido, desapegado de las cosas de este mundo, que intenta sobrevivir a fuerza de canciones en un mundo demasiado hostil para una música de cantantes solos.
Después de perder (se suicida) al compañero con el que había creado un dúo con algo de suceso, su carrera solista se irá desfigurando, borroneando, hasta hacerlo dudar si debe seguir con su guitarra a cuestas intentando.
Hay algo de espíritu libre, de vagancia extrema, de melancolía y de resignación en cada uno de los diálogos.
La película recrea muy bien esos momentos de comienzos de los años 60, con sus hambrunas y sobre todo por la presencia del frío, el frío extremo de las calles del Village, el frío que se siente calar hondo cuando uno anda corto de efectivo, y Lewyn estará toda la película sobreviviendo con apenas un puñado de billetes.
No hay mucho más, historias de desencuentros, resignaciones, cosas que salen mal y dudas sobre el talento y apariciones fugaces de bellos personajes secundarios.
Hacia el final, en el mismo escenario en el que cantará Lewyn su recital casi íntimo, un tugurio de mala muerte para artistas nóveles a la gorra, aparecerá un inconfundible Bob Dylan casi ignoto también.
Es una sutil parábola, película pequeña de toques románticos y no mucho más.
La música, que podría haberla salvado, es correcta, pero nada memorable tampoco.