domingo, 24 de febrero de 2013

On the road


On the road

Seguro que los puristas dirán que no está el espíritu de Kerouac, que le falta, que no transmite todas las emociones, pero qué buena pintura de época y de lugar que hace el brasileño Walter Salles con este libro!
Ya un producto del mainstream cinematográfico, se las arregla para crear los climas perfectos, las miradas y los susurros en medio del desenfreno.
Esas almas que todo lo buscan, que se desesperan por vivir todo lo que la vida les pone adelante, esos primeros pasos para todos los excesos, están retratados con perfecta caligrafía por Salles.
Y muy bien interpretados por todos los personajes, desde el trío protagónico (con la apagada y tan desteñida como su pelo Kristeen Stewart en el rol de Marylou) hasta los marginales papeles secundarios, entre los cuales brilla Viggo Mortensen.
Está muy bien la película.
Vidas al límite, un final de década del 40 marcado por la amenaza del comunismo, la presidencia de Truman en medio de la recuperación del país y los incipientes primeros albores de lo que será la revolución de los años 60 entre los jóvenes del mundo.
Sal, proyecto de escritor, conoce a Dean, un marginal semental y poderoso, y juntos, el intelecto y la energía, recorrerán en un viaje iniciático varias veces el territorio de los Estados Unidos.
Las drogas, el exceso de todo, alcohol, sexo libre, experiencias del camino, la cosecha de algodón, los trenes viejos que van a ninguna parte, el hacer dedo en la ruta en medio de la nieve, todo será anotado en las libretas de Sal, casi como un reflejo de supervivencia, y se convertirá en el libro que marcó a toda una generación e inspiró a los que vinieron.
Pero qué hace Salles con esa obra maestra de la desesperanza, los límites, la amistad y el desenfreno? Hace lo que puede! Pero no es poco.
Acompañado otra vez por los climas que le impone Gustavo Santaolalla en la banda de sonido, y con una producción que no ahorró un centavo en darle credibilidad a que estamos en los primeros días de los años 50, esta película es en si misma una postal, una interpretación de lo que el libro contiene, sin apartarse de su clima y de su sentido pero transformándolo en otra cosa.
En algo placentero para ver, para disfrutar, para tener ganas de ir a comprarlo y leerlo si todavía no lo hicieron, porque vamos a adivinar que ha de haber mucho más escondido en esas páginas famosas.
La película es un buen cuadro, una interpretación poderosa y abrumadora de clima de la época.
Una amistad, un amor, el arte, los límites, el jazz, el tabaco, el sexo sin códigos ni moralinas, el cemento, la ruta, las almas perdidas que no terminan de encontrarse, el deseo secreto de parar un poco, de frenar para aferrarse a un amor verdadero, duradero, suave, tranquilo.
Y las libretas (Moleskines?) y todo el poder de esos trazos hechos en las paradas de los buses y al costado del camino.
Una linda experiencia.
Un placer está película.

Argo

Argo


Cuánta cosa, no? Argo premiada, Argo multipremiada, Argo no va al Oscar y es una injusticia.
Paremos la mano. Está bien, pero no tan bien.
No me creo que tenga tantos méritos, en todo caso, será que no fue un buen año para la industria, que sufrió, como el resto de la actividad industrial, problemas?
Argo recrea bien una época, recrea bien una historia real que es increíble (que fue desclasificada por Bill Clinton y tenía destino cierto de película desde el primer día) y está bien dirigida, pero no es nada superlativo, es apenas una película correcta.
Con pocos actores de gran cartel, con las excepciones del mismo Affleck, Alan Arkin y John Goodman, cuenta bien la historia de un grupo de trabajadores de la embajada norteamericana en Irán, que deben ser rescatados del País y están escondidos en la embajada de Canadá y bajo custodia de ese embajador.
Conscientes de que no pueden seguir metiendo la pata en la zona (como lo seguirán haciendo una y otra vez) las agencias de inteligencia tienen que buscar la manera de rescatarlos con vida.
Hay dos tendencias, una es a través de un engaño, montar como si fueran un equipo de filmación canadiense buscando locaciones para una película de ciencia ficción, o el ataque armado.
Irán por la primera opción, pero casi sin autorización de los superiores que ven en el plan una especie de gran pelotudez que puede hacer que no solo no vuelvan los 6 de la embajada prisioneros sino todo el equipo que se involucra en el rescate.
Affleck será el héroe, y no solo porque le sale bien y es el director, sino porque le van esos papeles de ir “por lo que está bien” no importa lo que pase.
Se armará la farsa y se producirá la salida del país.
Eso es todo.
No es poco, pero tampoco es demasiado.
Es un buen refresco de la historia, pero más allá de las recreaciones de época y de la situación de violencia general de Irán, mezclada con imágenes reales lo que le termina imprimiendo un toque de solemnidad, no hay mucho más que eso.
Ni siquiera en los momentos finales, en la tensión, en esos instantes en los que cualquier cosa podía fallar y que los mataran a todos, no hubo nervios en la platea.
Está bien. Es una buena historia. Está bien contada, pero no es esa película que no vamos a olvidar por años. Creo que el año que viene tengo que hacer que me recuerden que existió.

Looper

Looper


El problema es que si uno no está muy afilado, uno que no es muy avispado en esto de las tramas secretas, y se perdió ese detalle, ese comentario del actor como al pasar, ese gesto, eso que pasa en segundo plano, ya se perdió para siempre en una película del género sci fi que va y viene todo el tiempo en el tiempo.
La trama es simple, pero a la vez tiene mucho detalles que la hacen un tanto confusa.
De todas maneras, el chiste es que hay unos tipos que se dedican a matar gente a sangre fría, pero no es gente que van a buscar como sicarios, sino gente a la que esperan prolijamente en un descampado a una hora determinada, y esa gente se la mandan unos tipos malos, pero a través de un viaje en el tiempo unos 30 años al pasado!!
Es decir, el sicario matará a alguien que será destinado a tal fin en unos treinta años vista.
Con eso empezamos.
Si además le ponemos que el protagonista (el prolífico y sólido Joseph Gordon-Levitt) se las verá con él mismo en el ritual del asesino, y que no podrá hacerlo (quién podría) y por lo tanto tendremos en tiempo presente al mismo tipo pero con dos edades diferentes! Y si eso no basta, caerán todos en una casa de campo en el que viven una señora (Emily Blunt morocha, hermosa, qué te pasó Bublé?) y su hijito que es un poco travieso y será con los años un hijo de mil putas encarnación misma de Belcebú.
Demasiado. Demasiado para un solo rollo.
El director es un joven Rian Johnson, de quién yo ya había visto una hermosura de película que se llama The brothers Bloom, y que en esta, para mi gusto, la pifia. Porque además es el autor del guión.
Por alguna razón no menciono a Bruce Willis. Porque está Bruce Willis y en cada película que está el señor pelado uno no puede dejar de mirarlo. No de admirarlo, no tiene demasiado que ofrecer actoralmente, al menos no lo hemos visto salvo en esa que se llamó 16 pasos. Bruce es un imán para la cámara, una bestia cinematográfica, uno de esos candiles que siempre brillan haciendo lo que saben. Pero saben qué? En esta no aporta ni siquiera eso. No la salva, no puede hacerlo.

Lawless

Lawless


Qué buena que es! Unos hermanos, su leyenda en una ruralidad demasiado hostil de la medianía norteamericana de los años de la ley seca, y una historia simple, furiosa, muy bien construida.
Una gran composición de Tom Hardy como el jefe de este clan de hermanos muy salvajes, precedidos por una leyenda de inmortalidad y de fiereza y soledad.
Son tres, solitarios, que hacen su trabajo sin sobresaltos, hacen y entregan whisky casero por toda la zona este de los Estados Unidos.
Viven en un paraje que hace las veces de hotel de carretera, nada los sobresalta. El menor de los tres, que recién empieza a tener conciencia del negocio en el que está metido (Shia LaBeouf) será a la vez un protagonista central de la historia, un narrador privilegiado y un buscador (por su inexperiencia) de todos los problemas imaginables.
Se cruzarán las historias de los tres hermanos, con la de un despiadado nuevo delegado de la autoridad federal que decomisa el alcohol, un hijo de mil putas interpretado por Guy Pearce y un par de enormes pequeñas actuaciones como la de Gary Oldman haciendo de un gángster de Chicago que se establece por la zona y Jessica Chastain, tan nombrada por estos días y tan elogiada por este blog desde la primera tímida vez que la vimos por la pantalla.
Ese nuevo alguacil será quién rompa todos los tratos preexistentes y no solo intente desbaratar el negocio de los hermanos, sino que además intentará terminar con la leyenda de su inmortalidad.
Habrá escenas de gran violencia explícita, que no están ni demás ni son parodias como en alguna película de Tarantino, sino que están filmadas para que terminemos de comprender en qué vida están los hermanos y cuán difícil es sobrevivir en esos días de prohibiciones y crimen organizado.
Todos los personajes, que están muy bien, encajan a la perfección en este mecanismo que monta el director, con la ayuda de muy buenos actores que hacen bien lo suyo a su tiempo.
No le sobra nada y no cae en tentaciones fáciles. No hay moralina, no hay enseñanzas, hay un buen relato, un buen ritmo, una gran banda de sonido y buen cine.
La película advierte todo el tiempo que está basada en hechos reales y uno se olvida de eso cuando la está mirando y disfrutando, porque si bien los hechos, todos, son verosímiles, uno se mete en la ficción y se olvida de todo. Pero ahí estarán las imágenes reales, al final de la película, en blanco y negro, como testimonios de que todo lo que se contó es cierto, seguro que con licencia, pero cierto.
Qué más?

End of Watch


End of Watch


Violenta, extrema, agotadora.
Si ya sabemos que los carteles de la droga, los mexicanos, están en California en Los Ángeles, y que se arman pequeños reinados, guetos, fortalezas alrededor de estos negocios. Sabemos, que hay pandillas, que hay violencia, que hay american way of life, que hay chicanos versus negros y negros versus chicanos. Está bien, lo sabemos, pero nunca nos imaginaremos hasta dónde pueden llegar.
Filmada con una interesantísima estructura de falso documental, y muy bien interpretada por la pareja central Jake Gyllenhaal y Michael Peña, es la historia de dos oficiales de la policía de Los Ángeles que se son compañeros de patrulla, pero además, de tantas horas de compartir patrullero y vida, son grandes amigos.
Policías de alma, buenos con sus olfatos y sus presentimientos, se van a topar con los desalmados, con los sin dueños y sin patria, con los mercaderes de la droga que les demostrarán que son mucho, muchísimo más poderosos que ellos mismos y todos sus refuerzos.
Nada que un recorrido por el conurbano bonaerense no nos cuente, pero choca ver cómo, esas mismas calles que alguna vez patrullaron los grandes de la TV de los 70, son ahora sórdidas, mucho más violentas de lo que imaginamos y corruptas.
Los Ángeles?
No se puede creer un día en esas calles infectadas de violencia y de marginalidad.
EL director es un experto en violencia y en temas policiales, más conocido por su carrera como guionista, en la que se destacó con cosas como Día de Entrenamiento con Denzel W y otras del estilo policiales malos y corruptos, en esta despliega un interesante repertorio de técnicas, aunque hay que decirlo, la cámara subjetiva usada para adrede generar la sensación de vértigo documental, puede (a mí me lo produce) marear de manera permanente y deslucir las escenas que no necesitan de tanto y tanto realismo subjetivo.
Pero está bien, está muy bien para ser una película que pretende contar tantas cosas en tantos registros diferentes.
Un párrafo aparte para Michael Peña, que desde Crash no para de crecer y de sorprender. Acá es el “interprete” el traductor de lo latino para Gyllenhaal, pero será el amigo, el policía bueno, el compañero, el productor de sonrisas.
Es buena. Distinta. Rara. Violenta por demás.

Hope Springs


Hope Springs

Qué voy a hacer con mi marido es el título de esta comedia en su versión en español. No sé con qué quedarme.
Todo debería funcionar bien, pero…
David Frankel es el director y venía precedido de “EL diablo viste a la moda”, que estuvo bien. Steve Carrell, Meryl Streep y Tommy Lee Jones, dámelos para hacer una comedia!
Y no hay caso, no resulta, no despega, no conmueve y no hace reír.
Una señora de sesenta, hace más de 20 que no duerme con su marido, y cuando digo no duerme no es que quiero decir que no coje, directamente ni duerme con él, tienen habitaciones separadas, pero muy separadas.
Las rutinas, los hijos que ya no viven con ellos y todo lo que imaginamos.
Quiere que algo pase, no da más, está insatisfecha con todo y lee un libro escrito por un especialista (Carell) que ayuda a parejas que están a punto de implotar.
Viajan, por supuesto que él (Lee Jones demasiado bien en el papel de gran hinchapelotas mala onda) no quiere gastar ese dinero en eso, le parece todo de chantas, cree que su matrimonio está bien.
Todo lo demás lo imaginamos.
Y lo que no imaginamos, como la escena en la que la señora se las arregla para intentar sexo oral en el cine, no está bien logrado. No causa gracia.
Creo que desperdiciaron talentos con esta película.

viernes, 15 de febrero de 2013

Deadfall


Deadfall

Intensa, fría, inesperada y hostil. Extraña combinación para una película que bien pudo ambientarse en el viejo oeste y ser un western o en el futuro y ser una de ciencia ficción.
Es que hay un robo a un casino, hay una huida, hay un accidente en esa huida y hay dos de tres ladrones que se separan para no ser atrapados. El único detalle es que se separan en medio de la nada minutos antes de una tormenta de nieve y viento que no les dejará ver más allá de sus narices.
También hay historias que arrancan paralelas, un boxeador que sale de la cárcel después de 4 años y va a cobrarse algo de su viejo entrenador, sus padres (un cada vez más osco Kris Kristoferson y la siempre joven Sisi “Carrie” Spacek) que viven en una cabaña muy cerca de la deseada frontera con Canadá, un sheriff y su hija, en un pueblo en el que todos se conocen.
Todos se cruzarán en algún momento, todas esas historias están dando vueltas para encontrarse.
Y lo harán, casi siempre de la manera más cruel y violenta.
Porque hay violencia, de esa que hace que demos vuelta la mirada.
Y hay una historia que no vamos a entender muy bien hasta que se verbalice, la historia de los dos fugitivos, un hombre, Eric Bana, y una mujer Olivia Wilde (qué ojos por Dios!!) que no sabremos muy bien qué lazo los une hasta que no solo lo descubriremos hacia el final, sino que será el catalizador, el detonador de todas las historias que se fueron cruzando.
Hay nieve, hay caminos, hay una buena historia, hay personajes ricos, hay soledad, hay viejas cuentas, hay climas, hay buenas actuaciones, es una buena película, que no solo puede verse, sino que se disfruta por lo tenso del relato.
Se estrena en mayo en Buenos Aires, estén atentos.

martes, 12 de febrero de 2013

Lincoln


Lincoln

Lincoln no es una gran película. Es una película grande.
Para ser claro, Spielberg, toda la industria, todos los extras y los vestuarios y los asesores históricos, un reparto que incluye a Sally Field y Tommy Lee Jones, es decir, todo lo que una biopic sobre semejante prócer necesita y requiere.
Lo que no la hace una gran película es que nos cuenta un solo episodio histórico (enorme por su significado pero muy corto en el tiempo) la votación de la decimotercera enmienda a la Constitución de los Estados Unidos, nada menos que la que logra abolir la esclavitud (y en cierta manera termina con la guerra de secesión, que duró más de 4 años) pero que nos muestra a un personaje en muy pocas semanas. Demasiado poco para construir un retrato.
Es cierto, hay que ir con mucha información previa, y para nosotros, los que no cursamos historia en la primaria en Estados Unidos, hay mucho que falta.
Lo que verdaderamente sostiene cada segundo en la pantalla es la colosal actuación (una vez más) de Daniel Day Lewis encarnado a Abe.
Su cansancio, su cansancio moral, sus obsesiones, sus tristezas profundas, su mirada sobre la guerra y sobre el comercio de esclavos, sus convicciones, su arte política, su filosofía, están retratadas en cada segundo de su actuación.
Pero la película es eso, son esos momentos de reflexión de su personaje desgarbado arrastrando los pies o caminando con parsimonia por los pasillos de la casa blanca.
Hay una buena (es Spielberg) recreación de época. Con una Casa Blanca sin rejas protectoras, y con gente accediendo temprano a dejarle una carta al presidente o pedirle un favor, como si fuera el despacho de Hugo Curto en Tres de Febrero.
Y esa decoración y el frío de las habitaciones. Esos detalles son muy creíbles y hacen al clima general de la película.
Pero no deja mucho más. Algunas enseñanzas, como comprobar que el arte de dar vuelta una elección punto por punto en el congreso siempre, desde los comienzos de la historia, requirió de artes poco claras, lobistas capaces de todo y favores.
Pero son anécdotas, pudo hacerlo, y cuando vio realizada su obra más importante, alguien le quitó la vida (de lo que nos enteramos en la película por un aviso en otro teatro, no en el que lo mataron).
Está bien. Creo que hay que solo concentrarse en esa anécdota (importante, pero anécdota al fin en la vida de un político) que es casi con exclusividad lo único que se narra en la película, de la votación por la 13 enmienda, y esos increíbles pincelazos de personalidad, que salen de la paleta de un actor diferente y mágico, como es el irlandés.
Está bien, pero seguro defrauda al que va a buscar un relato de la vida de uno de los presidentes norteamericanos más conocidos por todos.

lunes, 11 de febrero de 2013

Arbitrage

Arbitrage

Sabemos poca cosa de este director Nicholas Jarecki más allá de algunas participaciones como guionista y director de dos films anteriores poco promocionados, pero acá realmente con su doble rol, hace una entrada en el mercado grande de Hollywood que lo hacen interesante para seguir.
Arbitrage, o El Fraude como se la conoce en Argentina, es una sólida película que busca hacer algún tipo de advertencia o al menos una pintura, de la impunidad de la que goza el poder, sobre todo el económico, en los Estados Unidos.
Un magnate exitoso, muy exitoso y venerado (muy bien Richard Gere, que sigue caminando como si tuviera 25 años) padre de familia, benefactor, dueño de una gran fortuna que se multiplica y se multiplica, vive un romance con una artista francesa.
Está buena la elección de la amante, no es una bomba sexy, no es divina por donde se la mire, es una mujer simple, distinta a la suya y eso alcanza.
En una semana por demás especial para el personaje de Gere, está a punto de cerrar una venta de una de sus empresas, mientras para mostrar un balance sólido debe mucho dinero que pidió para poder mostrar, ha ocultado cosas, se mueve solo en la vida a pesar de tener a sus hijos cerca, todo lo hace él.
En medio de esos disparadores de stress, cumple 60 años, su familia lo rodea, pero a la vez tiene la presión de cumplir con su amante, que lo reclama.
Demasiado todo junto para un solo tipo. Algo tiene que salir mal y sale mal. Se escapa con su francesa de la ciudad, se duerme mientras maneja, el auto se sale de cauce y toda la vida se complica.
Habrá un detective perseguidor (bien por Tim Roth) y habrá abogados muy pero muy capos, y habrá hijos que descubren el verdadero rostro del padre, habrá reclamos por la plata que se pidió y todavía no se devolvió y habrá buen suspenso hasta el final.
Están todos bien, pero…
Casi sobre el final, cuando todos pensamos que las cosas se van a encaminar para este exitoso, Susan Sanrandon (qué bien está!) será la esposa callada, la que se dedica solo a gastar en beneficencia y es la cabeza de la fundación que lleva el nombre de su marido, la que hará la última jugada, maestra, para que todo quede en su lugar, en el de ella.
Algo de moralina, mucho de juegos de poder, buen ritmo, situaciones de suspenso. Está buena.

Dos más dos


Dos más dos

Falsa comedia. Hay poco para reír en esta película que está protagonizada por especialistas en hacer reír. Dirigida por Diego Kaplan, que en su ópera prima también había dirigido a Suar, es un buen guión, una correcta puesta, pero un clima que no termina de ubicarse nunca en el registro que necesita.
El cuarteto actoral lo integran una correctísima y extrañamente sensual Julieta Díaz, un Juan Minujín haciendo muy bien su papel de exitoso tranquilo superado, Carla Peterson que compone a la sensual del cuarteto y a un Suar haciendo de ese personaje neurótico, medio Woody Allen, que habla rápido y es gracioso que suele entregarnos.
Los 40 para las dos parejas, quizá menos, les va bien, son rutinarios, pero descubren (la pareja de Peterson y Minujín) que en el mundo swinger hay una posibilidad de liberarse de vivir en los parámetros del amor libre pero cuidando a tu pareja, de liberar fantasías para consolidar y fortalecer el amor. Recrear el mundo sin irse de él.
Ante la confesión de sus amigos, la pareja que compone Suar con Díaz, que son normales, como se definen, van poco a poco entrando en ese juego. Ahí es donde la película abandona el tono de comedia, más allá de la aparición siempre sólida de Alfredo Casero, que será el único personaje que, por el absurdo siempre nos llevará al registro de la risa, ahí es donde la historia gira y entra en una espiral dramática, que como no es jugada en ese tono, se pone incómoda.
Una “infidelidad” en el seno mismo del cuarteto ya swinger superado, hace que todos los personajes vuelvan a su núcleo tradicional y conservador, y todo el andamiaje de la fantasía se desmorone.
Hay violencia en esas escenas, hay diálogos fuertes, y hay en definitiva el verdadero sentido de la película, que más allá de lo que declame es profunda y misteriosamente conservadora.
Pretende dejar mucho para que pensemos como espectadores, pero en realidad nos da las cosas bastantes cocinadas. Después de verla, con el final así, cantado como viene (aunque hay una interesante cuota de suspenso hasta el final por saber cómo van a seguir sus vidas los personajes) no hay mucho espacio para la reflexión y el debate, más allá de la condena por la práctica swinger.
Es conservadora en ese punto, y juega todo el tiempo entre el tema pesado de los sentimientos y la falta de fantasía y el desamor y el desencanto, y la comedia liviana a las que nos tienen acostumbrados estos rostros televisivos.
Es una película extraña, fuera de registro, bien contada.
Es correcta, aunque lo que pretende, que es que debatamos sobre el intercambio de parejas, no pueda darse por la fuerza de sus propias convicciones.

domingo, 3 de febrero de 2013

Flight

Flight

Dame un Zemeckis y un Denzel Washington y te devuelvo un éxito taquillero y un candidato al Oscar. Esa es la fórmula, pero…
Pero Washington compone a un piloto de una aerolínea comercial tan experimentado como atormentado y borracho y adicto.
Todos sus excesos quedan afuera de la cabina de comando, es lo que pensamos, y en realidad siempre sucede así, los vuelos son plácidos, nadie se anima a delatar que el tipo duerme durante casi todo el vuelo y deja que el trabajo lo hagan sus copilotos, porque en el fondo, es un capitán, tiene autoridad y mucha experiencia.
Pero su historia es la historia de un tipo en caída libre, familia destrozada, pocos amigos, y no mucho más que lo ate a la vida.
Ese aspecto de la personalidad del piloto está muy bien logrado en el trabajo de Washington.
La historia no está mal, y tiene una escenas increíbles relacionadas al accidente.
Hay buena banda de sonido y un trasfondo de política, abogados y sindicatos, que le ponen, sin profundizar, un elemento más creíble a la historia.
No se salva. Lo que queda claro es que no tiene espacio para salvarse, aunque la pericia de los abogados y todo lo que lo rodea necesite que se salve.
Pero salvarse en este caso, depende de que siga mintiendo, mintiendo no solo con relación a lo que pasó en el vuelo, sino con el resto de su vida y sus adicciones.
La luz que aparece en su vida, en una muy buena escena que sucede en el descanso de una escalera en el hospital adonde lo llevaron después del accidente, es una pelirroja muy adicta, en problemas, que creerá que puede salvarlo, y él a ella.
Esa escena en la que tres internados se encuentran escapados de sus habitaciones para fumar un cigarrillo es de las más interesantes, por lo intenso del diálogo y porque los personajes se desarrollarán a  partir de esa escena.
Esa pelirroja es una actriz británica que se llama Kenny Reilly y tiene una belleza intensa (la vimos en una de las Sherlock modernas).
En resumen, es una buena película, que descansa en una actuación muy sólida de DW (aunque no de las mejores, empieza a recorrer una serie de tics como recurso) y una excusa bien valedera, como es la conciencia después de un accidente.
Cómo inculpar al que todos creen un genio? Solo un tipo con la experiencia y la trayectoria del personaje de DW pueden aterrizar un avión en las condiciones que lo hizo, salvando más vidas de las que se perdieron. Hasta ahí la vida privada del piloto no tiene nada que ver con su heroísmo, pero la cadena de eventos necesaria en un accidente de magnitud, si pone al descubierto esa conducta.
Es increíble que todavía no se les exija a los pilotos comerciales, someterse a una serie de pruebas muy básicas, como alcoholemia y presión sanguínea, antes de subirse al avión y ponerse al hombro 200 personas en su pasaje.
No es brillante, no es inolvidable como otras del mismo director, pero tiene oficio y nos hace reflexionar un poco.

Killing them softly

Killing them softly

Tiene la estructura y el clima de un western, tiene buenos (muy buenos) actores en roles más o menos clásicos, tiene un guión que no está mal, pero hay algo en esta película que no termina de cerrar para que sea una buena historia.
Hay tres elementos usado con buena destreza, tres recursos del director, que son una banda de sonido impecable, la lluvia molesta y pegajosa de buena parte del film y la intermitencia de los discursos de los políticos en campaña (Obama, Bush) dando un telón de fondo de la crisis de 2009 en los Estados Unidos.
Rat Liotta, James Gandolfini, Richard Jenkins y el mismísimo Brad Pitt son los sostenes de la historia que por momentos se hace previsible, aburrida, poco interesante. Diálogos largos, momentos no resueltos de la mejor manera, nos ponen en un ambiente que termina siendo conspirativo contra las ganas de verla.
Pitt venía eligiendo muy bien sus papeles, su repertorio, que lo hizo crecer mucho, reflejado esto en los desafíos crecientes de sus papeles. Acá retrocede. Se interpreta a sí mismo en su clásico papel de la serie Ocean’s los que roban en Las Vegas, solo que acá no hay comedia, y el tipo es bastante despiadado.
Pero no lo es tanto como Cruise en Collateral, y entonces, se queda a mitad de camino.
Todos sacan la película con enorme oficio, menos, en mi mirada, el director, que no logra transmitirnos nada de lo que la película necesitaba transmitir.
No es una buena opción.

The dark knight rises


The dark knigt rises

Poderosa, el final de la mejor saga de Batman con la que pudimos toparnos de la mano de Christopher Nolan y su actor fetiche, Christian Bale.
No podían despedirse y dejarnos con la sensación de que todo termina, así que se las ingeniaron para presentarnos a Robin, y dejar algunas puertas abiertas.
Un relato atrapante, en el que los malos (que son muy malos) vienen de las profundidades de la ciudad, de sus entrañas, de sus sombras, a cobrarse todo lo que los poderosos no comparten.
Mensajes sociales nada encubiertos, tratan a los de la bolsa como ladrones, y se habla todo el tiempo de una revolución.
Y es eso, esta última película de la serie es una verdadera revolución.
Todo cierra, es un engranaje perfecto, nos lleva en algunos flashbacks necesarios para saber con quiénes estamos hablando, nos introduce a una gatúbela sensacional, mala, hermosa, turra como debe ser.
Y están Alfred Caine, Gary Oldman Gordon, Lucius Freeman y todos los que tienen que estar en su lugar.
Hay un clima que va in crescendo muy despacio, acompañado de una banda de sonido incidental increíble, y todo el tiempo nos vamos preparando para la batalla final, que, cuando llega, es todo lo imponente y cruel que nos podemos imaginar.
Es larga, pero qué importa cuando es buena! La historia necesita esos minutos, y no hay nada que sobre.
Este grupo redefinió el concepto de película de súperheroes, y lo hizo de una manera que vamos a extrañar, no tengo dudas.
Introduciendo además cuestiones sociales, intereses, política, economía, y personajes tan complejos como ricos y fascinantes.
Es que todos tienen una historia detrás que los hace interesantes e importantes para el relato!
Hay sorpresas hacia el final, efectos especiales fuertes, buen guión que va fluyendo hasta el clímax final.
Se los va a extrañar, va a ser difícil repetir una trilogía con esta excelencia.