domingo, 3 de febrero de 2013

Flight

Flight

Dame un Zemeckis y un Denzel Washington y te devuelvo un éxito taquillero y un candidato al Oscar. Esa es la fórmula, pero…
Pero Washington compone a un piloto de una aerolínea comercial tan experimentado como atormentado y borracho y adicto.
Todos sus excesos quedan afuera de la cabina de comando, es lo que pensamos, y en realidad siempre sucede así, los vuelos son plácidos, nadie se anima a delatar que el tipo duerme durante casi todo el vuelo y deja que el trabajo lo hagan sus copilotos, porque en el fondo, es un capitán, tiene autoridad y mucha experiencia.
Pero su historia es la historia de un tipo en caída libre, familia destrozada, pocos amigos, y no mucho más que lo ate a la vida.
Ese aspecto de la personalidad del piloto está muy bien logrado en el trabajo de Washington.
La historia no está mal, y tiene una escenas increíbles relacionadas al accidente.
Hay buena banda de sonido y un trasfondo de política, abogados y sindicatos, que le ponen, sin profundizar, un elemento más creíble a la historia.
No se salva. Lo que queda claro es que no tiene espacio para salvarse, aunque la pericia de los abogados y todo lo que lo rodea necesite que se salve.
Pero salvarse en este caso, depende de que siga mintiendo, mintiendo no solo con relación a lo que pasó en el vuelo, sino con el resto de su vida y sus adicciones.
La luz que aparece en su vida, en una muy buena escena que sucede en el descanso de una escalera en el hospital adonde lo llevaron después del accidente, es una pelirroja muy adicta, en problemas, que creerá que puede salvarlo, y él a ella.
Esa escena en la que tres internados se encuentran escapados de sus habitaciones para fumar un cigarrillo es de las más interesantes, por lo intenso del diálogo y porque los personajes se desarrollarán a  partir de esa escena.
Esa pelirroja es una actriz británica que se llama Kenny Reilly y tiene una belleza intensa (la vimos en una de las Sherlock modernas).
En resumen, es una buena película, que descansa en una actuación muy sólida de DW (aunque no de las mejores, empieza a recorrer una serie de tics como recurso) y una excusa bien valedera, como es la conciencia después de un accidente.
Cómo inculpar al que todos creen un genio? Solo un tipo con la experiencia y la trayectoria del personaje de DW pueden aterrizar un avión en las condiciones que lo hizo, salvando más vidas de las que se perdieron. Hasta ahí la vida privada del piloto no tiene nada que ver con su heroísmo, pero la cadena de eventos necesaria en un accidente de magnitud, si pone al descubierto esa conducta.
Es increíble que todavía no se les exija a los pilotos comerciales, someterse a una serie de pruebas muy básicas, como alcoholemia y presión sanguínea, antes de subirse al avión y ponerse al hombro 200 personas en su pasaje.
No es brillante, no es inolvidable como otras del mismo director, pero tiene oficio y nos hace reflexionar un poco.

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