sábado, 12 de abril de 2014

The Snowpiercer


The Snowpiercer



Todo se congeló en la tierra, es en un futuro, pero no tan lejano como para confundirnos con pura ficción. No hay cosas rarísimas en lo que se ve y se palpa, no hay autos voladores ni aparatos extraños, todo lo que se congeló es muy parecido a lo que vemos hoy a nuestro alrededor.
Se congeló el mundo por el abuso de químicos en la atmósfera.
Y punto.
La vida entonces, también se extinguió de todos lados, por las bajas temperaturas, de todos lados menos del interior de un tren. Un tren especial construido por Industrias Wilford. Una industria del transporte ferroviario que, con las inspiración del Señor Wilford pudo crear un tren cuyo motor no para nunca, es autosustentable, y puede albergar miles de pasajeros.
También el señor Wilfor pudo conectar las vías existentes en varios países de tal manera, que su tren dará la vuelta al mundo.
Eso es lo que vemos apenas nos asomamos al tren, al tren que, a medida que pasen los minutos, descubriremos que es la única forma de vida sobre la tierra.
Entonces, al ser el único lugar del mundo en el que es posible la vida, la humanidad toda entra en sus vagones. Y esa es la buena historia de esta película.
Es la más pura ciencia ficción, la más pura, pero a la vez la más interesante, ya que parte de hipótesis que son tan cercanas que logran hacernos cuestionamientos muy cercanos.
La humanidad necesita balance, equilibrio, y ese será el nervio central de esta historia. El balance, entre lo bueno y lo malo, lo lindo y lo feo, lo controlará un Dios, el Señor Wilford.
Entonces la historia correrá por la lucha de la clase baja, muy baja, con la mayoría de sus integrantes nacidos y criados en el tren (hace 17 años que son la única forma de vida) y un deseo de salir de los vagones de cola que los hace encarnar una revolución asombrosa, romántica, heroica, y definitiva.
Los actores que veremos en esta película son en su mayoría actores que solemos ver encarnando desafíos actorales interesantes, y eso le da un condimento especial a la pantalla.
También es muy interesante que la historia no recurra a giros excesivos ni cuestiones sobrenaturales o giros inesperados pero tirados de los pelos para redondear o cerrar el relato, todo es de un devenir intenso, pero creíble, con buen ritmo narrativo y sin excesos de violencia innecesaria (aunque les cuento que podrían haber explotado mucho más es costado ya que todo es bastante truculento).
Ed Harris es el Señor Wilford, Chris Evans (Capitán América) y Jammie Bell (Billy Elliott) serán los jóvenes líderes de la revolución, John Hurt el veterano líder de la juventud (que después conoceremos que era socio del Señor Wilford) y la multipremiada Tilda Swinton como la ministra (una gran máscara de lo absurdo del poder sin límites) son el grupo central protagónico.
Deja pensando esta película, como metáfora de la vida, como destino posible, como destino no querido, como cauce de los acontecimientos que vivimos a diario y que si bien tememos que pueden derivar en cosas malas no alcanzamos a tomar debida nota como para frenar a tiempo, entre otras cosas que nos plantea.
Buena ciencia ficción, bien armada, bien actuada, bien contada por un director coreano, con mucha producción y efectos especiales, para pasar un buen rato de pura ficción.

The Bagman


The Bagman



La historia es una gran historia para contar en una mesa de café. Imaginemos por un instante que nos juntamos y uno cuenta “un hombre de mucha plata le paga mucha más plata a otro hombre para que busque un bolso, lo lleve a un motel en medio de un pueblo perdido, y se lo entregue en una habitación una noche pactada, con la sola condición que no puede ver lo que hay adentro”
Moviliza. Es un buen comienzo.
Y si además decimos que el tipo influyente y de mucha plata es Robert De Niro y el que tiene que cumplir la misión es John Cusak, y que además le encargan el guión y la realización a un director novel que viene con ganas de comerse la cancha, nos preparamos a ver una gran historia, como de hecho hice.
Pero a los pocos minutos empecé a desinflarme.
Cusack y De Niro están cada vez más cercanos, o mejor dicho ya están enrolados, en el actor cuenta bancaria, ya no s preocupan tanto por la trascendencia de sus papeles, por los argumentos que encaran, los desafíos, se nota demasiado que van a los números. Como Nicholas Cage. Hacen cualquier cosa, con algo de solvencia claro, oficio, pero cualquier cosa.
Entonces The Bagman navega a la deriva entre situaciones que no terminan de ser dramáticas, actuaciones sobreexigidas, guión que se complica sin necesidad, poca luz, nocturnidad, violencia extrema innecesaria, y situaciones introducidas por personajes secundarios (que vienen a adornar la historia central) que nunca terminaremos de entender para qué llegaron.
Y además, y esto es increíble, hay como un tono de comedia, como de absurdo en algunas situaciones, que sumado a las malas actuaciones, lo transforma todo en bizarro.
Todo es fallido en The Bagman.
Todo.
No se vuelve de estos ridículos.

All is lost


All is lost



La desesperación parecería ser la respuesta a la pregunta ¿qué harías cuando todo está perdido?. Sobre todo cuando lo que está en juego es la vida misma.
Pero si ese camino, que perecería ser inevitable, como en una enfermedad compleja o como en este caso un naufragio, se hace lento, muy lento, tan lento que uno tiene plena conciencia de que podría modificarlo con las decisiones correctas, y solo es cuestión de esperar que ellas funcionen.
Cuando eso sucede, cuando además hay soledad, la esperanza no debe perderse, porque la sensación del final está en cada segundo que pasa.
Eso es All is lost, sensación de final en cada fotograma, de calma, pero a la vez de furia por lo que está siempre al acecho.
Y está actuada con todos los argumentos que el bueno de Robert Redford puede ponerle a una situación como esta.
Es un hombre solitario, que navega en un velero hecho a su medida, con sus cosas en cada rincón, con su toque. Completísimo y confortable.
No sabemos de dónde viene, adónde va, ni cuántos días lleva en su viaje, solo sabemos que un día se despertará con agua en el interior, y un hueco en uno de los laterales, provocado por el vértice de un contenedor que se le incrusta, de esos que vagan perdidos y flotando en el océano, seguro perdido de alguno de los grandes barcos de carga que surcan los mares.
A partir de ese agujero, que puede arreglar con pericia, y de un par de tormentas que lo dejan patas para arriba, su casa, su hogar que es su barco, se irá deteriorando de tal manera que deberá abandonarlo.
Por un confortable bote salvavidas, en el que logra reunir solo algunas de las muchas pertenencias especiales que lo acompañaban.
No sabemos si extraña a alguien, solo que dejará una carta, que arrojará al mar en una botella.
Nunca nos enteraremos para quién es.
Es una película extraña, sin texto caso, solo con algo de música incidental y mucho buen sonido del mar golpeando el barco o el mar embravecido o la tormenta.
Redford no hablará nunca, pero su cuerpo nos dirá muchas cosas. Su cansancio, su frustración cuando las cosas no funcionan como deberían, sus malos golpes de suerte, hasta su aceptación mansa del destino.
Pocas películas para este director casi novato (antes había dirigido Margin Call sobre la caída financiera de fines de los 2000) que también es autor del guión, que en este caso es una historia a ser contada, no palabras, y un buen manejo de la edición.
Por lo demás, tensión suave, nada de guión, buen sonido al servicio de los climas y un hombre solitario, que se ve cara a cara con su destino de una manera inesperada e inexorable.