sábado, 12 de abril de 2014

All is lost


All is lost



La desesperación parecería ser la respuesta a la pregunta ¿qué harías cuando todo está perdido?. Sobre todo cuando lo que está en juego es la vida misma.
Pero si ese camino, que perecería ser inevitable, como en una enfermedad compleja o como en este caso un naufragio, se hace lento, muy lento, tan lento que uno tiene plena conciencia de que podría modificarlo con las decisiones correctas, y solo es cuestión de esperar que ellas funcionen.
Cuando eso sucede, cuando además hay soledad, la esperanza no debe perderse, porque la sensación del final está en cada segundo que pasa.
Eso es All is lost, sensación de final en cada fotograma, de calma, pero a la vez de furia por lo que está siempre al acecho.
Y está actuada con todos los argumentos que el bueno de Robert Redford puede ponerle a una situación como esta.
Es un hombre solitario, que navega en un velero hecho a su medida, con sus cosas en cada rincón, con su toque. Completísimo y confortable.
No sabemos de dónde viene, adónde va, ni cuántos días lleva en su viaje, solo sabemos que un día se despertará con agua en el interior, y un hueco en uno de los laterales, provocado por el vértice de un contenedor que se le incrusta, de esos que vagan perdidos y flotando en el océano, seguro perdido de alguno de los grandes barcos de carga que surcan los mares.
A partir de ese agujero, que puede arreglar con pericia, y de un par de tormentas que lo dejan patas para arriba, su casa, su hogar que es su barco, se irá deteriorando de tal manera que deberá abandonarlo.
Por un confortable bote salvavidas, en el que logra reunir solo algunas de las muchas pertenencias especiales que lo acompañaban.
No sabemos si extraña a alguien, solo que dejará una carta, que arrojará al mar en una botella.
Nunca nos enteraremos para quién es.
Es una película extraña, sin texto caso, solo con algo de música incidental y mucho buen sonido del mar golpeando el barco o el mar embravecido o la tormenta.
Redford no hablará nunca, pero su cuerpo nos dirá muchas cosas. Su cansancio, su frustración cuando las cosas no funcionan como deberían, sus malos golpes de suerte, hasta su aceptación mansa del destino.
Pocas películas para este director casi novato (antes había dirigido Margin Call sobre la caída financiera de fines de los 2000) que también es autor del guión, que en este caso es una historia a ser contada, no palabras, y un buen manejo de la edición.
Por lo demás, tensión suave, nada de guión, buen sonido al servicio de los climas y un hombre solitario, que se ve cara a cara con su destino de una manera inesperada e inexorable.

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