martes, 26 de noviembre de 2013

Adore

Adore



Es una producción australiana perturbadora. Una de esas películas en las que la incomodidad te gana, se hace parte del relato y fluye, pero se encarga de reforzar a cada rato que lo que estás viendo tiene un costado complicado.
Un paraíso privado. Dos vidas perfectas, apacibles. Dos amigas bellas, muy unidas, tanto que habrá tensión sexual entre ellas, y chistes, y suavidades.
Son Robin Wrigth y Naomi Watts, muy rubias. Muy flacas, muy cuarenta y pico ambas.
Y en ese paraíso privado, en el que se puede vivir yendo de casa al trabajo y del trabajo a casa porque las casas quedan justo frente al mar, y el trabajo a unas pocas cuadras, estas amigas viven una vida de pies descalzos y vistas espectaculares.
Son amigas, tienen las dos un hijo varón cada una, y así como crecieron juntas ellas, ellos también lo harán, compartiendo secretos y juegos. Vida.
Naomi enviuda.
Robin (qué linda está! Con el pelo corto como en House of Cards) decide no mudarse y quedarse en la casa a pesar de que su marido consigue un buen empleo en Sidney.
Y en esas tardes de brisa, de ventanas abiertas, de paisajes infinitos, un día sucede algo que desencaja. Un beso robado, un arrebato, un roce, y todo cambiará en el curso de las cosas.
Es que el hijo de su amiga la besa, y ella no puede evitarlo, y entre los dos surge una pasión extraña, dulce, incómoda.
Y su propio hijo, que ve cómo su madre sale de la habitación donde dormía su amigo, emprende entonces un camino que lo lleva a la seducción de la mamá de su amigo, solo, al principio, para que sienta lo mismo.
Pero sucede que todo es demasiado dulce y perfecto.
Y raro.
Ellas de casi 50, ellos de un poco más de 20.
Compartieron todo en su vida.
Hasta esto.
Ese es el nudo central de esta película dirigida por una mujer, y narrada en tono moroso, pero perfecto desde el punto de vista de las imágenes y de los planos y la sugerencias.
Pero el relato carece de sorpresa.
Los diálogos son fuertes e interesantes, pero no traducen en situaciones cinematográficas acordes.
No está mal.
Pero nos da la sensación de que podemos anticiparnos al final, a todo lo que sucederá, porque no hay esfuerzos por evitar las obviedades.
Plantea un dilema moral, es cierto, y lo lleva hasta el límite de lo aguantable.
Quizá desde ese punto de vista pueda correr alguna suerte y hacerse un lugar.
Y hay mucha belleza, ese no es un dato malo a la hora de contar una historia.


Paranoia

Paranoia



Con dos columnas, con solo dos columnas sólidas se sostiene un relato a la medida de los nuevos tiempos.
Tiempos de tiburones del mundo virtual. En el que los poderosos no son ni industriales ni financistas. Son los creadores de aparatos de gran tecnología, de programas, de proyectos para cambiar al mundo virtual.
Los dos pilares son Gary Oldman (siempre bien) y Harrison Ford (qué grande está) y fueron socios, y tocaron el cielo con las manos, y se separaron mal para detestarse de por vida, y ahora no pararán hasta sacarse los ojos.
Son dueños de empresas enormes, los dos, y están en la carrera por la tecnología como dos chicos.
Son taimados, tiburones en aguas complejas, y saben jugar el juego.
Cuando llega a sus vidas el joven Liam Hemsworth (ascendente australiano al que nos vamos a tener que acostumbrar) y con su ambición y su osadía, se mete entre ambos para que las cosas se compliquen demasiado.
Uno de ellos, con una artimaña simple pero efectiva, lo hará meterse en la organización del otro para nada menos que robarle su última invención.
Es decir, una historia clásica. De espionaje clásico, con las reglas del juego clásicas. Pero ambientada en la actualidad de las empresas de tecnología.
Está claro que los dueños de las empresas no son tan hijos de puta, ni las cosas están en ese nivel de paranoia, pero la historia está bien contada, es ágil, tiene todos los condimentos del género, y es atrapante.
No faltan el romance, el padre del joven que es bueno y la reserva moral de la película, el arrepentimiento clásico del que pisa el palito en el cine americano, y el comienzo de nuevo, de cero, con sus amigos para comerse al mundo desde un garaje de Brooklyn.
Lo que estoy describiendo la hace un plomo, ya lo se.
Pero es bueno decir que tiene todos los condimentos del clásico del género, y con eso se evitan las sorpresas desagradables. Uno sabe a lo que va cuando se mete en la aventura de una película de género. Hasta se puede sonreír con alguna escena que parece exagerada, pero lo que es cierto es que, si está bien hecha, uno prescinde de todo eso y se mete en hora y media de pura diversión.
Y en eso la película es efectiva.
Nada más que en eso, claro.

Two Guns

Two Guns



A comprar pochoclos.
Un clásico de tiros. Bien para desenchufarse. En el que si no es porque hay gente que se muere (yo en estos casos de películas que vibran en la cuerda de la ironía haría que la gente no muera, como en Brigada A) parecería que estamos frente a una serie de TV de la hora de la leche.
Pero es Hollywwod, y son Mark Wallberg (que es siempre correcto) y nada menos que Denzel Washington, que también es bueno en comedia.
Creo que debe ser uno de esos guiones en los que hay mucha plata y no se puede decir que no. Que vienen con despliegue de producción y se termina de rodar en 4 semanas. Si no es así, que alguien explique cómo consiguen a Denzel W para este tipo de películas.
Es una industria, y esta es una película industrial.
No hay búsquedas, no hay dobles intenciones, ni sentidos ocultos, todo está en la pantalla de manera llana y frontal.
Hay dos agentes encubiertos que no saben uno del otro que son agentes encubiertos y trabajan juntos. Hay jefes malos y jefes malísimos de esos agentes.
Hay narcotraficantes (latinoamericanos, el teniente Castillo de División Miami!!!) y hay dinero.
Hay venganzas y muchos tiros y explosiones.
Una de tiros como debe ser.
En la que los malos son pésimos y los buenos tiene buen corazón y valoran la amistad.
Nada más.

Pero divertida.

jueves, 31 de octubre de 2013

Blue Jasmine

Blue Jasmine



Me baño en esas aguas, los lectores de este blog ya lo saben. Ya saben que conozco toda la filmografía de Allen y que cada vez que veo actuar a Cate Blanchett me asombro con su capacidad de desaparecer en sus máscaras, que me parece la actriz más lúcida de su generación, la más osada, la que más riesgos toma y la que mejor hace todo.
Entonces podría poner el punto final acá. Si, la película me gustó. Me gustó mucho, en realidad.
Y no puedo, tampoco quiero, discernir entre ese trabajo que desborda la pantalla y la solidez de un guión que, estamos de acuerdo no tiene destino de biblioteca (como si tienen Crímenes y Pecados, La otra mujer, o Interiores, por citar solo algunas de las películas anteriores de Allen en esta línea de búsqueda) la película es un todo, y en ese todo Allen es insuperable.
No hay magia, no hay chistes (la mayoría de los momentos de comedia de la película están en manos de las actuaciones de esos actores que hacen de coro a la Blanchett y en el deliberado mal gusto de los ambientes en que transcurren) no hay historias que necesiten ser seguidas con una guía. Hay en cambio una anécdota poderosa y una narración magistral.
La anécdota poderosa la podríamos haber leído en el diario del domingo, ponen preso a un financista (podemos pensar en Bernard Maddoff) y a partir de la lectura de esa noticia podemos imaginar (si tenemos con qué) qué será de su familia ahora que tiene que purgar varias vidas en la cárcel, cuál habrá sido el disparador de todo?
Cate es Jasmine, es la esposa de Alec Baldwin, hermoso ejemplar de la raza alta altísima de Nueva York, self made man, exitoso, gastador, mujeriego, entrañable, despiadado. Millonario. Benefactor (con dinero de otros) organiza las mejores fiestas de la ciudad y encabeza más de una organización.
Cate es su mejor flor.
Por eso dejó de llamarse con un nombre vulgar para llamarse Jasmine.
Y será la mejor compañía, el mejor adorno del hombre exitoso.
Cuando Allen nos presenta a Jasmine lo hace cuando huye. En el preciso momento en el que viaja desde Nueva York a San Francisco, a la casa de su hermana (son las dos adoptadas) a la que no ve y no quiso ver durante sus muchos años de esplendor, para refugiarse en su dos ambientes.
Esos días en ese departamento, su desmoronamiento, su humillación, su vacío, sus manotazos y sus ahogos, su odio, su desesperación y su desesperanza, son todo el argumento, derramado en escenas desbordantes de talento.
Todo está al servicio de Blanchett (¿por qué no la encontró antes?) y ella saca bueno provecho de ese honor.
Allen conoce, o hace un esmerado intento por conocer la sensibilidad femenina. Para mi gusto, retrata como nadie a las mujeres.
Y si en “La otra mujer” nos ponía frente a frente a una mujer fuerte que todo lo manejaba (o creía manejar) en Jasmine nos tomamos con lo artificial, con la mentira, con las poses, con lo vacío, con lo lábil que pueden ser las vidas a pesar del poder y el dinero que las adorna.
Serán flores falsas. Tristes. Que nunca se marchitan, cierto, pero que se ensucian y quedan en un rincón de la casa, descuidadas, hasta que van perdiendo el color y el brillo.
Y Blanchett transcurre esas escenas de decadencia, de sofocones, de falta de aire (falta el aire cuando la vemos) de búsqueda desesperada de Xanax, de mirada perdida, de manera magistral.
Conmueve cuando frágil, esperanza cuando parece que encuentra una salida, desola al final.
Su cara es fresca cuando encuentra trabajo, hasta sexi cuando camina entusiasmada, huesuda y angulosa como un filo cuando parece que va a convulsionar y desencajada cuando pierde el eje.
Transpira, tiembla, sonríe con sonrisa perdida y nos da ganas de abrazarla, de acariciarle el pelo y decirle ya está bien.
Hasta que nos enteramos de los acontecimientos que desencadenaron la prisión del marido, y entendemos que su inocencia también era fingida, nos apiadamos menos, pero enseguida volvemos a sentir pena por ella.
Si amigos, todo eso junto y en un poquito más de hora y media.
No se puede pedir más a una historia filmada. Simplemente no se puede.

No vamos a ver una película de esas en las que es necesario estar atentos a un argumento cambiante, ni a un giro de intrigas o a grandes escenarios naturales, nos vamos a meter a espiar la vida falsa de una mujer falsamente feliz.

sábado, 5 de octubre de 2013

The East


The East



Una agencia de inteligencia privada, clientes grandes, muy grandes, de los preferidos de cualquier modelo latinoamericano, corporaciones para que se entienda.
Grande grupos que contaminan sin piedad, que envenenan sin miramientos, que con sus políticas hambrean y crean condiciones de miseria y desigualdad.
La agencia en cuestión es más poderosa que la misma CIA.
Tiene recursos, cobra mucho dinero por la protección de esos clientes, y sabe todo lo que hay que hacer para conseguir los datos necesarios.
Saben lo que hay que hacer y tienen equipos especialmente preparados para infiltrarse y desbaratar.
Una de esas agentes, la extrañamente bella Britt Marling (a quien destaqué ya en varias críticas anteriores y es también aquí coautora del guión) es quién se infiltra en una organización de Ecoterroristas.
Un grupo de jóvenes acomodados, educados, con ideales, algo extremos, capaces de devolver a los poderosos una cucharada de su propia medicina, es el ojo por ojo moderno, apoyado por la tecnología y con ideología y mucho de justicia por mano propia.
Por eso son peligrosos, porque van a la casa del director de operaciones de la petrolera que acaba de producir un enorme desastre ecológico con un derrame, y derramarán en su propio living parte de lo que desecharon en el mar. Porque irán por los técnicos de la empresa química, que explican que en el lago que rodea la planta hay vida silvestre, y los harán meterse desnudos en el agua de noche, para que sientan lo que le hacen sentir a otros.
Peligrosos, ideologizados, con recursos propios, sin depender de nadie más que de sus propias reglas.
Es bueno el planteo de la película, es muy actual lo que cubre, está bien contada, de manera creíble, salo por alguna moralina por alguna liviandad en el tratamiento que la hace débil en algunos pasajes muy centrales.
Está bien actuada, con la Marling en el papel central, tiene una sonrisa mágica, y en los roles principales Ellen Page (Juno, esta chica siempre sobreactúa un tanto...) y Patrica Clarkson en un rol secundario pero poderoso.
Es una buena idea, es un traslado más o menos correcto de esa idea, creo que el guión tiene debilidades estructurales que hace que no terminemos de creernos metidos en un asunto real.
Para este tipo de películas, casi testimoniales de una época, los aspectos relacionados con la credibilidad son datos importantes, hacen que la película se establezca en conversaciones por afuera de su exhibición, y de esta manera se enriquece y hace justicia con sus propósitos.
The Easte está bien, pero no logra ese objetivo.

martes, 24 de septiembre de 2013

Charly García en el Teatro Colón Septiembre 2013


Charly García en el Teatro Colón

23 de Septiembre de 2013

 


¿Empezará a horario? ¿Podrá terminar el show? ¿Tiene voz? ¿Está flaco? ¿Está gordo? ¿Está? García es todas las preguntas y todas las contradicciones imaginables.

García es flaco y alto, es lento ahora, hasta torpe, es artritis (o artrosis, nunca sé) es límite y es ternura. Es un exceso a punto de producirse y es memoria de excesos producidos.

Y por suerte, por bendita suerte, es músico y poeta.

Por esa alquimia se metió en nuestras vidas desde la adolescencia, y como a esos amigos del alma, le fuimos perdonando todo. Al menos yo lo hice.

Entonces desaparecen las crónicas de malos tiempos, los arrebatos, los problemas con las sustancias, los grafitis, y quedan las canciones.

Una lista de esas canciones, eclécticas, hilvanadas a manera de patchwork de recuerdos, es el repertorio de este artificio imposible, como llamó a la travesura de Líneas Paralelas que tocó anoche y repetirá el lunes 30 en el Teatro Colón de la Ciudad de Buenos Aires.

Y hay brazaletes de Say No More, y hay elegancias dispersas, y silencios reverenciales y grititos de desperezo, de Gran Rex, de combinado Winco y gran estéreo.

Y hay Charly puntual, estilizado, sonriente, disfrutador, que sabe que se va a entregar a su noche, esa noche mágica y misteriosa en la que se convierte en el gran músico argentino y arremete con sus partituras en el primer coliseo, mezclando sus ecos con los de Toscanini, Carusso y Pugliese.

El Colón se abre a sus melodías, que son la banda de sonido de nuestras vidas, sin duda.

Y la entrega es total, y el público solo mueve las piernas, cierra los ojos, comenta con la mirada al que tiene al lado “escuchá”! y todo es fiesta

Fiesta del alma.

Fiesta de recuerdos.

Fiesta de música.

Misa pagana.

Reencuentro con el mejor García.

Será la corrección musical de Fabián Von Quintiero, especie de gran ordenador de la travesura, columna vertebral del show, será la frescura y la voz correcta de Rosario Ortega, los arreglos de Villarejo, las cuerdas de los dos cuartetos Kashmir, será Bernardo Baraj y su saxo, será el negro García López, será Jean Francois Casanovas y sus máscaras, las líneas paralelas de láser que atraviesan el escenario, la gran pantalla telón, The Prostitution, su banda de los últimos años. Serán todos, pero será Charly. Charly íntimo, músico, electrónico, mordaz, medido, agudo, hijoputamente brillante.

Yo miro desde un palco y estoy quieto, como concentrado en cada detalle.

Casi no aplaudo, no quiero quebrar el hechizo.

Y veo a través de las camaritas de los celulares.

Vía Muerta, Desarma y Sangra, dos de Pubis Angelical, Tango en Segunda, El amor espera, No te dejes desanimar (bandoneón de Fernando Samalea), Promesas sobre el bidet (eso que no hay en Europa dijo), Anhedonia, Yendo de la cama al living, 20 trajes verdes, Dinosaurios, Cuchillos (con la voz de la negra Sosa) Parte de la religión, y esa canción que escribió a las 17 años, flojita, Eti Leda.

Yo conozco tu piel, yo conozco tu voz, como las estaciones…

Eran las 2255 y todos esperamos un bis que llegó puntual, Inconsciente Colectivo. Todos alzamos los brazos para aplaudir el ritmo, las luces se encendieron, nos quedamos un rato así, en comunión.

Charly ya se fue.

El pesado cortinado no se vuelve a abrir.

Pero la noche, fría, exige seguir escuchando en el auto.

Por suerte, está García un rato más, como desde que tenemos conciencia de sonidos y canciones.

sábado, 21 de septiembre de 2013

The Girl (para HBO)


The Girl



Otra vez con semanas de diferencia, dos proyectos sobre el mismo personaje, y otra vez Toby Jones metiéndose en la piel del retador, y otra vez, la sorpresa y el buenhumor.
Es que como pasó hace unos años con Capote y Infame, las dos basadas en el mismo tramo histórico de la vida de Truman Capote, su trabajo para llegar a escribir “a sangre fría”, le tocó el turno ahora a Alfred Hitchcock.
En Capote el duelo fue entre Philip Seymour Hoffman, que ganó un Oscar por esa memorable actuación (Toby no le fue en saga) y ahora es el mismo Jones interpretando al genio inglés, en contraposición con la pobre pero muy promocionada e inflada versión de Anthony Hopkins.
A conté la versión de cine, y esta que completo ahora es la que se hizo para HBO, y se puede ver por estos días en Buenos Aires.
Como mencioné, el mismo personaje, el mismo período histórico en su vida, y una mirada muy parecida. El proceso de filmación de “The Birds”, los aspectos creativos, colaborativos, tortuosos de la personalidad de Hitch y su vínculo con sus rubias protagonistas.
La gran diferencia, además de la actuación de Toby Jones, muchísimo mejor, aunque menos creíble desde la máscara y lo físico, muy bien desde lo complejo del personaje, es que en esta versión para televisión se luce la historia, los condimentos de la historia, y no el duelo actoral (que no está al servicio de la película, para mi gusto).
En la versión de Hopkins, como conté, es casi más importante el papel de Alma, la mujer de Hitch, sospechamos que porque es Helen Mirren quién la interpreta.
En la de HBO Alma es solo esa mujer (y no es poco) que después de 39 años de soportarlo, sabe que sin su ayuda en el proceso creativo todo es más complicado y difícil para los estudios, y que deja mansamente que una vez más vuelva a enamorarse de la rubia de turno (habían sido Grace Kelly, Kim Novak antes) a quién torturará psicológicamente durante las dos películas que rueda con el genio.
El hace lo que quiere, todos se rinden ante su genio, aunque tengan que soportar su humor inglés, pero chabacano y obsceno, y tengan que soportar el maltrato y sordidez.
En ese aspecto en esta versión, todo la tensión y el conflicto está planteado en ese vínculo que crea con la modelo sueca, desconocida como actriz en la industria, que era Tipi Hedren (la mamá de Melanie Griffith) bellamente interpretada por Sienna Miller.
Desde el proceso de selección, el trabajo para componer sus personajes junto a Hith, y el acoso paulatino y creciente al que se ve sometida, hace que en ese duelo, en ese vals desenfrenado, gocemos de un buen momento cinematográfico.
Si se quiere, es una película para entendidos. Necesitamos información previa, necesitamos saber la historia del director con sus actrices, su historia de matrimonio eterno con Alma, sus comienzos en Inglaterra y su mudanza a Estados Unidos, para entender del todo una trama lineal y carente de efectos y ribetes comerciales.
Con estas aclaraciones, la película hace justicia con lo que sabemos, avanza de manera nada sugerida con algunas escenas de acoso explícito, confesiones relacionadas con su vida sexual y sus complejos, que quizá le den un toque excesivo al relato, innecesario, y hasta puedan atentar contra la verosimilitud del conjunto, pero no desentona.
La pareja central compone un dúo extraordinario, de belleza, sugerencia, control psicológico y desesperación.
Todas aquellas anécdotas que alguna vez nos contaron sobre la obsesión al filmar (repetir una escena 49 veces) ó el uso de pájaros mecánicos mezclados con pájaros verdaderos que inflingían heridas verdaderas a la actriz, están contadas con el dramatismo necesario pero sin excesos, lo que saludable para el equilibrio.
Es una película recomendable para cinéfilos que expresa muy bien todo lo que sospechamos y lo que sabemos.
Por lo demás, es un gran desafío para la película del mainstream gringo, que a mí me defraudó bastante, ni hablar desde las actuaciones de Tobi Jones y Hopkins.

lunes, 16 de septiembre de 2013

La Reconstrucción


La Reconstrucción

 


No sos vos, soy yo y quién dice que es fácil, dos con Peretti, su preferido, y dos buenas comedias no tan comedias de Juan Taratuto.

Y es bueno Taratuto, también autor de los guiones, contando historias.

Las historias que cuenta son historias íntimas, conmovedoras de tan simples, pero movilizadoras por los límites que explora.

En La Reconstrucción Peretti es un salvaje. Silencioso, sucio, viviendo incómodo en una realidad hosca, en un entorno ideal para esta práctica de ermitaños, es ingeniero en pozos petroleros del extremo del País. Vive solo, en condiciones espartanas, habla poco, gesticula menos.

Nos exaspera de entrada, su manera de tomar la sopa, su cama, su falta de luz en la casa, su indiferencia al dolor ajeno, su teléfono que suena y suena sin ser atendido. Su indiferencia del mundo.

Nos irá explicando el relato que ese deprecio debe venir de algún lado. Nos irá mostrando que no siempre fue así, pero tardaremos toda la película para descubrirlo.

Un amigo, quizá el único que le queda, lo llama para que vaya a su casa en Ushuaia, vive con su mujer (Claudia Fontán, muy bien) y sus hijas adolescentes. Necesita que le cuide el negocio mientras se hace unos estudios.

Tiene un negocio en el centro de venta de remeras, pingüinitos de peluche, un mundo de chucherías en el que el personaje de Peretti no encaja.

Y su amigo, (Alfredo Casero) les juega a todos una mala pasada, y todos quedan descolocados.

Esa es la historia.

Ambientada en la Patagonia más árida, más fría, más rigurosa.

Con pocos actores, apenas 6 en los roles principales.

Tendremos que esperar las escenas finales para saber de dónde viene tanto dolor, tanto meterse adentro, tanto rencor. Y lo sabremos en una escena desgarradora, que se cuenta de manera magistral.

Con una excelente banda de sonido, que nos lleva a las mejores expresiones del género intimista, una película que bien podría haber tenido un gran recorrido en el Sundance Festival. Tanto así, que por los paisajes, por los atuendos, por las historias de pueblo, por la música, en algunos pasajes no es extraño que nos vayamos a algún pueblo del noreste de Estados Unidos, a los paisajes de Frozen River y sus historias.

Un perfecto exponente del Indy argentino.

Es buena, es un tanto morosa, está muy bien actuada, conmueve.

¿Qué más les pedimos a las películas?

 

sábado, 7 de septiembre de 2013

Dead man down


Dead man down





Quizá se llame “la venganza del hombre muerto” esta interesante película de acción cuando se produzca el estreno en la cartelera porteña.
Buen ritmo, buenas actuaciones, cosa que son de otra manera que la que aparentan, todos los ingredientes de una buena hora y algo de puro entretenimiento.
Con director y actriz principal suecos, parecen confirmar la buena relación que hoy existe en materia de cooperación para producir buenos momentos cinematográficos y en materia de series.
El elenco es muy bueno, Colin Farrell interpreta a un miembro de una banda criminal que opera en Nueva York, y está bien!! Es raro verlo actuar más o menos dignamente, y en esta hace una interpretación un poco (solo un poco) por encima de su marca.
También está Terence Howard, un actor de increíble ductilidad que pone al servicio de un jefe de banda interesante y acosado.
Lo bueno es la historia, lo central está en la historia. Que no es sofisticada, pero es efectiva. Son buscadores de venganza. El personaje de Farrell infiltrado para vengar nada menos que el asesinato de su esposa e hija y la protagonista femenina, para vengar su propia desfiguración a mano de un borrachín que manejaba cuando no debía hacerlo.
Ve por su ventana algo que compromete a Farrell y eses será su pasaporte a su propia venganza.
Está bien construida, está bien actuada (para el estándar de este tipo de películas de acción) y es lo que se les pide a estos 118 minutos de puro entretenimiento.
No hay moralinas, pero hay esa sensación de saciedad que da el hecho de la venganza producida y efectiva, que se va construyendo con imágenes bien logradas de cómo era la vida de la pareja central protagónica antes de sus respectivas desgracias.
Los malos son malos, sin matices, muy malos, y para mejorar el entorno hay cuestiones étnicas de bandas enfrentadas y poderosas.
Hay dos perlitas, en pequeños pero potentes papeles secundarios están F Murray Abraham y Isabelle Huppert, dos grossos que se destacan siempre, aún cuando les toquen segundos en la pantalla.

martes, 3 de septiembre de 2013

Séptimo

Séptimo



Es una historia chica, bien contada, muy bien actuada y con una calidad visual muy al servicio de esa escasez de espectacularidad que imponen las historias íntimas.
Tiene ritmo, tiene una banda de sonido que hace que el corazón se agite en el momento justo y que la sorpresa sea sorpresa y un cuidadísimo dispositivo de juego actoral en el que los cambios de ánimo están muy bien logrados.
Hay una complicidad con el espectador, y eso juega como trampa.
La complicidad es homenaje a Hitchcock. Gentes comunes metidas en un parpadeo en una pesadilla absurda, pero bien posible.
Darín es un abogado (penalista…) que anda a mil, como los abogados. Recién separado, está camino a una cita en tribunales para encargarse de un asunto político y pasa a buscar a sus hijos para llevarlos al colegio.
Típicas escenas de reclamos con la que será su ex mujer en días, papeles que hay que firmar, el apuro por lo que se viene en tribunales y los excesos de besos a los chicos que ya no ve como quisiera.
Cuando se ponen en marcha, repiten una vez más ese juego que tanto les gusta. Es un edificio añoso, y bajarán los 7 pisos, los chicos por la escalera y el padre por el ascensor.
Pero esa mañana los chicos no llegan a la planta baja.
Algo pasó en el camino. Se desvanecieron.
Esa desaparición, esa tensión inicial es de lo mejor de la película.
Y Darín le pone el cuerpo de manera vibrante. Su sonrisa, que adora la cámara, se va transfigurando hasta convertirse en una mueca de desesperación.
Este es el mejor momento del relato.
Después será difícil sostenerlo.
Porque la resolución es una resolución sorpresiva pero simple.
Porque habrá un giro en el final, pero es un giro previsible y porque hay algo que no termina de sorprender.
Eso en cuanto a la historia. Que repito, está bien, es sólida y está bien contada, pero que a mi gusto funciona con algún desequilibrio. La promesa inicial, la adrenalina de los primeros 20  minutos, se desvanece.
Los rubros técnicos, los silenciosos, juegan muy a favor de la debilidad de la resolución de la trama.
Con gran protagonismo de la música y hermosas imágenes de Buenos Aires desde el cielo, con esas tomas aéreas tan comunes en el cine norteamericano, en el que la imagen y el sonido de la ciudad nos va metiendo de lleno en el vértigo cotidiano, para decirnos que a cualquiera de esos que caminan como hormiguitas llenando todo, les puede pasar algo sorpresivo.
Las pistas del protagonista son pistas creíbles, y la resolución también lo es. Y es quizá ese aspecto el que de alguna manera está en falta, un giro más una mueca más en la resolución de la trama, hubiese hecho una película perfecta.
Pero está muy bien de todos modos.
Y uno se queda con esa sensación horrible. Esa sensación de desesperación cuando algo involucra a los hijos.




domingo, 25 de agosto de 2013

Parque Lezama


Parque Lezama


Una puesta impactante desde el diseño de luces hasta el dispositivo escenográfico, un texto muy lúcido y una adaptación increíble, dos actores que puedan manejar ironía, risas (fuertes) nostalgias, evocaciones de luchas y amores, capaces de avejentarse en sus gestos en las inflexiones de su voz, nos transportan al mundo de una vejez potente.
Dos octogenarios que se encuentran en un banco del parque, se acercan y se repelen, uno inventor de mundos, de vidas, que le ayudan a soportar la suya y lo hacen reír y sentirse a mano con la vida, el otro pusilánime, cagón, invisible.
Una combinación fabulosa resuelta por un par de actores fantásticos, de largo oficio y compromiso.
Hay buenos trabajos de todos, desde los rubros técnicos, la corrección de los personajes secundarios, de la adaptación de esta obra de Herb Gardner (I am no Rappaport) hecha por el mismo Campanella y dos actuaciones tan sólidas y tiernas que introducen al espectador en una corriente que no para, y disimula largamente la duración (un tanto excesiva).
Gran debut de Campanella como director de teatro (que ayer estaba de pie al final de la sala sintiendo las risas, los aplausos –hay varios- y los murmullos de la sala) y siempre es un placer verlo a Brandoni en un escenario.

Killing Season


Killing Season



De Niro es un grosso. No hay dudas de eso. Y si hay dudas, hay que ver algunas de sus interpretaciones, cualquiera, de esas que nos emocionaron y conmovieron. Pero también es un hombre de negocios, que tiene sus cosas extra arte que le demandan, seguro, inversión y dinero. Quizá sea esa la razón por a cual acepta algunos papeles.
Papeles que no están a su altura, que el señor Robert resuelve con oficio de artesano, nos mohines, sus caras de culo célebres y no mucho más, es todo lo que se necesita.
Pero hay que ver algunas cosas que rompen los ojos.
Killing Season es una de esas películas que salen como mi carnicero hace longanizas. Entran por un lado y salen hechitas por el otro.
Una anécdota que ya vimos muchas veces, una deuda de guerra que se cobra en el futuro. El escenario es Bosnia, y los americanos tienen que hacer algunas cosas sucias en medio de los dramas más terribles. Uno que casi muere (Travolta), y vuelve a buscar a su ejecutor (De Niro).
Para Travolta un párrafo aparte, gordo, forzando un acento raro, poco efectivo también en su rol, con una barba y un corte de pelo que lo hacen parecer más una parodia que un verdadero tipo desesperado.
Y la historia que no ofrece ni giros ni sorpresas hacen de Killing Season una película poco memorable.
Se entiende en el contexto que describo más arriba. Hay que pagar cosas, no hay que esforzarse demasiado, y estamos seguros que solo con esos dos rostros nos aseguramos un piso de espectadores que justifican la inversión de los socios.

domingo, 11 de agosto de 2013

Promised Land


Promised Land

Gus Van Sant es un director extraño, de extremos, de golpes visuales, de actores. Matt Damon es perfectamente americano, ha escrito para el cine, es inquieto, ganó un Oscar por eso. Conoce la industria y conoce cómo hacer éxitos. Elige bien sus papeles.
John Krasinski es un actor secundario, dueño de una sonrisa muy contagiosa y actor correcto, es también guionista, y se embarca en esta aventura con Damon.
Promised Land no es una película inocente.
En un panfleto.
Hay que ver muchos detalles para comprenderla, y cuando uno los ve antes de sentarse a descifrarla, ya entiende muchas cosas.
Una empresa poderosa, que todo lo puede digamos, está dispuesta a seguir agrandando su potencial de extracción de gas natural en una zona rural de Estados Unidos, necesita más y más extensión para explotar, y para eso pone en el campo a un ascendente vicepresidente de manejo de tierras, exitoso y sospechamos inescrupuloso Matt Damon.
Sabe lo que hace, conmueve, va casa por casa, se mimetiza con la región que visita. Usa todos sus recursos, entre los cuales está, claro, el haber nacido él mismo en una zona rural y con necesidades. Una zona de la que se fue cuando la gran industria que allí producía, Caterpillar, decidió cerrar.
Pero ahora es un tipo carismático y exitoso. Recorre las geografías cerrando trato con los vecinos, con los dueños de esos enormes campos del interior americano, que ya no sacan lo que sacaban por esas tierras, que no sienten que están bien pagados por su trabajo, y que se tientan por los millones y millones que Damon les promete cuando esa potencia que vive debajo de sus ranchos, se libere.
Hace esas recorridas con una compañera, que es la siempre correcta Frances Mac Dormannd.
Pero en ese pueblo en el que se instalan, en el que ya los están esperando, se encontrarán con algunos que desconfían, que saben lo que pasa.
Y lo que pasa es nada más y nada menos que la explotación del gas no convencional, si el de Vaca Muerta, que tanto vemos en los diarios argentinos, y la derivación de esa explotación, que necesita mucho agua, y que tiene tantos detractores, por el método, como entusiastas.
La película, en medio de cuestiones sensibleras y un trámite demasiado moroso, narra esa batalla. Que es una batalla que vamos a tener en nuestros pueblos del sur en poco tiempo.
La prepotencia de los billetes y de las pocas explicaciones, de los argumentos, y la potencia de gente convencida.
Es una película interesante desde ese punto de vista, para ver a las potencias en acción.
Sorprende, o no tanto, ver que entre los productores está una empresa de Abu Dabi, es decir, para que quede claro, es una película con gran guión, con un director consagrado, con actores que podrían ser la envidia de cualquier director de casting, al servicio del lobby de los que no quieren que este gas no convencional sea explotado.
Está claro?
El lobby del carbón, del petróleo tradicional, haciendo que una historia de arrepentimiento y de corazones abiertos, gane a los millonarios.
Obligatoria para los estudiantes de comunicación, es la potencia cultural en acción, al servicio de una idea, de un interés, pero puesto en escena de manera virtuosa y atractiva.
No hay mucho más en Promised Land, es correcta por donde se la mire, como un folleto institucional no tiene fisuras.
Si no se la mira con este interés extra, aburre un poco.

Walt y El Grupo


Walt y El Grupo

En 1941 Walt Elías Disney se embarca en un avión de American Airlines con un grupo importante de colaboradores de su empresa.
Había estrenado ya Blancanieves y por primera vez contaba sus ingresos en cientos de miles. Su apuesta había dado resultado y tenía en el banco unos dos millones de dólares, que no tardó en volcarlos uno arriba del otro, en la construcción del estudio en California.
Eran momentos complejos para el mundo, y Walt disfrutaba del éxito de su largometraje animado, que era el comienzo de algo grande, él lo sabía
Pero no todo era camino recto. La primera huelga, la extorsión de un delegado que todavía no representaba a nadie, pero que sabía cómo hacer el trabajo sucio, y la paralización del estudio en medio de la crisis que la guerra originaba.
La gran guerra ya estaba en el patio trasero, aunque todavía no había sucedido Pearl Harbor, las restricciones a los insumos, los problemas económicos, la hacían sentir de manera fuerte y continua.
En medio de toda esa convulsión, en medio de la huelga que paralizaba todo, Roosevelt le propone a Walt un viaje, un largo viaje por el “patio trasero” de América, para hacer un programa de buenos vecinos.
EL Departamento de Estado se ocupará de todo, sobre todo de los altos costos de un viaje de más de tres meses, recorriendo el ABC tan famoso, Argentina, Brasil y Chile, para Walt y el equipo de dibujantes, músicos, guionistas, que él designara. Había que ir y ver, había que traer ideas, personajes, conocer, llevar cultura, en un abrazo político sin precedentes.
Y el bueno de Walt, de paso, se evitaba el terrible deterioro cotidiano que significaba una huelga muy difícil.
EL viaje fue pagado por el gobierno, que también controló los objetivos políticos y de comunicación de semejante movida. Que también tenía un correlato industrial, ya que la idea era producir dos películas, cuya taquilla o ingresos, estarían garantizados vayan o no los espectadores.
Buen negocio para Disney, que solo tenía que ir, ver, conocer, llevar su sonrisa y sus ideas y absorber cultura.
Este sensacional documental cuenta con detalles domésticos ese viaje extraordinario.
La producción de las dos películas, “Saludos amigos” y “The three caballeros” y todo lo que encerró el viaje en términos de intercambio cultural y político, está plasmado en tono parsimonioso, completo, atractivo y con imágenes increíbles de los países en la época.
No hay dudas que lo más rico desde el punto de vista cinematográfico fue Brasil, inspirador de personajes (el grillo malandro) y que los ilustradores quedaron deslumbrados por los colores y la belleza de Río de Janeiro. Pero también Fulgencio Batista y su despliegue de glamour y poder.
En Buenos Aires, la dominante fue el gaucho, no el tango como podría pensarse al haberse instalado en el corazón de la ciudad (armaron un estudio completo en la terraza del Alvear Palace) y se reflejan toda suerte de asados con cuero, visitas a estancias y domas de caballos, que fascinaron a Walt, que en toda la película se muestra como un chico juguetón y amante de las bromas.
Peor más allá de toda la pintura de época, del momento complejo de la guerra, de los folcklores típicos de los países, la potencia la lleva el eje central del documental, la decisión del gobierno de Estados Unidos de evangelizar con sus valores, al resto de la región, desde una posición de tutela, de hermano mayor, es cierto, pero con fascinación por todo lo que fueron encontrando.
Un gran evento de Relaciones Públicas, un perfecto engranaje de propaganda, de comunicación gubernamental, de sofisticación, para seducir a una región enorme, potente, dinámica, que podría ayudar a torcer las cosas.
Lo mismo hacían desde Alemania, pero con métodos más rudimentarios, igual de ricos en términos de dinero, pero infinitamente menos complejos.
La cultura, la comunicación, el cine y su potencia, la creatividad, y la incipiente industria de la animación, como en este caso, al servicio de las ideas de un país.
Acaso el cine no busca siempre decir cosas? Aún en esas películas que se nos presentan como inocentes desde el punto de vista ideológico, a poco que alguien nos abre los ojos, y vemos sus productores, sus mensajes, sus mensajes no dichos, comenzamos a entender un poco más de sus objetivos, y del ideario que tienen detrás.
La gran herramienta cultural, junto con la televisión después, para decir lo que no se puede decir de frente, mirando a los ojos, para emocionar cuando se lo dice, para que lo diga uno que es más atractivo que el presidente, al que por otro lado, ya nadie le cree.
Eso puede la comunicación a través del arte, de la cultura.
No hay referencias a esos encuentros con Perón, que tanto mito tejieron alrededor, de las visitas a los parques en Bariloche, de la idea para los parques temáticos cuando visitaron la República de los Niños, este viaje transcurre en 1941 y este documental lo refleja con toda su complejidad.

martes, 6 de agosto de 2013

Metegol

Metegol



Voy a obviar todo lo relacionado con el esfuerzo, la capacidad argentina, el trabajo en equipo, los 20 millones de dólares y la producción “al estilo americano”. Yo vi una buena película y punto.
Y dejo de lado todo lo demás, porque con esa información, con semejante cantidad de información, si la película hubiera sido mala a mí no me dice nada. Pero la película, la historia, es buena, y uno hasta puede prescindir de la tecnología de animación, y sumergirse solo en una historia bien contada,
El metegol no me es ajeno. Ni el club de barrio. Ni los personajes que lo habitan. Y Campanella mezcla esas barajas con maestría, con nostalgia, con humor y con valores.
Es cierto que después de todo lo que hizo, la vara es alta, y solo podía saltar esa vara con una película distinta. Y esta es distinta. Muy distinta. Pero a la vez es igual a todas.
Porque tiene ternura, es básicamente una película tierna, porque hay amistad, porque están los valores, porque hay mucho humor y porque hay una historia de amor entre dos que son distintos pero que comparten ideales y porque hay Frank Capra en cada minuto.
Campanella sabe contar, y eso es lo que queremos de un director. Ideas claras, personajes, situaciones, que nos vayan llevando despacito a la otra orilla, cuando la historia termina y quedan las anécdotas que la construyeron.
Amadeo es el protagonista de Metegol, es un chico de pueblo, de un pueblo instalado en un lugar incierto (quizá por eso de que debe funcionar en todos los países posibles) que tiene ritmo de pueblo y la gente es feliz con poco.
Juega al metegol Amadeo, como nadie. Es el mejor en eso.
Pero está creciendo, y con eso parece que no alcanza.
Se están yendo todos, y queda Amadeo con los grandes, con los que no tienen otro lugar.
Habrá un desafío con el chico fanfarrón, el que no pierde a nada, el líder.
Jugarán, se torearán y ganará Amadeo.
Pero el pibe malo volverá, millonario y poderoso, para vengarse de la única derrota que sufrió en su vida.
Y Amadeo, que no quiere confrontar con nadie, se verá envuelto dos veces en un desafío muy por encima de sus agallas, llevado por una niña, que luego será mujer, que es la inspiradora de sus sueños más heroicos.
Y de eso va la película.
Del pueblo, de los valores, del progreso que todo lo arrasa, y de las cosas simples, que cuando se combinan hacen grandes cosas.
En medio de esto la historia de los jugadores del metegol que cobran vida para salir en defensa y auxilio de un Amadeo perdido.
Esos jugadores de fierro serán el eje argumental de la película.
Esos muñequitos que de tanto haber jugado juntos se conocen de memoria y son capaces de todo.
Y ahí se juegan todos los valores imaginables, los que están unidos al fútbol, a la amistad, a los compañeros.
Hay mano de Eduardo Sacheri, el escritor compañero de andanzas en El secreto de sus ojos, pero sobre todas las cosas, hay un aroma a Fontanarrosa en toda la película (está basada en un cuento increíble “memorias de un wing derecho” lo que la hace mucho más entrañable.
Es Fontanarrosa en cada minuto. Flota su presencia en los personajes, en los gags, en los diálogos, aunque lo suyo solo se haya limitado a inspirar el texto y el guión.
Y eso es una felicidad.
Te guste o no te guste el fútbol, hayas jugado al metegol, hayas pisado el club del barrio o no hayas vivido ninguna de estas cosas, la película vale la pena.
Hay momentos de gran risa (qué lindo es reírse en el cine, aún a costa de bancar codazos) como la mayor parte de los gags del partido desafío, y momentos de gran ternura.
Y está bueno que a la película le vaya bien.
Y aunque al comienzo de la crítica me propuse no entrar en las comparaciones industriales, me pone feliz que entremos en esa liga. Argentina es orgullosa productora de grandes del cómic, dibujantes, animadores, guionistas, y eso tiene que plasmarse en más producción para consumo.
Los grandes de nuestras historietas merecen un lugar en las historias. Isidoro, Mafalda, Perramus, el Corto Maltés, todos, de a poco, protagonizando aventuras.

Hay pedacitos de mi propia infancia en Metegol, y eso es un plus, pero aún si no los hubiera, la película vale la pena.

domingo, 28 de julio de 2013

Identity Thief


Identity Thief


Los seguidores de este blog ya saben que me gusta mucha la nueva comedia norteamericana. Heredera de gigantes (Mel Brooks, Woody allen, Jerry Lewis) esta nueva raza de directores, guionistas y actores es tan buena como la que disfrutamos en los años 70 y 80, pero con la lógica y cuidada sintonía con las obsesiones, preocupaciones y situaciones hilarantes de nuestros días.
Con ese tono extraño tan judío de poder reírse de uno mismo, y en esa tradición que también (homenaje a Jerry Lewis) se permite el humor físico, esta película, aunque no tan graciosa, viene a instalarse en esa línea de Horrible Bosses o Cedar Creek Convention.
Y no es casual que sea el mismo director de “quieres matar a tu jefe” (que está preparando la segunda parte) y tampoco es casual que el protagonista masculino sea el bueno, el muy bueno Jason Bateman.
Este es quizá uno de los rostros menos graciosos, menos hilarantes, uno de los que seguramente podemos situar en situaciones románticas, o dramáticas sin inconvenientes, pero que puesto a hacer reír, es imbatible. Es que como en las películas de Hitchcock, Bateman es el rostro ideal para componer al tipo que, de la nada, se ve envuelto en una situación de difícil resolución y que parece un pozo que no tiene fondo, y mientras cae, nos regala sus caras, sus gestos de hombre común desesperado, sus guiños a un espectador que seguro ya lo conoce.
No en vano es uno de los protagonistas de Arrested Development, la serie de culto de esta nueva comedia norteamericana, y uno de los rostros que podemos reconocer en los grandes títulos de este rubros desde hace ya varios años (Juno, Up in the air).
Y el director también es un especialista (Modern Family, The Office, Parks and recreation) Seth Gordon es un especialista.
Bateman es Sandy Patterson, y ese nombre ambiguo le traerá problemas. Una mujer desagradable, mala, muy mala, le robará la identidad en la otra punta del país, consumirá todos su crédito y lo meterá en tantos problemas como se puedan imaginar.
A punto de perderlo todo, pero sin posibilidad de demostrar nada, en un sistema judicial que requiere de mucho más que un buen pasado para nos ser considerado el peor de todos y donde todo se puede derrumbar muy rápidamente, decide ir a buscar al origen de todos sus males y traerla a comparecer con todos, con sus jefes, con su familia, y con la justicia.
Así emprenderá un viaje cruzando todo el país con su ladrona de identidad.
Y como ya sabemos de antemano, ese viaje (como el de Seth Rogen y su madre Barbra Streisand, o el de Steve Martin y John Candy) estará lleno de situaciones bizarras, conocimiento mutuo y hasta cariño en medio de tanto desastre.
Y está bien contada!
La película no desperdicia nada de las situaciones de carretera, de auto y de antagónicos. Tanto, que a pesar de que no nos sorprende, tiene giros interesantes en la manera de encarar la relación que se va dando entre los protagonistas y sus miserias.
Por un momento perdemos un poco de vista que estamos viendo una comedia de la nueva ola, de la nueva camada de comedias gringas, y nos dejamos llevar por una historia que está basada en la fuerte personalidad de los personajes centrales y sus circunstancias.
Es buena.
No es hilarante.
Tiene sutilezas y homenajes.
No esperen más que entretenimiento.
Algo que el cine puede darnos y lo hace bien.

The lone ranger

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The Lone Ranger



Johnny Depp es y será Jack Sparrow.
No estoy diciendo que no puede hacer otras cosas, claro que no, tiene y mucho bueno en su haber, pero su vínculo con Disney es Jack Sparrow, y lo que haga tiene olor y señas del valiente capitán del Perla Negra.
Y este personaje que compone, que es el hilo conductor de la historia, el indio que acompaña al llanero valeroso, Tonto (Toro para los de más de 40) es un Jack Sparrow prestado a otra superproducción que dudo tenga destino de saga.
Está bien contada. Tiene acción como si fuera Misión Imposible, siempre es un gran desafía trasladar esas coreografías de tiros, explosiones, persecuciones y belleza a otro tiempo, pero la industria lo logra.
Qué queda de aquella serie que veíamos en blanco y negro, “no siempre se esconde un bandido detrás de una máscara…”? Nada, o muy poco, la sombra de los personajes que conocimos y un protagonismo invertido de la pareja central.
Porque si para nosotros era “el llanero y Toro” para los chicos hoy será Tonto y el llanero, sin dudas.
Grandes trabajos, a la altura, de William Fitchner y del enorme Tom Wilkinson como la pareja de malos, y correctos el resto.
La película no nos ofrece, y lo podría haber hecho, ninguna explicación sobre lo que vimos, ningún guiño para los adultos acerca de la serie de la tele, solo es una referencia, un título para poder mostrar el talento histriónico de Depp y sus máscaras recargadas.
La historia es simple, muy clásica, y ese es un buen favor que nos hacen los productores. Pero creo que la principal debilidad es ese posicionamiento, como va para un público muy joven que no tiene memoria de quién es el llanero en las tardes de la televisión de sus padres, no hay compromisos con contar y describir a los personajes, pero tampoco llega a los padres, ya que, sabiendo que van a ir de cabeza a acompañar a sus hijos, no le ofrece (como han hecho otras nuevas versiones de viejos clásicos) ninguna referencia a su pasado.
Está a mitad de camino de todo.
Me quedo con Jim West, cuando la refrescaron.
Falta ahora The Rifleman.