domingo, 11 de agosto de 2013

Promised Land


Promised Land

Gus Van Sant es un director extraño, de extremos, de golpes visuales, de actores. Matt Damon es perfectamente americano, ha escrito para el cine, es inquieto, ganó un Oscar por eso. Conoce la industria y conoce cómo hacer éxitos. Elige bien sus papeles.
John Krasinski es un actor secundario, dueño de una sonrisa muy contagiosa y actor correcto, es también guionista, y se embarca en esta aventura con Damon.
Promised Land no es una película inocente.
En un panfleto.
Hay que ver muchos detalles para comprenderla, y cuando uno los ve antes de sentarse a descifrarla, ya entiende muchas cosas.
Una empresa poderosa, que todo lo puede digamos, está dispuesta a seguir agrandando su potencial de extracción de gas natural en una zona rural de Estados Unidos, necesita más y más extensión para explotar, y para eso pone en el campo a un ascendente vicepresidente de manejo de tierras, exitoso y sospechamos inescrupuloso Matt Damon.
Sabe lo que hace, conmueve, va casa por casa, se mimetiza con la región que visita. Usa todos sus recursos, entre los cuales está, claro, el haber nacido él mismo en una zona rural y con necesidades. Una zona de la que se fue cuando la gran industria que allí producía, Caterpillar, decidió cerrar.
Pero ahora es un tipo carismático y exitoso. Recorre las geografías cerrando trato con los vecinos, con los dueños de esos enormes campos del interior americano, que ya no sacan lo que sacaban por esas tierras, que no sienten que están bien pagados por su trabajo, y que se tientan por los millones y millones que Damon les promete cuando esa potencia que vive debajo de sus ranchos, se libere.
Hace esas recorridas con una compañera, que es la siempre correcta Frances Mac Dormannd.
Pero en ese pueblo en el que se instalan, en el que ya los están esperando, se encontrarán con algunos que desconfían, que saben lo que pasa.
Y lo que pasa es nada más y nada menos que la explotación del gas no convencional, si el de Vaca Muerta, que tanto vemos en los diarios argentinos, y la derivación de esa explotación, que necesita mucho agua, y que tiene tantos detractores, por el método, como entusiastas.
La película, en medio de cuestiones sensibleras y un trámite demasiado moroso, narra esa batalla. Que es una batalla que vamos a tener en nuestros pueblos del sur en poco tiempo.
La prepotencia de los billetes y de las pocas explicaciones, de los argumentos, y la potencia de gente convencida.
Es una película interesante desde ese punto de vista, para ver a las potencias en acción.
Sorprende, o no tanto, ver que entre los productores está una empresa de Abu Dabi, es decir, para que quede claro, es una película con gran guión, con un director consagrado, con actores que podrían ser la envidia de cualquier director de casting, al servicio del lobby de los que no quieren que este gas no convencional sea explotado.
Está claro?
El lobby del carbón, del petróleo tradicional, haciendo que una historia de arrepentimiento y de corazones abiertos, gane a los millonarios.
Obligatoria para los estudiantes de comunicación, es la potencia cultural en acción, al servicio de una idea, de un interés, pero puesto en escena de manera virtuosa y atractiva.
No hay mucho más en Promised Land, es correcta por donde se la mire, como un folleto institucional no tiene fisuras.
Si no se la mira con este interés extra, aburre un poco.

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