domingo, 24 de julio de 2016

Spotless

Spotless

Buen equilibrio entre el drama, la violencia, y el absurdo que arranca sonrisas costosas



7 Butacas


No se puede reír, porque la violencia es fuerte, porque lo que ocurre es dramático, pero cuando las cosas no pueden salir peor, en Spotless si, entonces la tensión es permanente.

Un joven francés que construyó su familia en Londres, esposa bella, dos hijos entrando en la adolescencia, es dueño de una empresa que limpia escenas de crimen.

Buen comienzo.

Ellos llegan cuando los detectives, los de CSI hicieron todo su trabajo. Sacan la sangre seca, la que está impregnada, los pedazos de seso o viseras que se han pegado en las paredes, todo con profesionalismo, para que es escena del crimen deje de serlo y vuelva a ser un ambiente para ser vivido.

Todo inmaculado.

Una vida con altibajos, problemas financieros, una amante, nada que nos llame la atención.

Hasta que un día llega el hermano mayor del francés atribulado, un desastre de ser humano por donde se lo mire, con una capacidad inagotable de hacer lo incorrecto.

Cada vez que piensa por las de él se mete en un problema más grande.

Un asunto de drogas (muy bizarro cómo está planteado) los pone en la mira de un gangster muy poderoso, al viejo estilo del matón con códigos.

Un personaje increíblemente bien resuelto e interesante, que se irá metiendo en la vida de los hermanos de manera irreversible.

Los contratará para que limpien escenas de crimen que todavía no se han denunciado, para que monten escenas para que la policía crea otra cosa, y les pagarán bien. Pero el hermano del protagonista y su pasado, las particularidades propias de un negocio complejo, las rivalidades entre bandas, harán que a medida que los capítulos se van desarrollando, nos despisten las nuevas cosas en las que se meterán.

La serie de 10 capítulos tiene un gran nivel narrativo, mantiene la atención todo el tiempo, y se mueve en un registro que es muy interesante, entre la sordidez y algo de humor e ironía. Como si no nos termináramos de creer la infinita maldad de los personajes, hasta que nos muestran lo que son capaces de hacer.

Es una buena serie, entretenida, molesta, y con un buen final inconcluso.

Cien años de perdón

Cien años de perdón

Ya la vimos, pero con acento español y argentino se deja deja ver la falta de pulido


5 Butacas


Es que no está mal esta coproducción española con la muy exitosa productora argentina de KS films, pero tampoco está del todo bien.

Es decir, de alguna manera nos entusiasma una trama que desde el primer minuto vamos a adivinar no tan lineal como se presenta, pero cuando nos vamos metiendo en ese relato que se complica a medida que corre el tiempo, nos damos cuenta, o percibimos que no vamos a ir a ningún lado.

De todas maneras vale el buen intento.

Un grupo de asaltantes (un uruguayo, argentinos que no hacen nada por disimular el acento y un español) entran al banco central de Valencia para un robo de magnitud.

Afuera llueve como pocas veces en la ciudad y el atraco parece estar cuidadosamente planeado.

Entrarán, vaciarán todas las cajas de seguridad y se irán por un boquete en el piso que los conduce a un túnel de subterráneo abandonado.

Todo bien, pero algo sale mal y todo comienza a complicarse.

Resulta que la salida, debido a la lluvia, no será tan fácil como la planearon, y entre los propios integrantes de la banda, se irán produciendo fisuras que complican todo.

Pero la complicación principal no está adentro del banco, está afuera, alguien está muy inquieto con el contenido de una caja de seguridad que pertenece a un miembro del partido de gobierno.

Entonces habrá tensión adentro y afuera.

Planes que se frustran, historias entre los miembros de la banda, la prensa, el gobierno.

Todo muy obvio y poco resuelto.

Hay un momento de la película en el que casi con seguridad sabemos lo que va a venir, y eso no es bueno nunca.

Por el lado de las actuaciones, Luis Tosar y Rodrigo de la Serna hacen lo suyo con oficio, y son lo mejor de la tensión narrativa.

Pero no alcanza.

lunes, 18 de julio de 2016

River

River

Un gigante melancólico, sus fantasmas y una historia demasiado cercana


8 Butacas



Hace un par de años leíamos con algo de incredulidad que Netflix tenía en sus planes mucho más que cambiar definitivamente la manera de ver películas y series, su CEO decía que la verdadera batalla iba a ser la batalla de los contenidos, que ahí iba a estar la diferencia.

Y vaya si hay una batalla, interesante, en la que, esta vez sí, salimos ganando los espectadores.

Es que los recursos creativos y económicos que se están dedicando a las producciones originales, hacen augurar unos buenos años de buenos productos, al menos hasta que el formato cambie de nuevo.

River es otra producción especial para Netflix de una cantera que produce buenas cosas, como es la BBC One (responsable por Sehrlock, entre otras perlas) y en este caso apelan a un protagónico escandinavo (otra buena escuela) como es Stellan Skarsgård.

John River es un detective investigador brillante, que resuelve el 80% de sus casos. Es introvertido, no tiene amigos, y es un solitario sin remedio.

Su vida se ve profundamente alterada cuando disparan y dan muerte a su compañera, la sargento Stevenson.

A partir de ese hecho traumático, se desarrollará una historia de investigación obsesiva para dar con el asesino de esa mujer que, como iremos descubriendo, era mucho más que una compañera.

Pero River tiene un costado inexplicable, sus fantasmas, casi siempre de gente muerta, se aparecen demasiado vívidamente en medio de sus días, para marcarle cosas, ayudarlo o guiarlo en la investigación y en su locura.

Ese delicado equilibrio, que debe ser cubierto por sus superiores, investigado por una terapeuta y soportado por su nuevo compañero, es la clave de la buena historia que es River.

Una historia que se irá desgranando capítulo a capítulo, que no da nada por cierto ni por sentado y que se mete muy de lleno en un mundo inglés muy actual, muy multiéntico y muy agresivo.

Es una buena serie de nada más que 6 capítulos, que ojalá siga.

Manhattan nocturne

Manhattan nocturne

Homenaje a Marlowe, una voz en off melancólica y un juego de seducciones



7 Butacas



Adrien Brody nació para estos papeles de melancólicos marginales, de tipos con mucho interior y sonrisa triste. Basada en una novela exitosa, es una recreación del mejor filme negro norteamericano.

Si cambiamos los trajes y llevamos la misma historia a la década del 40 no notaríamos el cambio de época.

Una voz en off, contando lo que va pasando desde estados de ánimo, una Manhattan marginal, fotografiada desde los suburbios, y la historia de un periodista de la vieja escuela, una especie de Turco Sdrech o Canaletti, que para un diario grande, recorre los sumideros buscando historias crueles, al borde de la desesperación y en los márgenes, para convertirlas en noticias policiales.

Un Roberto Arlt haciendo crónica policial en el diario Crítica.

Cobra fama y celebridad cuando es él, y no la policía, quien encuentra a una chiquita desparecida en un lugar en donde ninguna pista llegaba.

Es un periodista celebrity, que resiste la embestida de los blogs y la tecnología.

Hasta que, como es de manual en estas historias, una modelo demasiado hermosa  Yvonne Strahovski (hermosa en serio) toca a su puerta para que investigue la muerte de su esposo cineasta.

A partir de ese momento, una espiral de lugares prohibidos, gente molesta, poder, seducción y obsesión, que lo irán llevando a casi perder todo, hasta su familia.

La clave de esta película es mirarla en esta sintonía de los clásicos del género. 

De lo contrario podemos sentirnos algo defraudados, porque de alguna manera mantiene una inocencia que tenemos que confiar que es cierta y premeditada. Si la vemos en clave año 2016 nos va a faltar algo, algo de violencia, algo de intriga, algo de sexo. 

Pero si en cambio la vemos como una buena adaptación de una novela entretenida, que además intenta ir al clima de los clásicos, la vamos a disfrutar de otra manera.

Porque es algo obvia, porque ya nos acostumbramos a otro tipo de desafíos cuando vemos películas de intriga (en esta ya de entrada podemos entrever adónde terminaremos) y porque tiene una morosidad en su tiempo que la hace distinta.

Pero en la clave que describo, creánme que se disfruta y mucho.


London has fallen

London has fallen

Demasiado violenta para parodia, demasiado cómica para su crudeza


4 Butacas



No hay término medio con esta secuencia (la primera había sido ambientada en la Casa Blanca con un presidente negro) es muy violenta, se mueve entre hipótesis bien posibles de conflictos, pero de tan exagerada pierde su tensión dramática para convertirse casi en una película de "Tiburón, Delfín y Mojarrita".

Con otro despliegue, claro.

Un presidente norteamericano buen tipo, encarna los valores absolutos de la democracia y de occidente, se sorprende una mañana con un llamado que le informa que el Primer Ministro británico acaba de fallecer. Entonces hay que asistir al funeral, al que irán primeros mandatarios de todo el mundo.

Londres se blinda en un operativo de seguridad acorde, pero algo sale mal, y se desencadenan eventos insospechados, que ponen en vilo al mundo occidental.

Todo conducido por una familia de musulmanes que estaban vengando un atentado con misiles al corazón de una familia adinerada (se supone que traficantes de armas) hace unos años atrás.

El único que sobrevivirá al ataque es obviamente el presidente norteamericano y será salvado por su fiel guardaespaladas.

Hay notas y referencias a la realidad del mundo hoy, lo que transforma a la película en creíble desde algún punto de vista, pero es tan forzado todo lo que sucede, que termina convirtiéndose en una real parodia.

Y tengo mis dudas de que no sea ese el planteo real del director.

Lo que ocurre es que hay un despliegue de violencia inusitado, hasta un regodeo con la muerte a distancia, que llaman la atención "mire para arriba" le dice el vicepresidente de Estados Unidos a cargo de la presidencia y del operativo, al perpretador del ataque anunciándole que un misil está por destruir toda la aldea en la que se esconde.

Mucha tecnología, historia de vida y de relación entre el presidente y el guardaespaldas fiel, una hija en camino, historias cruzadas de honor y de valores, banderas flameando y música para lagrimear un poco.

Todo tan llevado al extremo, todo tan plantado con fórceps, que solo falta cada tanto una mirada cómplice a la cámara para cerrar la secuencia.

Gerard Butler, Aaron Eckhart, Morgan Freeman, Angela Basset y una escondida Melissa Leo (que casi ni habla) son algunos de los nombres estelares para este enchastre.

Es desconcertante-

lunes, 11 de julio de 2016

Eye in the sky

Eye in the sky

La ética de las decisiones


7 Butacas



¿Cómo funciona ese proceso por el cual tenemos que tomar una decisión bajo presión y obliga a saltar las convicciones o la moral?

¿Quién determina cuándo es necesario terminar con una vida para salvar a otras?

Esa es clave en la cual hay que disponerse a ver Eye in the sky. Porque se trata de eso, de decisiones en un mundo complejo, desde vidas comunes, activando mecanismos que están muy por encima de las razones que cada eslabón esgrimiría en intimidad.

Una oficial de alto rango en Inglaterra, comanda una operación conjunta para dar caza a terroristas buscados desde hace 6 años. Son peligrosos, huidizos, están ahora planeando un ataque con suicidas en algún lugar de Kenya y cuando todo está dispuesto para dar un golpe de esos quirúrgicos, que vimos televisado en la guerra del golfo por CNN, una niña inocente se cruza en el cuadro de disparo de un misil de alto poder y todo tiene que resignificarse.

Es muy interesante lo que cuenta la película y cómo lo cuenta. 

Porque no hay moralinas, y porque sobre todo, nos pone todo el tiempo todas las cartas sobre la mesa.

Desnuda el mecanismos complejo de este tipo de decisiones de las guerras modernas, en las que la tecnología juega un papel determinante, pero en las que la decisión humana sigue jugando un papel preponderante.

Un triángulo militar, la siempre eficaz y en este caso despiadada Helen Mirren como la oficial británica, su superior el general Alan Rickman (que bueno era este actor) y el cada vez más solicitado Aaron Paul, y por fuera de este triángulo (que parece tener las cosas en claro) un entramado de políticos de dos países, de idiosincrasias y abogados y técnicos, para arribar a la decisión que deje a todos en paz con sus conciencias y el deber cumplido.

Es interesante cómo el director plantea la historia, que se irá construyendo con momentos de nervios en el intercambio entre los involucrados, la inocencia de la vida en la aldea, y cómo se juegan el pellejo los que tienen que ejecutar las decisiones que se toman en los escritorios.

Es lúcida, es reflexiva, es actual, es en definitiva, un buen relato de época.

Hail, Caesar!

Hail, Caesar!

Los Coen, eternos adolescentes virtuosos en un gran homenaje en clave de chiste a ese mundo que formateó nuestras cabezas cinéfilas



8 Butacas


Con solo situarnos en los primeros 15 minutos de película, nos sumergimos en el fantástico mundo de los hermanos Coen y ya no importa nada.

La capacidad para meternos en las historias que cuentan, lo bizarro y a veces inverosímil, se transforma en norma y en verdad absoluta con una destreza que pocas cabezas creativas tienen hoy en el cine.

Por eso se les permite tanto.

Porque todo el tiempo cuentan historias al límite del absurdo, de lo hilarante, de lo confuso, pero con la destreza de los narradores clásicos, y con todo en su lugar.

Por eso nos gustan los Coen (en Butaca al Centro). Porque son capaces de tomarse en broma y a la vez contar el lado oscuro de las cosas, lo no dicho, lo que incomoda, de manera cinematográficamente impecable.

En Hail, Caesar! el centro es la gran industria de los más grandes estudios de cine de la década del 40/50 y sus ejecutivos todo poderosos, que definían con quién se casaba una estrella y cuándo debía hacerlo.

El comienzo del esquema clásico del star system, de los grandes nombres que muchas veces ocultaban vidas pequeñas, desde la mirad de un ejecutivo de Capitol Movies, encargado de, a la manera de un personaje de Los Simuladores, arreglar y encausar las vidas de los actores y directores para que todo fluya.

Todos se toman sus roles en broma, pero con una seriedad que los hace sublimes, ya que lo hilarante, lo bizarro está en la historia y no en en histrionismo o el lucimiento de tal o cual actor.

Los Coen hacen cine coral.

Un retrato de época, de momento de gran crecimiento de una industria que todo lo podía, magníficamente recreado.

Una gran estrella (otra colaboración de George Clooney con los hermanos) es raptada por un grupo de escritores y guionistas comunistas y el personaje que todo lo arregla (gran papel de Josh Brolin, el más latino de todos los actores norteamericanos) deberá mantener todo el sistema funcionando hasta retornarlo al set.

En medio, todo es hilarante, un guión exquisito y unas interpretaciones ajustadísimas de todo el elenco.

Una crítica o mirada retrospectiva muy lúcida sobre una industria que siempre se tiene que reinventar (la amenaza de que con la televisión se iba a terminar su apogeo es todavía latente... hoy con las series?) el sistema de los grandes estudios, los actores universales, la infiltración comunista de la posguerra que tanto sufrió Hollywood (ver Trumbo o The Front de Martin Ritt) y un paneo irónico sobre los géneros que descollaban por esos días en los que está ambientada la película: Los westerns, las películas con nadadoras, los musicales y las películas épicas históricas.

No hay un solo detalle dejado al azar, desde la tipografía de los títulos hasta la banda de sonido.

Es un gran homenaje en clave de chiste, al mundo que formateó nuestras cabezas de cinéfilos.

Triple 9

Triple 9

Elenco multiestelar, tiros, líos y cosa golda en una historia con más buenas intenciones que historia...


5 Butacas



Cuando hay un código tripe 9 hay un oficial herido de muerte, y toda la policía acude a su auxilio. Entonces, esa ventana de unos minutos, libera otras zonas para otros golpes.

La película comienza con un espectacular golpe a un banco de Atlanta. Gran despliegue de equipamiento, logística y códigos. Solo para llevarse entera una sola caja de seguridad.

Al rato ya entrevemos que es un golpe demasiado bien armado, y unos minutos después los veremos a los integrantes, vestirse de policías.

Es que se trata de un equipo de élite, conformado por policías en actividad y ex servicios, a las órdenes (difusas) de Chiwetel Ejiofor (que no para de trabajar), pero no sabremos sino hasta entrada la película, qué robaron, por qué y para quién.

Hasta ahí el ritmo nos hace perder de vista la trama central, como debe ocurrir con una buena película de acción.

Cuando además el director pretende sublecturas, la cosa se complica.

Y hay algo de eso en Triple 9. 

La mafia rusa (son muy malos) y la mafia judía (la Kosher Nostra dice en broma el detective que compone Woody Harrelson) y un entramado que no termina de entenderse bien.

Es que cuando se intentan cruzar varias historias, deben estar muy bien contadas para que la trama resulte atractiva además de entretenida por las escenas de acción.

En ese aspecto Triple 9 defrauda un poco.

Hay espacio para lucimientos de actores, pero como son tantos, también se hace un poco de ensalada.

Se destacan (como siempre) Kate Winslet haciendo el personaje de la jefa de la facción rusa, y el ascendente Aaron Paul, que debe componer a un personaje al límite para destacar su rol.

Woody Harrelson entre los conocidos de siempre, haciendo lo que hace casi siempre, el policía excesivo, al límite de las adicciones, pero buena madera (mmmmm) en esta oportunidad tío del policía joven que será el héroe de la noche, el mucho más sólido que el hermano Casey Aflleck.

El director es un fino narrador, responsable por el sensacional western Lawless o The Road, dos buenas películas con climas y efectos cinematográficos. Entiendo que en esta, intentó llevar adelante un presupuesto ambicioso, con un elenco soñado y un flojo guión, como útimamente nos tiene acostumbrados la gran industria norteamericana.

sábado, 9 de julio de 2016

Marcella

Marcella

La tentación por ver otra detective mujer y complicada...






6 Butacas  



Saga Noren de Bron/Broen o Sara Lund de Forbrydelsen son dos buenos antecedentes. Mujeres complicadas, con pasado, con historias, cercanas al desequilibrio y poco sociables, que visten de manera no convencional y tienen una sintonía especial con lo oscuro, con lo complejo de la mente de los malos, lo que las hace imbatibles a la hora de descubrir quién es el que mata y porque lo hace.

El tema es que esos buenos ejemplos de esas muy buenas series, vienen de Escandinavia, son Suecas o Danesas, y son creíbles porque están actuadas en una sintonía muy especial y con guiones y directores extraños para nuestro gusto occidental, pero efectivo y potente cuando uno entra en la onda.

Marcella es una creación de la televisión inglesa, y hace base en ese personaje protagónico, Marcella Backland, que viene de una separación, le adivinamos una mente compleja y un desaliño típico de esas personas a las que solo las obsesiona encontrar a los asesinos.

El clima, el equipo de investigadores, las calles de Londres, la marginalidad, la inmoralidad de las clases altas, su propio drama personal, que se mezcla de manera permanente en la trama, hacen a este intento algo distinto, si se quiere más occidental, y por ende, más digerible.

Pero para los que alguna vez probamos las mieles de la buena producción escandinava, Marcella no termina de cerrarnos en el desarrollo de la historia. Porque es de alguna manera una historia hecha con los parámetros que conocemos, los que ya vimos en otras historias similares, y desde ese punto de vista, nos deja a mitad de camino.

Está bien actuada (es despareja, pero está bien) y la historia central se va desmembrando en pequeñas historias secundarias, como es de rigor en estos géneros, que en algunos casos se complementan y en otros despistan.

Para los que nunca vieron Forbrydelsen o Bron, o la americana The Killing, van a encontrarse con un estilo distinto de contar casos policiales, pero no lo duden, vayan a las fuentes.

Son 8 capítulos, se puede ver en Netflix.