jueves, 24 de marzo de 2016

The Big Short

The Big Short




En la línea de Too big to rail y varias otras que revisaron el colapso del sistema financiero de Estados Unidos de hace menos de una década, esta película hace foco en un grupo de analistas, de consejeros, de managers de portafolios, que vieron antes que todos que el sistema de las hipotecas iba a colapsar.

Es que queda claro que las decisiones, que dejaban cada vez más locura y más ganancias, se tomaban en escritorios, lejos de la realidad de la gente, y que esa realidad que nadie miraba estaba bien lejos de la burbuja peligrosa que se estaba construyendo.

La locura de Wall Street bien retratada, y los nervios los reflejos de los grandes bancos, también contados de una manera descarnada y hasta divertida.

El director Adam MacCay es un director de comedias, y en Big Short usa esa sabiduría para poner un sello interesante, todo se está cayendo a pedazos, pero la narración de los protagonistas, los hace a la vez tomar distancia para poder contarlo a la cámara como si fuera una reflexión ácida de todo lo que los tenía como protagonistas.

Es tan inmoral el proceso, que hacía que una hipoteca de 100 mil dólares se convierta en un activo tóxico de 50 millones que había cambiado no menos de 10 veces de mano, que causa gracia cuando se refleja en un relato lineal, cuando los protagonistas cuentan sus bonos, sus salarios por mantener esa locura, y cuando ese puñado de visionarios se da cuenta que están siendo protagonistas de un crimen moderno.

El director cuenta además con un elenco de lujo, en el que brillan con creaciones interesantes Christian Bale, Steve Carell, Ryan Gosling, Brad Pitt entre otros.

Lo que hace a esta película interesante es que nos ayuda a entender la locura, lo que no pudimos percibir de los diarios, la espiral de vorágine que significó el colapso de todo el sistema financiero de los Estados Unidos, y que en buena medida arrastró al resto del mundo.

Tiene ritmo, tiene contenido, podría verse como un documental actuado, y cada una de esas miradas le hace justicia. Hay que guardarla para volverla a ver cuando estemos a punto de repetir la historia.

Remember

Remember



Atom Egoyan es un director de climas sencillos. Profundos, complicados, pero sencillos. 
Casi un director de cámara, un intimista.

Eso es Remember, una película íntima, de venganzas que se sirven frías, de heridas demasiado profundas, de desesperación.

Dos ancianos, Martin Landau y Christopher Plummer (por Dios qué grandes están…) en un geriátrico, que viven rodeados de sus recuerdos, tienen un pacto secreto. Cuando muera la mujer de uno de ellos, es decir, cuando ya nada importe, a pesar de una avanzada demencia, deberá cumplir con una misión liberadora, buscar por todo pueblos ignotos a un criminal Nazi, tan viejo como ellos, que es el responsable de la muerte de sus familias en Auschwitz, y matarlo.

Una trama muy bien urdida, que no deja detalle al azar, que irá complicando llegar a la meta, pero que se irá resolviendo con paciencia de gente mayor.

Un relato complicado y bien resuelto, en el que no molesta la lentitud de los pasos cansados, ni las dificultades del camino, cuando la misión es nada menos que vengar la muerte de los seres queridos.

Habrá también espacio para la reflexión acerca del racismo presente en la sociedad y las heridas abiertas de una historia en la que todavía quedan testigos y sobrevivientes.

La base argumental es una carta, escrita por uno de los ancianos, con instrucciones precisas, de manera que sirva de guía para los olvidos de la mente frágil del justiciero.

Hacia el final, lo que parecía ser de una manera no lo era, y todo el relato se resignifica, casi en la escena final, lo que hace que la reflexión que nos deja sea aún más interesante.

El horror lleva a más horror, y lo que fue cruel y despiadado no cambia con los años, sino que se profundiza.


Truth

Truth



Obligatoria para periodistas, mucho más interesante que la ganadora del Oscar Spotlight, Truth se mete de lleno en el complejo trabajo de la producción de contenidos televisivos. La búsqueda de la verdad en historias que nadie quiere contar justo en el momento en el que las noticias ya no son un insumo interesante y el show y el espectáculo ahogaban definitivamente a los noticieros.

En plena campaña por la reelección de George Bush, hace pocos años, el programa 60 minutos de CBS trabajó pacientemente en una investigación en la que se demostraba que el historial militar del presidente en campaña había sido no solo un acomodo permanente, sino que dejaba al descubierto su vagancia y poca predisposición para servir en Vietnam.

La película hace foco en Mary Mapes, una productora premiada y trabajadora obsesiva, que es víctima de una trama oscura cuando sus fuentes se desdicen y nadie quiere creer lo que acaba de revelar.

Os otro buen trabajo de Cate Blanchett (y van…) acompañada por una enorme interpretación de Robert Redford, que se mete en la piel creíble de un presentador de noticias de horario centra.

Esa historia, en la que habían trabajado con minuciosidad pero que resultó un escándalo de credibilidad, cuesta las carreras de los dos, en realidad de todo el equipo de investigación, al no ser respaldados por los ejecutivos de la CBS.

Desde el punto de vista de la historia, quizá no sea tan atractiva como la del Boston Globe y los curas pedófilos, contada en Spotlight, pero lo es definitivamente desde los personajes, contados e interpretados con sensibilidad y altura.

Hay lugar para matices en Truth, para mostrar procesos internos, para derrumbes emocionales, para historias de camaradería y profundas reflexiones sobre la profesión y sobre los medios de comunicación, por eso es mejor película.

Con un buen reparto, en el que se destacan Dennis Quaid y Topher Grace, es una película bien llevada y creíble.

Contar con Redford y Blanchett es una garantía que el director, James Vanderbilt (conocido como guionista y debutando como director con esta) sabe aprovechar muy bien  y con solvencia.

También cuenta con un libro original de la mismísima Mary Mapes, que colabora en el guión, lo que convierte a Truth en una película biográfica no de una persona, sino de un modelo de producción televisiva que ya no encuentra espacio en la televisión moderna.

Muy interesante.

lunes, 21 de marzo de 2016

Carol

Carol



Cuánta expectativa me despierta cada nueva criatura de Cate Blanchett. Cuánto de magia y de carga de vieja historia tiene cada uno de sus personajes.

Ambientada en los años 50 Carol plantea una relación de dos mujeres en una sociedad no preparada para estos vínculos.

Una aspirante a fotógrafa que vive su vida ente sus fotos todavía no conocidas y su trabajo en una tienda de departamentos conoce por casualidad, en una venta, a Carol, una sofisticada mujer de clase alta con la que vivirá una aventura amorosa a contramano de todo.

La película es eso, esa reflexión, esa sociedad no dispuesta a tolerar ese tipo de amores, unas vidas marcadas por la desdicha, pero a la vez la valentía de una protagonista que no se resigna vivir a contramano de su naturaleza, y a pagar ese costo.

Blanchett es brillante, como en cada una de sus interpretaciones, nada más que en esta tiene una contención que la hace pasarse de sugestiva.

Sobran los susurros, las medias voces y las miradas.

Desde es punto de vista, a pesar del gran cuidado en cada una de las imágenes y las sugerencias, la película pierde atractivo. 

Todo está demasiado sugerido, todo es un medio tono que en algún momento cansa.

Es bella, la fotografía, la música (un dejo de Philip Glass en los acordes) y ese rostro extraño de la Blanchett.

No mucho más.

El Desconocido

El Desconocido


El gran Alfred tenía una máxima, tenía más de una en realidad, pero había un par de trucos que lo hacían inigualable: Para que le tomes más rabia al malo de ocasión lo hacía matar a una mascota, o tener una actitud condenable con esas cosas cotidianas, y fundamentalmente, el protagonista debía ser un hombre común al que un día le pasan cosas extraordinarias.

En El Desconocido este último ardid es el que hace que toda la película funcione.

Una familia adinerada se prepara para comenzar el día. Un matrimonio como tantos, con sus obligaciones desde la primera hora en el ritual interrumpido del desayuno, las desinteligencias de logística comunes por la falta de diálogo y subir a los chicos a la camioneta par llevarlos a la escuela.

Así arranca una hora y pico de tensión máxima cuando el padre en cuestión, banquero, rápido en el arte de arreglar problemas, recibe una llamada en un teléfono que alguien dejó en el asiento de su BMW y le dice que tiene que depositar toda la plata (se la dice con comas y centavos) de su cuenta y la de su mujer y además una transferencia de unos 420 mil euros de su banco a una cuenta.

Que si no lo hace, explota una bomba colocada debajo de los asientos, es decir, o hace los pagos de alguna manera o ya sea por intentar escapar o por detonarla por control remoto, la salida siempre es volar por los aires él y sus dos hijos.

Así planteada la trama requiere de una disciplina y un gran rigor narrativo, porque no habrá tregua, porque la desesperación se apodera de ese padre desesperado, porque descubrirá que su esposa le es infiel, que sus jefes no lo respaldan tanto como creía y que ha hecho mal a mucha gente, colocando bonos basura e hipotecas tóxicas.

Todo eso lo descubrirá mientras mantiene una sórdida comunicación con su verdugo, y mientras tiene que además vérselas con la policía que no cree en su coartada.

Gran tensión, que no cesa y que están muy bien resuelta, ya que nos mantienes todo el tiempo a la orilla de la silla.

Muy bien contada, con los tiempos justos, la dosis de melodrama y los personajes secundarios ajustados.

Luis Tosar (de reciente estreno en Argentina con 100 años de perdón) es el protagonista exclusivo y excluyente, y lo logra muy bien.

Buena aventura de este cine español que se adentra en las historias policiales complejas, de gran forma, como ya vimos en La isla mínima y la reciente La playa de los ahogados.

Es muy buena.

Simple, potente, bien narrada, para un buen rato de cine.

lunes, 14 de marzo de 2016

Youth

Youth



Paolo Sorrentino es el artífice de una de las películas más bellas, más poéticas y más desgarradoras de los últimos años del cine italiano, La Grande Bellezza.

Entonces, como pasa cuando un director nos deslumbra, esperamos su próximo título con el secreto deseo de volver a vibrar.

A veces pasa.

No esta vez.

Y es una pena. Porque Youth (Juventud) es bellísima, es poética, es extraordinaria desde la composición y los matices, pero no alcanza a transmitir más que sensaciones y colores.

Lo que no es poco.

Si no fuera porque en el cine también se cuentan historias.

En esta la excusa es una semana en un exclusivo hotel de los alpes suizos, adonde encontraremos a un viejo director y compositor clásico (siempre es bueno volver a ver a Michael Caine) en el ocaso de su vid, o en el aparente ocaso de su vida.

Su hija, la encantadora y siempre hermosa Rachel Weisz, un director y escrirtor de cine veterano, compuesto por Harvey Keitel, un actor famoso componiendo su próximo personaje encarnado por Paul Dano y un increíble Diego Maradona en la panza enorme de Roly Serrano.

Todos ellos juntos en el medio de baños termales, masajes, comida, y música nocturna.

Bucólico, sofisticado, todo ese ambiente, ese entorno mágico de la montaña y sus colores y sus silencios, es el escenario que pinta con inigualable belleza Sorrentino.

Como hizo con La Grande Bellezza, aquí también veremos por los ojos del personaje principal, que en aquella fue Jep Gambardella y en Youth será el director encarnado por Caine (hasta con un look parecido entre ambos).

Pero esa cadencia, esa belleza, ese ambiente y esos colores, si bien penetran en el alma y son hermosos (cuadros increíbles de armonías, músicas y mujeres hermosas como nadie puede retratar) no parecería estar al servicio de un guión que vaya más allá de los golpes de efectos.

Todos buscan algo en ese lugar lejano. Escapan, componen, crean, olvidan. Todos tienen algo en común que no logra salir porque lo que sobra es silencio.

El desafío para los que miramos es ir descubriendo qué.

De lo que no podremos escapar es de las mil maneras que encontraremos en el filme, sutiles, brutales, divertidas, penosas, de darnos cuenta del paso del tiempo.

De la vejez.

En las reflexiones del dúo Keitel, Caine, caminando entre flores, en los sinsabores de sus momentos más íntimos y en eso reflejos de pieles gastadas que veremos en toda la película.

Caine reflexiona con relación a los afectos " las pequeñas cosas, los pequeños esfuerzos que vamos haciendo todo el tiempo con el secreto deseo de que el otro los recuerde. Son un tremendo esfuerzo, con un resultado modesto"

El guión está construido alrededor de reflexiones de profundidad parecida, pero no llega a hilvanar una historia, aunque conmueva.


domingo, 13 de marzo de 2016

Pawn Sacrifice

Pawn Sacrifice




En los años 70, en plana infancia, sonaban en casa los nombres de los ajedrecistas como hoy los futbolistas.

Había en el aire una idea de que el ajedrez era un liberador de inteligencias, que despertaba las elipse dormidas, que hacía que la cabeza funcionase bien.

De esos días me acuerdo el nombre de Bobby Fischer como una especie de héroe sabelotodo al que todos veneraban por su locura, y porque estaba jugando contra los mejores.

Y les ganaba a todos.

También de esos días eran los nombres de los grandes maestros nacionales y sus hazañas.

En esta película, que como toda biopic elige qué contar, de otra manera sería imposible, la historia de Fischer va de la mano de su locura, de la guerra fría y de los fantasmas.

Su infancia en el entorno norteamericano de la posguerra, su pasión por el tablero, su foco, su familia desarmada y su capacidad, van dando paso a un joven altanero, introvertido y con el paso del tiempo, peligroso.

Hasta que con ayudas plantadas en su entorno, se convierte en una especie de esperanza blanca contra la Unión Soviética, ya que allí están los grandes campeones y el campeón del mundo, el número uno indiscutido, Boris Spassky.

La película recorre de manera caprichosa ese camino que nos lleva sin escalas a lo que se llamó el partido del siglo, esa final en la que se jugaba mucho más que un título del mundo.

Era, así está dicho en la película, una revancha de los Estados Unidos contra un contrincante que le está causando demasiados dolores de cabeza en varios frentes.

Tanto que hasta Kissinger y Nixon lo llaman para que no abandone la lucha.

Pero la lucha de Fischer, y así fue hasta sus últimos días, no era con los rusos, ni con las blancas o negras según la suerte de un partido, era contra sí mismo. Contra sus miedos y sus fantasmas, contra la fama, contra los medios y su paranoia.

Está bien contada esta parte de la historia. Y bien, aunque no es la primera elección que hubiera hecho, Toby Maguire.

Pero la película no logra transportarnos de manera contundente a ese universo que tanto lo perturbaba. En algún lugar es difusa, es vaga y pierde un poco la tensión narrativa.

El final, las imágenes y el audio del Boby Fischer real son estremecedoras.


La playa de los ahogados

La playa de los ahogados



En la línea de la muy premiada "La isla mínima", esta película cumple a su manera, pero no termina de ser tan intensa como aquella.

Es que es correcta, pero nunca nos dejamos atrapar por el encantos e una historia cinematográfica y nos deja siempre en mitad de camino entre un buen episodio de Pepe Carvalho y alguna escena de algún documental de TVE.

Es que todo está demasiado correcto, no hay sorpresas, y mucho menos osadía narrativa.

Ni siquiera explotan la belleza de estas costas de la región gallega, en la que la naturaleza fue tan generosa.

Un naufragio que pasó hace unos años, un pueblo pequeño que fue testigo de todo y comenzó perder a los que estuvieron involucrados en situaciones que dan miedo, y una historia llevada adelante por un inspector correcto, demasiado, que no termina de hacer explotar a su personaje y contenta con ir narrando la historia sin mezclar la suya propia, que hubiera sido algo interesante para salir de la corrección perpetua.

Subrayo esto porque es lo que más me dolió de la película. Tiene los condimentos, las escenografías, la historia, para ser una buena película, pero el director no toma riesgos, y se contenta con contarnos cómo mataron a los muertos y por qué.

Gerardo Guerrero, el director, es un ilustre conocido para nuestro cine. Es el productor de cuanta coproducción digna de premios se acuerden. Todas ellas, hasta El secreto de sus ojos. Muchas, con aire policial.

No es malo.

No es inolvidable.

domingo, 6 de marzo de 2016

Secret in their eyes

Secret in their eyes



Si, es una buena versión. No son fáciles estas paradas. La película es buena, el libro es genial, solo que no se hizo en Estados Unidos y entonces, además de que no les gusta leer, alguien piensa que es una buena idea que es película de la que todos hablan, se haga ahí, en el centro mismo del corazón gringo, de manera de poder digerirla mejor, en inglés.

Entonces la tentación es hacerla "literal". Cambiar los chistes, las referencias, pero seguir la línea argumental para adaptar solo el gusto local.

La edición norteamericana entonces, y ahí radica la sorpresa, no solo adapta, sino que cambia casi todo!

Se inspira, se estimula con la historia de Sacheri y Campanella, toma la esencia de algunos de los personajes, el hilo de algunos acontecimientos, la historia madre, y la reconvierte para no solo hacer que les guste a ellos, sino que logra una buena película sin traicionar los ideales de la que le dio origen.

 Y es que el director, Billy Ray, es fundamentalmente un buen escritor, contador de historias, respetuoso del valor que encontró en el libro y en la película de Campanella y gran traductor al fin, la transforma en un buen producto.

En un muy buen producto que logra momentos de tensión y emoción, y comunicar con soltura un buen relato.

Está sostenido en actuaciones muy ajustadas, Chiwetel Ejiofor, Nicole Kidman y Julia Roberts.

Cambia sutilmente los personajes, obviamente borra las particularidades de nuestro sistema judicial, nuestras míseras, nuestra dictadura tan presente, pero toma las cosas que les duelen a ellos mismos y las vuelca de manera inclemente en la historia.

Hay algunos homenajes a la original, bien logrados, aunque está mal que busquemos esos momentos, es necesario dejarnos llevar por este relato que solamente toma como referencia un par de personajes y sus circunstancias, pero que es capaz de hilvanar una voz distinta.

Es buena.

jueves, 3 de marzo de 2016

Truman

Truman



Dirigida por Cesc Gay (catalán transgresor) Truman ilumina el oscuro camino de la despedida.
El personaje que interpreta Darín (la pantalla lo ama siempre y compone a pesar de esto) es un actor argentino que hace años vive y trabaja en España. Divorciado, vive son Truman, su perrazo bueno.
Está enfermo, ya se aburrió de la lucha contra un cáncer que lo invade, y decide terminar con todo.
Baja los brazos, no quiere crueldades ni miserias.
Quién no lo pensó alguna vez?
En eso de poner en orden sus cosas, todas, se pasa 4 días con su amigo del alma, a manera de despedida final, que viene de Canadá a visitarlo.
Entre todo lo que tiene que poner en orden está la futura casa de Truman, como un hijo para él, ya que lo acompañó todos los años de soledad tras su divorcio.
Hasta acá la trama, la excusa, la linealidad de los acontecimientos.
Lo que la película entrega, además de un duelo actoral de una sutileza y gusto exquisitos, es una mirada inteligente, sin golpes bajos, sin melodrama, de la proximidad de la muerte y la despedida y el camino.
Nada más que eso.
Y nada menos.
Para hacerlo el director indaga la intimidad de la relación de amistad entre dos hombres distintos pero amigos.
De pocas palabras, de mucha mirada, de no animarse a decir un te quiero a tiempo. 
Pero también de vivencia, y de no necesidad de lenguaje para intermediar sentimientos.
Esa es la clave de esta película en clave íntima.
Sostenida también en una banda de sonido de guitarras suaves y rock nacional, de Madrid como escenografía y de una pareja de actores (Darín y un destacadísimo Javier Cámara)  secundados por Dolores Fonzi y Truman (el perro Troilo).
Se puede contar esta historia de mil maneras con el riesgo de sobreactuar, de interpretar, de juzgar.
Gay eligió una muy bella, a partir de la amistad entre hombres y la preocupación por el perro y su cuidado.
Y es una buena elección.
El único golpe innecesario de la película es la escena de sexo entre Fonzi y Cámara.
La hubiera obviado y hubiera mantenido esa sutil danza de miradas entre ellos, que igual hubiera servido.