lunes, 21 de marzo de 2016

El Desconocido

El Desconocido


El gran Alfred tenía una máxima, tenía más de una en realidad, pero había un par de trucos que lo hacían inigualable: Para que le tomes más rabia al malo de ocasión lo hacía matar a una mascota, o tener una actitud condenable con esas cosas cotidianas, y fundamentalmente, el protagonista debía ser un hombre común al que un día le pasan cosas extraordinarias.

En El Desconocido este último ardid es el que hace que toda la película funcione.

Una familia adinerada se prepara para comenzar el día. Un matrimonio como tantos, con sus obligaciones desde la primera hora en el ritual interrumpido del desayuno, las desinteligencias de logística comunes por la falta de diálogo y subir a los chicos a la camioneta par llevarlos a la escuela.

Así arranca una hora y pico de tensión máxima cuando el padre en cuestión, banquero, rápido en el arte de arreglar problemas, recibe una llamada en un teléfono que alguien dejó en el asiento de su BMW y le dice que tiene que depositar toda la plata (se la dice con comas y centavos) de su cuenta y la de su mujer y además una transferencia de unos 420 mil euros de su banco a una cuenta.

Que si no lo hace, explota una bomba colocada debajo de los asientos, es decir, o hace los pagos de alguna manera o ya sea por intentar escapar o por detonarla por control remoto, la salida siempre es volar por los aires él y sus dos hijos.

Así planteada la trama requiere de una disciplina y un gran rigor narrativo, porque no habrá tregua, porque la desesperación se apodera de ese padre desesperado, porque descubrirá que su esposa le es infiel, que sus jefes no lo respaldan tanto como creía y que ha hecho mal a mucha gente, colocando bonos basura e hipotecas tóxicas.

Todo eso lo descubrirá mientras mantiene una sórdida comunicación con su verdugo, y mientras tiene que además vérselas con la policía que no cree en su coartada.

Gran tensión, que no cesa y que están muy bien resuelta, ya que nos mantienes todo el tiempo a la orilla de la silla.

Muy bien contada, con los tiempos justos, la dosis de melodrama y los personajes secundarios ajustados.

Luis Tosar (de reciente estreno en Argentina con 100 años de perdón) es el protagonista exclusivo y excluyente, y lo logra muy bien.

Buena aventura de este cine español que se adentra en las historias policiales complejas, de gran forma, como ya vimos en La isla mínima y la reciente La playa de los ahogados.

Es muy buena.

Simple, potente, bien narrada, para un buen rato de cine.

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