domingo, 19 de diciembre de 2010

Knight and Day


Knight and day

Cameron y Cruise. Tiros, coreografías, tango, locaciones, más tiros.

Qué mas se puede pedir para un divertirse uno.

El sueño de llegar con un viejo Pontiac al Cabo de Hornos, la vida de una rubia fierrera que de regreso a su casa, como pasa en las historias del gran Hitch, se verá envuelta en una serie de acontecimientos inexplicables, que incluirán agentes del FBI malos y un seductor cara inflada de Cruise, tan bueno para los papeles del tipo Misión Imposible.

Es que esta película es eso, una de la zaga pero en joda, muy en joda, aunque filmada con una quirúrgica eficiencia hollywoodense.

Las escenas de persecuciones, las de tiros, las de escapes, están coreografiadas a lo grande, es cierto, ninguna como aquella de Ronin por las calles de París, pero esta tiene momentos de gran destreza visual.

Un tango suena casi toda la película como banda sonora, un aires de Bajofondo, que va muy bien con la acción. Y está Cameron.

Ya la había elogiado en The Box, por su actuación. Acá es para elogiarla por su frescura, por su belleza, por su sonrisa.

Está grande, no tengo idea cuántos años tiene, pero se notan sus arrugas y le quedan bien. Está lista para otro tipo de papeles.

De alguna manera la desperdician en esta, ya que no le sacan lo mejor de su comedia, ni lo mejor de su drama, y ni siquiera la hacen bailar.

Aunque todo lo pagan un par de sus destellos de sonrisa franca y las dos escenas en las que la fotografían en bikini.

Hay dos buenos recursos narrativos, un abrir y cerrar de ojos, que cada vez que se entreabren la escena cambia drásticamente, como si fuese un fade out real. Y unas locaciones sensacionales, al mejor estilo Bond.

Van de Austria a Sevilla a Boston a alguna playa en las Azores, y en todos lados la acción va bien con el entorno.

Como frutilla de esas coreografías que valen la pena sentarse a verla, la persecución entre autos, moto y toros en pleno San Fermín, bien valen esos minutos.

No mucho más, pero para una de acción tampoco se piden más profundidades distractivas.

Cruise, Cruise y su sonrisa, y sus tacos, y sus recursos repetidos, y su melenita y sus dientes parejos. Cruise y su industria.

Una máquina de hacer guita Cruise que acá se divierte un poco.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Kids are all right


Kids are all right

Es eso que está pasando alrededor nuestro. Esas historias que todavía, ala mayoría de nosotros, nos son ajenas, pero ya no tanto.

No pensaron alguna vez, los que ya llevan unos años de casados, cómo sería buscar pareja ahora? Cómo es el modelo de estos años?

Si cuando éramos chicos solo conocíamos a uno, a lo sumo dos de nuestros amigos hijos de padres separados, hoy ese número se multiplicó, pero aparecieron otros. Padres con más hijos de otras historias anteriores, hijos no propios, cuestiones de estos tiempos, en los que las relaciones se modificaron ya sin vuelta atrás.

Sin juicios morales, fresca, muy bien actuada y dirigida por una mujer (se nota mucho) Kids are all right es una bella pintura de estos entramados. La historia es simple (para estos dás, claro) dos mujeres, que son dos madres, pareja de lesbianas que viven en matrimonio, tienen sus roles, aunque son las dos madres, y decidieron concebir las dos, con pocos años de diferencia, recurriendo a un banco de esperma para encontrar al donante perfecto.

Los chicos ya no son tan chicos, ella tiene 18 t está por irse a vivir sola a la universidad, y él tiene 15 y está lleno de preguntas.

Una de esas preguntas los lleva a buscar entre todos a su donante. Conocerlo, hablarle, encontrar cosas en él, sin saber con quién se van a encontrar y por supuesto sin que sus madre se enteren.

Pero claro, no sucederá eso de que no se enteren, lo harán y ahí empezará la trama, que va pasando de dinámica, de fresca, de divertida en la presentación de los personajes, a profunda, lenta, casi sin sonido y dramática al ir comprobando cómo esa harmonía construida y defendida se irá cuestionando todo.

Cuando lo cuentan, los chicos dicen “cada una de mis mamás tuvo un hijo con su esperma”. Así de bizarro, pero así de normal en el mundo en el que se criaron, en el que ya no asombran a nadie.

Ese “nuestras mamás” será la clave para entender esta primera parte del relato.

Vuelvo sobre un punto que me parece importante, a la hora de retratar estas familias, a la hora de meterse con estos conflictos, los guionistas y directores podrían probar con gente que no sea millonaria, quiero decir, con gente que además de preocuparse por el conflicto tenga también que vérselas con discriminación, con un medio ambiente no tan easy como el que brindan las clases acomodadas e instruidas de ciertas ciudades gringas.

Hay entonces escenas en las que las dos madres piden abrazos a la vez, que recuerdan llevar abrigo y dar recomendaciones a la hora de salir.

Buen casting, Annete Benning madura, hermosa, buena para la comedia y muy buena para expresar las cosas de adentro, todavía sexy.

Julianne Moore, no tanto. No termina de gustarme nunca, no termino de creerle, no me banco sus pecas, sus caras, su pelo rojo. No me la banco.

EL bueno de Mark Ruffalo, siempre listo, dispuesto y bien para hacer de esos tipos entrañales, que hablan bajito, que no tienen buena dicción y están siempre desaliñados y sonrientes.

Ruffalo será el que, al introducirse en sus vidas los hará tambalear.

Los chicos lo buscan, ellas se enteran, deciden verlo entre todos. Y en ese proceso se irán jugando las fantasías y los miedos de cada uno. Fantasías de la Moore, frialdad y distancia de la Benning, cariño de la hija mujer, desconfianza del varón.

Ellas lo mirarán e intentarán compararlo con el file que leyeron hace 20 años para elegirlo como donante, los chicos tratarán de imaginarlo como padre, pero no como un padre que quisieran tener alrededor, como un padre al que recurrir cuando encuentren cosas de sus personalidades que no comprenden.

Hay escenas de todos juntos en las que los diálogos son muy inteligentes, hay tensión en el ambiente, hay rutinas, miradas, sensaciones que se verán alteradas.

Hasta que en una mala tarde de calor la Moore decide encamarse con Ruffalo, quiere sentir eso que hace rato que no siente, volver a cabalgar. Lo hace, y otra mala noche la Benning lo descubrirá y todo el dramatismo vendrá junto.

Y todos se desencantarán y querrán volver a la normalidad de sus vidas (esa normalidad) y ya no podrán hacerlo con él alrededor.

Y la cuestión se va a resolver bien. Muy bien.

Fantaseará con una familia que a los 50 años todavía no logró, se enamorará, pero no podrá dejar el rol de intruso en esas vidas en las que solo aportó su eyaculación juvenil.

Bien hecha, buena música, buenos paisajes de Los Ángeles, buenos diálogos.

Para los que buscan perlitas, hay referencias a Buenos Aires como una de las ciudades más bellas del mundo, de la carne casi cruda (como se debe comer) y una Argentina idealizada por gringos melancólicos.

La Benning, madura, sigue siendo una belleza al natural.

lunes, 22 de noviembre de 2010

The American


The American

Está bien, Clooney tiene novia italiana. Solo eso es lo que justifica esta película que el hijo de Rosemary produjo para estar cerca de ella. Empaparse un poco del italiano que apenas habla pero que ya reconoce.

Como cualquier gringo en tierra ajena se apichona y casi no habla. No es pura introspección, hay en esos gestos de meterse hacia adentro la imposibilidad de relacionarse con el entorno.

No juntó actores ni actrices a la altura de las producciones americanas que acostumbra a liderar, y acá tiene un conglomerado de italianos que se la rebuscan con el inglés, algún que otro ruso y desmembrados detrás de la cortina.

No hay una trama, pero a veces uno se lo banca, que la historia sea mínima, que solo se reflejen momentos de la vida del protagonista, pero se lo banca cuando es interesante, no es este el caso. Acá no pasa nada, pero nada de nada.

Ni siquiera podemos enamorarnos del personaje del sacerdote, que todo lo sabe o lo intuye, por lo flojo de la actuación de quién lo encarna.

Hay algunos intentos de buenos momentos en algunos pasajes musicales, con un dejo de nostalgia de películas de los 70, de esas de espionaje que cruzaban varias fronteras europeas, como si Clooney fuera de repente Roger Moore. Pero nada más.

También se refleja esto en uno de los personajes femeninos, que se viste llamativamente a la antigua, y se peina como la 99.

Italia es bella, como paisaje, y hay unas tomas aéreas que le hacen un buen favor al ministerio de turismo.

El único buen tino de toda la película es el de fotografiar con abundancia de detalles a la tana de la que se enamora el asesino en su ocaso.

Cansado de no poder entablar nunca una relación, de estar vacío por miedo a tener que deshacerse de su ocasional pareja (como sucede ni bien arranca la película) se termina acostando con prostitutas, pero con la originalidad de volver siempre a la misma, en búsqueda de una forma de relación, aunque más no sea, de revolcadas.

Esa tana es una tana de las tanas que uno quiere ver en el cine. Buenos ojos, divertida, melancólica, buenas tetas, curvas, un poco de cadera casi al límite y esa manera de hablar en inglés que tanto nos gusta. Como la Loren o la Cuccinota.

No hay nada más en la película. Si la idea era mostrarnos a un asesino despiadado, hábil, solitario, a punto de hacer su último trabajo, se quedaron en los guiones, pero nunca pasaron eso a la pantalla.

El final, pésimo, bizarro casi, como escena de esa hermosa película en la que Sandro hace de agente secreto, peleando contra la organización Medusa, dirigida por Luis Tasca. Operación Rosa Rosa.

Me quedo con esa.

Todo en esta es malo.

George, volvé a la senda de Up in the air. Como homenaje a tu novia italiana, te lo tomo, pero…fijáte.

sábado, 13 de noviembre de 2010

RED



RED

Desconozco el nombre bizarro con la que la película se conoció en nuestra cartelera, es la sigla (los gringos aman las siglas) por Retirados Extremadamente Peligrosos.

Una comedia, una de tiros, una de acción, una de espías, una de todo eso.

Con un dejo de aquellas viejas películas de los superagentes, Tiburón, Delfín, y Mojarrita, pero con efectos especialísimos, buenos actores, y una trama pasable, es una buena manera de pasar el rato.

En un tono de comedia británica, del estilo Ritchie, con buenos actores y una trama con alguna intriga que se devela bien al comienzo, lo tiene al eterno, al incombustible, al siempre lastimado y sangrante Bruce Willis en uno de sus clásicos roles, un duro de matar que acá se toma las cosas con filosofía, un poco de humor y un corazón enamorado (si, ok, como en casi todas sus películas).

Torcerá la boca, se lastimará, sangrará, y como si nada, una mañana antes del desayuno, nos meterá en una intriga en el seno mismo de la CIA que no nos dejará respirar siquiera.

Está enamorado por teléfono con una operadora del servicio social, una Sarah Jessica Parker que se siente muy cómoda en la comedia, un tanto tuneada para mis recuerdos, con dientes perfectos como teclado de piano y un rostro como alargado, totalmente alejada de sus clásicos roles de chica que llora.

El resto de la banda, que se irá sumando a media que se los necesite, maduros en serio (o será que Willis no envejece?) el gigante John Malkovich (se me hace que es argentino a veces) Morgan Freeman y la estirada Helen Mirren (hacía falta que su personaje se llame Victoria?).

Todos son retirados, muy jodidos, están alerta siempre, y van al encuentro y ayuda de su amigo Willis, que para colmo de males, está enamorado y no puede hacer que su chica zafe de quedar pegada en la intriga y persecución que se desata a los diez minutos de empezada la película.

Hay música de la buena, buenos efectos, cambios de planos y escenarios con buenos trucos, hay tintura y estiramientos de Helen Mirren que la hacen parecida a su propia figura en el museo de Madamme Thuseau, está el docotro Troy de Nip Tuck haciendo el papel de un vicepresidente de Estados Unidos, cagón, teñido y muy garca y hay una perla, una hermosa aparición de un milagroso Ernest Borgnine.

Cuántos recuerdos viejo pillo. Lo hacía finado, pero esos minutos me llevaron a sus hazañas, esas de blanco y negro en las que sus dientes separados, y sus mohines fueron una marca registrada.

Buenas coreografías de disparos y persecuciones, una aparición también muy celebrada de Richard Dreyfuss, como si la película de verdad se dispusiera a exhumar viejos momentos de la pantalla.

En definitiva, lo que mejor saben hacer, entretener, divertir, producir una emoción que no dura, pero que parece real.

Qué más le pedimos a una película de acción?

Y como si fuera poco, aunque los malos son ellos mismos, los de la agencia inescrupulosa que quiere borrar unas viejas cuitas que quedaron desde q981 en Guatemala, hay rusos, para alegría de todos.

Así nos dejamos un poco de joder con los piel verde.

Un regocijo, quizá le sobren unos minutos.

sábado, 9 de octubre de 2010

El Artesano del Miedo


Butaca al centro es un blog de miradas sobre el cine y ocasionalmente el teatro. Digo miradas, porque no me animo a decir que son críticas. Mis viejas lecturas, entre otras de Oscar Wilde y Pablo Neruda, me hacen correrme de ese lugar tan altivo.

No me meto con los libros porque son sin lugar a dudas un territorio distinto, aunque con este, por tratarse de la biografía de un hombre del espectáculo, voy a hacer una excepción.

El Artesano del Miedo, la vida de Narciso Ibáñez Menta, de Leandro D’ambrosio y Gillespi

Narciso es para mi una voz lejana. No descubro nada con esto. Era una voz especial, pero me refiero a que el recuerdo de una voz de la infancia es un recuerdo fuerte.

Y son tonalidades en blanco y negro, y decorados cargados, y Alberto Argibay y máscaras y música incidental.

Pero además es líving de casa de mis viejos, son amigos en casa mirando con ellos el Jueves a la noche, y es mirar entre sillones, cerca de Alicia o de Baby para que eso que estaba ahí en la pantalla no me atrape.

Y es oscuridad en ese living y es ritual casero frente a la tele.

El libro que recorre la larga vida de este actor, es un libro hecho por fanáticos de su estirpe, pero con una mirada actual. Es un libro que pueden leer todos, me refiero a las edades del lector, pero que vamos a disfrutar mucho los que hoy estamos por los 40 y pico. Precisamente porque nos va a ayudar a evocar esos recuerdos que tenemos guardados (y bien guardados).

Por la temática, creo que me animo a decir que vamos a poder exhumar esas viejas sensaciones.

Es un relato minucioso, lleno de devoción de fanático, pero equilibrado en su estructura y en sus datos.

Construido alrededor de testimonios de gente que trabajó con Narciso, mucha documentación de la época y un puñado de fotografías, recrea toda su vida (haciendo centro en su vida en Argentina por supuesto) a partir de su obra. Como debe plantearse un homenaje a un artista.

Muy adjetivado, poco objetivo, desarrolla la carrera de un Narciso eterno, niño precoz de las tablas y trotamundos en su infancia de hijo de artistas, y un periodo en Argentina de muchos años, en el que alcanza su madurez interpretativa y encuentra un camino al abrir y género en el que hizo sin dudas una historia.

SI bien alternó sus puestas macabras y su facilidad para lo truculento con teatro clásico (compró los derechos de Muerte de un viajante de Miller y la hizo en Buenos Aires a solo un año de su estreno en USA) al que siempre quiso volver, fue un dúctil intérprete y un paciente componedor d caricaturas.

A partir de su laboriosa dedicación a las máscaras y al maquillaje, técnicas que perfeccionó hasta el extremo, buscador de nuevas tendencias y muy osado en sus puestas, encontró en su hijo Chicho su mejor compañero de ruta y juntos, acá y en España, dieron vuelta los conceptos de una televisión que miraba poco a las pantallas de los países centrales y se animaba a marcar tendencias propias.

De hecho, los ciclos que lo consagraron en España primero se dieron en Argentina.

Se desliza en el libro que Roger Corman le debe unas cuantas ideas para sus puestas, y que en su juventud vivió en Estados Unidos, con la compañía teatral de sus padres, y allí tuvo la chance de conocer y sentirse cerca del otro maestro del disfraz, Lon Channey el hombre de las mil caras.

Sin dudas un grande, un ciudadano del mundo, al que el País le pagó más de una vez como suele pagar a los que hacen cosas, con desprecio y algua que otra bancarrota.

Un dato impresionante de este trabajo es que tiene mucha información y muy valiosa, de cada una de sus producciones, destacando sus elencos, sus técnicos, los autores de los libros y los decorados, las obras sobre las cuales se inspiraron los relatos y anécdotas contadas por compañeros de ruta de esos días, como son los relatos del viejo actor Juan Carlos Galván.

Una delicia de libro, para fanáticos. No esperen una biografía a lo gringo, con detalles de la vida del mundo en el momento en el que el protagonista hace sus cosas, ni interpretaciones acerca de su trabajo.

Es para regocijarse con un artista que marcó una época, que logró imponer un género, que se animó a producir poniendo su propio capital y que, y acá viene una gran sorpresa, produjo una enorme cantidad de títulos en teatro, TV y cine.

Enorme cantidad de puestas.

Para los que espiamos sus programas en la infancia de los 60 y 70, es el descubrimiento de un artista muy personal y apasionado.

Y si pueden, cuando lean el libro, busquen “Obras maestras del terror” dirigida por Enrique Carreras!!! Una verdadera obra maestra en la que se cuentan tres espeluznantes cuentos de Edgar Allan Poe: El extraño caso del señor Valdemar (con Osvaldo Pachecho!), El tonel del amonitllado y el Corazón delator. UNA OBRA MAESTRA con Narciso componiendo al doctor en el primero, al Señor Savivé en el segundo y al anciano avaro en el tercero.

Un deleite.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Recital de Jorge Drexler en el Gran Rex Amar la Trama


Recital de Jorge Drexler en el Gran Rex – Septiembre de 2010

Drexler es íntimo. Es capaz de enamorar de hacer reír. De hacerte pensar y dejarte con ganas de moverte en la silla cuando, casi como al pasar, sus canciones entran en el mundo del ritmo uruguayo.

Pero queda poco de eso. Del candombe, del Río de la Plata. Y hay mucho de Europa en sus nuevas cosas. Otros cuidados en la presentación de un espectáculo impecable. Sincronizado. Prolijo, que sin embargo emociona.

Es un gran autor. No hay dudas de eso. Cuanta historias con buena técnica. No cae en canciones que son compilaciones de frases más o menos ingeniosas, tampoco es el rey de la rima. Sus temas son historias menores, pero contadas con sabiduría y con sorpresa permanente.

Se mueve en el escenario con una ductilidad y una plasticidad que seguro está lejos de aquél Drexler de hace 10 años, cuando daba sus primeros pasos en Buenos Aires. Hoy, que hace tres Gran Rex al hilo y se queda corto, es otra cosa lo que comparte con el público.

Incorporó vientos, menos máquinas, una orquesta súper profesional en la que no hay ni un solo uruguayo, como si estuviera definitivamente en el camino de un intérprete internacional con vocación de baladista sin fronteras.

De todas maneras tampoco defrauda a esos otros, a los que, incondicionales, lo siguen desde aquellos días.

Es una mezcla de Michael Bubblé y un rócker nacional. Extraña mezcla de chico de corbata y zapatillas, que está dispuesto a dar todo y lo demuestra.

Genera con el público una complicidad de confesiones, de bromas, de pedidos, de silencios para escuchar a la platea cantando que pocos artistas logran en semejantes puestas en escena. Y no molesta, y tampoco suena forzado. Se da todo muy naturalmente.

Incluso se mete con la tecnología, generando una suerte de complicidad con aquellos que prefieren grabar todo y verlo a través de sus pantallitas iluminadas. Dice, qué bueno, enciendan sus celulares así la luz de las pantallitas los iluminan y puedo verlos yo a ustedes.

Brinda un buen recital. Dos horas y media de pura música, cambios de climas, una buena puesta de luces y algunas coreografías con sus músicos. Dicho se de paso, qué bueno que es ver tanto cuidado en una puesta.

Pueden gustarte o no sus canciones, quizá solo conozcas la de la sopa, pero no pasa desapercibido. Tiene un lugar en Buenos Aires, y aunque cada vez es menos rioplatense y más trovador del mundo, creo que sabe que acá siempre lo van a esperar con los brazos abiertos.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Salt


Salt

De nuevo una con rusos malos!!

Confieso que estaba un poco harto de los Afganos y los malos de turbante: los rusos son tan malos que son entrañables.

Y referencias a la guerra fría!! Eso es nuestra infancia. Aguante CIPOL.

Salt tiene un libro bastante bien armadito, aunque está todo el tiempo presente eso de los estereotipos y las cosas que aparentan ser una cosa y terminan siendo otras.

Pero la película es sumamente entretenida, la primera hora se va con una velocidad nada habitual por estos días con las de acción.

Es que Salt es nada más que eso, una de acción.

La novedad, mirada a la distancia de esas de los Sábados por canal 11, es que no hay Roger Moore ni Robert Wagner, está Angelina Jolie. Y alcanza.

Está hecha de madera de estrella y es la única mina, creo no equivocarme, capaz de darle vida a personajes pensados para hombres.

Personajes astutos, ladinos, capaces de la agresividad más dura y la mirada más tierna.

Es cierto que hay algún dejo de Lara Croft en sus movimientos, en sus coreografías, pero las hace muy bien y uno pasa por alto que ya las vió.

Hasta se dan el lujo de no desnudarla! Y eso es mucho decir. Prefieren que la veamos a los tiros y haciendo piruetas arriba de camiones que andan a 100 kilómetros por hora en la autopista.

No es la mejor película de espías. No tiene las mejores persecuciones de autos (en eso Ronin sigue siendo la mejor) pero tiene algo que la hace llevadera, sutilmente fresca y atrapante.

Sigamos viendo a la señora Pitt en acción. Es un placer.

Un detalle nada menor. Aunque uno no sabe de dónde puede salir un nuevo topo, lo bueno de estas películas de formato antiguo es que todo el tiempo sabemos quiénes son los buenos y quiénes son los malos. Solo nos queda por averiguar qué cosas son capaces de hacer.

sábado, 28 de agosto de 2010

Five minutes of heaven


Five minutes of heaven

Es eso lo que en estos días nos están tratando de decir desde el gobierno, que lo que pasó hace 35 años todavía no cerró, que se necesitan escarmientos, que las miradas todavía duelen.

Esta película es una película más sobre el conflicto irlandés. Pero desde la mirada de dos personas. Un adolescente y un niño que se van a ver solamente una vez en la vida y se volverán a ver otra vez 35 años después con los odios y los fantasmas intactos.

Qué pasa con las vidas de los que intervienen en un atentado? Adónde van esas madres? Qué pasa con esos padres que pierden a sus hijos? Las culpas? Los reproches? De esos duros caminos sin salida trata esta película.

Demasiado estática, como si fuera una obra de cámara, de teatro, desarrolla dos vidas divididas, diferentes, pero con un pasado común. Mejor dicho, con un instante en el pasado en común, pero que será una herida abierta para siempre.

Un suelo recurrente, un rostro familiar.

Alistair tiene 17 y se alista en su barrio como militante armado. Le dan su primera misión y solo quiere cumplirla Matar a un católico. Va a hacerlo y al llegar a la casa en la que está su target, su hermano menor juega a la pelota en la calle y ve toda la escena. Sus ojos se cruzan un instante eterno.

35 años después, con los acuerdos de Belfast sobre la mesa, un programa de TV los quiere reunir, a ese joven idealista y al hermano de la víctima, que se convirtió él mismo en un alma en pena, centro de los reproches de su madre y si poder sacarse de la cabeza esos ruidos, esos ojos del asesino que acababa de terminar su faena.

Pero no se da. Nada de reconciliación, lo único que cree que lo va a salvar es la muerte del sicario.

Vivió estos 35 años para eso. Ni la familia que formó importa. Nada.

Será eso lo que quieren desde el gobierno que hagamos? Que salgamos a vengarnos? Que volvamos a vivir toda esa mugre?

No lo creo. Creo que ese marco les da un inmejorable marco para hacer nuevos negocios. No hay ideas ahí. No hay desdichas ni historias que no cerraron.

Es buena esta película. Es una dura reflexión sobre eso que se llama reconciliación. El cierre de viejas heridas. La reconstrucción de la vida.

Pero es difícil. Muy difícil que suceda.

Es un relato justo. Con un idioma irlandés indescifrable. Acento áspero, canto irrepetible.

Es corta. Dura menos de una hora y media.

Y tiene una actuación, la de James Nassbitt que es sencillamente magistral.

No exagero.

Es para disfrutar, pero deja pensando en nuestros días en Argentina.

domingo, 22 de agosto de 2010

Greenberg


Greenberg

Ya había intentado con otras producciones del joven director Noah Baumbach, había visto la de la ballena con Laura Lynn y me había divertido la vida acuativa con Steve Zissou, pero Greenberg no me gustó.

Tenía expectativas con la actuación de Stiller, que está explorando también hasta dónde puede llegar, en un papel no muy en línea con sus personajes eléctricos y llenos de palabras que salen a borbotones.

En Greenberg compone a un adolescente eterno, un tipo de 41 que no hae nada, y no quiere tomar compromisos de ninguna naturaleza, que por un viaje de la familia de su hermano se va a hacer cargo de la casa donde vive este con su familia en Los Ángeles, lugar adónde creció, y pretende que todos los que fueron sus amigos y todavía viven allí no hayan modificado en nada sus vidas, como si las tuvieran congeladas en ese momento en el que se fue, como pasa con los exiliados, que fijan sus recuerdos en ese último momento en el que compartieron vida con los suyos.

Pero Greenberg es un exiliado interno, un tipo complicado, que por estar encerrado en sus convicciones, se fue alejando de todo y de todos. Tanto, que hasta tuvo que vérselas con una internación psiquiátrica.

Ni el amor, ni el sexo, ni los amigos, ni la familia parecen poder sacarlo de la morosidad en la que se retuerce.

Las películas de Baumbach son morosas. Todo se desarrolla en una velocidad incómoda. Hay planos muy cortos, muchos momentos en los que se ve a los personajes haciendo las cosas en tiempo real y mucha ironía.

En algunas funciona.

En esta no.

domingo, 15 de agosto de 2010

Carancho


Carancho

Pablo Trapero ya no sorprende. Es contundente, es visualmente impactante y logra que los actores lleguen a lugares que otros directores quizá ni se lo imaginen. Ya no es joven, ya no es una promesa del nuevo cine, ya es un director de industria y como tal, con apoyo y con más presupuesto, los largos que logra son cada vez más completos.

Carancho es una historia de marginales, como le gusta al director, vidas en los bordes. Construye historias a partir de esos momentos en los cuales nosotros nos desentendemos de lo que estamos viendo.

En Leonera, en esta, la película empieza cuando el móvil policial se lleva a la chica embarazada sin que le veamos la cara a la cárcel, acá, cuando ya el noticiero nos mostró el choque y pasó al estado del tiempo.

Mi papá odiaba a poca gente, en realidad creo que a nadie, pero se ponía muy mal cuando alguien era miserable (de pasado de tacaño) o cuando veía a los “lechuza” esos seres despreciables, casi siempre de modales ampulosos, que llegan a uno para ofrecerle los servicios de una cochería cuando acaban de perder a un pariente.

Los caranchos son parecidos, se presentan en esos lugares fríos, impersonales, con olores raros, a los que nunca queremos ver, cuando la gente (casi siempre pobre) está en una situación límite.

A partir de esa esperanza que le dan estos abogados carroñeros, se construye un castillo de cartas de truco, baraja sucia, que se parece mucho a una industria, por los montos que entraña, pero que tiene poco de ético.

Sosa y Luján son dos almas muy metidas en esos barros. Ella es médica de ambulancia, de guardias nocturnas, demasiado acostumbrada a ver la miseria y la violencia. Siempre débil, siempre con sueño, sin poder escapar de esa maraña que se repite todos los días cuando abre los ojos.

Sosa, impecable Darín, es el carancho, el que llega cuando recién pasaron las cosas, el que camina por los pasillos de los hospitales buscando a los clientes, el que sabe todo lo que hay que saber, esperar, para que llegue ese dinero que pagan las aseguradoras por los accidentes de tránsito y del cual los damnificados, los que perdieron, solo verán un 10% si tienen suerte.

Fabuloso negocio que incluye las simulaciones, como cuando monta una escena rompiendo la pierna de un amigo y se van de rosca y muere.

Los dos esperan.

Esperan que cambien las cosas, se saben en un lugar incómodo, en el que preferirían no estar, pero que es necesario para disfrutar lo que viene, aunque desde donde parten no pueden siquiera imaginarlo.

Lo único sano, el único rayo de luz en una película oscura, es el amor que de repente descubren y que será fuerte pero esquivo, como que no hay lugar en esas vidas para el disfrute.

Buscan ese último trabajo que los haga zafar, demasiado parecido al mundo de los que están del otro lado, esperando ellos también ese último golpe para retirarse.

Pero no llega.

Hasta que en un último e inesperado giro, encuentran una salida. Con riesgos, que deciden tomar guiados por la esperanza de una vida lejos, juntos.

Lo van a hacer, aunque si algo sale mal les cueste caro.

Trapero es un creador de atmósferas marginales. Son buenas sus escenas nocturnas, con violencia demasiado parecida a la realidad, golpes secos, ruidos cortos, de huesos que se rompen, gritos desgarradores, amenazas creíbles.

Luces de sirenas, ruidos y músicas que crean un ambiente que oprime y asusta.

El hospital en el que trabaja Luján, con sus pasillos largos, sus ecos, sus silencios, sus momentos de locura y la fiesta de 15 años de la hija de uno al que salvaron, con sus trajes descoloridos, su torta enorme y sonando “…no puedo verte triste porque me mata…” son excelentes momentos de una muy buena película.

sábado, 7 de agosto de 2010

The ghost writer


The ghost writer

Roman Polanski invita. Cómo decirle que no? Que tenemos otra cosa que hacer. SI ya lo conocemos, disfrutamos con él, nos asustamos, nos enfocamos en temas complicados. El tema es que Roman filma cada vez de manera más madura. Qué significa esto? Que sus películas ya no muestran frescura, no tienen momentos de osadía. Sus películas son redondas, industriales, pulcras, casi clásicas.

En esta película hay un muy interesante y actual relato y una tensión muy bien sostenida entre los cuatro protagonistas. Tiene un cuarteto perfecto de actores taquilleros, pero salidos de sus personajes clásicos, un Brosnan interpretando a un Primer Ministro inglés muy parecido a Tony Blair, pero más físico y derechoso, un Ewan McGregor que saca a estos personajes perturbados, tipos simples metidos en tramas siniestras, con solvencia (hubiera sido un buen actor para los preferidos de don Alfred) Kim Cattrall con esfuerzo (como James Gandolfini queriéndose alejar de su Tony Soprano) por salirse de la piel de Samantha la de Sex and the City y una estupenda Olivia Willia, madura, sugerente, creadora de climas y sostenedora de la tensión de toda la trama.

Al fin de cuentas vamos descubriendo que es por ella que ese tarado que compone Brosnan llegará a Primer Ministro, que la tensión con la secretaria de su marido se hace insoportable y que terminará en la cama con el escritor en las sombras. Todo se sostiene en su mirada, en sus bolsas, en sus labios y su acento.

Es otro detalle de la peli, la mezcla fantástica de acentos británicos.

La historia podría haberse ahorrado unos 20 minutos (dura dos horas exactas) y hubiera agregado un poco más de suspenso a la trama.

Ocurre que, a pesar de narrarse desde la mirada de los cuatro, hay afuera de ese vínculo una guerra mediática que invade la intimidad de la casa de la playa a la cual llega el escritor fantasma para mejorar el manuscrito de memorias del político, a pesar de esto, es demasiado detallista el proceso y el vínculo entre los cuatro.

Quizá un poco más de acción hubiera estado bien.

Todo se resuelve en los últimos minutos, y ese descubrimiento, que lleva al escritor fantasma a un desenlace inesperado, no es un truco demasiado elaborado.

Quizá apelando a aquello de que lo esencial está siempre a la vista y no hay que complicar demasiado las cosas, el gatillo que nos hace entender toda la película estuvo siempre ahí, al alcance de la vista.

Es un film para admirar los recursos cinematográficos de un clásico, la solidez de la narración, un seguro bello libro de espionaje muy actual y buenas actuaciones.

Pero le falta algo de sal, algún sobresalto, tiene demasiada polenta como para convertirse en una película de cámara, de actores. Había mucho alrededor como para contaminar un poco esos silencios y caminatas por la playa.

domingo, 18 de julio de 2010

Extraordinary measures


Extraordinary measures

Dos sólidos actores de la industria. Una historia que bien puede plantarse como lacrimógena. Reglas de mercado, esperanzas, traiciones. Hasta dónde podemos llegar cuando un hijo sufre?

Es cierto, cualquier película, cuento, programa de televisión, que recurre a mostrarnos chicos en sillas de ruedas y con ayudadores para respirar, nos hace presuponer golpes bajos, chicanas a la hora de contar la historia.

Pero en esta no es así, esa historia se muestra, está presente todo el tiempo, es la historia de la familia de Brendan Frazer, su bella esposa y sus tres hijos, dos de los cuales sufren de un mal genético que va debilitándoles los músculos, el mal de Pope.

Brendan es un ejecutivo de un laboratorio, tiene una buena vida, pero sus hijos, el deterioro progresivo de su calidad de vida, están presentes todos y cada uno de los días de su vida.

Cuida el trabajo porque paga su seguro médico, pero solo le quedan dos cosas por hacer, pasar todo el tiempo que pueda con ellos (son siempre sus últimos días) y esperar el milagro.

Un crisis de la hija mayor, Megan, después de cumplir sus 8 años, le hace un click en la cabeza, lo pone de frente a escribir su historia de no resignación y va en busca de ese milagro privado, que va a tener mucho de apuesta y de riesgo.

Viaja horas para encontrar al único científico que está trabajando en una cura para sus hijos. Lo va a buscar a su terreno y lo embarca en el desafío de pasar de las carpetas, de los pizarrones, a algo que pueda probarse.

Ahí es cuando entra Harrinson Ford con toda su trayectoria para sobreactuar al científico. Cosa que se le perdona porque además es el productor de la película.

Empiezan entonces una relación que los va a atener cambiando de veredas todo el tiempo. Empiezan con la idea de juntar unos 500 mil para investigación y terminan buscando 10 millones de un inversor para poner su propio laboratorio y no depender de nadie.

No les va a alcanzar y van a poner en venta su empresa para desarrollarlo con las espaldas de uno más grande.

En definitiva, una de esas películas aleccionadoras, tan típicas de la moral americana, pero que tienen esos resortes que las hacen interesantes. No se puede dejar de pensar en el dolor del otro, en ponerse en esos zapatos y mirarse unos minutos, metidos en la ficción, en esos espejos que no queremos cruzarnos nunca.

Hay una esperanza, al final, hay una esperanza y siempre hay una esperanza en estas historias, porque están contadas para eso, para esperanzar a los que tienen problemas y para decirnos a los que creemos que tenemos problemas que somos unos imbéciles si pensamos que las cosas pasan por la discusión de si Maradonna sigue o no al frente de la selección.

Son buenos para estos relatos, los hacen efectivos, nos abren los ojos al final de la hora cuarenta y nos hacen invariablemente tener ganas de ir a abrazarlos si los tenemos, a quién sea, hijos, madres, padres, hermanos, amigos. Cuando los gringos cuentan estas historias, hay que prepararse para moquear un poco, disimuladamente.

domingo, 11 de julio de 2010

Home


Home

Home

Extraña, divertida, tensionante, siempre al borde de perder el frágil equilibrio que reina. Eso es Home, una atrapante película que compitió por Suiza en el Oscar 2010 que se llevó El secreto de sus ojos.

Es la historia de una familia que vive alejada del mundo, en medio de la nada, en una vida bucólica, casi perfecta, en la que los lazos entre los cinco integrantes (papá, mamá, una impactante y madura Isabel Huppert, Julien el más chico y dos hermanas saliendo de la adolescencia) son fuertes, hechos a base a pasar mucho tiempo juntos y repletos de costumbres y situaciones que se repiten todos los días con una sincronicidad asombrosa.

Así viven, con salidas del padre a trabajar y los más chicos al colegio.

El detalles es que esa paz está soportada en la vida al costado de una autopista que, la desidia y la burocracia del estado, hicieron un monumento a la nada. Está construida, hace 10 años que se hizo, pero nunca circuló un solo auto.

Entonces los límites de la casa de la familia se extendieron, la pileta, el sillón de papá, los juguetes, todo está sobre esa infinita cinta asfáltica que es un gran patio de juegos.

Y nadie, absolutamente nadie alrededor.

Una forma de vida particular, feliz a su manera, que un día será amenazada por la noticia que no querían escuchar, se anuncia la reapertura de esa vital arteria que unirá dos importantes ciudades y ellos, en medio de esa maquinaria infernal que la pondrá a funcionar, al principio no quieren creerlo, pero poco a poco se irán acostumbrando a la idea de que esta vez es en serio.

Y tan en serio es que una tarde, al regresar el padre del trabajo, ya no podrá llegar con su auto a la puerta de casa, un guarda rail dividirá esa llegada para siempre.

Así la vida se partirá en un lado y el otro de la ruta.

De un lado, pegada a la cinta asfáltica, la casa. Del otro, el mundo.

No le darán importancia, tratarán de vivir su vida con el mismo espíritu y la misma alegría de siempre, pero los cientos de autos que empiezan a pasar, modificarán sus costumbres y sus vidas cotidianas de una manera irreversible.

Entonces vamos a asistir a una carrera por tratar de que no se note, de que no los afecte, lo que será casi imposible cada vez que necesiten cruzar, que quieran tomar sol o comer afuera.

El ruido, el paisaje que ven desde sus ventanas, la imposibilidad de cruzar cuando quieren, llevar cosas, volver del colegio, todo se modifica.

Atan al gato, cruzan una heladera a la madrugada y ya no saben cómo seguir.

Se modifica la paz de esa vida y ellos empiezan a reflejarlo en su ánimo.

Hasta que un día, ya sobre el comienzo de las vacaciones, la hija mayor desaparece, se va de esa casa siguiendo a un automovilista y será para no volver.

Ese tedio de estar todos juntos adentro de la casa en vacaciones será determinante para lo que sigue.

Una crisis una noche los hará tomar una determinación insólita, tapiarán la casa, ya no soportan el ruido y las luces, lo harán desde adentro casi sin dejar espacios entre los ladrillos.

Se debilitarán, vivirán entre basura, se pondrán pálidos y tomarán pastillas para lograr dormirse.

Un cóctel siniestro y fantástico, muy bien sostenido por actuaciones, por climas, por encuadres, por música.

Una muy buena película, una buena muestra que se pueden contar historias mínimas, sorprendentes.

Una buena lección europea para tanto cine americano sin ideas.

domingo, 4 de julio de 2010

She is out of my league


She is out of my league

Cuántas veces vimos esta película? Comedia americana sobre el amor verdadero? Reflexiones sobre lo que realmente importa en una relación?

Muchas, y cada vez que la vemos, siempre, invariablemente pensamos que solo sucede allí, en la pantalla.

El flaco, muy flaco Jay Baruchel, de una raza de actores jóvenes que pueden encarnar muy bien a Neris y perdedores, es un correcto componedor del bueno de Kirk, un guardia de la nueva raza de los vigilantes del Homeland security de los Estados Unidos, que nos hacen la vida imposible en los aeropuertos, y que por casualidad, en uno de esos días de cinturones afuera, zapatos y rayos x conoce a la bellísima Alice Eve, y nada volverá a ser igual para los dos.

Después, todo previsible, la impresentable familia de él, las frustraciones y eyaculaciones precoces, los amigos que no pueden creer que su desgarbado amigo haya enamorado a la más linda del barrio y todo lo que ya sabemos.

Solo algunos gags, poca imaginación, y ninguna cuestión verdaderamente graciosa para este nuevo intento de comedia romántica.

Eso si, la belleza de Alice Eve, en la película Molly es algo memorable que vale el rato que estamos frente a la pantalla.

Todo lo demás ya lo vimos.

domingo, 27 de junio de 2010

Green Zone


Green Zone

Esta película no da respiro. El volumen de fuego, su vértigo, los efectos especiales (entre los que se destacan unos muy buenos sonidos) y la velocidad del relato la hacen entretenida, verosímil y muy interesante.

Desde “La caída del halcón negro” las películas bélicas cambiaron de manera definitiva. Desde aquellas cuestiones de la segunda guerra mundial hasta estos días de Hummers llenas de tierra y mucho sol y desierto, el género se reveló, incorporó tecnología, traidores, nuevos malos y mejores técnicas narrativas.

En Green Zone el director nos lleva al corazón de la mentira estadounidense que desemboca en la invasión a Irak, y todo, absolutamente todo, tiene un extraño olor a cosa cierta, a mensajes cifrados y un escalofriante aroma a desclasificación de documentos.

Los nombres, los escenarios reales, el clima, son tan reales, que parece más un documental que un ejercicio de ficción.

El nuevo relato casi puede prescindir de nombres, de actores famosos o de grandes despliegues. En esta versión, Matt Damon hace su personaje clásico, buen americano y mejor patriota, de una manera previsible y muy verosímil.

El ritmo es infernal, en los primeros 40 minutos no hay respiros, y la trama es bien simple pero de gran poderío y contundencia.

Los buenos, los malos entre los buenos, los bigotudos de traje, los nombres que vimos en la CNN y todos mezclados en medio de un armamento asombroso.

Eso es Green Zone, además de un gran entretenimiento.

Ahora, a diferencia de los clásicos, además de esos buenos y malos medio difusos, están los medios, los periodistas que pueden terminar con todo a tiro de una nota en el Wall Street Journal, toda una exageración de nuestros días.

Está bien.

domingo, 20 de junio de 2010

Date Night


Date Night

Steve Carrell y Tina Fey son dos buenos exponentes de ese estilo de humor que nos cuesta por traducción pero al que le tenemos fe por las cosas que es capaz de desatar.

Situaciones, tras situaciones tras situaciones.

Esa es la regla que maneja este director del que conocemos la zaga de Una noche en el Museo y que tiene el privilegio de dirigir a los mejores exponentes de la nueva comicidad americana.

No es igual que aquella que conocimos hace años, dominada por el humor judío de la mano de sus tres máximos exponentes, Mel Brooks, Jerry Lewis y Woody Allen, esta etapa es menos retrospectiva, menos sarcástica con los propios errores, más de situaciones y gags que se suceden uno tras otro.

Nombré algunas de las películas que hizo antes el amigo Shawn Levy, no hay que perder de vista que su otro actor fetiche es nada menos que Steve Martin a quien dirigió en las Más barato por docena y la Pantera Rosa, pero esta, a pesar de tener a dos verdaderos tanques del humor americano actual, aquel que brilla en Saturday Night Live, no puedne siquiera pasar de la sonrisa.

Carrell es un tanque, ideal para volver a hacer a Maxwell Smart, capaz de inspirar ternura, gran capacidad histriónica, gestos y trabajar con el cuerpo como hacía Jerry Lewis en los 60, pero no logra nada, se quedan a mitad de camino en todo.

La trama arranca prometedora, como en Hicthcock, dos que no tienen nada que ver, con una vida normal y corriente, se van a ver metidos en un lío con policías, gángsters y corruptos, de la nada.

Y en la huída se las verán con todos, y claro, van a poder con todos.

Algunas apariciones estelares apoyando los momentos más interesantes, como la parición de Mark Ruffalo como amigo de la pareja, Marc Ghalberg o de Ray Liotta en su clásico papel de mafioso (será?) y muy poco más

Una lástima, ambos son buenos, de lo mejor que podemos ver hoy, el director también es bueno, pero falló algo,, no puedo decir qué es, quizá el guión, demasiado enredado en las falencias sexuales de un matrimonio de 20 años, o en lo no dicho de la pareja.

En definitiva, a mitad de camino en todo. No es lo graciosa que hubiera esperado con solo ver los créditos. A veces falla.

Chloé


Chloe

Atom Egoyan es un director fuerte. Es egipcio, cada una de sus películas deja una marca, es incómoda, tiene atmósfera y burla lo que uno supone que va a venir.

Chloe no es la excepción.

Un bella, bellísima Amanda Seyfried, por estos días de moda en USA, dueña de unos ojos saltones, como se le van a salir de las órbitas, y unos estupendos labios, compone a una prostituta que al principio parece tierna, capaz de enamorar de una vez a alguno de sus ocasionales clientes, y empezar de una vez una nueva vida.

La pareja que componen Julianne Moore y Liam Neeson es una de esas parejas que tanto intenta mostrarnos Hollywood, ricos, profesionales, llenos de amigos y de historias.

Ella, ginecóloga prestigios, envejece más rápido que su marido (les suena?) profesor de música, y en ese crecer desparejo empieza a hacerle ruido la galantería constante de su marido para con mujeres más jóvenes, más lindas, más sexies que ella (cualquier mujer es más sexie que Julianne Moore, acá Atom no la pegó).

Tanto le preocupa, que cree que el bueno de Neeson se la pasa seduciendo mujeres, que es todo lo que hace. Y empieza a obsesionarse.

Hasta que mirando por la ventana de su consultorio, la ve a ella, a Chloe, que va y viene del hotel que queda enfrente suyo, saliendo con tipos bien vestidos, ejecutivos, hombres de negocio, como su marido.

La aborda, la contrata, quiere que lo seduzca a él, nada menos.

A partir de ese momento la historia gana en intensidad.

Vendrán momentos muy intensos en los cuales la bella Chloe le cuenta con detalles todo lo que su marido es capaz de hacerle a otras mujeres. Detalles que empiezan a trastornarla, a enloquecerla.

Esa curiosidad que dicen mata al gato termina envolviéndola en una trama extraña, que le es ajena, que la distrae de su vida, pero que a la vez la atrae con la fuerza de la que ya no se creía capaz.

Escuchar el engaño con detalles, desde adentro y en primera persona, no puede hacerle bien a nadie. Y menos a la Moore, que terminará enredándose con Chloe y confundiéndolo todo.

Nada es lo que parece en esta historia, y confiar todo a una prostituta no va a terminar siendo un buen negocio para la pecosa esposa confundida.

Neeson es sólido, dueño de un porte y una prestancia en cámara que son de las pocas que hay en la pantalla. Además es un galán de los maduros, todavía con capacidad para componer estos personajes que enamoran, son bien simples y dejan lugar a dudas.

La película tiene un exceso de ojos rojos. Una retórica muy de mujeres que por momentos distrae.

Hay buena banda de sonido, muy suave, casi como el amor entre estas dos mujeres, que vana componer una coreografía sexual en una escena muy jugada para una actriz de la carrera de la Moore, pero bien por atreverse.

Como pasa a menudo, la tortura psicológica termina mal, con un final demasiado obvio.

domingo, 13 de junio de 2010

Brooklyn finest


Brooklyn’s finest

Seguro es una película que, apenas empieza, adivinas que ya viste. Es que vimos muchas películas de policías complicados, con vidas más jodidas y destino de balas seguras. Pero esta tiene algo que la pone un escalón por arriba de esas tantas.

No hay redención en esta película, no hay un solo momento de alegría, no hay una sola línea de felicidad o de promesa de felicidad en esas vidas que solo se cruzarán una sola noche, una noche última, y cuando lo hagan, ninguno va a notar la presencia del otro.

Richard Gere compone a un policía en su última semana antes de la jubilación, Don Cheadle a un policía infiltrado en una red narco, Ethan Hawke a otro, metido también en temas de drogas, que necesita mudarse de casa con urgencia, tiene 4 hijos y su esposa está embarazada de mellizas.

Todos desesperados, Gere por no joder su última semana, no quiere meterse en nada, no quiere que nada pase, Cheadle necesita su vida de vuelta, hace dos años que está encubierto y su único contacto con el mundo de antes no termina de redondearle qué va a ser de él en el futuro cercano y Hawke, un católico ferviente que piensa cada vez más en serio en quedarse con algo de la plata que recuperan en cada redada por drogas.

Y un Brooklyn demasiado oscuro, demasiado limítrofe, muy alejado de la postal que solemos ver en las películas. Y la droga que está omnipresente y las vidas que duran poco, como acá nomás, a unas cuadras del obelisco.

Gere compone a un creíble casi ex policía, que tanto no quiere meterse en líos, que hasta anda con su reglamentaria sin balas, como para no tentarse a usarla. Anda solo, su habitación no tiene nada, ni fotos, ni ropas, ni nada. Se levanta y cada vez que lo hace está a punto de volarse la cabeza con un tiro.

Tan miserable y tan urgido de que todo termine para empezar algo que no sabe bien qué es. Esa paz se ve cambiada cuando su jefe le dice que la última semana tiene que andar con novatos en el auto, así le muestra la calle. No quiere, pero no puede resistirse. Y los dos novatos con los que sale, por supuesto, harán cagadas irremediables que provocarán que se termine retirando unos días antes.

Cuando sale va a buscar lo único que tiene, una prostituta con la que se acuesta todas las semanas y en la cual gasta casi todo lo que gana, pero que, a la hora de ser invitada a pasar el resto de su vida con él, se lo sacará de encima con una frialdad demoledora.

Cheadle se va a debatir toda la película entre la vida que perdió, lo nefasto de sus jefes y la lealtad con un hombre (gran interpretación de Wesley Snipes) que, del otro lado de la ley, le salvó la vida un par de veces.

Y Hawke, demasiado creíble en esos personajes perturbados, fumadores, flacos, nerviosos, transpirados, que siempre están al borde de estallar (ya lo vimos así en “Antes que el diablo sepa que estás muerto”) que busca en cada redada algo de dinero para llevarse a casa. Su mujer está embarazada de mellizas, tiene ya cuatro chicos, su casa es chica, húmeda, y todos tienen la esperanza de que esta vez es en serio, que los va a poder sacar de ahí.

Son historias poderosas, todas fuertes, con destinos fatales y nada de esperanza.

La fotografía es lúgubre, es una ciudad despiadada, y la música es solo incidental, acompaña la dureza del relato en el que todos están metidos hasta el cuello en situaciones de las que es difícil salir.

Es fuerte la presencia de los medios de comunicación, que parece ser el único motor para que los jefes policiales reaccionen ante las injusticias de los casos, hay una bien sembrada duda acerca del destino final de los dólares que se incautan en cada procedimiento.

Todas las vidas se van desmoronando hasta que una noche, en uno de los tantos complejos de departamentos que pueblan la ciudad, Cheadle irá a vengar que mataron a Snipes, ya con su placa puesta, Hawke se llevará un dato para ir a ese mismo edificio y cargarse a tres narcos y llevarse toda su plata y Gere, ya jubilado, descubrirá un rostro familiar, que había visto en la cartelera del departamento de policía, una chica desaparecida que en el instante justo en el que estaba por cargar su arma con balas para borrarse, ve pasar en una camioneta con destino de ser entregada para fines sexuales.

Todos casi llegan a tener lo que tanto buscaron, pero solo uno logrará salir ileso esa noche. Todas sus vidas se cruzarán en casi el mismo instante y con escasos metros de diferencia entre ellos.

Dos se irán con las manos vacías.

Decía que es una película que probablemente ya vimos, con una trama clásica, policías buenos, policías malos, tentación por la plata, drogas, problemas personales.

Pero pocas veces la vimos así, tan real, tan sórdida, tan despojada de moralina.

Es una buena película.

Lo que cuenta no está tan lejos de nosotros.

domingo, 6 de junio de 2010

A single man


A single man

Difícil desafío lleva a la pantalla la muy buena novela de Christopher Isherwood, llena de climas, de cuestiones muy internas que van creando una atmósfera opresiva y romántica a la vez.

Una interpretación sobresaliente de Colin Firth, n actor que está para grandes relatos, después de haberse probado también con solvencia en la comedia (en la que invariablemente interpreta a ingleses sobreactuados y afectados) y en la línea de los infantiles.

Un comienzo impactante, unas imágenes fuertes de un accidente de auto en una carretera nevada y unos pasos que se acercan. Es el protagonista, George, que se acuesta al lado de su amado, lo besa y lo despide.

Con algunas claras reminiscencias a la película Las Horas, aquella con Julianne Moore, Meryl Streep y Nicole Kidman, con una banda de sonido muy similar y una impecable ambientación, nos lleva al año 1962 en California, a la vida de la clase media acomodada y adentro de la pulcra casa del profesor George, que vive que su pareja, el bello Jim.

Mucho para una sociedad que empieza a latir al ritmo de los miedos, los miedos que paralizan y que van a atravesar toda esa época hasta explotar en Woodstock y a finales de esa misma década.

Los miedos a las minorías, a todo lo que fuera distinto, y sobre todo a la amenaza comunista, que los hizo cambiar de romas y de rutinas.

En ese clima, la película es un recorrido por los días que pasan desde la muerte de Jim, el sufrimiento interno de un hombre que ha vivido 16 años con otro hombre y no puede acostumbrarse a lo que viene en esa sociedad, no puede hacerle frente si su amor.

Y en ese recorrido, nos metemos casi sin darnos cuenta en la cabeza, a punto de explotar, del protagonista. Viviendo sus temores, sus angustias, traducidas en agitación al respirar y sus fastidios cotidianos.

Hay un enorme tratamiento de los colores en la pantalla, pasando de los sepias y marrones en los momentos de angustia y soledad, a los momentos brillantes de los rojos de los labios en los pocos pasajes de pasión contenida que tiene George al cruzarse con potenciales amantes.

La época está muy bien narrada.

Y es superior la interpretación de todo el día en el cual George prepara meticulosamente su muerte, hasta ensaya la manera en la que se va a quitar la vida con un cuidado y pulcro disparo.

Hasta que parece un bello ángel de ojos azules, un alumno que lo incomoda con su belleza y sus preguntas y con el que se va a animar a vivir una noche de placer después de tanto sufrir.

Lo hace, se va a nadar al mar de noche y desnudos ante la sola insinuación del joven y cuando vuelve (después de una fina ironía, cuando mojados y fríos como están el joven le dice que se cambie la ropa y George le dice, soy inglés, nos gusta tener frío y estar siempre húmedos) deja de lado todo lo que había planeado y se reconcilia con la idea de seguir viviendo.

Se le ilumina la mirada y la sonrisa al ver a su púber recién conquistado en el sofá dormido y cuando vuelve a su cama para descansar lo sorprende algo inesperado.

Julianne Moore e un papel que la vimos interpretar mil veces, el de la esposa patética del pelo batido y que fuma todo el tiempo. A mi me cansó.

Firth es para seguir mirando, un actor con cada vez más recursos. Ganó con esta película el premio al mejor actor en Venecia.

Dura poco, apenas una hora y media, lo que la convierte en una buena opción.

viernes, 4 de junio de 2010

Recital de Divididos Luna Park 3 de Junio de 2010


Iba desprotegido. Sabía que la polenta que son capaces de generar desde esos tres instrumentos, que toda la adrenalina que pueden juntar es mucha, pero no esperaba tanto.

Escucheló, escúchelo, escúchelo, la aplanadora del rocanrol es Divididos la puta que los parió!

Así recibe el Luna a pleno. Más que Charly? Casi, otra fauna.

Ruidosa. Poguera. Devota. Capaz de bancar el Jueves a la noche con la certeza de que no importa lo que pase, el Viernes no va a ser normal.

Mollo, eterno pibe. Arrugas y papada pero no importa, la remera negra lo contiene todo, termina de poner las cosas en su lugar.

Arnedo, es el mismo Arnedo y se parece a Arnedo.

Dedos que vuelan sobre cuerdas gordas.

Cuando estaba promediando la Universidad, y tenía ganas y tiempo y cabeza para salir todos los días que se me cruzara un buen programa, ya trabajaba, y lo que ganaba (privilegio) me alcanzaba para ver recitales.

Ya habían pasado los primeros años de la democracia, y todavía resonaba la trova rosarina y los clásicos de siempre.

Yo tomé partido, Soda no, Sumo.

Mi amigo Horacio, el uruguayo, Horacio Artigas Zuluaga Farrugia, tal su nombre completo, me llevó a Sumo.

Iba todas las noches del fin de semana Horacio. Hurlingam, Morón, Lomas, Palermo. Iba a las cuatro.

Lo vi una docena de veces. Escuché con devoción cada compas. Me reí con cada ocurrencia de Luca, estuve tan cerca de su lugar en el escenario, que un día transpiré a su lado.

Nunca más, salvo contadísimas raras ocasiones, volví a sentir que mis pantalones vibraban solos, sin tocarlos, nada más que por efecto y a causa de las vibraciones de la música.

Hasta anoche.

No puedo repetir la discografía, no puedo siquiera tararear un solo tema de su disco nuevo, pero cómo suena. Qué guitarra!

Y además de lo que esperaba escuchar, que lo tocó todo, esas yapas de canciones norteñas con todos los músicos a los que invitaron, después de presentarse en Tilcara.

Erques, charangos, bombos, criollas, un encanto y la maravillosa voz de Mollo.

Hay que verlos. Es cierto que hace 8 años que no componían, pero qué importa. Cuando vuelven lo hacen de una manera soprendente.

Valió la pena no descansar. Valió la pena el sueño acumulado. Valió la pena tragarme todo el humo de marihuana que me rodeó toda la noche sin descanso (hace falta para ver un recital?)

Tenía una deuda pendiente, la saldé, estoy a mano con mi recuerdo de Luca y mi sensación de aquella época en la que la pasé tan bien.

martes, 25 de mayo de 2010

Noise ó Sobrepasando el límite


No nos damos cuenta, pero la ciudad es cada día más y más agresiva con nuestros sentidos. Lo notamos cuando invado alguna actividad en la que intentamos concentrarnos, como cuando intentamos hablar por celular en la calle, o nos queremos detener para escuchar algo en particular. Ahí las bocinas, los motores de los colectivos, las motos, nos invaden la cabeza.

El tema es que no tenemos mucho para hacer, nos refugiamos, nos escondemos, nos ponemos a salvo hasta que un nuevo ruido venga por nosotros.

Yo vivo en un barrio apacible del gran Buenos Aires, un suburbio con árboles y calles tranquilas, sin embargo, a la noche, cuando todos dormimos y sin un patrón fijo de días y horas, una alarma se enciende y nos despierta.

No nos damos cuenta del todo, quizá nos haga levantar al baño o encender una luz o preguntarnos siempre lo mismo, de dónde será?

Dura poco, unos segundos, es notable, pero alguien la apaga, alguien que sabe que puede suceder.

Preguntamos en el barrio y nadie sabe. Es un misterio.

Hace un par de años pusimos vidrios dobles en toda la casa. Fantásticos los vidrios dobles. Todo el mundo cree que es por la temperatura de la casa, aísla mejor, en verano es necesario menos aire acondicionad y en invierno menos caldera, pero eso no es todo. Baja mucho el ruido, mucho, y secretamente, creímos que era para ya no volver a escuchar esa alarma.

Esta película, Sobrepasando el límite o Noise, está protagonizada por un cada vez más inclinado a la comedia absurda Tim Robbins, eterno joven de la pantalla americano ahora recién separado de la bellísima Susan Sarandon. Cada vez más histriónico, aceptando papeles que rozan el absurdo, la comedia negra, pero a la vez cada vez más patético y desamparado.

Encarna a un hombre que se muda a Nueva York con su familia y los ruidos pasan a ser parte muy importante de su vida. Está en una zona poco complicada, el Upper West Side, pero de todas maneras inmerso en una ciudad que genera tano ruido como basura por metro cuadrado, ruidos con los que uno convive y a los que se acostumbra ni bien pisa esas calles, estarán ahí toda tu estadía, y cesarán en ningún momento.

Alarmas, la marcha atrás de los camiones y camionetas, las motos, os bomberos las ambulancias, todo está ahí para taladrarte la cabeza.

Y el bueno de Robbins, que narra algunas partes de la trama tomando una interesante distancia del relato, nos hace ver los sinsabores de esos ruidos que lo interrumpen durmiendo a su hija o intentando intimidad con su esposa, después de semanas de no lograrlo.

Se obsesiona más de la cuenta, tanto que está dispuesto a romper cada uno de los autos que tienen su alarma activada en medio de la noche sin que sus dueños vengan a desconectarlas.

Un relato simple, del estilo día de furia, en el que todos, en algún lugar, nos vemos representados.

Robbins rompe, va preso dos veces, sigue rompiendo, pierde trabajo, amigos, esposa e hija y ahora que tiene tiempo, solo se dedica a esto. Convertido en justiciero, se llama EL Rectificador (Rectifier) y es capaz de deambular por la ciudad como un justiciero anónimo hasta acabar con la última alarma molesta.

Esa es la historia, por lo demás, un par de buenas actuaciones y situaciones ridículas que se cruzan, que dan qué pensar y nos hacen reflexionar acerca del mundo de las peticiones por derecha, del mundo de la política que no escucha las necesidades y del mundo de los vigilantes y los justicieros solitarios.

Hay un párrafo aparte para el rol que encarna William Hurt, alguna vez una actor que iba camino a ser de culto y que ahora acepta papeles en los cuales se toma el pelo de tal manera que uno piensa que ya no podrá tener retorno. Todavía lo recuerdo en Accidental Turist y no me creo este presente de parodia que tiene.

Es divertida, corta, efectiva, hace pensar y gira en torno a una cuestión menor, como casi todas las cosas de la vida.

domingo, 23 de mayo de 2010

The men who stare at goats


Un elenco multiestelar para componer una de esas películas en las que uno adivina que lo mejor debe haber sido compartir el set de filmación en el momento creativo.

Otro de esos buenos libros que, cuando se hacen guiones, necesitan imperiosamente de un elenco de buenos intérpretes para hacer algo que seguro no será memorable, pero seguro será divertido.

En la línea de los hermanos Coen, esta película es ideal para los amantes de lo bizarro. No hay historia, o mejor dicho, si que hay una historia, es el nacimiento, apogeo y ocaso de un escuadrón especial del ejercito de los Estados Unidos, demasiado influidos por Bush y casi tan desequilibrado como él mismísimo comandante en jefe.

Un escuadrón psíquico, un grupo de hombres con habilidades especiales, paranormales, que son entrenados por un lisérgico Jeff Bridges y se convierten en una suerte de escuadrón semi secreto y muy especial en el que brilla un multifacético George Clooney.

No mucho más, un poco menos de una hora y media de una sucesión de incongruencias, nombres en clave y situaciones poco creíbles, para hilvanar una historia poco parecida a otras del género.

Tiene aciertos, y hay que buscarlos por las actuaciones, la de Mc Gregor, la de Clooney, la de Bridges y la de un inflado Kevin Spacey, que es indudable que vuelve a filmar cuando encuentra un guión en el que se puede cagar de risa.

Va a defraudar a los que necesitan linealidades y argumentos con mensajes, a los que quieren seguir un hilo conductor de una historia, a los que quieren que “pasen cosas” en el relato.

En esta película, no pasa nada, hay un narrador, hay un periodista que se raja de su patética situación personal y decide que lo mejor es ir a la guerra de Irak y hay unos personajes que pertenecen a un escuadrón que se ha desintegrado pero que busca redimirse y entronar nuevamente a su viejo líder e inspirador.

De paso, la película es muy irónica para con el Ejército americano, al parece, muy permeable para gastar recursos y embarcarse en historias de dudosa procedencia y en seguir pistas inverosímiles, como las armas nucleares de Saddam, no es cierto?

domingo, 9 de mayo de 2010

Cold Souls


Hay películas que nos llevan a la superficie más brillante, y películas que nos llevan y nos depositan en el fondo, donde por lo general no llega el sol y es oscuro. Claro, también están las que no nos mandan a ninguna parte y todo el tiempo tenemos la sensación que estamos en la misma silla.

Cold Souls es una ingeniosa historia, un buen libro contado de manera eficaz, un poco moroso, pero muy eficaz.

Paul Giamatti hace de Paul Giamatti, un famoso actor norteamericano que, mientras ensaya Tío Vania de Chejov, se da cuenta que su alma le pesa demasiado en el proceso de creación de su personaje central.

Sencillamente no puede con ella, lo atora en el proceso creativo y lo hace padecer. Tanto, que no duerme y siente todo el tiempo que algo le carcome todo su interior. Lo oprime.

Ve en el New Yorker un artículo acerca de una clínica de un doctor que ofrece desalmar a quién lo ordene, tener el alma en un depósito personal y privado, y aventurarse a andar por la vida sin alma o con un alma alquilada, por un tiempo.

Así de simple es la anécdota, y así de poderosa.

Giamatti, en una actuación increíble por lo poderosa, irá pasando por distintos estados, se sacará el alma del cuerpo, andará sin una que lo haga sentir y será frío, despiadado,, liviano, seco y hueco.

Después, desesperado, mientras deja su alma en un depósito, será transplantado con el alma de una poetiza rusa, lo que le permitirá interpretar a un Tío Vania sensacional. Pero seguirá a la deriva, perdido, hasta que decida ir corriendo a recuperar su alma y todo se complicará.

En ese momento se cruzan historias y se enriquece la trama, saliendo el la cuestión casi de cámara que plantean estas películas con un actor sobresaliente que sencillamente inunda la pantalla, para ir dejando protagonismo a una historia de tráfico ilegal de almas entre los Estados Unidos y Rusia, con mafiosos en el medio y una mula. Una mujer que es la encargada de introducir las almas de los donantes en Nueva York.

Es ella, Nina, quién le dará a la historia un carácter distinto y bien logrado. Será una mujer que, de tantas almas que transportó, al quedar en cada operación un residuo de cada una de las almas en la suya propia, irá adquiriendo características singulares, que hacen que Giamatti entable con ella una relación especial.

Bien contada, con los suburbios de Nueva York y de San Petesburgo como escenarios, con una banda de sonido sensacional entra las que se destacan un par de bellísimas canciones interpretadas por Lhasa de Sela, Cold Souls es, un ejercicio para la mente, cansada la mayor parte del tiempo, de consumir esos enlatados, historias que al no encontrar un buen final tienen que recurrir a lo extraordinario, a lo inexplicable, y gastan millones en adornar un reltao que no lo vale.

Este es un buen libro, muy bien actuado y con un brillo particular.

Hace pensar en cuántas cuestiones de los avances tecnológicos tomamos como normales, cuántas veces nos encontramos con esos dilemas medio morales, medio intelectuales, sin saber hacia dónde nos llevan.

Hay sorna en esta película, y está bien que lo haya.

domingo, 2 de mayo de 2010

The road


Sin hacer juicios de valor ni bajadas de línea acerca que por qué todo está árido y gris en ese mundo que habitan, la historia de padre e hijo que compone Vigo Mortensen y ese chico en The Road es de tal aridez que incomoda desde el primer segundo hasta el último.

No hay más argumento que ese, dos almas solas en un mundo seco, en el que ya no quedan ni animales ni plantas ni agua transparente y en el que están demasiado borrosos los límites entre los malos y los buenos.

Eso es todo, y alcanza para construir un relato fuerte, sin moralina ni adoctrinamientos acerca de por qué la raza humana hizo que todo eso que se ve suceda.

Hay un par de notas muy fuertes, pero sobre todo hay todo el tiempo en los gestos, en las miradas, en las carnes grises de los protagonistas con sus dientes destruidos, sus dedos flacos y sus huesos demasiado visibles, hay todo el tiempo una mirada animal que asusta.

Cuando se cruzan con otras personas, de las pocas que quedan, cuando los ojos enfocan algo que se parece a comida, cuando se les acelera el pulso ante un insecto que pueden almorzar, todos esos momentos nos evocan al animal que todos llevamos adentro, y que sale de a ratos, en intermintencias, a veces demasiado seguido, a visitar el mundo.

Una religión lejana, hecha a la medida de eso que está sucediendo y sobre todo a la medida de lo que no sucede, y una moral ajustada a la nueva realidad, can conformando los diálogos de estos padre e hijos que están en la aventura de ir al sur, en busca de algo indefinido, muy parecido a un sueño y solo teniéndose el uno al otro.

Y no hay mucho que decir. Aprender a cuidarse mutuamente, a evocar los buenos ratos del pasado en colores y a sobrevivir.

Duro relato de basado en una muy vendida novela, en el que la desesperanza, los páramos y los árboles secos son el escenario perfecto para estas nuevas enseñanzas.

Bien por Vigo, el fana de San Lorenzo que es capaz de componer a estos desclazados de mirada dulce, en medio de la desesperación más absoluta y es capaz también de transformar su cuerpo de acuerdo a las exigencias del relato. Hay una breve pero contundente aparición del eterno Robert Duvall y un pibe que hace de un demasiado sensible pero efectivo hijo, por el que todo el relato se sostiene.

Es árida, dura, agobiante de a ratos, pero está buena para ver y salir a abrazar fuerte a los nuestros, comerse un buen plato de locro y brindar por tenerlo a mano.

sábado, 1 de mayo de 2010

El corredor nocturno


Otro buen libro que no logra llegar bien a su otro lenguaje. Pero esta vez no es por falta de pericia del director, malos actores o mala adaptación, todo eso está muy bien en la película, creo que simplemente este libro no creaba una película a su lectura.

La verdad es que se trata de una de esas películas argentinas que tienen ritmo, fotografía, música y actuaciones a la altura de ese cine que quisiéramos ver seguido.

Ojalá esta sea una película más en medio de una catarata de títulos de nuestra industria. Lamentablemente no es así, si bien hay bastantes estrenos en el año, rara vez llegan a ser productos que valgan la pena.

Acá hablamos de una coproducción con España y de una maximización de cuidados, eso está todo bien, en los rubros técnicos la película es sólida, creo que lo que le falta es una historia para contar.

Bien actuada por un trío más que interesante, Sbaraglia en la madurez, Solá componiendo a uno de esos sinistros personajes indispensables en las películas de género misteriosos, irónico, refinado, cruel, despiadado, frío, un papel a su medida, tan desapercibido como fue su estadía en Puerto Madero (me pregunto cuál es la verdad de su huída) y la tercera es Erica Rivas, un encanto de intérprete y una actriz con cada vez más recursos.

Lo que falla, otra vez, es la historia.

El argumento tiene un crescendo interesante en los primeros 40 minutos, cuando no sabemos, cuando nos asustamos, cuando intuimos lo que va a pasar, cuando hacemos conjeturas.

Cuando todas esas cuestiones se van develando, cuando los personajes entran en cajas más o menos estables, la historia se desvanece y pasa a ser un argumento de novela de las 7 de la tarde, desperdiciando talento interpretativo y buenos recursos de dirección.

Hay mucho cuidado de la imagen, mucho cuidado de la música incidental, mucho cuidado de los climas y de la química entre los actores, pero que no alcanzan a sustituir un final débil en cuanto a la historia.

Por otro lado, se maneja todo el tiempo un estereotipo del trabajo en una empresa, que no tiene mucho que ver con la realidad, con lo que todos los que pertenecemos a ese mundo, nos quedamos un poco con la sensación de que se improvisa también en otros aspectos.

De todas maneras, por un montón de razones está por encima de la media nacional

domingo, 18 de abril de 2010

Crazy Heart


Cuando Baby tenía su bar en la cuadra del Luna Park u día me dijo asombrado después de un festival de folcklore que se hizo “…lo que toman estos tipos, no lo podés creer lo que se llevaron. Y después, cuando suben al escenario, la gastan…”

Eran Zamba Quipildor, Jaime Torres, Jaime Dávalos, los próceres de esa música que por esos días de mi niñez era tan cotidiana para nosotros.

El esplendor de las peñas, los 25 de Mayo con el grupo de la escuela cantando “Los 60 granaderos” y toda esa sensación de estar interpretando algo lejano, pero propio. Eran otras épocas, las de “mujer, niña y amiga” de los hermanos Figueroa Reyes.

Me acordé de todos ellos, del Tigre Rimoldi Fraga, de Daniel Toro, viendo Crazy Heart.

Es que creo que a nuestra mirada de la película le falta esa sensación que no puede transplantarse, ese vibrato especial que solo tiene el que conoce ese sonido, esa voz quebrada, ese decir entre cuerdas que evoca tantas cosas que no sabemos.

Sin eso, es una historia de amor. Y es floja, es un veterano de mil batallas, acostumbrado a andar entre vómitos, sobras de comida y bombachas y mucha sombra (la película está fotografiada en un tono especial) que descubre una sonrisa y un proyecto de familia que puede ser redentora y se le esfuma por sus adicciones.

Es eso, el amor todo lo puede, aunque su corazón vuelva a destrozarse (nunca nos enteraremos si definitivamente) ante una nueva recaída.

Digo que sin ese otro condimento, ese otro nivel de lectura, la película es bastante floja. O mejor dicho, la historia es una historia débil.

Pero está bellamente fotografiada, y está mejor actuada.

Bridges en un papel a la altura de su edad y su temperamento. Si bien ya es un clásico el verlo en esos papeles desdibujados, de tipos que van por los bordes con problemas de dicción (el papel del escritor en “el agujero en el piso” es una muestra de esto, ese tipo tiene mucho para dar todavía, y bien ganado tiene lo que cosechó con esta película (que también produjo, con lo que tenemos que sospechar que sabía que este era un papel que le caía perfecto).

Cuando lo ví me vinieron dos cosas a la mente, la primera es que Nito Mestre (que de paso veo que acaba de grabar su disco nuevo en USA, cerquita de donde suceden los acontecimientos de la peli) está asombrosamente parecido al bueno de Jeff, y la segunda es, qué es de la vida de Beau? El hermano, el otro Baker Boy del que poco se sabe.

Este está muy parecido a su padre, del que no recordamos buenas actuaciones, sólidas como las de Jeff, pero tenemos en el cariño siempre, como si fuera un tío al que vemos poco.

El otro lobo que asoma es Duvall, arremetiendo con unas pocas frases en español y cos esa complicidad de haberse sumado a un éxito seguro y también como otro productor.

Está bien la película, pero no ofrece nada más allá de una buena historia de género. Deja un sabor amargo al final, a tono con la letanía y pereza que proponen las canciones que se interpretan durante todo el filme.

Hay si para destacar unas excelentes composiciones, incluso la de Colin Farrel, que viene haciendo algunas cosas interesantes (Cassandra`s dream es muy pero muy buena) aunque no puede dejar sus tics de excesivo consumidor de algo malo que se le instala en la mirada y la buena de Maggie Gyllenhaal, de la que, no tengo temor en decirlo, todavía no vimos todo lo que es capaz de darnos, aunque ya sea para mi gusto, una de las mejores actrices de su generación.

Hay que verla, de todos modos, con espíritu benévolo, para ver a un gran intérprete, una historia menuda, llena de excesos y un final nada complaciente.

La película tiene, en todo momento, conciencia de su morosidad y de su aspereza, quizá muy a tono con todo lo que esa música inspira en esos bares en los que canta Bad al principio de la película. Ese registro yo me lo pierdo, me lo pude imaginar en un bar de mala muerte de Lobos, a alguno de los míticos héroes de nuestro folcklore, en situaciones similares, plagadas de vinos baratos ginebras y choripanes, pero me cuesta acá.

La banda de sonido es muy buena, muy recomendable.

Y no puedo dejar de escribir lo que siento, no hay nada que haga este buen hombre que me haga ser duro con él. No después de haber interpretado al DUDE.