domingo, 23 de mayo de 2010

The men who stare at goats


Un elenco multiestelar para componer una de esas películas en las que uno adivina que lo mejor debe haber sido compartir el set de filmación en el momento creativo.

Otro de esos buenos libros que, cuando se hacen guiones, necesitan imperiosamente de un elenco de buenos intérpretes para hacer algo que seguro no será memorable, pero seguro será divertido.

En la línea de los hermanos Coen, esta película es ideal para los amantes de lo bizarro. No hay historia, o mejor dicho, si que hay una historia, es el nacimiento, apogeo y ocaso de un escuadrón especial del ejercito de los Estados Unidos, demasiado influidos por Bush y casi tan desequilibrado como él mismísimo comandante en jefe.

Un escuadrón psíquico, un grupo de hombres con habilidades especiales, paranormales, que son entrenados por un lisérgico Jeff Bridges y se convierten en una suerte de escuadrón semi secreto y muy especial en el que brilla un multifacético George Clooney.

No mucho más, un poco menos de una hora y media de una sucesión de incongruencias, nombres en clave y situaciones poco creíbles, para hilvanar una historia poco parecida a otras del género.

Tiene aciertos, y hay que buscarlos por las actuaciones, la de Mc Gregor, la de Clooney, la de Bridges y la de un inflado Kevin Spacey, que es indudable que vuelve a filmar cuando encuentra un guión en el que se puede cagar de risa.

Va a defraudar a los que necesitan linealidades y argumentos con mensajes, a los que quieren seguir un hilo conductor de una historia, a los que quieren que “pasen cosas” en el relato.

En esta película, no pasa nada, hay un narrador, hay un periodista que se raja de su patética situación personal y decide que lo mejor es ir a la guerra de Irak y hay unos personajes que pertenecen a un escuadrón que se ha desintegrado pero que busca redimirse y entronar nuevamente a su viejo líder e inspirador.

De paso, la película es muy irónica para con el Ejército americano, al parece, muy permeable para gastar recursos y embarcarse en historias de dudosa procedencia y en seguir pistas inverosímiles, como las armas nucleares de Saddam, no es cierto?

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