domingo, 29 de abril de 2012

Perfect Sense



Perfect Sense

Y si un día, cualquiera, por lo que sea, empezamos todos aperder los sentidos? Los cinco. Sin vuelta atrás?
Esta es la piedra fundamental de este relato disfrazado dehistoria de amor entre una epidemióloga y un chef.
Ella, bella Eva Green, contará en off lo que irá pasando,con poesía y dulzura y desazón y desesperanza nos detallará cómo, siguiendo unpatrón que se verifica de igual modo en todo el mundo, todos los humanos iremosperdiendo uno a uno nuestros sentidos.
Primero el olfato, luego el gusto, después el tacto, el oído,y la penumbra.
Pero a pesar de estar bien construida, la historia noalcanza nunca a conmover, o a inquietar. Y no es porque el conflicto central nosea un conflicto creíble, o se haya construido en base a exageraciones que lohacen poco verosímil. Quizá sea la pareja central.
Eva Green, además de ser muy bella, tiene el rostro perfectopara ese papel. Es una científica con fracasos sentimentales a cuestas, muytrabajadora y muy desdichada por cruzarse en la vida con estúpidos para elamor.
Pero Ewan McGregor, que hace del chef que la enamorará parasacarla de su desdicha, no está a la altura del papel. Con los años, y por ladiversidad de papeles que acepta, creo que fue desdibujando a ese colosalAlbert Finney joven que compuso en Big Fish, para parecerse mucho cadainterpretación. On su sonrisa blanca que pone en cualquier escena. No está a laaltura, y creo que termina perjudicando todo el relato.
Por la trama, ellos se enamorarán de manera casual, seimpactarán fuertemente y sufrirán en propia piel y con desconcierto, laepidemia que azota a toda la raza humana.
Se amarán con pasión, se detestarán con violencia y sebuscarán al final, cuando todo esté perdido, para ayudarse.
Esa historia de amor será un escenario íntimo, en el queiremos viendo las consecuencias de la crisis. Lo veremos por tele, loescucharemos por la radio, veremos las calles desoladas, pero será cuando lovemos impactar en la intimidad de la pareja cuando todo cobrará sentido, serácarne, y nos sorprenderá, solo por el hecho de imaginarlo en nuestras vidas.
Qué pasaría si de a uno, toda la raza humana, perdiese uno auno y de manera casi coordinada, sus sentidos?
En la película veremos cómo, todos, nos iremos acomodando ala nueva realidad, para seguir viviendo. Y no nos azotará la conciencia, ya quees un problema de todos. Habrá solidaridad, creatividad para adaptarse a lonuevo, pero también mucha maldad y violencia para con los más débiles.
Pero allí donde antes había sabor ahora habrá sonido,crocante, seco, suave. Todo se reemplazará de alguna manera de manera de poderseguir viviendo.
Esa cuerda de la película es interesante, es muy creativa ytiene sentido.
Al final, el último de los sentidos, el que nos permitiráseguir viviendo en las condiciones que sean, es el amor.
Ese es el gran mensaje de la película. El amor.
Como sentido perfecto.
Bien narrada, se desdibuja en no poder plasmar con lasuficiente profundidad la pandemia, no poder contar con más casos particulares,no más historias cruzadas, por ejemplo, y por la debilidad de uno de losintegrantes de la pareja actoral.
El bueno de Ewan, que hizo nada menos que a Obi Wan dejoven, o Big Fish o Moulin Rouge, por ejemplo, se desdibuja haciendo pedorradasinnombrables y termina dibujando una caricatura de la que creo, ya es tarde parasalir.

domingo, 15 de abril de 2012

Rum Diary


Rum Diary

Johnny Depp filma una novela de su amigo Hunter Thompson. Aire de Hemmingway y de bohemia. Aire de perdedores y alcohol. Aire de reivindicaciones.

Elije estos papeles porque le van, pero también porque es leal a sus amistades y a sus admirados.

La película transcurre en San Juan de Puerto Rico a principios de los años 60. Al igual que lo que fue La Habana hasta esos días, la isla es un lugar de diversión para los americanos, y de oportunidades. La venta de tierras, los abusos, las empresas y el flujo de grandes sumas de dólares.

Pero al igual que en la conquista de América por los españoles, los que fueron a colonizar no fueron precisamente los mejores.

Y Depp, un periodista con algo de idealismo dormido, muy alcohólico, y una novela siempre al terminar, es uno de los que desembarcan a ganarse todo lo que no puede en su USA natal.

Todos los personajes sudan, toman mucho, son como pintorescas caricaturas de lo que deberían ser en un mundo real, pero ampliados. Ampliadísimos hasta el dibujo.

La novela debe ser buena. La película no llega nunca a estar a la altura.

Hay mucho idealismo, sueños por cumplir, buenos y malos, cosas que se compran con dinero y sentimientos puros. Habrá amistad y habrá amor.

Si es una historia real, como se insinúa, es creíble. La traducción en imágenes está bien plantada, pero siempre sentí que me faltaba algo. A mitad de camino, hay destellos de Hemmingway, destellos de los clásicos del ’50, destellos del patio trasero de los Estados Unidos, escenario de los desbordes y de la rienda suelta a la vidurria, pero son destellos.

Depp encaja bien. Sobreactúa su ebriedad, sobreactúa su vocación por el periodismo, sobreactúa su desprecio por los que hacen plata a costa de los gobiernos débiles, pero esa sobreactuación le es propia, es sutil, tiene belleza y eso lo exime de más explicaciones.

Completan Aaron Ekhart, Richard Jenkins (si, James Taylor) y la bellísima Amber Heard a la que vemos a veces en Californication y nos vuela la cabeza.

En definitiva, excelentes imágenes, buena banda de sonido, una novela que lo sobrevuela todo sin dudas poderosa, un Depp a la altura del homenaje a su amigo (como Gardel, que grababa canciones de sus amigos y todas le quedaban bien) pero con una historia que no termina de cerrarse nunca.

Se deja ver, pero cuando terminen, corran por el libro!

The Grey


The Grey

Es un loop de adrenalina esta película. Confieso que cuando empecé a verla, pensé en una especie de remake de Viven, la bien documentada versión de Hollywood de la tragedia de los rugbiers uruguayos en Los Andes, pero no, esto es de una crueldad extrema.

Una compañía petrolera que extrae en Alaska (hay indicios de mala reputación para la actividad y para la empresa) les da vacaciones a un grupo de trabajadores que viven, como en nuestro País, en esos esquemas de semanas adentro sin salir del complejo por un par de semanas de vacaciones con los suyos cada tanto.

Se van todos en el avión. Bromas. Pesadas. Mucha campera gorda y gorros que no se sacan nunca por el frío que cala. La película ya arranca con unas escenas narradas en off por Liam Neeson, que son desgarradoras por el frío, el ruido del viento y la violencia de la nieve.

En ese rincón del mundo, no todos los que trabajan son buena gente, habrá ex convictos, marginales, excoria que no tiene quién los espere cuando terminan su turno. Y mucha bebida.

Neeson es un cazador, un francotirador que dedica todo su día a cazar los peligrosísimos lobos salvajes que rondan a los trabajadores, y los mata antes que los alcancen como cena.

Se van en un avión que poco a poco va encontrando sus tranquilidad, después de los acomodos de camperas y mochilas, hasta que empiezan los problemas.

Sucumbirán, no aguantarán la tormenta, y se estrellarán en la nieve.

Lo que viene a partir de ese momento de impacto es la lucha por sobrevivir, es el liderazgo y son los lobos.

Enormes cazadores que, cuando algo se posa en sus millas de territorio no paran hasta comerlo. Sea lo que fuera. Animales desprevenidos. O trabajadores de la industria petrolera.

A partir de ahí la película encuentra su razón de ser. Todo será agazape, adrenalina, saltos y aullidos.

Hay un gran trabajo de fotografía, para describirnos la inmensidad de la montaña de Alaska y sus nieves asombrosas y un gran trabajo del sonidista, que hará de los aullidos una verdadera banda de sonido melodiosa. Y los ataques, y las mordidas, y los desgarros.

En ese tironeo para ver quién manda, en ese espíritu de supervivencia, en esos diálogos de marginales que se unen en el terror, estará el nudo y el centro de la película.

No hay mucho más, pero lo que hay, es poderoso.

Neeson está muy bien en el papel de curtido y solitario cazador, cuyos conocimientos de los predadores, su actitud ante la vida, lo convierten en el líder que los llevará para adelante sin descanso.

También como el resto de los 7 que se salvan, no tiene nada que lo espere en la ciudad, aunque no lo sabremos sino hacia el final de la película.

Está bien. Le sobran unos minutos, pero se sostiene en sus silencios aterradores y en las inmensidades de la noche y el día y las tormentas.

Sonido, imágenes asombrosas de un lugar hostil y actuaciones correctas.

El final, abierto, desgarrador, pico de adrenalina, pero sinsentido.

The Muppets


The Muppets

Todo es alegría. Todo es color. No importa que hayan pasado los años, y ellos ya no están en los primeros lugares de todos los rankings, son la mejor creación de la cabeza de un grande, Jim Henson, y todos los homenajes le quedan chicos.

Los que se animan, los que desafían, los que van por más, creativamente, claro, merecen que el tiempo no castigue, que no se ensañe con sus creaciones hasta degajarlas en retazos. Merecen vivir, y con gloria.

Tuve la suerte de visitar los estudios de Disney en varias ocasiones, y cada vez, religiosamente, me meto en ese mundo de los Muppets, aunque pasaron los años y ellos ya no están al aire. Como para decirme a mí mismo que cuenten conmigo.

La película es eso, un gran homenaje con un guión muy interesante que lo sostiene. La anécdota es simple, un muppet que no sabe que lo es, vivie con su hermano una vida en Smalltown, lejos de las luces de la ciudad. Un día descubre un show de los Muppets y su vida cambiará para siemrpe.

Se siente parte. Se reconoce en ellos, pero no sabe como llegarles.

Ya no están al aire, y ya nadie los recuerda.

Igual se las arregla para ir con su hermano (gran comediante Jason Segel) a Los Angeles, en la semana de aniversario con su novia de siempre (también sólida Amy Adams) y le prometen llevarlo al museo de los Muppets.

Cuando llegan se dan cuenta del abandono, de las telarañas que todo lo cubren, y por casualidad escuchan que el magnate Richman (irreconocible Chris Cooper) que compró el museo, piensa tirar todo abajo porque debajo del suelo hay petróleo, y no solo eso, también se quedó con el nombre Muppets y planea exterminarlos.

Todo claro. Colorido, pero blanco y negro. Los malos son malísimos y hacen cosas muy malas y los buenos…

En definitiva, habrá que juntar nada menos que 10 millones de dólares para que no suceda, y la única manera de juntarlos será con un teletón televisivo.

Todo lo que ocurre es mágico, todo tiene ritmo, y vamos a meternos de lleno en la vuelta de todos, Chef, Bono, Gonzo, Miss Piggy, a lo que mejor hacen,divertirnos.

Excelente excusa para volver a verlos.

Para los más chicos, para que vean con qué nos deleitábamos y se asomen aunque sea un rato a un mundo menos malo.

Para nosotros, cerrar los ojos y escuchar esa musiquita tan presente en nuestras vidas.

Como suelo decir en este blog, si no sos padre, ya a buscar un sobrino o un ahijado y a verla. Con ojos de grande también vale.